Antón Castro



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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2006.

LA GRAN NOCHE DEL REAL ZARAGOZA

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Llega hoy otra gran noche para el Real Zaragoza. Se enfrenta a ese equipo, el Barcelona, del que dicen que practican el mejor balompié de la tierra. Siempre nos inclinamos a la exageración, pero tal vez sea un poco cierto, especialmente a principios de temporada. Y el Real Zaragoza parece tener el antídoto contra tanta brillantez, esté o no esté Eto’o. Víctor Muñoz, que fue podenco y galgo en el Nou Camp, el lugarteniente de Maradona y de Schuster y el mariscal furioso de Terry Venables, es un buen estratega, y sabe que ante los mejores lo que rara vez falla es un buen ataque: ir a por el partido desde el primer instante y ahogar la línea de creación. Correr más que ellos, hasta extenuarse y extenuarlos, y además usar el criterio y el tiralíneas del pase interior y la llegada por sorpresa. Ha dispuesto dos líneas muy claras. O eso dicen hoy los expertos. La defensa en línea de cuatro; una media casi bloque de otros cuatro, Celades (dije que no funcionaría, que era un jugador sin carácter y acabado, y estoy encantado de que me haya equivocado), Zapater y Cani (que ha tomado el camino correcto para convertirse en el Gran Capitán), y como tapón e instrumento de contragolpe por la derecha el fino y sutil Óscar. También podría ser Generelo. Arriba, para voltear el choque en sus escapadas, estarán Ewerthon y Diego Milito. Ewerthon, tocado además por varilla de la  suerte, la va a armar con su velocidad, y Milito también con sus movimientos. Parece más que improbable que ninguno de los dos no marque hoy.

 

No vamos a desdeñar al Barcelona: Rijkaard es un magnífico técnico, tiene al Zaragoza como asignatura pendiente, y los culés se juegan mucho, muchísimo, quieren ahuyentar la sospecha de fragilidad o de crisis de juego, pero el técnico también libra una batalla íntima, de orgullo y de vindicación ante la parroquia global del fútbol, e incluyo aquí a José Mourinho y López Caro. De todo ello, deriva una urgencia de victoria blaugrana que hace más trepidante el partido. Pura pasión. Ojalá que el  arbitraje sea preciso y no interfiera en la batalla.

Dicen que toda España quiere un Barcelona-Madrid. Parece que aquí sólo hay esos dos equipos. Ya los vimos hace poco en el Bernabéu y el Barça  se salió y administró una buena paliza al rival. Además, dentro de poco se repetirá ese choque en el Nou Camp. ¡Para qué tanto! Lo ideal, lo bonito, lo higiénico para todos nosotros es que caigan los culés, y que hagan luego lo que puedan en la Liga y en la Champions, pero la Copa no se toca. El Real Zaragoza tiene alma y pedigrí de matagigantes. ¡Tiembla Madrid!

 

*El formidable trío de ases de los blanquillos: Diego Milito, Ewerthon y Cani. Acababan de golear al Barcelona en La Romareda.

01/02/2006 09:22 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 9 comentarios.

QUICO RIVAS EN LA NOCHE MÁS HERMOSA DE ÓSCAR

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Anoche volví a salir demasiado tarde del periódico. El Zaragoza iba perdiendo, pero al pasar por la calle San Gil oí el grito. Óscar acababa de marcar un formidable gol: asaltó la banda izquierda, culebreó hasta la línea lateral, irguió la cabeza e intentó hacer lo que hacía, lo que hace en tantos entrenamientos en disputa amistosa con Alberto Zapater. Le dio un efecto impecable al balón, que fue abriéndose en arco y parábola, que tomó el vuelo justo, rebasó cabezas y espacios, y buscó con premeditación el lugar imposible, allí, cerca de la escuadra, donde se cosen la red y el poste. Jonquera miró con estupefacción, pero no logró ver nada. El limpio obús de seda acarició el aire con voluntad de pájaro imposible. Y Pelé estaba, incrédulo, en el Nou Camp. Los blanquillos, tal como se anticipaba en el texto de ayer, pasaron a semifinales. ¡Tiembla, Madrid!

En El Espejo estaban un puñado de amigos con el escritor, crítico de arte, pintor poeta y pintor de domingos Quico Rivas. Estupendo pintor de indicios suprematistas, pintor al modo musical de Klee, pintor que juega y enreda con la relación de franjas y colores en un escueta geometría del sentir. He leído muchas cosas de él, el precioso prólogo a la “Poesía reunida” de César González Ruano, aparecida en Trieste en 1983, y otros textos, sobre todo en catálogos. Próximo a Andrés Trapiello y Juan Manuel Bonet, director de varias revistas literarias, Quico Rivas trabajó mucho, codo con codo, con el fotógrafo Alberto García-Alix en “El País Semanal” a principios de los 80; fue colega de Dis Berlin, de Luis Baylón, de Luis Pérez-Mínguez. Allí estaba, sonriente, abrazado a un Camel, contando historias de libros, de amigos, hablando de César González Ruano y de su mujer, contando historias de la literatura. Había venido a ver la exposición de Pepe Cerdá en la  sala CAI Luzán, que está teniendo mucho éxito. El verde catálogo de “Puntos de vistas” celebraba sigilosamente el triunfo del Real Zaragoza. O lloraba mansamente por el escándalo de Villamayor. ¿Es posible que cuando más se juega la ciudad, que cuando Zaragoza más debe mirar al mundo, más se deshaga en una trama infantil que entorpece los sentidos y obnubila la inteligencia y sirve, sobre todo, de magnífica coartada para aparentar?

 *Una obra muy característica de Quico Rivas. Color, forma sencilla, tira, collage: un mundo sugerente y minimalista.

02/02/2006 09:44 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

PEDRO GARCÍA AZNAR: VIDA DE UN DIBUJANTE

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Pedro García Aznar (Zaragoza, 1924) tiene en su casa un estudio lleno de dibujos, bocetos, fotos, recuerdos y muchos óleos. Sigue pintando a los 81 años, y alterna dos registros: una serie de estampas muy cotidianas de “abuelos como yo” y otra de exuberantes mujeres que  son guerreras, Evas o indómitas amazonas que conviven con la espada, el caballo y el tigre.

“He hecho casi de todo -dice-. En una ocasión, a la luz de albaranes, bocetos y copias de trabajos que conservo, calculé que habría realizado más de 130.000 dibujos: desde tarjetas de felicitación del cartero hasta máquinas de todo tipo, desde ilustraciones para alrededor de un centenar de libros hasta las caricaturas de futbolistas para el “Dinámico”, catálogos de imprenta, carteles o publicidad. Yo estoy contra el diseño, pero soy dibujante y rotulista, y he hecho eso que ahora suena tan bien: diseño. Me inventaba la presentación de una caja, el diseño, las tipografías. En mis tiempos, quien no sabía rotular no tenía trabajo”. Extrae algunas de sus obras más sorprendentes, suavizadas con aerógrafo en el repaso definitivo, y revela: “¿Qué por qué pinto mujeres desnudas con esos pechos? Me dio por ahí. Vi un día los libros de mujeres de Luis Royo, y me gustaron mucho. Me dije: ‘¿Por qué no hago yo eso también con un poco de fantasía?’. Me permiten soñar, crear historias, ponerles títulos. Y ahora soy muy amigo de Luis Royo”.

Dibujante por vocación
La historia de Pedro García Aznar comenzó en Zaragoza en 1924. Pronto sintió la llamada del dibujo a través de los tebeos, evoca los inevitables “Flechas y pelayos”, y anunció, pintando en cualquier papel, que quería ser dibujante. Su madre, conservadora, había soñado para él la profesión de militar y le decía: “¿De eso vas a comer? Te vas a morir de hambre como los poetas y los escritores”. Una oposición tan frontal, que también hallaba cierta complicidad en su padre, sólo le servía de acicate: cada día quería dibujar más y mejor. Aunque pronto dejaría el colegio, estudió algún tiempo en la Escuela de Artes, donde tuvo como profesores a los hermanos Albareda y al escultor Félix Burriel.

“Félix Burriel tenía muy mal genio, pero conmigo era muy bueno. Me corregía lo que estaba mal sin aspereza. Recuerdo que al final también matriculé a mi hermano Luciano en la Escuela, pero él era maravilloso con los números y nefasto para las líneas. Un día, Burriel me enseñó uno de sus dibujos y me dijo: ‘Pedro: esto no es un dibujo, es una carbonería. ¿Por qué no le dices que se vaya? Es una lástima que se desperdicie así un tablero de dibujo’. Yo estuve poco tiempo en la Escuela porque me aburría de copiar reproducciones de yeso al carboncillo”.

A los trece años, “entonces todo el mundo trabajaba”, ingresó en la imprenta San Jorge, más tarde en Benito Galve. En aquellos días arrastraba pesos y carros de mano, las ruedas se le hundían en la nieve en los crudos inviernos. Se recuerda por las calles, con la tripa vacía y el frío pegado a los huesos y con un periódico que hacía de improvisado jersei. Por aquellos días, también “colaboraba con el señor Velázquez de HERALDO”, y posteriormente se incorporó a Publicidad Suma, donde coincidió con el conocido dibujante Teodoro Pérez Bordetas.

Los fondos y las pesadillas
“Creo que le estoy hablando de 1946. Allí estaba muy bien, pero me pagaban muy mal, y tuve que dejarlo. Continué con mi cambio de empleo y, por fin, empecé a trabajar en Luz y Arte, la sociedad de Florencio Royo y Miguel Embid, que ha sido mi empresa más estable hasta la jubilación”.

Por aquellos días, había entrado en contacto con Manuel Bayo Marín y con otros artistas y profesionales del dibujo: Guillermo Pérez Baylo, Alberto Duce, Pelayo, Belmi, Ángel Lalinde, Luis Mata, o periodistas como Marcial Buj “Chas”. Se especializó en el dominio del aerógrafo e invertía diez o doce horas al día; podía estar alguna semana sin bajar a la calle. “El estrés es anterior al teléfono móvil y al ordenador. He trabajado mucho. El aerógrafo es una pistola industrial: exige pulso y precisión, dar la pintura deprisa y sin descuidarte, y controlar. Nadie quería trabajar con él porque resultaba antipático. Yo tengo con el aerógrafo una relación de amor y odio”.

