Antón Castro



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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2006.

AVANCE DEL PROGRAMA DE ALBARRACÍN, 2006

AVANCE DEL PROGRAMA

VII ENCUENTROS LITERARIOS DE ALBARRACÍN
“Libros, palabras, quimeras: La pasión de editar”
Se celebrarán del 11 al 14 de mayo de 2005 en Albarracín (Teruel)
Teléfono y e-mail de contacto

978 710093
fsmalbarracin@aragob.es
Han confirmado su presencia, entre otros,
JAUME VALLCORBA, de El Acantilado
SILVIA MEUCCI, de Siruela
EDUARDO RIESTRA, de Ediciones del Viento
MALCOM OTERO BARRAL, Destino
(hablará de la trayectoria de su abuelo Carlos Barral como editor)
CHUSÉ RAÚL USÓN, de Xordica
RAÚL HERRERO CLAUDIO, de Libros del innombrable
TRINIDAD RUIZ-MARCELLÁN, de Olifante, ediciones de Poesía

ROSA LENTINI, de Igitur, ediciones de Poesía

GERVASIO SÁNCHEZ, Fotoperiodista

JULIÁN RODRÍGUEZ, editor de Periférica

FRANCISCO BOISSET, impresor de Sansueña
FERNANDO LASHERAS, diseñador y maquetista de  libros como la “Guía de Aragón” o los trabajos sobre la Semana Santa o el Maestrazgo
ISABEL BISCARRI, artista y director de proyectos en torno al libro de la Escuela de Artes Aplicadas
Actuarán
RICHARD LOZA y su grupo, el jueves 11
EL GALGO REBELDE, el sábado 13
TALLERES PARA NIÑOS

Taller de música. CARLOS ROLDÁN
Taller de pintura. PILAR TENA
Taller de televisión. ALBERTO GÁMEZ

Taller de telefonía y móviles, JAVIER TORRES
Taller de libros y cuentos. FERNANDO LASHERAS
Taller de esculturas y personajes de cuentos. JAVIER SOLCHAGA

Hacia el viernes cerraremos el programa. Nos faltan por concretar cinco o seis participantes más.

02/04/2006 13:29 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

INAUGURACIÓN DE LA EXPOSICIÓN DE MIGUEL PARÍS

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Esta tarde,  a las siete, en la sala María Moliner, en la sede del Pignatelli, se inaugura la exposición “Miguel París. Memoria de un archivo”, del gran fotógrafo y operador de cámara nacido en Letux y fallecido en Zaragoza en 2004, que fue su ciudad. La exposición, que hemos comisariado Miguel Ángel París y yo, presenta copias contemporáneas que ha realizado Rafael López. Se trata de una muestra de 50 fotos, de espléndido ojo fotográfico, datadas entre 1953 y 1975. Hay de todo: viajes al mundo de cabaré, instantáneas en el campo de Torrero, crónicas de los Pirineos, futbolistas en sus bodas, corridas de toros, estampas de soldados norteamericanos en el coso de la Misericordia, inauguración del Puente de Santiago, pura alegría. Se ha editado un bonito catálogo.

Si tenéis un rato y queréis pasar, será un placer veros. La muestra la organizaa la Asociación de la Prensa de Aragón y el Congreso de Periodismo Digital.

 

La foto de Miguel París es de Guillermo Mestre.

 

03/04/2006 07:47 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

EL CUMPLEAÑOS DE DANIEL GASCÓN

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Daniel cumple hoy 25 años. Le ha pasado casi como a mí: cuando nació un cuatro de abril de 1981 me despidieron de un empleo de camarero en un bingo. A él, como a algunos otros con Mariano Gistaín al frente, se le ha acabado esa aventura periodística apasionante que ha sido El Anuario.net. Ha sido prometedor y bello mientras duró: una casi improvisada escuela de periodismo acelerado y convulsivo. Ahora se ha zambullido en la traducción de unas “Conversaciones con los guionistas de Hollywood” para Plot. Y se ha recuperado de un golpe debido a su estrenada pasión por el baloncesto. Anda dándole vueltas a una novela: no escribe, sólo la piensa. Nos preguntábamos ayer que hacíamos nosotros con 25 años. Yo jugaba al tenis, corría diez kilómetros diarios y trabajaba en un libro de relatos que ha ido quedando por ahí arrumbado: hablaba de lavanderas, de caballos, de mitos célticos, de caballeros, de tapices, todo muy cunqueiriano y mitológico. Y además, en gallego. E iba, un día sí y otro también a Muriel. Leía a Mercè Rodoreda, a Yeats, estaba enfermo de Borges y de Cortázar, de Faulkner y Kafka, había descubierto a Horacio Quiroga y un libro que me marcó la vida por entonces: “Historias e invenciones de Félix Muriel” de Rafael Dieste (hay edición en Cátedra y en Alianza). Y que sigue siendo tal vez el más entrañable para mí. Como “Cuentos de la montaña” de Miguel Torga.

A Daniel le hemos regalado el primer disco de Marlango, un DVD espléndido de Johnny Cash, qué cantante tan extraordinario, me hizo pensar anoche a las dos y media de la mañana mientras lo oíamos en Van  Morrison, y también un espléndido libro de retratos, dibujos, cuadros y fotos, de David Hockney. Por cierto, fue a ver “Volver” de Pedro Almodóvar con su hermana Aloma y a ninguno de los dos les gustó la película; reconocen que la forma de rodar es buena, pero no sintonizan nada con lo que propone Almodóvar. Por cierto, el día once, Daniel presentará la novela "Días sin tregua" de Miguel Mena, que va a ser el gran éxito de la temporada y de la Feria del Libro del 23 de abril, con esa historia sobre la Transición, el secuestro de Quini y un personaje torturado. 

Ahora, se ha puesto en el estudio de al lado y ha empezado la travesía por el cine y por Hollywood. Suena una música negra de mujer de fuego. Ayer estaba “conversando” con Blake Edwards, realizador de una de mis películas favoritas: “Desayuno con diamantes”. Por eso voy a colgarle aquí a Audrey Hepburn, que era una mujer maravillosa, una mujer ángel que fumaba y flirteaba como nadie…

P. D. Ayer Daniel asistió, con otros amigos, Ismael Grasa, Alberto Gámez…, a la inauguración de la muestra de “Miguel París. Memoria de un archivo”, y hubo algo que me pareció bello y conmovedor: más de medio equipo de RTVE-Aragón estaban allí en muestra de  reconocimiento al maestro y a los hijos del maestro. Me gustan mucho estos gestos de afecto.

 

04/04/2006 10:45 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 10 comentarios.

ENTREVISTA CON ANA MARÍA NAVALES*

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¿Por qué este título tan sugerente: “Travesía del viento”?
El viento es aquí metáfora de la vida, una vida agitada, llena de acontecimientos que unas veces te permiten navegar a favor y otras en contra de ese viento, cuando las  circunstancias son difíciles.

El libro comprende 28 años de poesía, ocho poemarios...
He publicado más libros de poemas  de los que aparecen en “Travesía...”. Ya en una primera antología de mi obra poética eliminé por completo los tres primeros títulos. Este libro puede considerarse mi obra casi completa, la que hoy salvaría de los cientos de poemas escritos, lo que no quiere decir que si, dentro de unos años, algún editor me propusiera un proyecto semejante no siguiera rechazando aún más versos y, sin duda, añadiría nuevos poemas. En mi poética digo, de la mano de Peter Handke, “cuán voluminosos son ya un par de buenos versos”. Espero que esto se quede también en metáfora.

Jesús Ferrer Sola la sitúa en medio del amplio espacio que hay entre Juan Ramón y Machado.  ¿Le resulta cómodo, explícito, lo suficientemente abarcador ese lugar?
No es mala compañía para andar por el mundo poético, pero es un espacio amplio en el que caben muchos autores.

“Travesía del viento” también tiene algo de inventario. ¿Qué balance hace de su trayectoria?
Tendría que escribir una tesis doctoral. Sólo puedo decirle que, acaso, a lo largo del tiempo, siguen constantes la ironía, un sensible intelectualismo, una dominada subjetividad y, más allá de un aparente desarraigo en soledad, la poesía es para mí un camino de integración con los seres y las cosas. Podemos añadir vitalismo, intimismo, despegue de un heterodoxo surrealismo que quizá se advierta al principio de mi trayectoria.

¿Es la poesía un fuego secreto, título de su primer poemario?
Es algo incontrolable, ante lo que no cabe plantearse trucos, carpintería literaria. En el terreno de la lírica, el arrebato, el instinto, la metafísica, son acaso más evidentes que en cualquier otro género literario.

¿Qué lugar ocupan la propia biografía y la experiencia en su obra? ¿Y la imaginación?
Aparecen el escritor y sus fantasmas, como dijeran Sábato y Vargas Llosa facilitándonos el descenso a la zona oscura de nuestro espíritu. ¿La imaginación? En este caso el descenso es al magma donde conviven lo real y lo imaginario, de donde emanan los seres que pueblan nuestros mundos de ficción.

¿La poesía es también una forma de rebeldía? Dice: “Y escribo para ver que no me humillo…”
Siempre he sido rebelde. Y me he sentido una persona libre. Tanto en la poesía como en la prosa, es decir en la vida.

