Antón Castro



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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2007.

N. PRECIADO, E. MURILLO, CAFÉ GIJÓN: ESTA NOCHE BORRADORES

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El programa Borradores recibe este jueves en el plató a la narradora e investigadora Carmen Espada Giner, que acaba de publicar “La torre de los tormentos” (Certeza), la historia de un cirujano converso que es encerrado por la Inquisición en la Aljafería a finales del siglo XV, y a Javier Aguirre, autor de una guía de la provincia de Teruel, que ha publicado el sello Marboré. Además, actúa en directo, con su guitarra y su ironía, el cantante satírico Carlos Malicia, que sigue la estela de Georges Brassens y de Javier Krahe, acompañado por el percusionista Dani Clemente.

Borradores ofrece reportajes y entrevistas con la escritora y periodista Nativel Preciado, que ha ganado el premio Primavera con su novela “Camino de hierro” (Plaza & Janés); con Marcos Ordóñez, autor de una historia del café Gijón en “Ronda del Gijón” (Aguilar), donde habla de las distintas tribus literarias y pictóricas que acuden al local, y con el novelista, traductor y editor Enrique Murillo, autor de “La muerte pegada a las uñas” (Bruguera), una narración de amor con una atmósfera fantástica. Borradores también visita una exposición de Juan Carlos Callejas en Tramacastilla de Tena, y recomienda una amplia selección de libros para leer en verano.

Borradores. CARTV. A las 23.45. Productor ejecutivo: Gaizka Urresti. Redacción: Ana Catalá Roca y Carlota Muñoz. Ayudante de realización: Yolanda Liesa. Realización: Teresa Lázaro. Dirección y presentación: Antón Castro. (Canal Satélite Digital: canal 97).   

*Tertulianos del Café Gijón, en este caso son los fundadores de la revista "Garcilaso", entre ellos Pedro de Lorenzo, José García Nieto (de cuya página web tomo la foto) y Gerardo Diego.

02/08/2007 08:25 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

EL FANTASMA Y LA NIEVE (Cuento)

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EL FANTASMA Y LA NIEVE 

Pío Baroja recogió la historia para integrarla en su novela La venta de Mirambel, pero en el último instante creyó que aquella aparición de los días de nieve se escapaba de la trama de su relato y quedaba más bien como una curiosidad anecdótica, sin demasiado sentido, como si fuese un añadido presuntuoso y anacrónico. El fantasma tenía nombre propio, Florencio Candeal, y una profesión casi evocadora: ventero. Para algunos, había sido el antiguo dueño de la posada donde reposó el escritor vasco mientras tomaba notas para su libro y avanzaba una buena parte del argumento. De su existencia se conocía poco, pero sí se sabía que en la larga invernada de enero, alrededor de las ocho de la noche, el fantasma adquiría su aspecto de antaño y se arrastraba lentamente, cargado de arrugas y de cadenas, desdentado y hediondo, por las callejuelas nevadas. Algunos han querido verlo desgalichado y cojo de una pierna, quizá con bastón y con capucha; usaba barba blanca y fumaba un cigarrillo que se había liado a la altura del Portal de las Monjas, en el torreón de celosías morunas. Tomaba el camino del horno viejo y del castillo, y salía por un arco de la muralla que conduce a la ermita. Luego, tras haberse parado en el gran porche, volvía. Sobre la nieve quedaba la hendidura de sus pasos a la ida y a la vuelta, y a veces pequeñas hojas de perejil y de romero.         

Un día, por fin, cuando se fueron las monjas del convento, el pregonero que se detenía en cada esquina con su trompetilla dorada lo oyó hablar. Sin haber bebido nada, dijo en la fonda, ahora convertida en carnicería:         

--Lo sabéis: siempre me habéis dicho que grito en exceso en los pregones porque soy demasiado sordo. Por eso estoy perplejo, como si regresase de un sueño o hubiera recobrado el oído de golpe. No vi a nadie, ignoro si pueden verse los fantasmas. Pero si lo oí con toda nitidez con su hablar siseante, como a tumbos y sin ninguna erre. Mi abuela decía que los seres del trasmundo no pueden pronunciar palabras como ruido, susurro, cantar, Ramón o resaca, pero no sabría imitarle. Os digo lo que comprendí y lo que deduje. Olía a estiércol podrido de cien años.