Pedro dibujaba con auténtico denuedo. Casi siempre en su casa. Al principio cobraba diez o quince pesetas por obra. Y participaba en un mítico partido en el campo de Escoriaza entre dibujantes y pintores. Hacía dibujos de máquinas, encabezamientos decorativos de cartas, cajas de galletas o de pastas. A nada le hacía ascos. Recuerda: “Cuando entré en Luz y Arte me dijeron: ‘Si quieres y cumples tendrás todo el trabajo que puedas hacer’. Apenas disfruté de vacaciones. Mi mujer, Concepción Correas, tuvo varios abortos y nos quedamos sin hijos. Me volqué tanto que aún hoy tengo pesadillas: me parece que no entrego un trabajo a tiempo. Y eso, en el sueño, me resulta angustioso. No he frecuentado mucho las tertulias, aunque tenía amigos como el pintor José Cerdá, el dibujante Luis Germán, el cartelista de cine Andrés Puch. Y otros muchos. A mí me ilusionaba dibujar de cabeza, pero tenías que documentarte. He aprendido que no hay que recargar los fondos porque distraen la vista”.

En 1968, Pedro García Aznar empezó a colaborar con Edelvives, para quien ha hecho casi un centenar de libros. Alternó durante 20 años la editorial y Luz y Arte. Se jubiló en 1988. Le gusta recordar que un día un ingeniero le exigió un detalle más a un dibujo. Pedro le dijo: “Tienes razón. Ahora lo arreglaré”. Al cabo de unos minutos, se lo devolvió, y el otro contestó: “Ves, ahora está perfecto”. “Tan perfecto como antes porque no lo había tocado”.
*La obra que aquí podemos ver no es de Pedro García Aznar, es de su amigo y admirado Luis Royo. Ese mundo femenino, fantástico y narrativo, le interesa mucho a nuestro invitado de hoy. Este artículo apareció el pasado domingo en el suplemento de "Heraldo de Aragón", Hoy Domingo, que coordinan Victoria Martínez y Sergio del Molino, dos estupendos periodistas.
03/02/2006 19:37 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

MANUEL MOYANO, EN ZARAGOZA

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Repasaba ayer, a la hora de la comida, la cantidad de mediodías que he dedicado a repasar algunas presentaciones de libros que he hecho a lo largo de estos años. Busco un bar tranquilo, el Trafalgar me gusta (siempre como bacalao), y aprovecho esas dos horas, o hora y media para pensar un poco más sobre el escritor, sobre el libro. Para improvisar notas; ya no me gusta redactar textos, me gusta dejarme guiar por la intuición y arañar unas frases con mi letra imposible. ¡Cuántas horas lejos de los míos, angustiado, con ese nerviosismo casi infantil del que nunca se acostumbra a las presentaciones! Menos mal que “Memoria de la especie” de Manuel Moyano (Córdoba, 1963) me ha gustado mucho. Me ha gustado mucho, especialmente las dos primeras partes. Es un escritor con un mundo, con sensibilidad, con ironía, borgeano, pero sus ecos son más vastos: de Marcel Schwob a Connolly, de Calvino a Cunqueiro, de Lytton Strachey al Carlos Casares de “Los oscuros sueños de Clío”, de Vila-Matas a Cioran.

Es un libro misceláneo, abierto, híbrido, pero muy atractivo. Xordica y su editor Chusé Raúl Usón aciertan casi siempre. Su catálogo es importante, realmente importante. (Hablando de catálogos, llevo más de un mes leyendo cosas muchas cosas de la Editora Regional de Extremadura y de sus editores Álvaro Valverde y Julián Rodríguez Marcos). Soy un seguidor de sus libros, y lamento que en todos esos años no haya sabido buscarles una estantería y tenerlos bellamente ordenados. Cada vez me siento más un lector de determinadas editoriales. Ser escritor de su sello me parece un verdadero sueño, un deseo, una responsabilidad, una conquista, y eso se percibe ya con perspectiva, cuando lleva más de doce años en el mercado. Veo a autores como Julio José Ordovás, Daniel Gascón, Cristina Grande, Rodolfo Notivol, Luis Alegre, Mariano Gistaín, David Trueba, Agustín Sánchez Vidal, José Luis Cano, Santiago Gascón, Fernando Sanmartín, Jesús Moncada, Javier Tomeo, Manuel Moyano, Miguel Mena, Ángel Petisme, Ismael Grasa, Fernando Martín Pescador, Chusé Inazio Nabarro, Ánchel  Conte, etc., y tengo la sensación todos ellos se han agigantado desde esa escudería, desde esa editorial que venderá más o menos pero que publica muy bellamente.

Del libro de Manuel Moyano –con quien no pude ir a cenar, y no ya por aquello de que me estoy volviendo huraño y esquivo. Tenía que revisar con Miguel Ángel París las fotos y las notas de la exposición de su padre; el catálogo entra en máquinas el martes o así-, me gustan muchos textos. De la segunda parte, “Archivo de atrocidades”, me ha gustado especialmente el primero, que tiene un fondo de ternura y humor en medio del espanto:

 

UNA GUARDA ARRASA 50.000 HAS.

AL QUEMAR UN ESCRITO DE SU ESPOSO

 

LA SEÑORA Terry Barton, guarda forestal, recibió

una carta manuscrita de su esposo,

el señor John Barton. La leyó

mientras patrullaba por el Parque Nacional

de Pike, donde prestaba sus servicios

desde hacía veinte años. Se sabe

que la pareja atravesaba un mal momento.

Terry quemó la carta de John

junto a unos pinos, y el fuego se extendió. Ese día

los vientos del Oeste soplaban muy fuertes.

Terry arrojó arena sobre la hoguera,

pero ya no pudo contener las llamas. Ardieron

50.000 hectáreas, se quemaron 80 casas

y murió un hombre. Seis mil personas

tuvieron que ser evacuadas.

El peor incendio de la historia. En el juicio

la señora Barton no quiso revelar

el contenido de aquella carta.

 

 

04/02/2006 11:19 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 4 comentarios.

ZÓCALO PASA A LLAMARSE ONAGRO

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LA NUEVA NOVELA DE FERNANDO JIMÉNEZ OCAÑA: "LA DAMA DE MEDIANOCHE"

 

Después de doce años publicando novelas y una cincuentena de títulos, la editorial zaragozana Zócalo se ha visto obligada a cambiar su nombre, que había registrado otra editorial y distribuidora de Granada, por el de Onagro Ediciones. Fernando Jiménez Ocaña (Baena, Córdoba, 1952) se lo ha tomado con deportividad: “Los abogados me han dicho que llevo todas la de perder y que no vale la pena que me meta en pleitos”. Fernando se disgustó bastante, e incluso se plantéo cerrar la empresa. Como la mejor manera de aliviar las penas es con una buena historia, el escritor y editor decidió seguir al pie de la letra el consejo de Isak Dinesen y estrena el nuevo sello con su última novela: “La dama de medianoche”.

De entrada, Fernando Jiménez explica la elección del nombre: “El onagro es el asno salvaje, y a nosotros nos gusta ser indómitos, rebeldes. Y el onagro también es una catapulta, y aquí nos gusta intentar catapultar a los jóvenes escritores. Tenemos algunos ejemplos como Carlos Castán con ‘Frío de vivir’, título que luego adquirió Emecé; ‘La escarcha sobre los hombros’ de Lorenzo Mediano, autor que figura con éxito en los catálogos de Grijalbo; ‘La vida en cuarto menguante’ de Carmen Santos, que ha sido contratada por la agencia de Carmen Balcells. Por lo demás, no hay muchos más cambios: las portadas las siguen diseñando los pintores Eduardo Laborda e Iris Lázaro”.

Los amores prohibidos de Simón

La nueva novela de Jiménez Ocaña transcurre en la posguerra, en un lugar llamado Serena, que bien podría ser Baena, la ciudad cordobesa donde nació el autor en 1952. “Hablo de un tiempo en que la gente se moría de hambre o de epidemias, algo que sucedió mucho entre 1942 y 1944. La novela está inspirada vagamente en hechos que sucedieron o que me contaron. Comprende tres historias de amor: la de un conde, que es un crápula, un auténtico calavera que ejerce, prácticamente, el derecho de pernada y se acuesta con todas las mujeres que puede; la de una criada, que tiene un novio en Pamplona. Y la tercera, la más importante del libro, es la que vive el joven Simón con la Marquesita, que es claramente una historia de amor imposible. Ella es una mujer  muy hermosa, inasequible para el muchacho. Tengo la sensación de que el espléndido retrato de ‘La marquesa de Molins’ de Federico de Madrazo de la portada del libro no le hace justicia del todo a mi personaje. La Marquesita, sobrina de los terratenientes, era más bella, más exuberante, un poco menos lánguida”.

Dice Jiménez Ocaña que la novela es como un largo “flash back”, un regreso al pasado de Simón, que tiene ahora casi 50 años y relata un puñado de historias escalofriantes en la línea de Lovecraft, Poe o “La dama de las camelias” de Alejandro Dumas, hijo, que le ocurrieron en la posguerra. “Ésta es una novela distinta a todas las mías. Es una novela gótica en la que mezclo el costumbrismo andaluz con una peripecia siniestra en un ámbito de terratenientes y jornaleros”, señala.

Recuerda que su personaje Simón surgió al recordar la película “La hija de Juan Simón”, canciones que oía yo con mi madre de niños, y de otra curiosa circunstancia: constató que había muchos enterradores en los años oscuros del franquismo que se llamaban Simón. Ese muchacho tenía en Serena fama de loco, tal vez porque era amigo del apartamiento y había aprendido a gozar de su oficio de enterrador.