También existe en usted una mirada espiritual, una conexión con el misterio.
La realidad es tan compleja que a veces tenemos que recurrir al misterio para reflejarnos más exactamente. Lo espiritual, la mitología, lo fantástico acuden a nuestro auxilio para suplir la incapacidad del realismo.

Intimidad, imaginación, rebeldía. ¿Y el amor?
No seríamos poetas, ni personas, sin el equipaje del amor. Eso nos distingue de los demás seres, por eso el odio, la crueldad, la maldad nos rebajan tanto en nuestra condición humana.

Dice el prologuista que intenta crear un léxico innovador. ¿Es cierto?
Absolutamente. El lenguaje, con su continuo mal uso, sufre un desgaste que le lleva a veces a no querer decir nada, incluso a decir lo contrario de lo que debería expresar. La labor del creador es purificar el lenguaje de toda carga espúrea, devolverle su sentido originario, reinventarlo o inventarlo cuando la palabra necesaria no se encuentra o no responde ya a lo que queremos de ella.

¿Sigue teniendo proyección social la poesía?
La poesía, la lírica, siempre es algo íntimo. Cuando alcanza alguna incidencia social es que fallan los canales propios de lo social, y entonces se convierte en un sustituto, en un recurso.
*Ana María Navales acaba de publicar en Calambur su poesía completa: "Travesía del viento. (Poesía 1978-2005)". Calambur, 2006. 64 páginas.
04/04/2006 23:15 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

XULIO LÓPEZ VALCÁRCEL EN EL CENTRO DE HISTORIA

20060406000429-xuliovalcarcel.jpgEsta tarde Xulio López Valcárcel participa en el ciclo “Con la voz y la palabra”. Hablará de su poesía, de su poética, de sus últimos libros: en Zaragoza publicó en Olifante la antología “El volumen de la ausencia” y hace poco Manuel Martínez Forega le publicó una selección de poemas de “Casa última”, en traducción suya y de Mariano Castro, en Los libros de Berna.
Xulio es un estupendo poeta que escribe sobre la memoria y sobre la imaginación, sobre el paisaje y el amor, es un poeta sensual que ama la vida, aunque a veces dé la sensación de que se le ha quedado un poco en los paraísos de la niñez en Lugo.
Xulio, además, ha sido siempre muy afectuoso con los poetas aragoneses. Todos lo han considerado su embajador en Galicia. Su página de “El Ideal Gallego” los domingos es de las más seguidas: allí contó muchas veces sus experiencias por aquí, sus viajes, y reseñó a un montón de escritores. Ayer mismo me encontré con Pepe Verón y me recordó que Xulio le había escrito una reseña en A Coruña. Xulio vive frente al mar, en una casa con vistas, y tiene un formidable piso en la Mariña, bellamente arreglado, bellamente decorado, en cuyo bajo organiza sus célebres fiestas y recepciones de amigos dispuestos a beber algo de vino, a contar historias o a hablar de esto y de aquello hasta que caiga la noche.
El acto es las 20.30, lo presentaré yo, pero creo que Xulio se merece todo nuestro cariño.  
06/04/2006 00:04 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

CUCHI Y ESPERANZA, XULIO, MIGUEL LABORDETA

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Cuchi y Esperanza, Esperanza y José María Gómez, “Cuchi”, celebraron ayer, rodeados de camaradas de mil cosas, sus respectivos cumpleaños en “La Corrala”. Vinieron hasta sus grandes amigos de Barbastro, todos acudieron para ofrecer cariño, camaradería y ternura (perdón por la cursilería. Me vuelvo irremediablemente un viejo blando) y beberse unas copicas. Felicidades a los dos. Cuchi es uno de esos tipos entrañables que sabe de toros, de fútbol, de cine y cultiva la amistad con obstinación; allá donde tú no quieres molestar, aunque deseases hacerlo, exactamente allí está él. Y ella, Esperanza, a la que se enciende la mirada de alegría, que atrapa el aire con una ansiedad tan bella como primitiva.

Hoy también he estado con Xulio López Valcárcel. Apareció su amigo Ángel (con quien hizo aquí el  servicio militar) y algunos otros amigos del ciclo “La voz y la palabra”. También estaba su editor aragonés Manuel Martínez Forega, responsable de un extenso fragmento de “Casa última”, un libro que apareció en Espiral maior en edición original, que mereció el premio de la Crítica en gallego y que plantea un viaje a la memoria, a la casa como claustro y refugio, como centro del mundo, como laboratorio de sueños, como crisol donde fermentan las huellas de nuestro antepasados. Se trata, como dijo Fernando Burbano, de un poemario de un niño, de un adolescente, de un hombre de aldea, arraigado con los castaños, enraizado al humus, depositario de la luz y del enigma de las estaciones. La traducción al castellano, por cierto, es de Manolo Forega y de Mariano Castro.

En el Centro de Historia, no tuve tiempo para percatarme bien de las quejas de Antonio Pérez Morte y de Santiago Arranz, vi la exposición de Miguel Labordeta, y me interesó mucho el cuadro de Iñaki. Confieso aquí que no lo había visto antes al natural: me ha parecido una obra poderosa, sugerente, con una gran expresividad en los colores. Es curioso, tengo la sensación de que ahora, como sucedía hace años, los pintores apenas hacen retratos de escritores, pintores. O supongo que los harán, ahí está el caso de Pepe Cerdá o Pedro Sagasta, pero se exponen poco. Me ha encantado ese cuadro de Iñaki: es enorme de casi dos metros de alto.

 

06/04/2006 21:45 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

ENCUENTROS LITERARIOS DE ALBARRACÍN, DEL 11 AL14 DE MAYO

20060407082352-barral3.jpgAVANCE DEL PROGRAMA
VII ENCUENTROS LITERARIOS DE ALBARRACÍN
“La pasión de editar. Qué, cómo, a quién”
Se celebrarán del 11 al 14 de mayo de 2005 en Albarracín (Teruel)
Teléfono y e-mail de contacto

978 710093
fsmalbarracin@aragob.es
Cualquier persona que quiera apuntarse o reservar hotel, sólo tiene que llamar a la Fundación.


Han confirmado su presencia, entre otros,
JAUME VALLCORBA, de El Acantilado
SILVIA MEUCCI, de Siruela
EDUARDO RIESTRA, de Ediciones del Viente
LUIS MIGUEL SOLANO, Libros del Asteroide
MALCOM OTERO BARRAL, Destino
(hablará de la trayectoria de su abuelo Carlos Barral como editor)
CHUSÉ RAÚL USÓN, de Xordica
RAÚL HERRERO CLAUDIO, de Libros del innombrable
TRINIDAD RUIZ-MARCELLÁN, de Olifante, ediciones de Poesía
JOSÉ ÁNGEL ZAPATERO, editorial Menos Cuarto de Palencia
ROSA LENTINI, de Igitur, ediciones de Poesía
GERVASIO SÁNCHEZ, Fotoperiodista
JULIÁN RODRÍGUEZ, editor de Periférica
ANTONIO PÉREZ LASHERAS, director de Prensas Universitarias Españolas y de las Prensas Universitarias de Zaragoza.
FRANCISCO BOISSET, impresor de Sansueña (Zaragoza)
RADA PANCHOVSKA, editora búlgara
FERNANDO LASHERAS, diseñador y maquetista de libros como la “Guía de Aragón” o los trabajos sobre la Semana Santa o el Maestrazgo
ISABEL BISCARRI, artista y directora de proyectos en torno al libro de la Escuela Superior de Diseño. Acudirá con 6 alumnos que cursan Estudios Superiores de Diseño Gráfico.
RICARDO VILA, editor y fotógrafo de numerosos libros del paisaje como “Rural”, “Siete años con las aves”


Actuarán
RICHARD LOZA y su grupo, el jueves 11
EL GALGO REBELDE, el sábado 13


TALLERES PARA NIÑOS
Taller de música. CARLOS ROLDÁN
Taller de poesía. ENRIQUE VILLAGRASA
Taller de pintura. PILAR TENA
Taller de televisión. ALBERTO GÁMEZ

Taller de telefonía y móviles, JAVIER TORRES
Taller de libros y cuentos. FERNANDO LASHERAS
Taller de esculturas y personajes de cuentos. JAVIER SOLCHAGA
07/04/2006 08:23 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 5 comentarios.

CANTERA DE CAMPEONES: UN MAL SÁBADO

Esta mañana, bien temprano, llevé a Jorge a la Ciudad Deportiva del Real Zaragoza. El San Gregorio de División de Honor Infantil se enfrentaba al líder, que dirige Ander Garitano. No pude ver el partido, pero no hubo color: el Real Zaragoza venció 9-0, y Kevin Lacruz, hijo del coleccionista y psiquiatra Javier Lacruz, se marcó un excelente partido. Jorge me dijo luego que jugaba muy bien, que era rápido y que poseía un gran despliegue. Él salió en la segunda parte, y dice que jugó bien, de mediapunta. Chutó un par de veces a gol con peligro, y recibió tres enhorabuenas: Javier Lacruz lo esperó para elogiar su partido a pesar de la derrota, Garitano –que en una ocasión mostró interés por él- le acarició la cabeza a modo de despedida, y su compañero Tomás volvió a darle ánimos.