Así habló: «¿Qué es lo que me retiene aquí: los portales conocidos, el olor de la jara, los alerones decorados, los rostros familiares, la música de la nevada al amontonarse? He visto pasar mi entierro y el de mis amigos, pero yo no me resigno a desaparecer. Tengo nostalgia de lo que fui y me niego a lo desconocido, sean o no las llamas, la calma sin sobresalto o el paraíso. Qué paradoja. Cuando estaba vivo, lo despreciaba todo, aborrecía los días, el trabajo, el cuerpo de mi mujer, su lenta respiración de madrugada y su aroma bravo a grama y gallinero, y únicamente aspiraba a lo imposible: el gran Caserón de las dos terrazas y el cuerpo cimbreante de Sabela, su propietaria, que se mecía al atardecer semidesnuda. Recuerdo que, harto de servir los platos que trasegaban los arrieros y los labradores, decidí poner fin a mi vida. Atravesé las montañas hasta Las Cabrillas; allí una colina abrupta se abre hacia un barranco sin fondo. Me acerqué al abismo y desde una de las paredes del muladar, me arrojé con los brazos extendidos. Por un instante, en aquel bello aleteo hacia la muerte, me sentí aire, pájaro o nube sin lluvia; ya me imaginaba el topetazo definitivo, la sangre derramada y ese dolor terrible como el olvido, cuando apareció un gran buitre y me atrapó con sus garras o con su pico y me depositó en la gran explanada del roquedal, lejos de cualquier peligro. Desistí, claro, aunque hubiese preferido que me devorase como si fuese una vaca enferma o un cordero agónico, y regresé a casa. Otra vez más intenté alejarme de todos: ascendí hasta las cumbres del Arahuet, sí, allá en la cúspide donde el mundo es como una vaguada grande de monte sin aliagas, y me detuve un instante en los alrededores de la cantera. Al final de la tarde, hallé la bicicleta del vigilante y decidí estrellarme con ella calzada abajo. Imagino mi desesperación y mi tentativa todavía como si fuese en este mismo instante: me subo, acelero en la última recta antes del descenso y cierro los ojos para no eludir las curvas ni sucumbir a la tentación de frenar. De nuevo, quise creer, soy papilla, residuos, un amasijo de venas, músculos y afanes triturados. Pero nada de eso ocurre: la bicicleta sigue un camino recto y llano, avanza a toda velocidad, esquiva cualquier escollo y cuando quiero darme cuenta, aquí estoy, inmóvil, ante el portillo de la venta. Alguien, pensé, me condena a seguir viviendo. Y ahora me ocurre al revés. Ahora que ya no me duele la espalda ni siento el desprecio de los míos ni el beso de almizcle de Clara, mi esposa, ahora que no me vence el insomnio por las noches ni me cruje el espinazo de angustia, sólo quiero estar en estos rincones: en mi lecho olvidado, en el gran butacón de anea, en las callejas donde fui hondero y niño, en el porche de la ermita o en ese sendero interminable que ando y desando, ajeno a la muerte, en los días de nieve.»         

Elisenda, la carnicera, se adelantó hacia el pregonero:         
--Ahora lo entiendo todo. Mi niñez estuvo presidida por una frase que alguien (pensábamos que era del viejo Baroja) había escrito en el salón: «¿Por qué voy a dejar sola mi casa y a oscuras?». Pero un día mi padre, harto ya de aquel enigma, la borró y escribió otra: «¡Qué tercos los muertos, que nunca quieren irse!». Tenía razón: ahí sigue, en el salón de arriba, en mi propia casa, el fantasma de Florencio Candeal.

02/08/2007 10:18 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

SUSANA GERMADE VUELVE A ARAGÓN

20070803065934-germade2.jpg[El escritor, psiquiatra y representante Carlos Ranera Frauca escribe esta nota y anuncia el concierto de Susana Germade en Graus.]

La cantante gallega, afincada en Cataluña, vuelve a tierras aragonesas, con un concierto íntimo y en un escenario mágico, la terraza de ITAKA (Graus), a orillas de los rios Ésera e Isábena. Acompañada por un quinteto: dos guitarras, bajo y percusiones, Susana Germade propone un repertorio sentimental y popular en el que el fado es el hilo conductor, pero que no excluye otros géneros, ni otros idiomas. “Muchas veces me preguntan si el hecho de ser gallega, tiene mucho que ver con las canciones que elijo para cantar, con mi querencia por el fado… Puede ser, Galicia es un país musical que constituye un punto de encuentro y también de despedidas; tal vez lo que hagamos sea música transatlántica, no lo sé. Yo no puedo ser fadista, pero siento el fado como algo propio, como supongo que le ocurre a miles de personas que siguen con pasión un género musical tan popular y emotivo, en cualquier parte del mundo”. El fado es el pretexto para viajar por el universo Germade: una voz excepcional y una cantante indiscutible en el panorama musical actual.
Todo esto es fado. Susana Germade en concierto. Terraza de Itaka (Graus). Viernes, 10. A las 0.00.

03/08/2007 06:59 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

RAFAEL FOMBELLIDA: UN POEMA MARINO

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BALLENEROS

 La severa monodia de este mar
Gris acero, mortal de puro ruda,
No descansa. Prosigue con nosotros
El azulado lomo del cetáceo
Y la imprecisa raya de un lejano occidente.
De vez en cuando estalla en el oído
La pesada carga de los hierros
Que habrán de hundirse en la corteza oscura
Y se huele una sangre cuyo pulso es el nuestro,
Activa los tendones, endurece el vigor. 

En la costa distante, un indolente dorso
De mujer se entumece bajo los ventanales
Rozados por la hiedra. Lo entreveo
Preso en el diapasón del oleaje:
Su teclado de vértebras, la cúpula
Refinada del culo, las piernas rezagadas. 

Iniciamos un baile en el ruidoso abismo
Rencorosos, siniestros y vacíos,
Y la caza nos ciega. El arponazo
Arranca cuero, grasa, nos deja sin saliva.
Y de repente rueda una mujer al suelo
Cruzado el corazón por una fecha insólita,
Los ojos impasibles, la luna en su lugar. 


[Creo que no había leído a Rafael Fombellida (Torrelavega, 1959). Encontré la antología “La propia voz” (La mirada creadora. Santander, 2007), con prólogo de Carlos Marzal, y me encantó este poeta tan narrativo, que engazara bellos endecasílabos. Cuelgo aquí uno de los poemas que más me han gustado. He publicado en gallego el libro “Vida e morte  das baleas” (Espiral Maior), e insisto en esos temas con “Golpes de mar” (Destino, 2006). La foto es de Gregory Peck en la película "Moby Dick" de John Huston.]