*Este artículo apareció el lunes en "Heraldo". Una encantadora lectora, Leonor Alonso, me dijo que había cometido dos errores: le llamaba Baeza a Baena, y le llamaba Úbeda a Baena. Corrijo aquí los errores. Y recuerdo el cambio de título de la editorial de Fernando Jiménez Ocaña.

 

04/02/2006 13:34 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 5 comentarios.

FÚTBOL BASE: DOBLE VICTORIA DEL SAN GREGORIO. HABLAN LOS PROTAGONISTAS

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CRÓNICA DE JORGE RODRÍGUEZ
Tarde de fútbol en la Azucarera. No hacía demasiado frío y el San Gregorio de División de Honor infantil se enfrentaba al Peñas Oscenses, equipo, en teoría, muy correoso y que había empatado en la ida contra el San Gregorio. El partido iba a  ser interesante.
El juego comenzó con el dominio del San Gregorio sin llegar a tener ocasiones de peligro. La primera la tuvo Jorge, que tras llevarse un balón dividido centro con peligro sobre el área rival, sin que Germán Cativiela pudiese llegar por centímetros. El equipo local dominaba pero el Peñas pudo crear peligro en varios contragolpes. Adrián recogió un balón en el pico del área y disparó a gol, su lanzamiento lo paró el portero y despejo a corner. Lo lanzó Javier sobre el propio Adrián que pudo ser agarrado.
Tras una gran combinación en el  medio, Jorge recogió un balón y centro de forma magistral, al segundo palo y cuando el público ya cantaba gol, Víctor Domingo remató, rechazó el portero, que la mandó alta.
De nuevo, otra combinación en el medio pudo ocasionar peligro después que Javier centrara desde la banda derecha y un defensor la sacara in extremis.
El San Gregorio atacaba y el Peñas se dedicaba a defender. Jorge cogió el balón tras un saque de banda, recortó a un defensa y se metió entremedio del otro siendo zancadilleado. Cayó al  césped.
El árbitro señaló penalti y Adrián lo marcó. A partir de este gol el juego se basó en el dominio del San Gregorio con alguna peligrosa llegada del Peñas. Tras un rechace llegó el segundo del San Gregorio marcado por Javier. Tras el descanso las cosas no cambiaron demasiado, dominio del San Gregorio, con ahora más, llegadas del Peñas que introdujo varios cambios. El Peñas pudo acortar distancias en una jugada muy clara de gol en la que su delantero  falló ante el portero. Poco después, el recién incorporado Adrián Laita sentenció batiendo  al  portero con suficiencia y facilidad.
Así el San Gregorio se  consolida en el tercer puesto realizando una gran campaña, en cuanto a juego y resultados.
    
CRÓNICA DE DIEGO RODRÍGUEZ
Justo después del partido de División de Honor Infantil, jugaron en la Azucarera el San Gregorio y Fuentes de Ebro, en Segunda Cadete. El Fuentes llegaba necesitado de puntos, anda por la zona baja de la tabla. El San Gregorio no podía dejar escapar más puntos si quería tener opciones de ascender.
Se adelantó el San Gregorio con un golazo de Hugo, quien enganchó un disparo desde el borde del área que se coló por la escuadra del Fuentes. Después marcó Rubén, de un tiro desde fuera del área, en una gran jugada entre Diego y Beto. El Fuentes acortó distancias gracias a un penalti claro, cometido por Adrián, el portero subido de Infantil.
A partir de aquí el partido se fue trabando. El Fuentes jugaba con tres mediocentros muy bien plantados, que dificultaban la salida del balón por el suelo. Pero el peligro de San Gregorio llegaba por las bandas. Así llegó el 3-1. Diego corre la banda y centra para que Beto remate a placer.
En la segunda parte el San Gregorio dominó y tuvo ocasiones para sentenciar el partido. El cuarto gol llegó tras un rápido contragolpe llevado por Rubén y Diego desde el área del San Gregorio, que culminó Ángel. En la recta final del partido, Beto marcó el quinto en un uno contra uno.
Así el San Gregorio se acerca al Ebro, el Fleta, los Agustinos y el Escalerillas, y entra de nuevo en la pelea por el ascenso.


*Jorge, el que centra y a quien le hacen el penalti, es el cronista de su propio partido. El crítico más neutral, levemente más neutral tan sólo, dice que jugó un buen primer tiempo y atestigua los centros y la jugada que abrió el marcador. Diego, el que combina por la banda derecha, también ha redactado la crónica del partido. Son dos intrusos en mi blog. Anoche me dolían los ojos. Los dos partidos contaron con un espectador de excepción: Félix Romeo. Y con otros no menos excepcionales: mi sobrino Jose, el hombre que se lee todos los artículos de prensa a diario; mi sobrina María, que es alta, cariñosa y una magnífica atleta, anoche fue a ver la gran carrera de Mayte Martínez; y mi cuñado José Luis Terol. Éste me dijo que le había sorprendido el juego tan completo y generoso de Diego. Cuando llegó, el partido de Jorge iba muy avanzado.


Hace ya algunos días que el forofo, médico y zaragocista acérrimo Ángel Artal no entra al blog. Si entrase hoy, aquí le dejamos una nota para las menudencias de la historia local de Zaragoza que está escribiendo en el disco duro de su cabeza. La foto es de un entrenamiento del denominado fútbol base.

05/02/2006 09:29 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 4 comentarios.

KAJSA BERGQVIST, RECORD DEL MUNDO DE SALTO DE ALTURA

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Kajsa Bergqvist, esa atleta estilizada e interminable, batió ayer el récord del mundo de salto de altura en pista cubierta, en Arnstadt (Alemania). Lo dejó en 2.08. Superó en un centímetro la marca de la alemana Heike Henkel, que se remontaba al 8 de febrero de 1992. Casi nada. Bergqvist es la sucesora, en  el tiempo, de Henkel, Ulrike Meyfarht (campeona olímpica en 1972, a los 16 años, y en 1984, a los 28), Sara Simeoni, Stefka Kostadinova...

05/02/2006 09:43 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

KAJSA BERGQVIST PARA MITÓMANOS / Y 3

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Era de esperar que Kajsa Bergqvist tuvieran muchos seguidores. El profesor y crítico Fernando Valls, director de "Quimera" por unos meses más, entra en el blog y deja esta nota:

"¡No te hagas ilusiones que a la saltadora de altura sueca la vi yo antes!". Para que luego digan que los intelectuales no aman el deporte.

05/02/2006 09:47 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

MARÍA MOLINER O LAS PALABRAS DE LA VIDA

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SE CUMPLEN 25 AÑOS DE SU MUERTE

 

El siete de noviembre de 1972, el escritor Daniel Sueiro entrevistaba en HERALDO a María Moliner (Paniza, 1900-Madrid, 1981). El titular era un interrogante: “¿Será María Moliner la primera mujer que entre en la Academia?”. La habían propuesto Rafael Lapesa y Pedro Laín Entralgo. El electo, a la postre, sería Emilio Alarcos Llorach. María decía una de las frases suyas que más veces se han repetido: “Sí, mi biografía es muy escueta en cuanto a que mi único mérito es mi diccionario. Es decir, yo no tengo ninguna obra que se pueda añadir a esa para hacer una larga lista que contribuya a acreditar mi entrada en la Academia. (…) Mi obra es limpiamente el diccionario”. Más adelante agregaba: “Desde luego es una cosa indicada que un filósofo entre en la Academia y yo ya me echo fuera, pero si ese diccionario lo hubiera escrito un hombre, diría: ‘¡Pero y ese hombre, cómo no está en la Academia!”.

Este episodio fue uno de los más intensos de su existencia. Poseyó siempre una voluntad excepcional, era metódica y laboriosa hasta el infinito, y defendió un concepto de la cultura, del conocimiento, la incesante pasión por las palabras. El “Diccionario de uso del español” (Gredos, 1966 y 1967; sería reeditado en 1998) es la obra de una vida, una culminación, y en cierto modo de vivir hacia adentro porque ella, en el fondo, era una perdedora y una silenciada: había perdido el sueño de la II República, había sido maltratada por el régimen de Franco, llegó a perder 18 puestos en su escalafón laboral, y percibió un vacío casi indescriptible que llevó a emprender una tarea titánica. En la entrevista, añadía: “Había un punto, el de la tarde, en que realmente me sentía vacía, sentía que algo me faltaba y entonces me puse a trabajar en el diccionario con todo entusiasmo. Siempre estaré satisfecha de esa decisión que tomé”.

Antes de llegar a esa decisión, María Moliner construyó una biografía de pequeños matices. Nació en Paniza (Zaragoza) el 30 de marzo de 1900 y vivió allí dos años. Era la hija mayor de Enrique Moliner, que era médico como lo había sido su padre, y de Matilde Ruiz. La familia, cuando ella tenía dos años, se trasladó a Almazán (Soria) brevemente, y luego a Madrid. Cuando ella entraba en la adolescencia, su padre se marchó a Argentina y no volvió jamás. María Moliner, su madre y sus hermanos Matilde y Enrique vivieron en condiciones extremas como auténticos personajes de Dickens, según ha recordado su hijo Fernando; la joven, apasionada por el latín y espléndida lectora, empezó a dar clases, y asumió la tarea de sacar a los suyos adelante. En esa época, debió de tener alguna vinculación con Américo Castro, que, según ha escrito la especialista María Antonia Martín Zorraquino, “suscitó el interés por la expresión lingüística y la gramática en la pequeña María”. Curso estudios de Bachillerato en el Instituto General y Técnico Cardenal Cisneros y finalmente en Zaragoza. Se licenció en 1921, en Filosofía y Letras, en Historia, con la máxima nota y con el Premio Extraordinario. Al año siguiente, se incorporó al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos de Simancas, y de ahí pasó al Archivo de la Delegación de Hacienda en Murcia.