Más tarde, llevé a Diego al campo de La Jota. El San Gregorio Cadete C se enfrentaba al conjunto local, empeñado también en lograr el segundo puesto. Ganaron los locales por 1-0 y lo marcaron bien avanzada la segunda parte. Diego juegó 30 minutos de interior, y luego lo retrasaron a lateral derecho. Dice, él que no es nada presuntuoso, que hizo una “jugada a lo Cicinho”, que no fue gol de milagro. El San Gregorio se aleja un poco de la segunda plaza. Lo lógico, tras estos resultados y el partido con el líder destacado, el Ebro, es que quede entre el tercero y el quinto.

Más tarde, fui por primera vez a la redacción de Aragón Radio. Me entrevistó desde Teruel Toño Ruiz. Me encanta la radio y me gustó su cordialidad y la de su equipo. Y ya de paso, entré a ver a algunos compañeros de la CARTV: por allí andaban el gran Alberto Gámez, contratado como ayudante de realización. Por allí también estaba Sergio Gómez, el realizador de un programa en que fui muy feliz: "Viaje a la luna", que realiza los programas deportivos. Y, entre otros, también están Juancho, de Antena 3, Javier Martínez París (realizador de "La noche de Buñuel", "Sender, un escritor de cine", que yo conduje en Antena Aragón, y de "Que viene el lobo"). También estaba Inmaculada Otal, editora de los informativos de fin de semana.

 

08/04/2006 21:10 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 4 comentarios.

FERIA DEL LIBRO VIEJO Y DE OCASIÓN

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Apenas había paseado por la Feria del Libro Viejo. Pero hoy, tras ver a Javier Delgado, a su espigado sobrino predilecto (“siempre estoy imaginando cosas”, me dijo) y a su hija Celia, bellísima muchacha de doce años que ya ha empezado una novela; hoy, digo, pasé por la plaza de Aragón y compré varias cosas:

-9 fotografías. Varias de dos de mis actrices favoritas: Debra Winger y de Nastassja Kinski. Y una de Sterling Hayden, otra de Michael Caine abrazando a Sean Young, un poco postiza ella aquí, dos de Isabelle Adjani en el papel de “Adele H.” de Truffaut y otra de June Allyson (la maravillosa Constanza en “Los tres mosqueteros”) y Liz Taylor en “Mujercitas”.

-La “Historia del cine” de Romá Gubern, en dos volúmenes de Dánae. Se trata de la edición grande e ilustrada. Años después apareció otra edición en Lumen, creo recordar.

-“La gente hablará” de John Kobal, un libro que publicó Seix Barral en 1987 que contiene entrevistas con Howard Hawks, Gloria Swanson, Mae West, Arletty o Ingrid Bergman, nada menos.

-“El mundial decisivo” de Pedro Escartín, un volumen aparecido en 1966 con prólogo de Alfredo Di Stefano que narra el Campeonato del Mundo de Inglaterra. Por cierto, ahora ya hace algún tiempo que Pepe Melero no visita este blog, pero si lo hiciera algún día, querría recordarle las alineaciones de los equipos campeón y subcampeón.

INGLATERRA. Banks; Cohen, Jackie Charlton, Moore, Wilson; Stiles, Bobby Charlton, Peters;  Ball, Hurst y Hunt.

ALEMANIA. Tilkowski; Hottges, Schulz, Schnellinger; Beckenbauer, Weber; Haller, Overath, Seeler, Held y Emmerich. (Hubo 97.000 espectadores. Ganaron los ingleses por 4-2, con tres goles de Hurst, uno de ellos fantasma, que fue la pesadilla del cancerbero Tilkowski).

A propósito, en aquel Mundial hubo varios zaragocistas. Esta mañana, el primer en llamarme por el suplemento dedicado por Heraldo al Real Zaragoza fue Luis Franco, el arquitecto que glosa la línea recta que usa Ewerthon. Y Rafa Artal, acompañado de Carmen, una de las morenas más bellas de la tierra, dijo que le había impresionado y encantado. José Miguel Tafalla, Alberto Aragón, Mikel Iturbe (de quien fue la idea), María Torres-Solanot y un inmenso puñado de zaragocistas tienen la culpa.

-También he comprado la “Guía de la literatura norteamericana” de Cándido Pérez Gallego, publicada por Espiral en 1982.

 

*Nastassja Kinski retratada por Richard Avedon.

09/04/2006 13:34 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 10 comentarios.

ENTREVISTA CON PARDEZA CON GONZÁLEZ RUANO AL FONDO

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[Miguel Pardeza, en vísperas de coronarse de nuevo campeón de la Cora del Rey, ahora como Director Técnico del Real Zaragoza, sabe de mi pasión por González-Ruano y por las necrológicas. He escrito unas cuantas en “El día de Aragón”, “El Periódico” y “Heraldo”, y me deja el formidable trabajo de edición que ha hecho con las “Necrológicas 1925-1965” de César González-Ruano. Hace algún tiempo, cuando  publicó también en Mapfre su “Obra Periodística”, en dos volúmenes, conversamos en torno al escritor, que se hacía pasar por el  Marqués de Cagigal. Aquí está un extenso de la entrevista para ociosos o interesados].

 

-¿Qué le atrajo de César González-Ruano?

-Surgió por casualidad. El nombre surgió durante una charla con  los profesores Javier Barreiro y José Luis Calvo Carilla. Siempre me había gustado como escritor. Lo había leído con más agrado que con intensidad. Me di cuenta de que Ruano vivía en la más absoluta de las miserias: no había ningún estudio académico sobre él, hecha la salvedad de “La escritura perpetua” de Francisco Umbral.

 

 -¿Qué descubrió en él?

-Profusión y amor por la literatura. Se había dispersado de manera torrencial en más de ochenta libros de todos los géneros y en una ingente labor en la prensa escrita. Además, lo había abarcado todo: se inició en un modernismo tardío, estuvo en contacto con las vanguardias, vivió la Dictadura de Primo de Rivera (y luego la de Franco) y la Guerra Civil. Fue un testigo de primera mano de la historia de España. Ruano respira un amor por la literatura de primer término. Todo lo que hace o dice está marcado por lo literario: se intenta hacer pasar por aristócrata, su dandismo, su pose “freak”. Todo lo interpretaba bajo especie literaria.

 

-¿Por qué se decantó por su faceta periodística?
-Mi primer acercamiento en serio fue para intentar localizarlo en la historia de la literatura. Al analizar su obra escrita no podía pasar por alto su obra periodística. Es lo que ha quedado de él.

-Creo que un principio, tras las primeras calas, usted se había planteado estudiar su poesía.
-Lo que me atrajo, sí, fue su poesía. Es autor de veintitantos libros de poesía. Jamás perdió esa vocación. Siempre arrastró una frustración poética, porque no se pudo dedicar a ella en cuerpo y alma, pero creo que lo mejor define sus cualidades en la impregnación lírica que domina sus artículos. Empezó como poema neomodernista, pero luego tiene cosas sorprendentes como “Gesta nobiliaria del Pirineo en la guerra”, “Loa nobiliaria” y “Fervor de Bilbao”, influenciados por Ramón de Basterra. Fue un tardo modernista influenciado por Baudelaire y por la poesía arrabalera de Emilio Carrere.

-A Baudelaire le dedicó una biografía.
-Es cierto. Charles Baudelaire fue una referencia constante: un ejemplo, una presencia, el escritor a quien más admiró. Su biografía la redactó a la manera de Ramón Gómez de la Serna: en el fondo era también un autorretrato. Al escribirla también escribía su propia vida.

-¿Cuál fue su evolución lírica?
-Fue un ultraísta descreído. Guillermo de Torre lo obvia. “Viaducto” es ultraísta y a la vez una parodia del movimiento. Y luego está “La balada de Cherche-Midi”, un libro desgarrado, escrito con la técnica de la escritura automática. Es un libro descoyuntado y barroco, pero en cuanto a imágenes y metáfora, creo que es el mejor de los suyos.

-¿Qué valoración podemos hacer de sus novelas? Algunas son muy interesantes. Pienso en “Circe”, por ejemplo.
-Es una novela de 1935, donde ofrece ese personaje o ese complejo de Matías Pascal, el personaje de Luigi Pirandello, que llevó dentro. “Circe” fue una liberación por su exotismo, su exuberancia, su molicia, por su sensualidad. Es un libro desigual, pero bueno, con muchas referencias autobiográficas.

-Háblenos de “Manuel de Montparnasse”. ¿Estaba o no inspirada en el pintor aragonés Manuel Viola?
-Yo creo que sí. Es una novela un poco disparatada. Ruano no medía el tiempo ni el camino que iba a recorrer, ni se preocupaba por la estructura. Es directa, viva, fresca por la descripción de las situaciones. Creo que su mayor aportación es el impresionismo que utiliza en la descripción de personajes. Su novelista de referencia fue Somerset Maugham...

-Quien, por cierto, estuvo en Zaragoza y describe en sus “Diarios” una secuencia ante el Pilar.
-Es cierto. Estuvo aquí. Somerset Maugham quizá no de los mejores novelistas de su tiempo, pero abordaba asuntos que le interesaban mucho a Ruano: el concepto de sociedad internacional, tenía la obsesión por el gran mundo, el cosmopolitismo, el aristócrata en ruinas.