03/08/2007 21:15 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

RETRATO DE MARÍA TAUSIET, ESTUDIOSA DE BRUJERÍA

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El apellido Tausiet, raro en España, procede Gascuña y significa “roble blanco”. De alguna extraña manera, casi desde que era niña, María Tausiet alimentó la atracción de María por Francia. Pasaba los veranos en San Sebastián, que se le antojaba una ciudad muy francesa: la recorría de punta a punta, en sus playas, en sus callejas o en sus montes de impresionantes panorámicas. Era una joven charlatana hasta la desmesura, exagerada y crédula. Le fascinaban los cuentos de hadas y el mundo de Lewis Carroll y se fabricó, entre libros y la pasión por el baile y la música, un mundo a su medida. Su padre, empleado de banca ante sus exageraciones o su incontinencia, solía decirle: “Te doy una peseta si eres capaz de callar durante cinco minutos”. Era incapaz. En casa se vivía una atmósfera religiosa muy particular que tenía su prolongación en el colegio de monjas donde estudiaba. A los catorce años puso término a todo eso: ingresó en el Instituto de la Magdalena y se le abrió como un abanico de sugerencias infinitas un mundo nuevo con profesores “progres” que igual le hablaban de Spinoza, de Nietzsche o del psicoanálisis. Entonces, la idea del inconsciente cobraba una gran importancia. Que se interesase por la Filosofía Pura era una consecuencia natural de su aprendizaje apasionado. Lo mismo estudiaba guitarra en el Conservatorio, que asistía a clases de pintura con Alejandro Cañada o se matriculaba en la Escuela de Artes Corporales para hacer danza contemporáneo. Un torbellino de inquietudes le bullía en la cabeza y en las piernas.        

Con algo menos de veinte años, si puede decirse así, estaba malquistada con Zaragoza. Había decidido ir a estudiar Filosofía Pura a Madrid, aunque acabó haciéndolo en Valencia. “Me decepcionó la ciudad y la mentalidad tradicional de la enseñanza. Me encontré con un ambiente que ni era tan moderno ni tan abierto ni tan interesante como el que había tenido en el Instituto”. Regresó y al año siguiente se matriculó en la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza y se especializó en Historia Medieval, aunque lo que de veras le atraía era cursar Historia de las Mentalidades. Fue una estudiante casi modélica en los primeros cursos y ejemplar en los dos últimos, que ilustró con matrícula en todas las asignaturas.

En quinto, la profesora Isabel Falcón llevó a un grupo de alumnos al Archivo Diocesano de Zaragoza a hacer fichas de procesos criminales de justicia episcopal. Y esa visita, en apariencia rutinaria, fue toda una detonación. “Descubrimos algunos procesos de brujería. Isabel Falcón me dijo: ‘Esto podría interesarte’. Al principio expresé mi negativa. Me parecía un tema fácil, de moda, ‘demasiado’ atractivo. No soy nada esotérica. Leí los procesos con atención y vi que era una fuente maravillosa: se hablaba de sueños, de delirios, de cosas íntimas e inusuales con un lenguaje simbólico. A las brujas se las empezó a perseguir al final de la Edad Media”. Verificó que allí podría haber una tesis que acabaría dirigiéndole el profesor de Historia Moderna, Eliseo Serrano. “Isabel Falcón fue mi primera madrina. Ella me puso en contacto con el experto Ángel Gari, que me inició en el conocimiento de la brujería. Fue generoso conmigo, me facilitó documentación, me abrió la cabeza a ese universo y fui con él a congresos a Barcelona o a París, en concreto a uno que se titulaba ‘El sabbat de las brujas’, que me resultó maravilloso. El sabbat es el aquelarre. Allí aprendí muchísimo, vi otro concepto de Historia; dos años después, en 1994, ya presenté una ponencia sobre ‘El infanticidio y sus traducciones en Aragón’ en Swansea, Gales”.
        

María Tausiet se presentó a oposiciones a profesora de Instituto en Toledo y obtuvo plaza en Talavera de la Reina. Al año siguiente, se trasladó a Alcorcón como profesora de Geografía e Historia, pero no dejaba de viajar a Aragón. Se trasladaba a los archivos de las siete diócesis de Zaragoza, Huesca, Teruel, Tarazona, Albarracín, Barbastro y Jaca con el objeto de realizar un estudio de la brujería en el siglo XVI. “La brujería es lo más representativo de la cultura popular, encarna el simbolismo de la cultura popular. Es la esencia de las creencias misteriosas enraizadas en la vida cotidiana de la gente. Y para mí era un reto intentar traducir todo eso a un lenguaje racional”. Así nació “Ponzoña en los ojos. Brujería y superstición en Aragón en el siglo XVI” (IFC, 2000). María intenta explicar el mito del aquelarre con toda la fantasía y horror que encierra: la presencia del demonio, la relación sexual con las brujas, el asesinato ritual de niños, las metamorfosis. “Me preguntaba cómo había podido hacerse real todo eso en la mente de los jueces o los demonólogos e inquisidores. ¿Quién se va a creer que vuelen las brujas o que exista el demonio? Eso es una ficción, un lenguaje simbólico”. Su trabajo abarcaba la justicia episcopal, la seglar y la inquisitorial. Le salieron historias preciosas: en Zaragoza había muchos hechiceros. Las mujeres se dedicaban a la magia del amor, y los hombres, de origen francés y casi siempre clérigos, se preocupaban por la búsqueda de riquezas. “Hallé la historia de un cura de San Pablo, Joan Vicent, que organizó un círculo mágico. Fue acusado por la Inquisición, lo encerró en la torre del Trovador de la Aljafería, y se escapó atando sábanas. Salió por la ventana, se fue a Roma y puso una denuncia a los inquisidores de Zaragoza”. En medio de su estudios, María dio con un proceso del siglo XIX en el Archivo de la Diócesis de Zaragoza, titulado “Los energúmenos de Tosos”. “En latín ‘energumeni’ quiere decir endemoniados. Y aquí se planteaba el mundo al revés: es la supuesta bruja la que va a denunciar a los supuestos posesos, que la persiguen, a la justicia episcopal y ésta la defiende. El alto clero, en ese momento, hablo de 1812 a 1814, ya no cree en la brujería. El propio obispo ve la posesión como un fraude. Los 32 posesos sostenían que ella les habían enviado los demonios y acabaron echando a esa mujer, Joaquina, del pueblo. Era de Villanueva de Huerva y allí hubo de volverse; cada que intentaba regresar, la apedreaban o la acuchillaban. Ese periodo coincide en el tiempo y en el espacio con Goya, que reflexionó a su modo sobre la fascinación, el horror, la superstición y la irracionalidad de la brujería en ‘Los desastres de la guerra’, ‘Los caprichos’ o ‘Las pinturas negras’”. El libro de este proceso se llama “Los posesos de Tosos, 1812-1814)” (Instituto Aragonés de Antropología, 2002) y no será el último. Acaban de sugerirle un trabajo comparativo sobre la hechicería urbana en Brujas y en Zaragoza.
 