Allí conoció a Fernando Ramón Ferrando, licenciado en Física, con quien se casaría en 1925. Fernando Ramón era hijo de un panadero carlista de Mont-Roig (Tarragona), pero pronto se convirtió en “un librepensador de arriba abajo, sin fisuras. (…) Era una persona radical de izquierdas”. Años después, ambos lograrían el traslado a Valencia. En esos años, los que van desde la proclamación de la II República hasta la fractura de la Guerra Civil, los Ramón Moliner fueron sumamente felices. Allí María Moliner desarrolló numerosas actividades: colaboró con la Escuela Cossío, con el Instituto Escuela y con las Misiones Pedagógicas. De vez en cuando daba clases de latín y solía enseñar a sus hijos lecciones de inglés y alemán. Su inclinación por el archivo, la organización de bibliotecas y la difusión cultural, la llevaron a reflexionar sobre ello en varios textos: “Bibliotecas rurales y redes de bibliotecas en España” (1935) y a publicar, sin su nombre, el librito “Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas” (19137), un trabajo vinculado a las Misiones Pedagógicas. Además, dirigió la Biblioteca de la Universidad de Valencia y participó en la Junta de Adquisición de Libros e Intercambio Internacional, que tenía el encargo de dar a conocer al mundo los libros que se editaban en España. Fernando Ramón ha recordado aquella atmósfera “de olor característico a papel nuevo, de diversa calidad, y a tinta de imprenta”. Tras la derrota de los suyos, su marido perdió la cátedra; ella, con el menor rango del que le correspondía, regresó al Archivo de Hacienda.

En 1946, su marido fue rehabilitado de sus cargos en Salamanca y María Moliner asumió la dirección de la biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid, en la que se jubiló en 1970. A principios de los cincuenta, empezó a redactar el “Diccionario de uso del español”, y poco después, cuando estaba inmersa en esa idea, su hijo Fernando le trajo de París un libro que la impactó: “Learner’s Dictionary”. María Moliner solía levantarse muy temprano, hacia las cinco de la mañana, trabajaba un poco, regaba los tiestos de flores, y se iba a su puesto; dormía la siesta un poco y continuaba anotando fichas, buscando palabras, leyendo periódicos, tomando notas de lo que oía en la calle.

Su “Diccionario de uso del español” era muy superior al de la Real Academia Española: era un diccionario de definiciones, mucho más precisas y ricas; de sinónimos; de expresiones y frases hechas; de familias de palabras. Además, anticipó la ordenación de la Ll en la L, y de Ch en la C; y agregó una gramática y una sintaxis con numerosos ejemplos. El libro tuvo un éxito inmediato y hoy es una obra imprescindible, de referencia. Miguel Delibes dijo: “Es una obra que justifica una vida”. La de una mujer concienzuda, apasionada, perfeccionista, de cuya muerte se cumplen ahora 25 años.

 

 

LAS VOCES Y LOS ECOS

Carmen Ramón Moliner: “Mi madre quería organizar el mundo a través de las palabras, de las familias, buscando siempre un punto de equilibrio”

Gabriel García Márquez:

“Hizo una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola, (...) el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana”

 

Mª Antonia Martín Zorraquino:

 “Emprendió la elaboración de uno de los diccionarios más originales, renovadores y valiosos del siglo XX”

 “Emprendió la elaboración de uno de los diccionarios más originales, renovadores y valiosos del siglo XX”

 

Victoria Kent:

“Fue una de las más fecundas en las actividades culturales, más positiva y más modesta”

 

Colin Smith:

“Un gran diccionario; el mejor en su género que conozco”

“Un gran diccionario; el mejor en su género que conozco”

 

 

*Entre otros libros y revistas de gran interés, quisiera citar el trabajo de José Luis Cano, aparecido en Xordica en 2000: "María Moliner y el diccionario"; el magnífico monográfico de la desaparecida revista "Trébede", que coordinaron José Ramón Marcuello y Víctor Pardo Lancina, y un monográfico espléndido que publicó "Heraldo de Aragón", coordinado por Genoveva Crespo.

06/02/2006 00:34 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 4 comentarios.