-Ruano también escribió relatos: “Dos cuentos italianos”...
-A mí me encantan sus relatos. Y más que ese texto que cita, hablaría de “El poder relativo” y “La vida de prisa”. Era un excelente cuentista. Son cuentos del gran mundo, del cosmpolitismo, de la bohemia, de los aristócratas arruinados, de la vida ociosa alrededor de los casinos y el juego; son buenísimos relatos de las sociedades holgazanas y decadentes.

-Demos un salto al periodismo, cuya edición usted ya iniciado con “Obra Periodística (1925-1936) (Mapfre, 2002). Empezó con catorce años en “La Defensa” de Sigüenza...
-César González-Ruano estudió Derecho y se licenció a duras penas. Sacó algunas asignaturas en Zaragoza. Y pronto se inclinó por el periodismo, creo que como sustento de vida. En sus inicios, intentaba hacerse pasar por Marqués de Cagigal. Ruano opta por el periodismo por dos razones: porque buscaba un medio de vida, insisto, y por afanarse la fama, algo que siempre le preocupó mucho. Había realizado sus primeras tentabais en “El debate” o “La Libertad”, pero puede decirse que empieza en “La Nación”, donde estuvo un par de meses y hacía reseñas de la literatura francesa. Luego pasó a “La época”, donde hizo sobre todo reseñas de literatura francesa y española. Ingresó en “Heraldo de Madrid” y allí ya nos encontramos con el anticipo del periodista total que iba a ser. Hico crónicas, reportajes, entrevistas, artículos.

-Escribió en casi todos los medios de la época. Vamos a intentar desmenuzar sus cualidades y sus puntos de vista por género. ¿Cómo eran sus entrevistas?
-Su mejor cualidad es que captaba al personaje tal como era. Le dejaba hablar y hablar, y en ocasiones incluso le quitaba las preguntas y dejaba unos puntos suspensivos. Eso me parece muy original. El personaje trazaba así un autorretrato. Hizo muchas en la primera época y menos en la posguerra. Algunas fueron recogidas en un volumen estupendo: “Las palabras quedan”, reeditado por Mapfre recientemente.

-¿Cómo definiríamos sus crónicas?
-Tenía la intención de captar un clima y de dar una visión personal. Ruano tenía la certidumbre de que lo universal es lo personal; pensaba que para que un tema interese hay que partir de uno mismo. Los directores le decían una y otra vez que se dejase de literatura y de subjetividad, pero él parecía tenerlo claro: lo más general es lo subjetivo.

-Francisco Umbral, su discípulo más reconocido (a lo mejor también podríamos hablar de Manuel Alcántara), dice que un artículo se escribe con dos ideas y un buen envoltorio de prosa. ¿Qué pensaba Ruano?
-Para él un artículo se parecía a un soneto. Sólo cabía una idea y a veces ninguna. El artículo era pura divagación. A él lo que le sobraba precisamente era la anécdota, y si seguía haciendo referencia a ella era por un prejuicio de sus comienzos, por tantas recriminaciones que recibía de los directores. Siempre se quejó de la obligación de referirse a la anécdota, a lo inmediato, a la noticia. Buscaba lo intemporal dentro de lo circunstancial. Yo creo que esta actitud, esta aspiración a la abstracción anuncia la poesía. Y dos ejemplos buenos serían los artículos “Pequeña vida de Miguel”, extraordinario, y “Señora, ¿se le ha perdido a usted un niño?”, por el cual recibió el Premio Mariano de Cavia en 1932.

-También sorprenden sus temas: opta por la inadvertido, por lo secundario en apariencia...
-En el artículo, Ruano practica la estética de la nimiedad. Eso, en realidad, no fue una idea suya, sino que ya venía de las vanguardias y de Ramón Gómez de la Serna. Piense en libros como “Goyerías” o “El rastro”, la atracción por los objetos y la estilización poética en la forma de presentarlos.

-¿Y el reportaje, cómo lo abordaba?
-Creo que, ante el reportaje, se sentía más periodista que nunca en el sentido puro del término. Intentaba captar la vida en marcha, mostrando la realidad tal cual se presentaba. Piense que en aquel momento no se tenía muy claro donde empezaba la crónica y el reportaje o viceversa.

-Por cierto, en “Obra Periodística, 1925-1936”, recoge un texto que publicó en “Crónica” en diciembre de 1992, “Vida, fisionomía y alma de la ciudad de Zaragoza”, que podría ser un ejemplo de ello. Habla de tiendas, de cafés como el “Ambos Mundos” y de la jota. Dice: “La noche es la jota. El alma de la jota. El corazón en los labios. La jota en su casa”.
-Ruano conocía bien Zaragoza. Le gustaban las experiencias canallas, a la manera de Oscar Wilde, del que también redactó una biografía. Buscaba el decadentismo y la bohemia de la ciudad, y captó muy bien la sociedad zaragozana. Tenía un ojo sutil, preciso y perspicaz.

-También reproduce usted una entrevista con la madre del fusilado Fermín Galán.
-En ese periodo, tras “La sublevación de Jaca”, se creía republicano. En ese momento, los intelectuales estaban con la República. Creo que es una entrevista sentida. La gran virtud de Ruano es que parecía que sentía todo aquello que escribía. Luego fue un feroz republicano.

-Y se marchó como corresponsal de “Abc” a Berlín.
-Sí, y se aburrió solemnemente, algo que explica muy bien en su diario. Un corresponsal no podía sentir lo que sentía un escritor.

-El 18 de julio, en Vilefrancche, celebra con Raquel Meller la sublevación militar contra la II República.
-Él estaba en Italia y Raquel Meller lo invitó a su casa francesa. Al enterarse de la rebelión, Meller, que era de Tarazona, bajó a la bodega, cogió el mejor cava y bebieron. Luego, Ruano escribió en “Mi medio siglo se confiesa a medias” (1951): “Raquel Meller  mandó subir de sus bodegas lo mejor que tenía: champañas ilustres, venerables coñacs... Y nos mareamos de alcohol, de patria, de nostalgia y de incertidumbre”.

-Después de recordar esta anécdota, sorprende mucho leer en su prólogo que “Ruano no era franquista”.
-No lo era. Políticamente no lo era. Ruano era un anarquista de derechas. Nunca tuvo conciencia ni sentimiento político. Es cierto que fue, tras su regreso del extranjero, un adaptado al régimen, vivió de lo que pudo y seguía teniendo una gran nostalgia de otros tiempos. Pero a mí me parece muy significativo de lo poco que habla de Franco en sus diarios desde 1943. Cuando Taurus publica su “Diario íntimo” (1970) completo –Ruano, nacido en Madrid en 1903, había muerto en 1965), sólo hay dos frases sobre él. Una dice: “El Generalísimo se fue de vacaciones”, y la otra: “El Generalísimo volvió de vacaciones”. No le tenía mucha simpatía. Era monárquico.


-Díganos, ¿es cierto o no que vendía en París, durante la ocupación nazi, pasaportes falsos a los judíos?
-No puedo decirlo. No hay pruebas de eso. En París se dedicó a la venta de antigüedades y de obras de arte. Si lo hizo, creo que fue modo ocasional. No está claro que lo encarcelasen por eso. Ese episodio dio lugar a su poemario “Balada de Cherche-Midi”, donde tenía muy presente “La balada de la cárcel de Reading” de Oscar Wilde.

-También se habla de su afición a prácticas sexuales extrañas, como el “voyeurismo” con su propia esposa. En “Las máscaras del héroe”, Juan Manuel de Prada es bastante explícito. ¿Sabe algo de esto?
-Tenía una personalidad bastante conflictiva. Pero tampoco tenemos testimonios. En cualquier no me parece demasiado elegante hablar de esos asuntos y no lo hecho. Tiene un poema “Antinoo” donde habla de este tipo de cosas. En cualquier, a González-Ruano, por lo que respecta a su consideración literaria, hay que aplicarle aquello que decía Jacinto Benavente: “En España se habla bien del mérito sin éxito o del éxito sin mérito”. Ruano, como periodista, tuvo éxito y mérito.

 

*La foto es de Azorín y César González-Ruano.

 

10/04/2006 09:32 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

AVANCE DE LA NOVELA DE CELIA DELGADO

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Oldawa

 

2

1ª Torre

[…]

En cuanto vislumbramos las casas de la ciudad, yo me puse muy contenta, y eché a correr, seguida de los familiares gritos de Hilda. Pero cuando me fui acercando, me di cuenta de que lo que oía no era el bullicio propio de la Latipac, sino otro tipo de sonido, uno terrible, que me producía escalofríos por todo el cuerpo… el ramo cayó al suelo.

Hilda llegó por fin a mi lado muy sofocada. Temí que me riñera, pero en vez de eso, me agarro e intentó arrastrarme de nuevo al camino por el que habíamos venido.

 

A mí me venció más la curiosidad que el miedo, y, librándome de las manos de mi aya, me adentré en la antes alegre ciudad.

 

Conforme más me iba acercando al lugar del que procedía el sonido, una extraña sensación se apoderó de mí.