[María Tausiet presentaba hace poco su nuevo y fascinante libro: “Abracadabra Omnipotents. Magia urbana en Zaragoza en la Edad Moderna”. María Tausiet. Editorial Siglo XXI. Así define la editorial el libro: “Abracadabra Omnipotens’ presenta un recorrido por el submundo de la magia zaragozana en los siglos XVI y XVII a través de testimonios en su mayoría procedentes de fuentes judiciales. Pese a la imagen de la magia como algo opuesto a la religión, y de la persecución de sus múltiples y diversos practicantes, lo mágico y lo religioso aparecían íntimamente entrelazados, como dos caras de la misma moneda”.]

03/08/2007 23:35 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 4 comentarios.

ADIÓS AL GRAN VÍCTOR BUIL DE GARRAPINILLOS

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Uno de mis amigos más entrañables de Garrapinillos, Víctor Buil, acaba  de fallecer. Me lo ha  dicho esta mañana su sobrino Eduardo, que además es el mecánico de la familia. Siempre me gustaba verlo tomando café, conversando, viendo fútbol o preparando un asado para los jóvenes del Garrapinillos C. F. En los últimos tiempos, Víctor Buil tenía dificultades en las piernas y problemas de  respiración. Se pudo malo el miércoles, se vio amarillo ante el espejo, y cerró los ojos definitivamente el jueves. El lunes o martes me crucé con su sobrina y le anuncié que iría a verlo. No fue así. Me gustaba más verlo en la calle o en el campo de fútbol que en su casa, rodeado de botes de tomate y un buen fuego para sus excelentes barbacoas.

Víctor Buil vivía con su hermana y con su cuñado. Había trabajado en el ferrocarril en África, y luego aquí, tenía huerto, y tenía sobre todo una calma constante, una lentitud dulce, una sabiduría que se adquiere en la Universidad de la vida. Soltero y sin compromiso, octogenario, lo sabía todo sobre Garrapinillos y sobre sus equipos de fútbol. Era un hombre bueno y un hombre de palabra que disfrutaba de las pequeñas cosas.
 

Quizá su gran pasión –los amores pasados o perdidos nunca era materia de sus recuerdos- era ver jugar a su sobrino nieto Mario, el gran Mario Martín de algunas crónicas de sábado que han aparecido en este blog. 

[Escribo esta nota, tras enterarme de su muerte, oyendo uno de mis discos preferidos de los últimos meses, “Cinema do mar” de Carlos Núñez, en concreto las dos piezas de “Historias de Terramar” de Tamiya Terashima, que tienen algo de despedida, de elegía a alguien que toma la ruta del más allá sobre las olas del mar. La foto es de Bernard Plossu.]

04/08/2007 14:58 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 7 comentarios.

UNA CANCIÓN IMPRESCINDIBLE: FRANCO BATTIATO

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[Marta Navarro, y alrededores, copia esta canción en su blog. Es probablemente una de mis canciones favoritas: cuando quiero estar feliz y bailar yo solo en el jardín desaliñado que tengo, pongo esta canción de Francos Battiato. Si no estoy bien, pongo esta canción y me cura de casi todo.] 


NÓMADAS

Nómadas que buscan los ángulos de la tranquilidad,
en las nieblas del norte, en los tumultos civilizados,
entre los claros oscuros y la monotonía de los días que pasan.
Caminante que vas buscando la paz en el crepúsculo
la encontrarás,
la encontrarás
al final de tu camino.

Largo el tránsito de la aparente dualidad,
la lluvia de Septiembre
despierta el vacío de mi cuarto
y los lamentos de la soledad aún se prolongan.
Como un extranjero no siento ataduras del sentimiento,
y me iré
de la ciudad,
esperando un nuevo despertar.

Los viajantes van en busca de hospitalidad,
en pueblos soleados, en los bajos fondos de la inmensidad,
y después duermen sobre las almohadas de la tierra.
Forastero que buscas la dimensión insondable,
la encontrarás
fuera de la ciudad,
al final de tu camino.

Letra de Roberto “Juri” Camisasca. La foto es de Albert Watson.

08/08/2007 09:27 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 4 comentarios.