ENTREVISTA CON LUIS ROYO

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LUIS ROYO, EL GRAN DIBUJANTE DE MUJERES FANTÁSTICAS

Cuénteme sus inicios…
Nací en Cutanda y mis padres fueron emigrantes. Vine aquí a los seis meses, o sea que apenas he vivido en el ambiente del pueblo, salvo los veranos que pasaba con los abuelos. La mía es la historia típica. Me gustaba la pintura de crío, mi madre me decía: "Hijo mío, haz algo útil, los pintores se mueren de hambre." Me hice delineante de construcción; luego me pasé a decoración porque parecía que era algo más artístico. Realicé algunos cursos de pintura en la Escuela de Artes y trabajé en estudios de decoración durante ocho años. Pero ya hacía cómics a la vez, exposiciones, pintaba en casa...
¿Qué tipo de pintura hacía?
Pintura muy de la época, en formatos grandes: pintura social, de crítica a Franco, a la policía, todo muy gris, a lo mejor una cabeza de policía con una lata de Popeye, esa pintura social del momento, siguiendo al Equipo Crónica o a Rafael Canogar.
Y a partir de 1978 se decantó por el cómic. ¿Quién y qué le indujo a ese cambio tan radical?
La revista Totem quizá, y el cómic que vino tras el mayo del 68. Fue como una revelación, hasta entonces sólo había visto cosas como Roberto Alcázar y Pedrín. Y me puse a hacer tebeos, dejé la decoración de golpe, fue una especie de suicidio y me encerré en casa dos o tres años. Me dediqué a hacer páginas y páginas de cómics, una cosa que ahora, viéndola en frío, me parece una auténtica barbaridad. No tenía ni idea de cómo funcionaba aquel mundo, pero acumulé trabajo, cogí una carpeta y me fui a Francia porque teóricamente era la cuna del cómic. No me corté un duro. Las editoriales de París me cogieron algo, muy poca cosa para tanto como yo había trabajado. Presentaba cómics muy surrealistas, los hacía con guiones de Antonio Altarriba, bastante extraños y nada comerciales.
¿Cómo dio el salto? Leí en sus biografías que a partir de 1981 inició sus colaboraciones en casi todas las publicaciones: El Víbora, Rambla...
Sí, fue un cambio importante porque publicaba con frecuencia. De pronto, me di cuenta de que repetir un personaje viñeta a viñeta se me hacía pesado, insufrible, me angustiaba mucho. Y pegué de nuevo un giro radical y me puse a hacer ilustraciones. Ahí me he encontrado más cómodo y ahí estoy. Soy un creador de mundos imaginarios que trabaja en dos direcciones: una cosa es el terreno de encargo, y otra mi propia libertad de creador, los cuatro álbumes u otras cosas que hago para mí. Y eso lo sigo manteniendo. Al final, cuando estoy acabando un libro como III Millennium, le digo a mi agente que no me atosigue en dos meses. Es demasiado peligroso cerrar todo de golpe, porque ese goteo de encargos también es un modo de despertar, una llamada al riesgo y al reto, y de desintoxicación. La documentación para mí es fundamental: pillo cosas de una revista de modas, del cine, del arte clásico. El artista es como una esponja. En ocasiones, me siento, me cojo los cascos y me pongo los vídeos musicales, de Prince o de otros. Y de ahí me llegan cantidad de ideas.
Me llama la atención su técnica, tan elaborada y perfecta, deslumbrante sin duda, fotográfica, el hiperrealismo del sueño. ¿Puede explicarnos cómo lo hace?
Empleo muchos materiales. Muchas veces empiezo con acuarelas, a veces con acrílicos, a veces con lapiceros, y voy metiendo el aerógrafo, es decir, que vas descubriendo la ilustración tú mismo, y al final, eso sí, cuando tienes toda la ambientación, la figura más o menos perfecta, entre el óleo para dar esa terminación. La riqueza de colorido que tiene el óleo ni la tienen los acrílicos ni las acuarelas ni nada.
Y esa fascinación por las mujeres y su desinhibida anatomía: preciosos ojos, caras, pechos, pubis, nalgas. ¿No es enfermiza?
Seré sincero: si te toca el papel de hombre al que le gustan las mujeres, idealizas un personaje y te sale una mujer. También hago hombres. La mujer es el ser que me gusta. Incluso si pienso en el ángel caído o en la iconografía de Lucifer, por abajo me salen ángeles femeninos. El desunod es uno de los cánones de la belleza, pero no siempre pinto mujeres desnudas. Nuestra civilización cambia a pasos agigantados. Y nuestro gusto de mujer también. No es lo mismo una mujer andrógina de finales de los 80, que hacía culturismo, era potente en la mirada y en cambio era más ioncente, que la de ahora, más enfermiza y a la vez más perversa. Las mujeres de hoy que están de moda tienen ese aire como de drogadictas, de tía marginada, de físico esquelético y huesudo, como podría ser Kate Moss. Dicen que nos vamos a pasar a la chica más normal, tipo Nieves Álvarez. No lo creo, porque no hay mucha perversión en lo normal, y todo tiene un punto perverso, extraño, inquietante. Por eso insisto mucho en eso de la bella y la bestia: estoy convencido de que el ser humano está lleno de rincones oscuros, que todos en el fondo somos enfermos mentales. Ni a nosotros mismos nos apetece mucho mirarnos por dentro.
¿Será esa percepción de lo oculto y de lo escabroso lo que tanto fascina a los americanos?
La americana es una soicedad totalmente enferma y puritana, el caso Clinton-Lewinsky lo ha vuelto a demostrar, lo que ocurre es que nosotros llevamos el mismo camino... Todos los países tienen sus peculiaridades: a los americanos les molesta el sexo, pero los alemanes no pueden ver la sangre. A mí me han censurado algún dibujo.
Usted parece combatir el puritanismo con glamour, belleza e incitación, bestialisimo y zoofilia.
Les voy metiendo toda la caña que puedo. En III Millennium aparece el Cristo negro. Y mi próximo trabajo, Prohibited Book, va a ser un libro de carácter sexual con escenas de homosexualidad, zoofilia, fotografías antiguas…
Suele decirse que el aragonés carece de imaginación... Usted rompe el molde.
¿Qué diría Luis Buñuel? Seamos serios. Todo mi mundo de sueños es muy importante, me he encerrado, el problema que tengo es que esto puede ser obsesivo. De repente me doy cuenta de que tengo que bajarme al Corte Inglés, sólo a que me empujen, subir y bajar las escaleras y sentir que estás en una ciudad, con gente alrededor, para saber que eres de este mundo, porque al final se te convierte en mundo real el del tablero. Y no es tontería... De vez en cuando tengo un auténtico problema de identidad: yo soy yo o lo que estoy viviendo en el tablero.
Me decían en la librería Taj Mahal que cuando se siente inspirado ni se ducha ni se cambia siquiera.
Eso lo dije en una presentación de un libro. Ahora ya me ha educado un poco más mi mujer. Hoy sí me he duchado pero a lo mejor llevaba una semana sin hacerlo porque estaba metido en un proyecto. Cuando me sumerjo en una historia, es como cuando estás cazando, incluso procuro no leer ninguna novela ni nada.
¿Dormirá, no?
Sí, hubo un tiempo en que dormía vestido y todo, para no cambiarme de ropa. Eso son enfermedades que tiene uno, soy pesimista, tiendo a la depresión y necesito la máxima concentración. La historia consistía en que nada te apartase de la idea: no abría las ventanas, no salía a la calle, no me cambiaba de ropa hasta que acabase un trabajo, es que estás en comunión, estás en ello no con los cinco sentidos, sino con veinticinco. Yo sentía que debía hacerlo así, y así lo hacía. Aguantaba por las noches, a lo mejor me echaba a las cuatro de la madrugada encima de la cama, sin desnudarme, sin quitarme los zapatos, luego me levantaba y me ponía a trabajar. Igual era falta de oficio, sufría mucho más que ahora, estaba en un puro sufrimiento. Ahora también me pasa, hago mis obras con esfuerzo y dolor, con obsesión y placer, pero ya no es tan exagerado. Cuando estoy acabando un libro de ilustraciones, en los dos últimos meses igual no salgo a la calle. Me baño alguna vez.
No sé si hacerle una pregunta...
¿Si hago el amor esos días? Por supuesto que no. De verdad.
Y ese trasfondo violento de su obra, qué es, una crítica, apología o una especie de preocupación.
Lo que me jode es que esta sociedad sea tan pura, tan remilgada, que moleste la violencia y el sexo, me resulta tan antipática y tan falsa que por ello precisamente van hacia ello mis dibujos, y son naturales. Creo que sería incapaz de matar a una mosca. Pero me gusta provocar, incordiar.
Pero, ¿quiere decir que hace apología de la violencia en su obra?
Sí, y no me importa. Tenemos una violencia interior que es una estupidez negarla, ¿no? Condúcela, contrólate. Negarla es como ir al Museo del Prado y quitar todos los cuadros de escenas violentas, nos quedaríamos con cuatro paisajese holandeses de mierda. Puedes ir a la Capilla Sixtina y ver allí unos demonios y unos cuerpos y una sexualidad explosiva, y de pronto, que estemos en el siglo XX y que estemos diciendo que la violencia, la tele, todo perjudica a los niños... Lo que es pernicioso en la tele son esas muestras de impudor, la gente contando sus penurias, que vemos ahora en cualquier pantalla. Déjales que sueñen. A los niños les gusta la violencia, les mantiene vivos. Yo recuerdo que cuando mi hijo era pequeño lo llevaba a ver todo tipo de películas o le hacía miedo con los fantasmas, y me parecía interesantísimo... Esa actitud me produce mucha antipatía. Ahora les quieren poner música clásica. ¡Por favor! Ha que darles caña para que sus cabezas se llenen de imágenes. Todo eso configura un mundo interior que es precioso. Ojo: otra cosa es coger una pistola. Desde un punto de vista creativo, la violencia, como el mal, da mucho de sí, el creador la necesita. Sin ella no se entendería la historia ni la civilización ni el hombre.
Detrás de un triunfador hay un resentido. ¿Se siente maltratado aquí?
Algo, aunque no crea que me duele. Hubo un tiempo en que me dolía más y soltaba la lágrima. Que fuera te reconozcan, que te publiquen, que te pidan exposiciones, vuelves de Estados Unidos lleno de moral e ilusiones, y que aquí ni Dios te diga nada... A menudo pienso que la gente que lleva la cultura en esta tierra está colgada de la época de la Transición, detenida, parece que se ha quedado estancada. Falta agilidad. Vas por ahí fuera y ves que la industria está más cerca de la cultura. Aquí parece que todo esté enfocado para jubilados, dicho con todos los respetos.
Hombre, están recuperando un patrimonio de gran interés.
No exagere. En Massachusetts, hay un museo de lo que es la ilustración, tengo allí obra, y en Alemania, no sé, son cosas ágiles, modernas, que les interesan a los jóvenes. Lo que aquí está desfasado es el engranaje de las instituciones y de los bancos, y sus técnicos que tienen ideas muy anticuadas y sin ambición. La cultura en Aragón huele a polilla. Siempre me ha encantado Barcelona, necesitaría tres vidas para residir allí. Hubo un momento en que parecía que nos igualábamos un poco, pero ahora de nuevo la distancia vuelve a ser abismal.
No se queje. Usted es una de las pruebas de que desde Zaragoza se puede triunfar fuera.
No me quejo. Las cosas me van muy bien. Ahora lo único que necesitas es un fax, un agente y tu trabajo. Dos días después mi obra está en Nueva York. ¿Qué más puedo pedir?
Hablemos de gustos.
Leo poca novela, sólo por motivos profesionales. Hay obras que te cuestan dos semanas. ¡Tengo que leer tantas cosas de documentación! El tiempo es el mayor tirano del fin de siglo. Me encanta el boxeo, es el deporte más plástico que existe.
He visto que en sus libros cita a Dante, John Milton, Tolkien...
Leo desde los clásicos hasta los latinoamericanos, todo lo que pillo y lo que me exige mi profesión. Apenas leo periódicos, ni siquiera soy un atento seguidor de las noticias. Soy más un consumidor de imágenes. No he visto nunca una serie de televisión.
¿Se siente aragonés o no?
Sí, sí, pero tampoco soy muy amigo de los regionalismos. Soy ciudadano del mundo. Creo que ser aragonés no significa más que ser de otro lugar, soy de aquí y me encuentro a gusto.

Entrevista publicada en: http://www.luisroyo.com/entrevista.htm

La profesora y experta en literatura Magda Díaz y Morales, que recibe y escribe en México, extrae esta entrevista con el dibujante Luis Royo, que yo publiqué en "El Periódico de Aragón" el 27 de septiembre de 1998, en la sección "Primer plano", y la culego aquí. La entrevista en la web del escritor no está firmada, y se la califica como "una de las más interesantes que se le han realizado al autor".
07/02/2006 19:20 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 8 comentarios.

PIZARRO, ELOY FERNÁNDEZ, MARISA DOMÍNGUEZ

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Por la mañana, creo que por primera vez en mi vida, asistí a una conferencia de Economía: la charla de Manuel Pizarro. Había muchos amigos; resultaba un poco incomprensible el error estratégico de la institución: dio la conferencia en un espacio angosto y descuidado a rebosar, en vez de en el Paraninfo. Pizarro estuvo espléndido, y a mí me quedó la duda de qué sentido tiene esta OPA, cuyas características son tres: es una OPA hostil, el pez chico intenta comerse al grande, y además Gas Natural no trae dinero para pagar, en el fondo –vino a decir Pizarro- vende duros a cuatro pesetas y a especular con el capital ajeno. No entiendo nada de política ni de economía: por ejemplo, me desconcierta que un parlamento como el aragonés permita que el 25 % del presupuesto sea opaco. Es decir, que no se sepa cómo se distribuye, cómo se gestiona, que no haya que dar cuenta de él. Pizarro dijo que él intentaba llevar la situación de Endesa como llevaría su propia casa, con sensatez. E hizo una defensa apasionada y con datos de los valores de la electricidad. Por cierto, me gustó mucho Eduardo Bandrés: me pareció un hombre cálido, sereno, que no vendía nada. De los políticos más transparentes y sinceros que he conocido en una intervención pública.

Mariano Gistaín y yo comimos con Eloy Fernández Clemente, que está lleno de proyectos. De grandes proyectos: va a dirigir una Historia de Aragón para “La Esfera de los libros” de 700 páginas, y contará con cuatro historiadores para que le acompañen: Francisco Marco hará la historia Antigua; Carlos Laliena se encargará de la Historia Medieval; Eliseo Serrano realizará la Historia Moderna, y el joven Pedro Rújula redactará la Historia Contemporánea. El proyecto estará listo para el 2007, más o menos. Es un encargo concreto de Imelda Navajo, esa aguerrida editora a la que le dedicaron un retrato muy poderoso Concha García Campoy y Ouka Lele. Eloy además, a quien no le molestan en exceso el menosprecio y la coz de algunos colegas (“ladran, luego cabalgo”, parece pensar. Algunos critican en los otros lo que no critican en sí mismos), está a punto de publicar un libro de Fernando García Mongay, un viaje por el periodismo y las nuevas tecnologías, y unas “espléndidas memorias de Paco Uriz”, “el poeta de Olof Palme”. Y además, Eloy, que rejuvenece a diario con lecciones de entusiasmo e ilusión, anda siguiendo la pista de Jose Oliveira Martins, el homónimo de Joaquín Costa en Portugal. Y por ahí va a dar  alguna que otra sorpresa.