Me sentí más seria, más digna, más… mayor. Ésa sensación no podía ser buena. Así que concentré todas mis fuerzas para echarla de mi cuerpo. No oía ni los desesperados gritos de Hilda ni el sonido que antes me martirizaba tanto. Sólo estábamos yo y ésa extraña y molesta sensación…

 

Mis pasos retumbaban por las estrechas calles de la Latipac. No se veía ni un alma. Ya estaba llegando hacia el mercado, que era el lugar del que provenía el sonido que me atraía, y había perdido a mi aya de vista. Sentí miedo…

 

                           3

 Poco a poco me fui acercando hacia el mercado y los gritos se iban oyendo más y más. Al final, llegué a la desembocadura de la calle en la plaza. Los gritos ya retumbaban en mis oídos. Cautelosamente, me asomé para averiguar qué estaba pasando y lo que vi me dejó atónita:

 

Los gritos procedían de una niña muy delgada, que estaba hecha un ovillo contra la pared, la cabeza tapada por los brazos.

No me di cuenta de qué era lo que la hacía gritar tan desesperadamente hasta que un rayo que anunciaba el comienzo de una tormenta lo iluminó.

                                                                   (continuarará)

                            …………………

 

Una gran sombra negra daba vueltas alrededor de la niña una y otra vez, amenazadoramente. Era realmente aterradora.

Al verla, algo se despertó dentro de mí. Una sensación (otra) de poder y energía que nunca había experimentado. Ésta, junto a la sensación que había sentido anteriormente, me provocaron unas ganas irrefrenables de salir y enfrentarme contra esa sombra. Tales eran esas ganas que, sin pensármelo dos veces, me planté en el centro de la plaza.

La sombra se volvió bruscamente y la niña dejó de gritar…

 

-¡Déjala en paz!

La sombra emitió un sonido parecido al chocar de dos sartenes. Se estaba riendo. Dejó de girar alrededor de la niña y se acercó a mi. Pero yo no me dejé intimidar. Me quedé inmóvil y mirando al frente fijamente mientras ella daba vueltas lentamente a mi alrededor. Aún se reía. Pero ella no sabía de lo que yo era capaz en aquellos momentos. No, ella no lo sabía…

 

El odio y una repentina furia que me invadían eran más fuertes que el miedo que sentía hacia esa sombra que me amenazaba. Al fin y al cabo, yo era una princesa, se supone que debía ser valiente, y defender a mis súbditos de seres peligrosos aunque pusiera mi vida en ello, ¿no?

 

Así que apreté los puños y le miré a la… a lo que supongo que sería su cara.

Me horroricé.

                                                                       (continuará)
                                  .......................

Aquella sombra lo único que tenía eran unos ojos muy extraños y terroríficos. Eran blancos, pero tenían doce puntitos que los rodeaban, y dos palos, uno más largo que el otro, los cuales estaban ahora señalando a dos puntitos diferentes.

 

Un escalofrío recorrió mi cuerpo, y apreté más los puños, hasta hacerme daño. De repente, la sombra paró y miró hacia una calle. Yo miré también hacia allí, y vi a Hilda corriendo hacia aquí, y agitando los brazos.

Yo le grité que no se acercara, pero ella no hizo caso, y vino gritando mi nombre, los pelos revueltos por la carrera. Y se quedó parada al observar   la escena. La sombra se acercó lentamente hacia ella.

 

Yo, de repente, me había quedado paralizada, y no podía ayudar a mi aya… sólo podía gritar.

 

La niña seguía sollozando, pero al menos no con tanta fuerza como antes. Su llanto se había aplacado un poco, pues la sombra había dejado de acosarla, pero aún miraba aterrada como se iba aproximando hacia Hilda, lenta pero inexorablemente.

 

Imágenes horribles me invadían, y eso hacía que esa energía que se estaba desatando dentro de mi creciera. Imágenes de Hilda gritando de dolor, mientras la sombra se cernía sobre ella…

 

Por su parte, mi aya verdadera también se había quedado totalmente rígida, mirando a aquel ser. Su piel iba perdiendo rápidamente su rosado color, y sus ojos, literalmente, se le salían de las órbitas.

 

Como en las imágenes que se me aparecían, la sombra se cernió sobre Hilda. Pero, al contrario que en estas la mujer no emitió sonido alguno. Se limitó a mover los labios rápidamente, pronunciando palabras que desde mi situación no pude oír.

 

Mi mente se nubló.

 ..............................................

 (Hasta aquí, esta breve selección. Texto completo del comienzo de la novela en la dir: http://es.geocities/jsola17.com) 

 

*Celia (Zaragoza, 1994) es hija de Javier Delgado y Ana Mastral.  Le encantan nadar y patinar, los cómics Manga, también dibuja, los vestidos y los complementos; su bebida favorita es la coca cola. Todos los años participa en un concierto para celebrar el día de la música con un puñado de amigos. Es una niña rabiosamente feliz e inteligente.

10/04/2006 12:42 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

UN ROMANCERO DE CINE*

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JULIO ALEJANDRO CASTRO / 14

 

 

 

 En el polígono del Portazgo, en el otoño de 1987, supe por vez primera de la existencia de Julio Alejandro Castro Cardús (Huesca, 1906-Denia, 1995). Alguien me explicó lo poco que sabía de él, era un afamado dramaturgo y guionista de cinco películas de Luis Buñuel, y me puso un libro entre las manos: Breviario de los chilindrones, que había publicado El día de Aragón con un prólogo de Agustín Sánchez Vidal, que titulaba su texto: “Elogio de lo aragonés”. Breviario de los chilindrones es una especie de autobiografía a la luz de la gastronomía con el pimiento, con los pimientos del mundo, por faro. La luz de esa atalaya metafórica también alumbraba la propia existencia, exuberante sin duda, de Julio Alejandro y esclarecía otros condimentos: “Los baúles de espliego, las alacenas donde se orea el lino al arrullo de los membrillos, el olor del henil que inundaba su casa de Bulbuente, las delicadas fresas de Ordesa, las borrajas, los huevos al salmorejo, el ternasco, las farinetas, las torteras de Huesca, el guirlache, el melocotón con vino, la escorzonera… y los chilindrones, naturalmente”, anotaba Sánchez Vidal.

 

        El libro llevaba una foto de Julio Alejandro, tomada por Rogelio Allepuz, juraría que en el Gran Hotel de Zaragoza. El autor de La familia Kasbin o los guiones de Tristana o Viridiana parecía un capitán de barco que se hubiera acercado a puerto por unas horas: las manos trabajadas de nudos, más bien gruesas y pequeñas, un aire de tío de América que vuelve en absoluta paz consigo mismo tras periplos y pasiones, la frente bien surcada de experiencias y de comisuras, y aquella barba perlada, que jamás le volvería a ver. Me pasaron su teléfono de inmediato, no consigo recordar si aún andaba por México o ya se había trasladado a la casa familiar de la Avenida de América, en Madrid, y hablé con él por primera vez. Pronto me di cuenta de que tenía algo de mito viviente, de fabuloso contador de historias: sabía de todo, había conocido a muchísima gente, había estado en varias guerras por tierra, mar y aire, y si hubiera algo que lo definiese de verdad era el espíritu de la poesía. Alguien me había dicho, tal vez fuese Luis Alegre, que los tres  grandes guionistas del cine español eran Rafael Azcona, Perico Beltrán y Julio Alejandro, al que habían vinculado con Valle-Inclán y con Quevedo. Julio me dijo: “Valle y yo sólo tenemos en común aquello que usted ya sabe por ser hombres, pero poco más. A mí no me interesa el esperpento. No se ajusta ni a mis gustos ni a mi manera de ser, aunque soy un fervoroso admirador del gallego”.

 

        Algún tiempo después, concerté una entrevista con Julio Alejandro en el hotel Goya. Estaba presente su hermano Fernando, que ha sido como su protector, su guardiamarina y su cómplice más constante. No había asunto que Julio desdeñase: era el romancero insomne, el contador de historias insaciable. Salía una palabra, un nombre, una película, y allá se iba: lo mismo te narraba los amores convulsos de María Félix y su pasión por las joyas y su carácter de diva; igual te revelaba la pasión clandestina de Dolores del Río y Orson Welles; lo mismo hablaba de Simone Signoret y de Jeanne Moreau, embrujadas por Luis Buñuel, embrujadas por el hombre y el genio del cine, que explicaba cómo Rita Macedo se había disfrazado de mendiga andrajosa y había ido a ver al cineasta calandino para que le diera un papel. Si nos íbamos a la literatura, le encantaba abordar el misterio de Ambrose Bierce (desaparecido en México de modo enigmático), hablar de Bruno Traven (que se ocultó en México casi al margen del mundo), o contar sus relaciones con Juan Rulfo, García Márquez, Carlos Fuentes, Ángel González o Luis Cernuda.

 

        Si se iba más lejos, al descampado de la memoria lejana, narraba sus días de joven marino en Cádiz, el naufragio del Blas de Lezo, los equívocos y calamidades de Manila que estuvieron a punto de costarle la vida, de repente se convirtió en enemigo de unos y de otros, y sus increíbles aventuras para salvarse. Hablaba de sus profesores, como Ortega, Gaos o Zubiri, de sus amigos del 27, pero quizá nada le emocionase tanto como sus dos encuentros, al menos, con Antonio Machado, amigo de su padre. Julio Alejandro, con las imponentes manos anudadas al pomo del bastón, con su jersei claro de lino, aún recordaba el movimiento de sus pasos, el crujido de la madera al subir la escalera, la puerta entornada, el clima de silencio y misterio radical y, luego, en la estancia, la figura del maestro, del amigo, del poeta mayor que estaba a punto de llamarle “pastor de olas” en el poema inicial de La voz apasionada.