LOS HÉROES DEL SILENCIO AL COMPLETO

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El 4 de septiembre, Héroes del Silencio publica una caja en edición limitada con todos sus álbumes en vinilo

 Contiene los siete LP de la banda zaragozana en edición facsímil, con abundante material extra y piezas descatalogadas y muy buscadas por los seguidores de la banda zaragozana, un libro con abundante material gráfico y un poster exclusivo

    El 4 de septiembre, Héroes del Silencio publica una caja en edición limitada que contiene los siete álbumes que la banda zaragozana editó en su día en vinilo: el maxi Héroe de leyenda, el mini LP En directo y los LP El mar no cesa, Senderos de traición, Senda 91, El espíritu del vino y Avalancha. Para esta edición especial, estos vinilos se han vuelto a fabricar en un gramaje mayor que el original y  utilizándose las versiones remasterizadas, lo que implica una incuestionable mejora en el sonido. En el aspecto gráfico esta edición será facsímil, manteniendo inalterable el grafismo original en todos los aspectos. Además, la caja contendrá un libreto escrito especialmente para esta edición limitada con material gráfico inédito, una biografía retrospectiva de Héroes del Silencio actualizada, todas las letras de las canciones incluidas en los siete LP, los créditos originales y un gran póster con una foto actual e inédita de la banda. La caja, de la que se editarán sólo 5.000 ejemplares, está forrada en terciopelo morado con las letras impresas en tinta plateada.  En esta edición especial destacan álbumes muy buscados por los coleccionistas, como el mini LP En directo, del que en su día solo se editaron 5.000 ejemplares, y por el que se han llegado a pagar hasta 300 € por su edición original. El álbum Senda 91 está descatalogado desde hace seis años y del vinilo de Avalancha se editaron muy pocos ejemplares, siendo ambos también piezas muy buscadas por los fans de Héroes del Silencio. La edición especial en tirada limitada de todos los vinilos de la banda zaragozana, que el 15 de septiembre comienza en Guatemala una gira de diez conciertos exclusivos por América y España, significa una ocasión única de acercarse a la obra de uno de los grupos fundamentales del rock español en un formato, el vinilo, tan raro como apreciado. Héroes del Silencio en estado y en sonido puro. www.heroesdelsilencio.es www.emimusic.es  

[Nota enviada por la productora. Hace años, en "Viaje a la luna" (Aragón Televisión), entrevisté largo y tendido a Enrique Bunbury. Recuerdo una frase que me dijo entonces: "Sé que algún día cantaré bien". Sueño que un día le apetezca sentarse en los butacones naranja de "Borradores". Por ahora, no lo hemos conseguido, ni yo ni su representante Nacho Royo hemos conseguido convencerlo. Soy un fan incondicional; mi disco favorito entre los suyos es uno que ha hecho en solitario: "Flamingo's", pero me gustan todos. ]

08/08/2007 19:32 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

HOLYFIELD-TYSON. CRÓNICA DE UNA PELEA MÍTICA*

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EL ELEGIDO DE DIOS 

Un gesto premonitorio precedió al nuevo combate del siglo: Mike Tyson tenía tantas ganas de acabar que, cuando emprendió el camino del ring, mostró su mirada de caníbal, alzó con desprecio su cuello de búfalo y soltó un fiero manotazo a uno de sus excéntricos acompañantes que parecían mafiosos con camisas de lunares negros, sombreros de fieltro y botines de charol. Se le vio ya, en el túnel que precedía a la debacle, airado, roto por los nervios, excitado por la sospecha del miedo. Antes había salido Evander Holyfield con su majestuoso porte de atleta griego; se le vio caminar armonioso y tranquilo con su batín lila. Fue recibido con un clamor unánime; la gente estaba con él y lo comprobó unos instantes después: el nombre de Tyson quedó sepultado bajo un desdeñoso y apabullante abucheo. El mundo entero había apostado por El terror del Garden, 25 a 1, todos los periódicos americanos --salvo uno-- vaticinaban su triunfo por la vía rápida, y los promotores también: Tyson recibió treinta millones de dólares y Holyfield sólo once.        

Pero íntimamente muchos soñaban con una victoria del ex--campeón: aquel guerrero de corazón de león de 34 años, un hombre ejemplar que no sabía lo que era enfrentarse a un paquete ni que nunca había visto correr ante él, como una liebre aterrorizada, a ninguno de sus rivales. La gran mayoría de los 16.325 espectadores reconocieron sus atributos de púgil a la vieja usanza: fibroso, audaz, rápido y valiente. En aquella noche de sudores compartidos, algunos recordaron sus esfuerzos para llegar hasta allí: sus interminables sesiones en la piscina, sus miles de kilómetros a lomos de una bicicleta, su modélica actitud dentro y fuera del cuadrilátero, su furia tranquila, quizá por ello engañosa. O esas peleas que él hizo siempre épicas, ganase o perdiese: sus tres enfrentamientos con Riddick Bowe, su disputada derrota con Michael Moorer, sus encarnizadas pero hermosas y dignas contiendas con Georges Foreman, el sargento indomable Ray Mercer o Bobby Czyz.
        