Ayer me reencontré, más de un cuarto de siglo después, con Marisa Domínguez, profesor de Filosofía, madre de cinco hijos estupendos, santiaguesa pasada por Zaragoza, Oviedo y Lisboa, donde se ha comprado una casa y donde se ha jubilado. Hizo hace años una tesina doctoral sobre Rosalía, pero lo fundamental de ella, lo que la distingue, es su pasión por la enseñanza, su amor a los estudiantes. Diese lo que diese, siempre lograba seducir, interesar con la asignatura. Hace muchísimos años que no realiza exámenes, los alumnos se autoevalúan y ha sido capaz de enseñar su asignatura mediante el fútbol, el cine, la familia, la charla. Los alumnos la veneraban, y algunos compañeros le han hecho la vida imposible. Deambuló en Zaragoza por un montón de institutos. Nos conocimos en 1979 y me prestó entonces un libro menudo, de Aguilar, con “Las confesiones” de San Agustín. Ese libro, que siempre quise devolverle, me ha acompañado durante todos estos años en mis mudanzas. Ayer, me dijo: “Quédatelo para siempre. Es tuyo en propiedad”.

 

*El cuadro de Manuel Pizarro es del pintor Ricardo Mazarrón.Mariano Gistaín publica hoy su artículo en "La ciudad de las gaviotas" sobre el tema. Mariano me merece mucho más crédito que yo; el texto es estupendo.

 

08/02/2006 10:15 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

MARAVILLOSA PRIMERA MITAD DEL REAL ZARAGOZA: 3-1

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Maravillosa primera parte del Real Zaragoza. No ha dado respiro al Real Madrid. Bien plantado en el campo, con aire dominador y un juego rápido vertiginoso, tocado además por el arrebato de la fortuna, ha vencido en la primera parte 3-1. Los azules del Bernabéu se han visto desbordados en todo instante por el sentido de anticipación, la garra, la entrega y la concentración de los blanquillos. El primer gol se inició en Ponzio: vio un carril de oscura selva con luz al final del túnel y sirvió a Ewerthon; el brasileño pareció llegar en desventaja ante Helguera, triscó en los terrones, picoteó entre las piernas del rival y le desbordó por la banda. Parecía Garrincha. Llegó al interior del área, vio la llegada de Cani y la de Diego Milito, más cerca, y le sirvió a éste, que se removió con sagacidad y perfección. Gol. La segunda jugada nació de un saque de banda: despistada y vencida la defensa merengue, Diego Milito hizo lo más difícil: en vez de tirar de inmediato y en cruzado, regateó al defensa y sin dejar que el balón cayese desorientó la firmeza de Casillas, que andaba perplejo. Y más perplejo se quedó tras el centro de Cani: remató Diego Milito de nuevo, y el balón, bien dirigido, tocó en la pierna o en la bota de Helguera, y se coló de nuevo. El Madrid, apaleado e incrédulo, que no había comparecido hasta entonces, se asomó en un golpe por sorpresa: Beckham dispuso de una falta idónea para su pierna derecha, acaso un par de metros o tres lejos de su golpeo exacto. Amagó el disparo directo, acarició hacia Baptista y éste remató casi a bocajarro. Burló a Gaby Milito y se quedó más bien estático Álvaro. Aún queda mucho partido, aún queda mucha eliminatoria; el Real Zaragoza debe seguir vaciándose.

 

08/02/2006 22:00 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

6-1. SI ESTO NO ES FELICIDAD...

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Si la primera parte fue brillante, la segunda incluso la mejoró. Albert Celades impartió una lección de control, dominio del juego y sentido del pase. Estuvo bien acompañado por Generelo, como lugarteniente de esfuerzo y pundonor. Y Cani lanzó a sus puntas. Este jugador, anteayer silbado y herido, hoy es digno de la selección: ha madurado de súbito y se sabe importante y héroe. Milito incrementó la victoria al 4-1 con uno de esos goles de ariete que tiene olfato, oficio y deseos de vencer. Y luego, Ewerthon aumentó de nuevo el marcador con otra jugadas vibrantes que sólo un velocista de ébano como él puede hacer. Un jugada de felino que no desprecia presa alguna. Ayer, ganó en varias ocasiones a Sergio Ramos. Y el monumento a una noche increíble fue el sexto gol: EWerthon recibió en el pico izquierda del área del Real Madrid, realizó un magnífico sombrero a un rival y recorrió unos metros de la senda de la medialuna. Desde allí, con potencia, con ira, con energía y con ese impacto furioso de los que sueñan con vencer, empujó el balón al fondo de la red. Fue un gol de bandera: la culminación de una noche maravillosa que nos llevó a recordar aquel uno de mayo de 1975 cuando los blanquillos “paraguayos” ganaron por el mismo resultado al Real Madrid.

 

            El Zaragoza estuvo a punto de marcar en una última jugada de Ewerthon, y en un remate al palo de Álvaro, cuando moría el partido y las gradas desbordaban pasión e incredulidad. El Real Madrid ayer no se conocía a sí mismo. El Zaragoza lo empujó hacia el naufragio. Si esto no es la felicidad…

08/02/2006 23:02 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 11 comentarios.

ALGUNAS LLAMADAS Y UNA VISITA DE CARLOS LABARTA

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Tengo que escribir un artículo sobre arquitectura. La nueva arquitectura de Zaragoza. He pensado lugares, he oído las sugerencias de dos de los grandes caminantes o paseantes de Zaragoza –Félix Romeo e Ismael Grasa; el miércoles comimos en el Windsor, donde hay un magnífico cocinero gallego de Ourense, Lisardo-, he dado algunas instrucciones a ese magnífico fotógrafo que es Oliver Duch, que se ha pateado la ciudad desde Ronda Oliver a Vía Hispanidad, desde la Azucarera al Parque Bruil o los Enlaces. Sus fotos son espléndidas; estoy un poco abatido porque no sé si seré capaz de hacer algo acorde con su trabajo y esfuerzo. Cuando llegaba casi la medianoche, vino a visitarme el arquitecto y profesor de arquitectura Carlos Labarta, que es un hombre encantador. Me dio ideas, me ayudó a entender el crecimiento hacia las periferias, me sugirió algunos edificios. Como también me lo habían sugerido Basilio Tobías, José Manuel Pérez Latorre y otros. He intentado hablar con mi admirado Luis Franco. Carlos es un auténtico caballero, un hombre delicado y afable que te ayuda a entender. No fue un gran día para mí, llevo algunos días enfermo, muy cansado, sin inspiración alguna, enfriado, con gripe, con fuertes dolores en brazos y piernas, pero he recibido algunas buenas noticias a modo de alivio.

 

Me ha llamado Fernando Sanmartín, entrevistará con Félix Romeo a Cees Nooteboom el día 24 en el Paraninfo; me ha llamado Javier Torres para sugerirme que pusiera un contador en el blog. Eso sí que no, le dije con el cariño debido. Escribo por placer y no quiero saber quien entra o sale. No querría preocuparme por saber si tengo o no lectores, los agradezco infinitamente, pero no quiero contarlos ni saber de donde son. También me ha llamado Juan Abeleira para decirme que Manolo Bragado de Xerais entra de vez en cuando en estas páginas. Bragado es uno de esos grandes editores de la periferia que ha convertido a Xerais en una auténtica casa de cultura del mundo. Tiene un magnífico blog, que visito con frecuencia. Es un auténtico blog de editor curioso y reflexivo.

 

10/02/2006 01:15 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

BERNARDINO GRAÑA, O POETA DO MAR EN ZARAGOZA

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LITO, O FUTBOLISTA LIBREIRO DE CANGAS DO MORRAZO

 

[Maraxe

Onte presentamos o libro de conversas de Bernardino en Maraxe. O acto foi moi bonito, sobre todo polo moito que contou o noso grande poeta do mar dos seus anos máis mozos, desde o seu intento de embarcar coma polisón coa pretensión de chegar a Venezuela ata as súas peripecias nos xantares dos bares de estraperlo en Vigo. Bernardino amosouse lucidísimo e agarimoso con todos os seus veciños, que ateigaron o local.
O libreiro de Maraxe é Lito, o que fora dianteiro centro daquel inesquecible "Celta galego" de Costas, Manolo e Villar. O traballo deste libreiro futbolista demostra que aínda é posible concibir a libraría como un espazo comercial e, ao tempo, referente cultural e punto de encontro dunha comunidade. Cun fondo moi digno, espazos especializados en literatura galega e para os pequenos e, sobre todo, moita iniciativa cultural Maraxe é hoxe o referente do libro no Morrazo. Beizóns para este libreiro fantasía!!!]

Este é o artigo que publica Manolo Bragado, editor de xerais, no seu blog bretemas.blogspot.com. O Celta, ainda que eu son coruñés, foi un equipa da miña infancia tamén. Acórdome ben de xogadores como Bermúdez, Pedrito, Manolo, Domínguez, Costas, Rivera, Villar, Lezcano, Doblas, Rodilla, Juan, Santiago Castro, Jiménez, Sanromán, máis adiante Manuel Fernández Amado, galego de Ferrol... Pero tamén sospeito de que o Bernardino do que fala non é outro que Bernardino Graña,autor de moitos libros, pero dun magnífico: "Profecía do mar". Bernardino foi profesor de Instituto en Zaragoza,donde viviu varios anos.Tiña moi bon recordo da cidade. E como bon mariño, paréceme que unha vez faloume de paixóns felices aquí.

 

*A foto é de Bernardino Graña, mariñeiro romántico y poeta. 

10/02/2006 10:51 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

LOS CINES DE POSGUERRA EN ZARAGOZA

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ILUSIÓN, ESPLENDOR Y CAÍDA DE LOS CINES CLÁSICOS

 

Zaragoza ha sido una de las grandes ciudades del cine en España durante el siglo XX. Dentro de este empeño constante por ocupar un lugar de referencia fueron fundamentales sus salas de proyección. Amparo Martínez Herranz (Zaragoza, 1966) ya las había estudiado hasta la Guerra Civil en “Los cines en Zaragoza, 1896-1936” (1997). Ahora completa el proyecto con “Los cines en Zaragoza, 1939-1975”, el primer título de la editorial Elazar, repleto de información, de planos, de fotos. Efectúa un recorrido, local a local, donde explica la empresa que lo patrocina, el arquitecto que lo realiza, a qué tipo de arquitectura pertenece, su decoración, en qué año se inauguró, con qué película, cuál fue el eco en la prensa. El cine ya se había convertido a principios de los años 30 en el gran reclamo para el público porque estaba dotado de sonido, color, se consideraba Séptimo Arte, y “sustituyó definitivamente al teatro”.