 

        Julio Alejandro era como Funes el memorioso soñado por Borges, el mago de las palabras. El cine, que había absorbido su vida más pública, sólo era un elemento más, un accidente de su existencia, tamizada por la curiosidad. Dijo en una ocasión: “El cine entró en mi vida de forma ocasional y se convirtió en una profesión. Siempre he pensado que lo que mejor hago es el teatro”. Lo cual no deja de ser bastante paradójico si pensamos que es el guionista de Abismos de pasión, Viridiana, Nazarín, Simón del desierto y Tristana, cinco de las grandes películas de Luis Buñuel. Julio era un gran lector de novela policíaca y de esa novela del XIX, tipo Cumbres borrascosas, para la que siempre había un productor al acecho. Julio era un amante exquisito del arte, de todas las artes y de todos los países y tradiciones, aunque parecía sentir cierta predisposición hacia el arte oriental, en especial el chino y el japonés. Era un enamorado de los telares, de la ropa, de los hilos, y también de los esmaltes, de las antigüedades, de la cerámica. En el cine, como es sabido, entre otras películas, fue el director de artístico de Pedro Páramo (1966) de Carlos Velo y de El ángel exterminador (1962) de Luis Buñuel.

 

        Después de aquella charla, hubo otras muchas, y llamadas constantes de teléfono, y cartas con todo tipo de sorpresas: Julio podía mandarte un análisis grafológico de tu firma y tu escritura, o una colección de poemas manuscritos que había pensado para ti frente al mar de Jávea, o una colección de cuartillas donde escribía las claves del amor y algunos consejos para practicarlo. Su máxima era: “Nunca ames sin amor. No violarás jamás”. Vocablos como el Moncayo, el mar, la poesía, la amistad o Aragón salían siempre de su boca. Tenía algo de oráculo de la tribu, no tanto porque aconsejase esto y aquello, o leyese en su propia vida la existencia de los demás, sino porque era  antidogmático y buscaba la felicidad a través de la alegoría. Contaba sin parar. Y se desnudaba. Y trazaba una especie de laberinto de complicidad y de amistad que unía a un montón de gente: de Vicente Sánchez a Rafael Azcona, de David Trueba a Alfredo Castellón, de José Luis García Sánchez a Paco Ignacio Taibo II, de Paco Uriz a Adolfo Marsillach, de Manuel Vicent a Ariadna Gil. La lista podía ser infinita.  Algunos han ponderado bellamente sus cualidades, como pudo verse en la antología Fanal de popa (Ediciones del Valle, 1988). Perico Beltrán, guionista de El extraño viaje, dijo: “Julio poetiza todo lo que toca. Es poeta en sus guiones cinematográficos; en sus piezas teatrales; en sus poemas…” Y Alfredo Castellón recordaba su forma de vida: “Amabilidad y generosidad. Tenía su casa abierta en México, era la representación del caballero español, hoy casi desaparecido. Daba una gran importancia a la visita, a la amistad, en su casa había una tertulia casi a diario, a la que acudían gentes de las letras y la cultura mexicana”.

 

        La relación con Luis Buñuel fue muy importante. Trabajaron en seis películas en algo menos de una veintena de años. Eran tan diferentes como el día y la noche, pero tenían una rara y acaso seca complicidad. Julio Alejandro fue un excelente guionista de textos originales y un magnífico adaptador. Buñuel le daba un texto o le sugería una idea, y con ella se ponía a trabajar. A veces, como ocurrió con Abismos de pasión, le advertía el cineasta: “No quiero que haya besos”. Y no los había, y eso que Julio Alejandro era de temperamento sensual, cómplice con los sentimientos femeninos más desaforados y le encantaba hacer hablar a la mujer. “Él y García Lorca son los dos autores que mejor conocen la mujer”, escribió el dramaturgo y realizador Alfredo Castellón. Pero no solo trabajó con Luis Buñuel, que “tendía a darle la vuelta como a un calcetín a mis textos”, claro, sino con prácticamente todos los realizadores del cine mexicano como Tito Davison, Emilio Fernández, Emilio Gómez Muriel, Benito Alazraki o Arturo Ripstein, entre otros. Y con Roberto Gavaldón (1909-1980), un importante y personal director -para unos demasiado perfeccionista y partidario de los planos impecables, cuidados al detalle; para otros frío, narcisista y un tanto afectado siempre- que llegó a firmar más de un centenar de películas, entre ellas la casi legendaria Macario (1959) y El gallo de oro (1964), con guión de Juan Rulfo. Pero también Días de otoño, cuyo guión se publica aquí, estrenada en 1962 y premiada en Karlovy Vary.

 

        José Antonio Román, en su libro Julio Alejandro. Guionista de Luis Buñuel. Una vida fecunda y azarosa (Biblioteca Aragonesa de Cultura, 2005), dice que el año 62 fue particularmente convulso y aciago en la vida del escritor. Lo llama el annus horribilis. Trabajó en la ambientación de El ángel exterminador, falleció su tío Honorato Castro, tan importante para él, y murieron –en ese año y en el siguiente- intelectuales y políticos de los que sentía muy próximo: José Giral, Indalecio Prieto, Emilio Prados, Luis Cernuda, Paulino Masip, el autor de El diario de Hamlet García.  Y además, huyendo de la polución de México D. F., se instaló en Cuernavaca, su cuartel general hasta su regreso a España, donde sería objeto de constantes homenajes tanto en el Festival de Huesca en 1988 como por parte del Gobierno de Aragón que le concedió la Medalla al Mérito Profesional en 1993. En 1962, le dio tiempo para adaptar un cuento de Bruno Traven, “Frustración”, y convertirlo en la película Días de otoño, que en un principio iba a titularse Luisa.  Bruno Traven es uno de los escritores más misteriosos de la literatura contemporánea. Existen varias biografías suyas, bastante distintas. Era capaz de escribir en alemán, español e inglés. Parece ser que su nombre verdadero era Traven Torsvan Croves, que nació en Chicago en 1890, que se nacionalizó mexicano en 1951, aunque había llegado al país hacia 1923 fascinado por la cultura maya y la arqueología, y que falleció en México en 1969. Es autor de libros como El barco de la muerte, El tesoro de Sierra Madre, que llevó al cine John Huston, y de muchos cuentos. Huyó de la publicidad y de la fama, y fueron algunos de sus amigos, entre ellos el fotógrafo Gabriel Figueroa (que trabajó en Días de otoño, y que también fue expuesto en Huesca no hace mucho), quienes revelaron su biografía. Julio Alejandro era un admirador absoluto de sus textos. Y no le resultaría extraño que le encargasen la adaptación de este relato que protagoniza una mujer: Luisa. La película se inscribe en el género de melodrama, pero también tiene ciertos parentescos con algunas tentativas de Buñuel como Abismos de pasión o Él porque como ellas aborda la figura del psicópata, de una loca de veras. Aquí se narra la historia de una mujer más bien humilde e ingenua que trabaja en una pastelería. De repente, el dueño, un anciano más bien bondadoso en busca de compañía femenina, empieza a fijarse en ella. Y cuando inicia un acercamiento más  profundo, ella le dice que está a punto de casarse con el chófer Carlos. Este, con el paso de los días, abandona a la muchacha y ella decide hacer creer a todos algo insólito: les dice que se ha casado, que está embarazada. Y pretende sostener su fraude hasta el final. Además del empresario don Albino y las compañeras de trabajo, hay otro personaje clave: la celestina Rita, que intenta acercar a Luisa y a don Albino. La película tiene una intriga desapacible y es una meditación acerca de alguien que desemboca en la locura y en la irrealidad porque no acepta el fracaso, un fracaso tampoco irreparable. Julio Alejandro contó con la colaboración de Emilio Carballido en la redacción, y si se compara la película y el guión original se aprecian hay algunas diferencias, incluso de final. La interpretación de Pina Pellicer (Luisa), Ignacio López Tarso (don Albino) y Evangelina Elizondo (Rita) es muy sólida.

 

        En cualquier caso, Días de otoño es uno de los muchos y más que correctos guiones que escribió Julio Alejandro Castro: una pieza muy meditada, elaborada con oficio, tensión y grandes momentos dramáticos. Un guión especial de entre el amplio centenar que llegó redactar entre textos originales y adaptados, lo cual da una idea de la fecundidad de este navegante del océano de los sentimientos que un día anunció, mientras recordaba que sus manos había servido para anuncios en televisión: “Siempre va conmigo una sombra que se llama Aragón”. 

 

*Este texto será uno de los prólogos del guión original de "Días de otoño", la película que hizo con Roberto Gavaldón, inspirada en el cuento de Bruno Traven. La foto es de Rita Macedo, una actriz de la que hablaba mucho Julio.

10/04/2006 23:05 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 6 comentarios.