No hubo miradas de odio. A Holyfield no le gustan las bravuconadas; todas las había gastado ya su adversario cuando dijo, antes y después del pesaje, que sólo podría ser vencido si se quedaba sin una mano. El boxeador de Alabama se había pasado demasiadas horas estudiando los gestos de su contrincante, midiendo sus pasos en los vídeos, observando cómo mece la testuz, cómo avanza con la espalda tiesa y un ademán de gorila, cómo saca con un movimiento inapelable pero en corto, brutal como una demolición, sus mazas de carne y piedra. Y en esas horas de gimnasio --hizo de todo como siempre, incluso efectuó sesiones agotadoras de danza y esquiva con bailarines profesionales, y vio varias veces el combate entre Cassius Clay y el predicador Cleveland Williams en 1966, el combate más perfecto que haya efectuado jamás un peso pesado-- descubrió los puntos débiles de Tyson: su pálida inteligencia, su fragilidad mental cuando no logra impactar, su boxeo caliente y poderoso pero enceguecido, pugilismo de vendaval y tejón que no cesa, pensó, la desesperada vehemencia con que busca el final.
        

Había tensión, fuego en el cuadrilátero, ira antigua, el aroma de intensidad carnal que se le exige a una gran velada. El combate, desde los primeros instantes, desde antes de que Mitch Halpern les recordase cómo debían comportarse y lo que la humanidad desvelada esperaba de ellos, parecía condensar la leyenda y la sangre de otras peleas inmortales: aquel Clay--Frazier del 8 de marzo de 1971 en el Madison Square Garden, cuando El Loco de Louisville saltó por los aires en dos ocasiones, a pesar del rugido de la muchedumbre; la noche en que Rocky Marciano pulverizó el cuerpo oscuro de Joe Louis; la furia innombrable que se cruzaron sobre el tapiz Marvin Maravilla Hagler y Ray Sugar Leonard, el tigre y la mariposa; la épica sangrienta de las batallas a muerte casi entre Jack La Motta, Toro Salvaje, y Sugar Ray Robinson en los años 50.
        

Mike Tyson estuvo a punto de reventar Las Vegas (y a todo el planeta despierto) con un golpe a los diez segundos: se echó hacia el centro del ring y buscó el mentón de su oponente, no le cazó de milagro. A partir de ahí, Evander Holyfield se agigantó: advirtió a Tyson que no iba escapar y que tenía unas grandiosas ganas de gresca, pero en su terreno y a su modo. Es decir, gresca librada con astucia, con ligereza diabólica y con parsimonia, pero lejos del cuerpo a cuerpo. Holyfield tejió un laberinto inaccesible a la pegada de Tyson, enfrió la batalla, le desafió una y otra con ganchos contundentes y dominadores a la contra, y tuvo la sangre helada de no enmarañarse en el clinch. Si el otro se removía en pos del golpe recto, le trababa con los brazos; le tendía una emboscada y le martilleaba la cara con calculada obstinación desde la distancia.
        

A Mike Tyson le asomaron, lentamente, los primeros fantasmas. Y el presagio de otra noche funesta como aquella de Tokio en 1990 empezó a robarle el pensamiento. No encontraba huecos en el musculoso cuerpo del enemigo ni flancos de acceso a su barbilla. Si en alguna ocasión impactaba, se encontraba con una sucesión de respuestas inmediatas que le hacían retroceder, que le magullaban el cerebro y su opaco entendimiento. Casi sin quererlo, se hallaba aprisionado entre sus bíceps o intentando escabullirse de su bruñida calva. Miraba y miraba, pero no descubría ni un sólo resquicio de temor en su oponente. Al contrario, cada segundo que pasaba, Holyfield parecía tornarse más desafiante, más seguro de su trabajo de derribo sin prisa. Tyson respiró un poco en el quinto asalto y creyó, tal vez, que no todo estaba perdido; su adversario había acusado el peso de sus mazas y por primera vez había ganado en la puntuación parcial.
        

Sin embargo, esa interpretación había sido un espejismo. En el segundo minuto del sexto asalto besó la lona y aguardó, con tanta palidez como sorpresa, la cuenta de protección. Le habían temblado el vientre, las nalgas y las estrellas del destino. No se encontraba, estaba fuera de sitio y Holyfield empezaba a ser el que siempre había sido: un boxeador en línea, académico y rítmico, dominador y bailarín, un gigante insaciable desde el centro de la lona que ignora el retroceso o cualquier otra suerte de cobardía. Aquélla --se percató de inmediato-- no se parecía en nada a la legendaria noche de Tokio; entonces había perdido él mismo por exceso de mala vida y escasez de gimnasio ante el desconocido y fugaz James Buster Douglas, por puro menosprecio, pero aquí le estaba ganando el otro: un boxeador tallado en bronce, descaro y preparación, un gladiador con clase y oficio que creía en sí mismo. Su nombre se alzaba desde el fondo de la tierra y aleteaba por todos los rincones de su cerebro como un gigantesco pájaro de rencor: "Holyfield, Holyfield, Holyfield", vociferaba la multitud que le odiaba y que se sentía feliz, oceánica, imparable, ante su fracaso.
        

La sangre que le brotaba por la ceja y la entereza del aspirante, se lo dejaron claro: Holyfield, el bueno de la velada, el elegido de Dios, iba a ganar. El décimo round fue demoledor: Iron Mike recibió una combinación interminable de golpes, el vendaval que le habría correspondido desatar a él y se quedó turulato, con el mentón triturado, sonámbulo; sólo le salvó el sonido milagroso de la campana. Se sentó en el rincón con el rostro ardiente, los miembros debilitados, tragándose la rabia, las vanas bravatas, arañándose el último escozor de la poca jactancia que le quedaba. En ese momento, no era nadie y soñó (o creyó soñar) que sus preparadores lanzaban una toalla de redención como quien lanza una paloma derribada; sin duda entonces recordó su sórdida y desamparada niñez de degollador de palomas: se vio a sí mismo retorciéndole el gaznate del animal, palpando el bulto pegajoso, la suciedad brusca y sanguinolenta que se adueñaba del claro plumaje. Soñó con una toalla de salvación, decíamos, pero eso no sucedió y volvió a salir para ser humillado; en esos segundos acelerados que se anticipan al gong postrero, atisbó a su rival: estaba entero, con la fortaleza renovada y la determinación de un criminal. Y se preguntó quién le había vuelto a traicionar o, sencillamente, por qué no le había respetado, por qué no se dijo a sí mismo que Evander Holyfield, el atleta de Alabama, el mensajero de Dios, era un profesional insobornable, amasado con inteligencia y sacrificio, el tipo más duro y más listo al que se había medido jamás.
        