Cuando se produjo la Guerra Civil, no hubo proyecciones hasta el 2 de agosto; a partir de entonces se dio una actividad más o menos regular en las grandes salas: Salón Doré, Ena Victoria y Alhambra. Agustín Sánchez Vidal sugiere en el prólogo que el cine y, en particular este libro, recoge el latido de una ciudad, y recuerda que “hasta bien entrados los años cincuenta, los cines eran refugios. Lo eran en sentido literal, en virtud de una disposición oficial, denominada Defensa Pasiva, para protegerse de los ataques aéreos; desde 1939, como secuela de la Guerra Civil; hasta 1945, por lo que pudiera deparar la Segunda Guerra Mundial; y, tras esa fecha, la guerra fría”.

 Algunas salas se convirtieron en improvisados cuarteles de requetés durante la contienda, como el Frontón Aragonés, y en otras como Circo o Parisiana, a partir de 1937, se abonaron a la propaganda del régimen de Franco con la proyección de películas como “Camisas negras” o “Toma de Málaga”. Los primeros años de posguerra la construcción de salas se paralizó; funcionaban ocho recintos –España, Dorado, Ena Victoria, Goya, Alhambra, Frontón Cinema, Actualidades e Iris-, a los que se sumaban cada vez más el Teatro Circo y algunos salones privados como el Fuenclara y el Blanco. En medio de un país que había pasado del racionalismo al racionamiento, a la autarquía, se cerraron algunos espacios y se abrieron otros: el Ena Victoria, cuyo lema había sido “Moralidad y confort”, dio paso al Victoria, nombre que quería simbolizar el triunfo que había logrado el franquismo. El Victoria se construyó en 1943, igual que el Gran Vía. Fue obra de José de Yarza García, que tendría un elevado protagonismo en la edificación de salas en la posguerra, y se inauguró con su preceptivo refugio antiaéreo y 833 butacas el trece de octubre. La empresa había anunciado en la prensa que se producía la “reapertura del local predilecto del público”. Pertenecía a una de las dos empresas del momento, Quintana (la otra era la empresa Parra) y estaba ubicado al principio de la actual Conde de Aranda, donde había estado la popular Posada del Chapero. El cine Gran Vía se había abierto unos días antes. Era un proyecto del arquitecto Miguel Ángel Navarro, que había reformado el Ena Victoria y había culminado el Alhambra, que su padre Félix Navarro no pudo acabar. Poseía ciertas reminiscencias racionalistas y un carácter más bien monumental. Uno de sus rasgos característicos era el tratamiento del techo: una sucesión de líneas paralelas convergían en la pantalla. Tenía 234 metros cuadrados de superficie y 603 localidades. Se inauguró con “Suez” con Tyrone Power, una película que estuvo un solo día en cartel,  y el establecimiento fue saludado por la prensa local “haciendo gala de una fría corrección”. Al narrar la historia del cine Gran Vía, que podría considerarse un cine de barrio en su época, Amparo Martínez recuerda la dramática historia del arquitecto Miguel Ángel Navarro, que fue delatado por un colega y condenado a muerte, de la que huyó de puro milagro.

        El cine Elíseos fue obra de Teodoro Ríos Balaguer, que había estado implicado en el diseño en 1914 del Salón Doré y del Argensola veinte años después. Aquel espacio llamó la atención por su decoración con mármoles, madera, latón y terciopelo, “una decoración de corte historicista, de reminiscencias clásicas”, que quiso imitar “en las salas de cine el lujo y la espectacularidad de las películas”. Se abrió el 22 de diciembre de 1944 con “Me casé con una bruja” de René Clair. Ese cine fue gestionado por la Sociedad Anónima Eliseus, que también abrió el cine Delicias, en marzo de 1945, como sala de reestreno. El cine Rialto fue un ejemplar caso de cine de barrio; se estrenó en febrero de 1949 con “Noches en el paraíso”, pasó inadvertido para la prensa su apertura, y acabaría siendo cine de Arte y Ensayo, y sala X. En 1977, casi dos años exactos después de la muerte de Franco, proyectó “El acorazado Potemkim” de S. M. Eisenstein.

El panorama cinematográfico cambió mucho en los años 50: se evidenció la hegemonía del cine norteamericano, se notó la fuerza del neorrealismo italiano y de la “nouvelle vague”, con sus iniciales escaramuzas, y además empezaba a surgir un nuevo cine español con películas de calidad y de éxito. Amparo Martínez recuerda que la década de los 50 fue la del esplendor por “el crecimiento extraordinarios de los cines”, hubo 16 nuevos en ese período, por las reformas constantes, la renovación de equipos de sonidos y el enriquecimiento de la arquitectura, que ya aparecía vinculada a movimientos internacionales. Además, también surgió una nueva empresa, que se sumaba a las tres existentes, Parra, Quintana, Eliseus: Zaragoza Urbana, fundada por Manuel Escoriaza y Felipe Sanz Beneded y coordinada por el hijo de éste, Felipe Sanz Briz. Zaragoza Urbana, la única empresa local que sigue existiendo, llegó a administrar los cines nuevos que estaban naciendo: Palafox, Rex y Coso; y toda esa red maravillosa de cines de barrio, que tanto ha elogiado el escritor y cinéfilo José María Conget, compuesta por los cines Norte, Salamanca, Torrero, París, Pax, Roxy, Madrid y Dux. A todos ellos, así como a El Dorado, que decoraron Santiago Lagunas, Fermín Aguayo y Eloy F. Laguardia, y al Coliseo o el coqueto y elegante Don Latino, decorado por el pintor Luis Berdejo, les dedica páginas y páginas la autora. Tiene una gran importancia el Fleta, inicialmente conocido como Teatro Iris, que nació en el complejo de atracción Iris-Park y fue obra de José de Yarza García. Se estrenó en febrero de 1955 y se le cambió el nombre por sugerencia de HERALDO. Podría estar inspirado en el City Theatre de Ámsterdam(1935) y contó con un impresionante mural de Javier Ciria. El epílogo brillante para el libro y para este momento, ya en los 70, son dos grandes cines: el Don Quijote (éste ya ha desaparecido: ha dado lugar a un casino) y el cine Cervantes. Como se ve, muchos de estos locales  han desaparecido, pero este libro los recuerda, los evoca, y nos invita a vivir de nuevo en la mágica oscuridad de su memoria.

 

"Los cines de Zaragoza, 1939-1975". Amparo Martínez Herranz. Prólogo de Agustín Sánchez Vidal. Elazar. Zaragoza, 2006. 366 páginas.

10/02/2006 23:36 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 6 comentarios.

EVOCACIÓN DE JULIO ALEJANDRO CON EL MAR AL FONDO

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NOTAS PARA UN CENTENARIO / 6

 

 

Siempre recordaré la primera vez que vi a Julio Alejandro de Castro. Habíamos hablado varias veces por teléfono y tenía una imagen suya que había inmortalizado Rogelio Allepuz: con su barba de marinero, entre gris perla y bruna, y el porte señorial de alguien que volvía del mar. En el hotel Goya, con un jersey claro de algodón, muy cerca de su hermano Fernando, Julio parecía otro: aquel tío de América, cariñoso y suave, al que llevábamos media vida esperando. En cuanto se puso a hablar, llenó el aire de susurros, de sabiduría, de navíos y olores, y de añoranza sin pena. Lo recordaba todo: su niñez asombrada en Huesca y ante el Moncayo que parecía un gigante de piedra y pájaros, el muro que cercaba la vida secreta de los monjes de Veruela mientras caía la nieve, los encuentros de su padre y Antonio Machado en un vagón de tercera, la visita hacia 1932 al poeta en una casa más bien decrépita o humilde, de escaleras chirriantes, cuando fue a pedirle que le prologase su primer libro de versos La voz apasionada (1932). Recordaba, juraría que ante un refresco de naranja, cómo había descubierto el océano en San Sebastián, su posterior vocación de marinero, aquellos días en que se convirtió en lector con un fanal oculto bajo la frazada de las sábanas.

 

         Su vida, así narrada, dibujada aquí y allá en el aire con sus huesudas manos que acariciaban un bastón, parecía un canto épico. No le faltaba de nada: pasiones y anécdotas, en Madrid era conocido como Castro el Feo frente a un homónimo conocido por Castro el Guapo, al que las chicas dejaban de desear en cuanto abría la boca; rescates heroicos en Somosierra, nada menos que a manos de Indalecio Prieto, peligros de muerte en Filipinas o estampas de naufragios. Nada le gustaba más que contar cómo zozobró el Blas de Lezo II en la Costa de la Muerte y cómo fueron saliendo, uno tras otro, los diez o doce hijos del capitán. Y le entusiasmaba hablar de sus amigos: Vicente Sánchez o Agustín Sánchez Vidal, que acababa de prepararle la edición de Singladura. Ambos serían, en 1995, quienes sepultarían sus restos, primero en Veruela, junto al fantasma errante de Bécquer, y luego en el campo. Ese día, Rafael Azcona dejó de ser huraño y secreto, y le dijo adiós ante el Moncayo. Pero también serían amigos imborrables para él Alberto Sánchez, Luis Alegre, José María Gómez, Alfredo Castellón, David Trueba y tantos otros, a los que seguramente saludaría como a él le gustaba hacerlo: "Te quiero, cabrón".