JAVIER DELGADO YA TIENE BLOG

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[Javier Delgado Echevarría es autor de varios libros de poemas como "Zaragoza marina" o "Libro de horas", narrador en corto y en largo, columnista de "Heraldo de Aragón" (en "Artes & Letras" publica la sección "Jardines Cercanos"), experto en iconografía artística y floral, apasionado de los jardines, bibliotecario, lector insaciable y morador entusiasta de Zaragoza, su ciudad del paraíso. Acaba de crear un blog. Y para anunciarlo a bombo y platillo, me manda esta cariñosa carta. ]
Querido Antón 
Como me has pedido y ordenado esta mañana, te pongo aquí la dirección del blog que acabo de comenzar:
Tiene las secciones: Opinión, Estudios, Noticias, Relatos y Poemas.
Ya he insertado muchos artículos en todas ellas. Me importa sobre todo lanzar ahí mis estudios de flora y arte que salieron en diversas revistas de no fácil acceso. En segundo lugar, lanzar literatura propia (por ejemplo, publicada en Heraldo o en Turia). En tercer lugar, recoger noticias de otras gentes que hacen cosas interesantes. Y en cuarto lugar lanzar mis "octavillas" de opinión porque no me aguanto callado ni ante temas como Vietnam ni ante temas como la pornografía, por ponerte dos ejemplos sintomáticos. Al menos por medio del blog no me fastidio la garganta y mi otorrino descansa.
He puesto varios enlaces ya, desde luego a tu blog. Mi petición es que des noticia del nacimiento de este blog de un deprimido cabreado, de un pesimista que procura ponerse del lado de los optimistas porque no hay otro bando mejor. Ya esto de hacer un blog es un canto a las podibilidades de las palabras y de las imágenes. Aunque sea mi último canto creo que tengo el deber moral de hacerlo, sobre todo ante mí mismo.
Javier Delgado
12/04/2006 09:18 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

RITA MACEDO, BUÑUEL, JULIO ALEJANDRO Y BARBACHANO PONCE

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He estado toda la mañana con problemas de luz. Se marchaba constantemente. Al final, desesperado, lo dejé todo. En realidad, le comentaba en varios textos que había perdido a Marga Díaz Morales, nuestra anfitriona sentimental en México, que la película “Nazarín” se estrenó en México en 1958, y fue dirigida por Luis Buñuel y producida por Manuel Barbachano Ponce. El director de fotografía fue Gabriel Figueroa y el guión fue escrito por Julio Alejando Castro Cardús y Luis Buñuel, que le daba siempre una última vuelta de tuerca a los textos del oscense. Tanto García Márquez como Carlos Fuentes hablan mucho de Barbachano Ponce, uno de los grandes productores del cine mexicano. Estuvo, entre otros títulos, detrás de “Pedro Páramo”, “El gallo de oro”, pero otros muchos títulos.

 Rescato aquí tres fragmentos sobre él, que dan una idea de su riquísima personalidad:

GARCÍA MÁRQUEZ SOBRE FUENTES: “Mi amistad con Carlos Fuentes –que es antigua, cordial, y además muy divertida— se inició en el instante en que nos conocimos, por allá por los calores de agosto de 1961. Nos presentó Álvaro Mutis en aquel Castillo de Drácula de las calles de Córdoba, donde toda una generación de escritores, tratando de hacer un cine nuevo, precipitábamos a Manuel Barbachano Ponce en la primera y más gloriosa de tantas ruinas.

-GARCÍA MÁRQUEZ SOBRE RULFO: El descubrimiento de Juan Rulfo -como el de Franz Kafka- será sin duda un capítulo esencial de mis memorias. Yo había llegado a México el mismo día en que Ernest Hemingway se dio el tiro de muerte -2 de julio de 1961-, y no sólo no había leído los libros de Juan Rulfo, sino que ni siquiera había oído hablar de él. Era muy raro. En primer término, porque en aquella época yo me mantenía muy al corriente de la actualidad literaria, y en especial de la novela en las Américas. En segundo término, porque los primeros con quienes hice contacto en México fueron los escritores que trabajaban con Manuel Barbachano Ponce en su castillo de Drácula de las calles de Córdoba, y con los redactores de suplemento literario de Novedades, que dirigía Fernando Benítez. Todos ellos conocían muy bien a Juan Rulfo, por supuesto. Sin embargo, pasaron por lo menos seis meses sin que alguien me hablara de él. Tal vez porque Juan Rulfo, al contrario de lo que ocurre con los clásicos grandes, es un escritor que se lee mucho pero del cual se habla muy poco”.

CARLOS FUENTES: “Fue en las  oficinas de ese Médicis yucateco exuberante, generoso, caprichoso y loco que era Manuel Barbachano Ponce. Una mansión decrépita en la calle de Córdoba -la mansión de Drácula, dijo Gabo- donde Álvaro Mutis me presentó a García Márquez y nació la amistad a primera vista. Creo que desde ese momento fuimos amigos para siempre al grado de que yo puedo marcar las etapas de mi vida a partir de los 32 años mediante los hitos de la amistad con Gabo y él mismo ha dicho que ’si alguna vez escribiéramos nuestras memorias respectivas, los lectores se van a encontrar con páginas intercambiables”’.

 Y para Marga Díaz Morales y otros amigos interesados en este tema, recupero un texto acerca de una conversación que mantuve hace algunos años sobre la actriz Rita Macedo con Julio Alejandro. Un abrazo. Antón

 

HISTORIA DE RITA MACEDO, SEGÚN JULIO ALEJANDRO

 

--¿Conociste a Rita Macedo?
--No, claro que no.
--Era una de las actrices favoritas de Luis Buñuel.
--Bueno, eso sí que lo sabía.
--Acaba de morirse. Me gustaría dedicarle un artículo, pero ahora, ante el mar, sólo tengo fuerzas para escribir poemas a mano. Era una mujer verdaderamente impresionante. ¿Sabes cómo consiguió el papel en “Nazarín”?
--No, Julio.
--Verás. Se enteró de que Luis Buñuel estaba preparando la película, basada en la novela de Galdós. Se disfrazó de manera maravillosa, con greñas, las ropas de pordiosera y un rostro que parecía un adefesio. Se plantó en su casa y le dijo que sabía que preparaba la película. Se arrodilló ante él, o al menos le suplicó, y le pidió el papel. Buñuel, verdaderamente conmovido, no se pudo negar. Y así fue como encarnó a Andara, la prostituta que se refugia en el cuarto de Nazarín tras una pelea sangrienta.

A Julio Alejandro de Castro (Huesca, 1906-Denia, Alicante, 1995) le encantaba relatar historias del mar, de rastros y chamarileros, y sobre todo de mujeres. María Félix, Jeanne Moreau, que se enamoró de Luis Buñuel como Margarita Lozano, Mayrata O’Wisiedo, aquella modelo zaragozana que enloqueció al joven Alfonso Sastre y escribió un libro que a Julio le divertía: “Chico no sabe que es perro”.
--Rita Macedo era la mujer de Carlos Fuentes. Luego se separaron.

Fuentes –que es casi el hilo conductor del excelente y humanísimo documental “A propósito de Buñuel” de Javier Rioyo y José Luis López Linares, que presentaron en el año 2000— narra que rompieron luego y una de las razones del distanciamiento fue Jean Seberg, a quien el mexicano rinde un homenaje en “Diana o la cazadora solitaria”. Jean Seberg se enamoró locamente de Clint Eastwood tras el rodaje de “La leyenda de la ciudad sin nombre” de Joshua Logan (pegó su póster en el piso que compartía con Fuentes) y más tarde de Ricardo Franco, a quien inspiró su película póstuma: “Lágrimas negras”.
--Rita Macedo también hizo un papel impresionante en “Ensayo de un crimen”. Era estupenda.
A Julio le sojuzgaba el universo femenino. De súbito contaba:
-- Dolores del Río tuvo un marido que le llenaba la cama y la bañera de gardenias y de joyas. Tenía unos tobillos preciosos. La trataba como una reina, pero en el fondo era un cursi. Con Orson Welles mantuvo una historia de amor clandestina.
En otro momento, se concentraba en Chavela Vargas y sus amores, y decía:
--Fui un gran amigo de Mercedes Barcha. Qué gran mujer. Era una heroína; gracias a ella, García Márquez pudo escribir “Cien años de soledad”. Se encargó de todo, de los niños, de las deudas, de la comida; aisló por completo a su marido, lo protegió como no puedes imaginarte. Por aquellos días le presté una bandeja de plata para una cena; luego García Márquez me pidió algunos muebles de mi casa. “Quiero los tuyos, Julio. Así estaré seguro de que no me equivoco”. De Chavela Vargas, qué te voy a decir. Daba un concierto y todas sus amantes estaban allí mirándola y mirándose: la densidad del aire se cortaba con un cuchillo. El aire no era aire ni humo: eran celos de mujer celosa de otras mujeres.

Julio, además de guionista de "Simón del desierto", "Nazarín", "Abismos de pasión", "Viridiana" y "Tristana", fue director artístico de "El ángel exterminador" y de "Pedro Páramo", realizada por Carlos Velo. En cada pieza que escribió para el realizador calandino retrató un admirable universo femenino, igual que había hecho en sus piezas de teatro que se estrenaron en España en la primera posguerra. Una vez que el casi ágrafo Buñuel leía y repasaba el texto, y exigía una última versión, Julio se enfrentaba a la estricta genialidad del cineasta y aceptaba su búsqueda de la originalidad: le daba la vuelta al texto como si fuese un calcetín. Extremaba aquel detalle, acentuaba la ambigüedad y la poesía, derramaba los elementos simbólicos o no de su mundo vinculado con el siglo de Oro y el lenguaje de las vanguardias.