Un minuto después, Mike Tyson era sólo una mole sin respuesta, una sombra disuelta en despojos e impotencia, un mito apaleado y un hombre al fin, una criatura vulnerable. En algún instante, cuando todos celebraban al nuevo ídolo y el speaker anunciaba la frase mítica --la frase que estremeció a Clay cuando era un niño y empezaba a saber quién era Rocky Marciano: The heavyweight champion on the world is... Evander Holyfield-- se acercó a su esquina y lo miró a los ojos: "Sólo quiero estrechar tu mano y tocarte. Tengo por ti el mayor de los respetos".


         Evander Holyfield le dijo que se sentía orgulloso de haber ganado al mejor peso pesado del mundo, que le agradecía que le hubiese dado aquella oportunidad y buscó a su mujer, que también es su médico y su psicólogo. La besó y le pidió una gorra que llevaba esta leyenda: Jesus is Lord. (Jesús es el Señor). Miró a todos y dijo: "He aquí mi talismán. Mi golpe secreto. Sabedlo".

 *Hace algunos años escribí este relato para un volumen colectivo de autores argentinos y aragoneses, y lo recupero aquí. Hace algunos días vi de nuevo la película "Marcado por el odio", con Paul Newman, y recuperé el gusto por las películas de boxeo de mi infancia, que veía con mi padre. En la foto, la modelo Heidi Klum con Evander Holyfield.

08/08/2007 21:29 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

LA NOVELA HISTÓRICA, ESTA NOCHE EN BORRADORES

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Invitados: El cantautor Chema Bello canta a la “Puerta del Carmen” 

Plató: Paula Cifuentes y Ángeles de Irisarri. Entrevistas y reportajes: María Teresa Álvarez, Marti Gironell, Jacinto Rey, Antonio Lázaro y Jesús Sánchez Adalid 

Recomendaciones de novelas históricas: Librería París. 

Borradores ofrece esta madrugada, hacia la una y media, un monográfico sobre “La novela histórica”, que tanto atrae a los lectores. El programa se abre con una pieza del cantautor aragonés Chema Bello, “Puerta del Carmen” y se cierra con “Cruzando por ahí”, un monólogo del río Ebro al pasar por el Puente de Piedra. El cantautor, además, explica las claves y las líneas de su primer disco, publicado recientemente. Acuden al plató la jovencísima escritora Paula Cifuentes, finalista del Premio Alfonso X el Sabio y uno de los nombres más prometedores de las letras españolas, que habla de sus dos primeras novelas: “La ruta de las tormentas” (Martínez Roca), sobre Hernando Colón, hijo del almirante, viajero y bibliófilo, y “Tiempo de bastardos” (Martínez Roca), sobre Beatriz de Portugal. También visita el programa Ángeles de Irisarri, que ha publicado su libro de relatos y retratos históricos “Gentes de las tres religiones” (Martínez Roca).  

Además, Borradores·conversa con María Teresa Álvarez a propósito de “La comunera de Castilla” (La Esfera de los libros), la historia de María Pacheco; con el narrador Jacinto Rey, autor de “El cirujano de las Indias” (el Andén), una narración de amor, arte y misterio que sucede en el mar de Vigo; con Martí Gironell, autor  de “El puente de los judíos” (el Andén), que explica los secretos de su exitosa novela en los baños judíos de Zaragoza, y con Jesús Sánchez Adalid, autor de “El alma de la  ciudad” (Planeta). Antonio Lázaro medita sobre otra dirección del género, la narrativa gótica, en su novela “El club Lovecraft”, que transcurre en Toledo; el autor, que realizó su servicio militar en Zaragoza, glosa a Luis Buñuel y reivindica una “modélica novela” como “La llave maestra” de Agustín Sánchez Vidal. Todos los autores explican no solo sus libros, sino cómo conciben el género. Como complemento, Librería París recomienda una selección de libros de novela histórica para este verano. 

Borradores. Aragón Televisión. A la 1.30. Se emite esta noche, tras el partido del Real Zaragoza, Bulevar de Verano, que conduce Adriana Oliveros, y Cultyarte, de Ana Rodríguez y Paula Blesa. Hacia la una y media de la mañana, se emitirá el programa.

*Paula Cifuentes poco despés de la grabación del programa. La foto es de José Antonio Melendo.

 

09/08/2007 08:59 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

CUERPOS EN LA PLAYA 1 / DAVE AHAROHIAN

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Este año no he ido al mar, ni he ido a Galicia.  Inicio una nueva serie: cuerpos que se impregnan de  arena, sueños del nadador, luminosos cuerpos del verano.