 

         Entre sus grandes devociones había estado Luis Buñuel. Se conocieron en México hacia 1953. Ambos colaboraron en la adaptación de Cumbres borrascosas de Emily Brönte. Buñuel le dijo: "No quiero que haya ninguna escena de amor". La propuesta era sorprendente, pero desde entonces aprendió que el realizador tenía la facultad de leer un guión, repasarlo, hacerlo suyo y acabar dándole la vuelta como a un calcetín. La relación con él no era fácil. Julio Alejandro representaba la sensualidad, amaba los objetos, la alegría, los sentimientos, la intimidad femenina, y a Buñuel ese mundo luminoso le producía pudor o pavor, prefería ver los perros negros del alma: los miedos del sexo, de la fe, la guadaña amenazante de la muerte. Juntos colaboraron en películas capitales como Nazarín, Simón del desierto, Tristana, Viridiana y El ángel exterminador. Fue en Simón del desierto donde comprobó la afición de Buñuel a leer vidas de santos y la fascinación que ejercía sobre él la pierna, muerta y enterrada, de Miguel Pellicer. En Nazarín, recordaba Julio, las cosas no habían ido demasiado bien porque Buñuel empezó a padecer una violenta sordera que le incomunicaba con los demás. Contó la anécdota de Rita Macedo que se disfrazó de ramera con una ropa andrajosa, se maquilló espléndidamente, y fue a visitar a Buñuel para que le diese el papel; éste no pudo negarse ante la mujer y excepcional actriaz que acababa de ser reemplazada en el corazón de Carlos Fuentes por Jean Seberg.

 

         Tras aquel encuentro de 1989, hace ahora una década, se produjeron otros muchos: en Bulbuente, en Zaragoza y en Jávea, donde le visitÉ dos veces; la última exactamente una semana antes de su muerte. Era atento y cuidadoso: lo mismo explicaba la historia de sus camas de marinero, de aquellos mascarones y baúles que tenía, de sus cuadros chinos o de su loza antigua, y de sus mantones y joyas y objetos de escribir, adquiridos a los chamarileros y anticuarios, que recordaba el día de tu cumpleaños con la mejor tarta posible o un arroz a banda. O entretenía a los niños narrándoles historias de cazadores y tigres, hasta que se quedaba estupefacto cuando uno de ellos, que se le había resistido una y otra vez, le preguntaba: "¿Y quién les manda a los cazadores disparar a los tigres?". A los tres días, me llamó por teléfono para dictarme un poema titulado: “La perplejidad de Diego”.

 

         En aquella estancia de despedida, en su casa de Javea, Julio Alejandro siguió recomponiendo los versos de su poema épico: recordó su amistad con García Márquez y Juan Rulfo, describió los hermosos pies de Dolores del Río y la locura de amor de aquel amante rico que le llenaba el baño y el tálamo de gardenias. Su imaginación y su memoria parecían no acabarse nunca. Siempre extraía una teoría, una sentencia, un pensamiento poético, una receta gastronómica, era el hombre que se resistía al tedio, el fabulador insomne, el hombre bueno e irrepetible, aunque también padecía una soledad honda e irrespirable, la soledad del hombre de diez siglos que ha amado mucho y que mira a la muerte frente al manso oleaje: se levantaba a las cinco de la mañana, envuelto en un poncho, y salía a la terraza con sus "hermosos ojos de agua nublada". Abría un cuaderno y se ponía a escribir hasta que el sol levantisco le enceguecía los recuerdos.

 

*Portada de  la biografía que le ha dedicado el escritor José Antonio Román en la Biblioteca Aragonesa de Cultura.

 

11/02/2006 00:11 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

OTRA LECTURA DE LOS CUENTOS DE CRISTINA GRANDE

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El estupendo periodista Sergio del Molino, estupendo porque sabe de todo y de todo escribe con sensatez, precisión y un punto de locura, excelente narrador también, publica en su blog una nota sobre "Dirección noche" (Xordica, 2006). Como es un libro que me ha gustado mucho,  lo copio aquí por si hubiese algún despistado que no frecuente el blog de Segio. El texto es de Sergio del Molino.

 

LOS CUENTOS DE CRISTINA GRANDE.Por Sergio del Molino

[Acelerado, con los dedos abrasados de sostener el café con leche en vaso de cartón que me compro siempre en la Plaza de Aragón y buscando en los bolsillos la maldita tarjeta nueva que nos han dado para acceder al periódico, me cruzo por la mañana con Félix Romeo y acabamos tomando un café en La Factoría, mientras dejo que se enfríe en mi mesa el maldito vaso de "Fresh and Ready" (¡y una mierda Fresh! El mismísimo infierno es eso).

"Te he traído un regalito", me dice, dándome Dirección noche, el segundo libro de relatos de Cristina Grande, su chica (¿será políticamente correcto llamarla así? Nunca sé cómo referirme a las parejas de la gente. Perdonadme). Lo edita preciosamente Xordica y ha salido a la venta esta semana. Como después de ese café con Félix me he bebido el de "Fresh and Ready", que de Fresh seguía sin tener nada pese al tiempo transcurrido, me he puesto como una moto. Antes de comer creo que han caído cinco cafelitos, uno de ellos, de la máquina del pasillo (¡maldita, apártate de mí!), y todos en grata compañía. Por la tarde he seguido el ritmo de ingestión cafeínica sin decaer, por lo que he llegado a casa, pasadas las diez de la noche, perdida ya la cuenta y con unos ojos como platos. Así que no he necesitado mi meda hora de apoltronamiento habitual después de cenar. En su lugar, me he ventilado en menos de una hora el libro de Cristina. No, no me estoy tirando un farol, es que son menos de cien páginas.

Cristina Grande había publicado en 2002, y también en Xordica, La novia parapente, que Antón Castro dijo que le recordaba a "las abruptas pasiones de Bukowski". A mí, Dirección noche me parece un manotazo a la retórica y a la grandilocuencia. Puestos a hacer odiosísimas comparaciones, me recuerda un poco al espíritu de la película Flores rotas, a ese vicio de contar historias por el placer de narrar, y hacerlo como cuando charlas con un amigo. Es una frescura (y no la del café), o mejor, una desnudez literaria muy rara y muy costosa de escribir, pero que a Cristina parece brotarle sin esfuerzo: "Cuando dijo soy una buena persona supe de inmediato que me había confundido de hombre" o "Tengo treinta y ocho años. Quince arriba, quince abajo, mis dos amantes se llevan treinta". Dos grandes arranques a dos de los relatos del libro.

Si fuera un crítico sesudo diría -como le he leído a un verdadero crítico sesudo hace poco- que Cristina Grande cumple los requisitos exigibles al cuento contemporáneo: brevedad, contención expresiva y que lo implícito se abra a infinitas direcciones desde un plano explícito impresionista y aparentemente banal. Pero como yo no creo que haya ningún requisito exigible al cuento contemporáneo más allá de que esté bien escrito y no deje al lector impasible, diré que mi corazón late ahora a ritmo normal, y no al de la cafeína, porque los relatos de Cristina han calmado las pulsaciones para acompasarlas a su ritmo, al de su literatura. Me ha hecho sonreír y me ha metido en su mundo, y eso, en los tiempos que corren, es decir mucho. Enhorabuena, Cristina.]

11/02/2006 14:16 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

VÍCTOR MUÑOZ, EL OTRO HÉROE DEL 6-1

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Víctor Muñoz, ese genio del fútbol que entrena al Real Zaragoza, tras pasar por el Mallorca, Logroñés, Villarreal y Lleida. Ha sido uno de los centrocampistas más impresionantes del fútbol español en el Real Zaragoza, en el Barcelona, en la Sampdoria, un ejemplo de profesionalidad absoluta. Jugó con futbolistas tan extraordinarios como Schuster, Maradona, Archibald o Toninho Cerezo, y jamás desentonó.

 

Lo dicho, como suplica un zaragocista anónimo: Víctor Muñoz es un genio.¡Viva Víctor Muñoz! Luis Alegre tiene por ahí, en folios redactados en McIntosh, una biografía de su gran amigo.

11/02/2006 14:26 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

CRÓNICA DE UN SÁBADO IRREGULAR

DIEGO PASA DE LA EUFORIA A LA CATÁSTROFE; JORGE PARTICIPA EN UN GRAN CHOQUE

No estaba seguro de si podría levantarme ayer. Uno de esos catarros complicados con debilidad general parecía querer estropearme el sábado. A las siete y media de la mañana, por fin, me he fui con Diego al campo José Luis Violeta del Montecarlo. Diego salió en la formación titular, como siempre, pegado a la banda, en la doble labor de interior de repliegue y de exterior derecho que debe profundizar, desbordar y servir balones. Su primera parte fue correcta, y en cierto modo también la del San Gregorio; aunque al final, por falta de consistencia en la línea central y desconcentración y muchos fallos ante el portero rival, el equipo visitante perdió por 6-3, tras haber ido ganando con comodidad por 2-0 y 3-1. La defensa tampoco hizo un buen partido, y Diego se desmoronó. Más que desmoronarse exactamente, le faltó algo más de compromiso y ambición en un partido que caía a la deriva y en el desorden. Esta vez, el buen entrenador Pepe ni siquiera tuvo los reflejos de trasladarlo a la posición de medio centro para que robase balones y buscase su larga zancada, una zona donde reinaba la anarquía más absoluta. Faltando quince minutos lo mandó a la ducha, y a otros jugadores importantes, como quien pierde la fe en el partido. Con este inesperado resultado, el equipo C de cadetes pierde algunas de sus posibilidades de pugnar por la segunda plaza.

Jorge salió de suplente. Jugo a las cinco de la tarde en el Stadium Casablanca. Para mi gusto, un tanto incompresiblemente tras el buen partido que había hecho el pasado sábado. Sin embargo, Casablanca y San Gregorio libraron un partido emocionante, intenso, jugado con limpieza, con alternativas, con incertidumbre. Y con un arbitraje más bien malo, que tampoco alteró el resultado final de empate a uno. Primero marcó un precioso tanto Javier, extremo derecho del San Gregorio; en la segunda parte, igualó el central zurdo de los verdiblancos. Jorge salió