Julio aceptaba con un gesto de admiración. Como Luis Buñuel renace a cada instante, la ausencia de Julio Alejandro de Castro se hace de tan evidente dolorosa. Este año que viene el Festival de Huesca le rendirá un homenaje coincidiendo con su centenario.  Será el próximo 16 de junio y asistirán, entre otros, la actriz mexicana Silvia, los realizadores Víctor Erice y José Luis García Sánchez y la directora de la Academia Mercedes Sampietro.  Si llamase Julio por teléfono ahora desde la tumba, lo haría con su frase favorita: “Te quiero, cabrón”. En la obra de Javier Rioyo & López Linares sólo le oímos reír casi de paso. Si la inmortalidad se puede compartir, Luis Buñuel y Julio Alejandro de Castro deben estar más juntos que nunca comiéndose una paella. O un pollo al chilindrón.
La inmortalidad, como tantas otras cosas, se sobrelleva mejor con una buena comida.

 

*La foto de Rita Macedo corresponde a la película "Rosenda" y el galán es Fernando Soler, que también participó en algunas películas de Luis Buñuel.

 

12/04/2006 10:17 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

"DÍAS SIN TREGUA" DE MIGUEL MENA, POR DANIEL GASCÓN*

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        Hola, buenas tardes. Estoy encantado hablar de Días sin tregua por varias razones. La principal es que es una novela estupenda. Y otra, es que para mí casi es una regresión uterina: la novela sucede en marzo de 1981 y yo nací a primeros de abril de ese mismo año. Luego hay un epílogo fechado en mayo. Así que siento que mi nacimiento está en elipsis en la novela.

        Días sin tregua cuenta la investigación que sigue al secuestro de Quini, el delantero de uno de los equipos que el Real Zaragoza ha eliminado en su camino hacia la consecución de la Copa del Rey. Como sabéis, el secuestro de Quini, que era el pichichi de la Liga española, comenzó el 1 de marzo de 1981 y se prolongó durante 25 días. Miguel Mena es un experto en muchas cosas, pero también es un experto en secuestros: contó uno muy divertido en Bendita Calamidad, se ha comprado una casa en Trasmoz, donde estuvo como rehén el padre de Julio Iglesias, y aquí cuenta otro secuestro en forma de thriller. Este sábado volví a leer la novela, porque tenía que presentarla y porque no estaba seguro de que los criminales fueran de verdad los que dice Miguel Mena. No pude dejar el libro hasta llegar al final: así que en Días sin tregua el secuestrador es él.

El secuestro de Quini ocurrió en un momento convulso de la historia de España: poco después de la intentona golpista de Tejero, cuando ETA mataba a dos personas por semana –cometió 130 asesinatos en 1980- y había varios grupos terroristas en activo, cuando amplios sectores de la sociedad y las fuerzas armadas sentían una profunda desconfianza por la democracia y los cuarteles estaban llenos vasos de plástico para celebrar con champán (o cava catalán) por la vuelta al autoritarismo. El protagonista del libro desayuna en un bar y casi cada día hay muerto distinto.

        Esos son los hechos reales: a partir de ellos Miguel Mena elabora una trama que resulta verosímil y tiene un valor simbólico. Aunque Rafael Azcona dice que en España no se pueden hacer thrillers porque el uniforme de la policía es horroroso, Días sin tregua es un thriller político y sentimental protagonizado un policía de paisano. La novela cuenta en paralelo tres ramas de la misma historia: en la primera, Luis Mainar es un inspector que investiga el caso en Barcelona, y cuenta sus progresos en forma de diario; en la segunda, vemos los problemas familiares desde la perspectiva de su esposa Lucía; en la tercera, se nos cuenta  el encierro de Quini en un sótano de Zaragoza, y las experiencias de la víctima y los malhechores.

        Días sin tregua funciona como un mecanismo de relojería y las tres historias están llenas de elementos que las unen, casi de rimas internas, y se impulsan entre sí. Por ejemplo, la canción que se escucha en el zulo es la misma que Mainar y su cuñada ven en televisión.

        A mí me gustan los libros que dicen las calles por las que pasean los personajes; me gusta que Miguel Mena cuente los horarios de los cines y las películas que están en la cartelera (en Zaragoza echaban "Aterriza como puedas"); los resultados de los partidos de fútbol; los problemas del protagonista para orientarse en Barcelona, la visita al Pilar. Sé que Miguel Mena se ha documentado en las hemerotecas, pero nunca nos agobia con datos: la información que da es la información que determina la vida de personajes de la novela, y resulta imprescindible para entender y creer lo que cuenta Días sin tregua.

        Además, Miguel Mena introduce algunos detalles cotidianos que son otros de los grandes aciertos de la novela, y que vincula Días sin tregua con 1863 pasos. Miguel sabe pasear por una calle, contar quién hizo una escultura, hablar de historia y la crónica de sucesos y relacionarla con las vivencias de un personaje.

 

        Dice la contraportada que es un thriller con sentimientos, y es cierto: sobre todo, son importantes los sentimientos de Mainar hacia las tres grandes chicas del libro: Laura, Lucía y Magda. Pero también es un thriller con intimidad, con elementos casi costumbristas: por ejemplo, los bocadillos que los secuestradores preparan a su víctima. O las sobremesas de domingo, con su carga de silencios, tensión y aburrimiento. Una vez, Lucía y Mainar se ven en Zaragoza. Cuando se separan, los dos coches viajan juntos un momento y luego se separan. He vivido escenas como esa un millón de veces, pero no estoy acostumbrado a leerlas en las novelas.

 

        Otra de las cosas que hacen que la novela resulte tan apasionante es que todos los personajes tienen su pequeña historia personal: son seres humanos y no solo piezas de un engranaje narrativo. Por ejemplo, Magda Mariné, la periodista “roja y separatista” que busca una exclusiva; el policía Borobia, que tiene un pasado oscuro y un futuro todavía más tenebroso; los secuestradores nerviosísimos que llevan una televisión portátil a Quini para que vea el partido de la selección española contra Inglaterra; la angustia del delantero; Jesús, el joven policía que jugó en las divisiones inferiores del Barcelona. Aunque Mainar se aburre en la investigación y tiene la sensación de que las pesquisas no progresan, los lectores disfrutamos con sus idas y venidas, con sus aventuras sexuales y sus sospechas y sus encuentros.

La cualidad humana de los personajes es especialmente evidente en el caso del inspector Mainar, el protagonista. Es un héroe imperfecto. Un hombre que tiene problemas familiares porque su hija no es como las demás, a pesar de que a veces es la niña más feliz del mundo, y que dice: “conocer mis carencias no me permite eliminarlas de un plumazo”.

Pero Mainar es sobre todo un hombre que cree en la democracia, al contrario que muchos de sus compañeros del cuerpo, y que quiere que la ley se cumpla. Sus situación personal y sus convicciones hacen que sea un hombre prácticamente solo: solo porque le cuesta aceptar la enfermedad de su hija; porque no se encuentra a gusto en la familia de su mujer, hija de un militar de Zaragoza, y se siente atraído por una periodista que viene de un mundo muy distinto; porque sabe que en cualquier momento un terrorista puede pegarle un tiro en la nuca, pero también que algunos de sus compañeros estarían encantados de verlo desaparecer.

        Mainar es el gran personaje de Días sin tregua y su mirada contagia el libro: retrata un momento de paranoia y desesperación, pero también hay razones para el optimismo: a veces los malvados reciben su castigo, o un padre sonríe cuidando a su hijo.

Aunque a veces la fortuna ayude al inspector Mainar, no hay nada azaroso en Días sin tregua. Miguel Mena ha escrito un libro lleno de información rigurosa e intensidad narrativa, que se lee como se ve una buena película, pero que también constituye una reflexión muy lúcida y emocionante sobre la Transición, la democracia y el país en que vivimos. Antes he dicho que Miguel Mena es un experto en secuestros: creo que el rapto de Quini es la metáfora de un país secuestrado por la violencia y que Días sin tregua es la historia de una liberación. Es el principio de una liberación y todavía estamos en ese proceso: hemos avanzado mucho en estos años. El libro habla de las virtudes, de los problemas y la fragilidad de la democracia, que compara a la educación de un niño que no habla. Una de las cosas que Días sin tregua nos recuerda es que la democracia no es algo que se nos haya dado gratis, sino que es la conquista pública y privada de muchos ciudadanos imperfectos.

 

*Miguel Mena (Madrid, 1959) presentaba ayer su última y más ambiciosa novela "Días sin tregua" en Ámbito Cultural. La presentó un buen amigo de este blog, Daniel Gascón, que nació en Zaragoza en 1981, cuando suceden algunas de las acciones fundamentales del libro: la intentona de golpe de Estado de Tejero, el secuestro de Enrique Castro González "Quini", etc. La novela, premiada en Málaga, acaba de publicarla el sello Destino. La foto muestra el reencuentro de Quini y su mujer Mari Nieves, que fue muy emocionante.

12/04/2006 16:51 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.