11/08/2007 00:42 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

CUERPOS EN LA PLAYA 2 / KATI RUDLOVA

20070811093143-playas.-kati-rudlova.jpgVERANO, 2003 

Recordarás las noches de este agosto de fuego:
El insomnio, la espera, un amor implacable
Suplantando las horas del descanso. En los años
De la paz merecida, volverás muchas veces
A estas noches, mordiendo con dolor la almohada
De los inviernos gélidos. Volverás a mirarte,
Sudoroso y desnudo, clamando por el agua,
En vela, atormentado de sed y deseo.
Recordarás las noches de un ardiente verano
En que volviste a ser un cuerpo vulnerable. 

[He aquí un poema del cuidado y sugerente poemario de amor “La hora azul” de Josefa Parra,  publicado por  Visor y distinguido con el XXI Premio Unicaja de Poesía. La foto del cuerpo tendido sobre  la arena es de Kati Rudlova.]
11/08/2007 09:31 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

UN TERCO LADRÓN DE LUCES

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[Pepe Cerdá, ese viajero con alma de pintor clásico, ese fotógrafo de estirpe sorollesca, el pensador que tiene un banco de carpintería y toda la discografía completa de Joaquín Sabina,  inaugura mañana una exposición en el Centro Cultural de Castejón de Sos, patrocinada por el ayuntamiento y su alcaldesa María Pellicer, incondicional del pintor desde hace años, y por la Fundación Alcort de Miguel Ángel Córdoba, entre otros organismos. Se ha editado un catálogo con varios textos de Pepe Cerdá y estas notas mías. Las cuelgo aquí y recuerdo que la muestra se abre a las ocho de la tarde, cuando el ardor del sol se desvanece...]  

UN TERCO LADRÓN DE LUCES 

Impone mucho respeto escribir de Pepe Cerdá (Buñales, 1961). Impone un vértigo especial: él ha escrito en los últimos tiempos tanto de sí mismo y de su obra, y con tanto ingenio, que cualquier comentarista se aproxima a su mundo con pudor y con una impresión de fracaso. Pepe Cerdá es algo más que un pintor. Pepe Cerdá es un pensador, un contador de historias, un burlador de teorías y soflamas estéticas, y es alguien que ha aprendido a reírse de sí mismo. En los materiales de su blog que ha recogido en el libro “Pintor, pinta y calla”, dice: “Vaya por delante una aclaración: el arte para mí es una cosa tan, tan seria como la muerte. Por esto, precisamente lo serias que son, me tomo a ambas desde el más íntimo y exacerbado cachondeo”. La muerte no nos interesa en este contexto porque Pepe, con respeto y miedo a ella o no, es un creador vitalista, expansivo, un amanuense clásico que ha encontrado en la pintura una forma de vida y en el paisaje las diversas suertes de lo sublime.        

Pepe Cerdá es un pintor que ha regresado al origen. Da la sensación de que la verdad más radical de su ser como artista estaba en la adolescencia ya, cuando pintaba caballitos o artilugios de feria, en aquella artesanía del color, del trazo, de la rotulación, del detalle.  Allí anidaba ya una certeza que ha vuelto a recobrar con los años: la pintura, a la manera clásica, traducida en términos de untuosidad y atmósfera, es un método eficaz para “la transmisión de emociones, experiencias y conceptos”. Y a ese artista nos enfrentamos en los últimos tiempos. Cada exposición suya es un fragmento de vida, el rescoldo íntimo que le ha dejado dentro y en la memoria de su cámara digital un paisaje concreto, una luz, una mole de montañas, una vista específica que puede ser una casa varada cerca de la autopista, un pueblo sondormido bajo la sábana de la luna, una gasolinera.
        

Pepe Cerdá suele decir que las tecnologías no nos han cambiado tanto. Que seguimos siendo un mono con traje y ordenador. Quizá no estaría mal añadir algo, o recomponer la frase un poco: el hombre moderno es un mono con traje, móvil, cámara digital y ordenador. Y Pepe Cerdá no renuncia a nada de ello: no busca un paraíso remoto, no hace un cántico romántico a tiempos idos, aunque se sabe (o se rebela) clásico y moderno: en sus cuadros hay muchos ecos del siglo XIX y de los primeros años del siglo XX, desde Pradilla a Moreno Carbonero, desde el Van Gogh de los asombrados nocturnos hasta Sorolla, Fortuny, Madrazo, Muñoz Degraín o Marín Bagüés,  incluso de instantes  de Fermín Aguayo, pero también se evidencia el gusto, o la coincidencia, con las atmósferas de David Hockney. Como Pepe Cerdá es un artista informado, quién sabe si ha hecho un homenaje al artista, un guiño o una de sus burlas o ironías habituales. En cualquier caso, sí se ha dado de bruces con una realidad que existe: Hockney, y otros artistas norteamericanos, han salido a la naturaleza y a los arrabales de las ciudades, y se han atrevido a mirar. Como ha hecho él. Como hace a diario.
        

Pepe Cerdá anda por aquí y por allá con una cámara fotográfica al hombro. O la lleva en la guantera del coche. Se fía mucho de ella para fijar ese instante de emoción radical que llevará trasladará, en su estudio de Villamayor, al lienzo. Su producción de los últimos tiempos es un elocuente diálogo entre fotografía y pintura, y una muestra de quién es quién, la confirmación de un modo de operar y de los límites. Pepe Cerdá es un artista que posee una gran facilidad: la pintura le fluye de las manos y del cerebro. La pintura le fluye con un cromatismo cada vez más amplio: hay cuadros que son sobrios, casi apagados, cuadros exentos de retórica visual, casi atrevidos en su desmayo de luz; hay cuadros que son de una exuberancia casi renacentista, concentran un auténtico surtidor de fuegos y gemas en su superficie, abrasan de claridad; hay cuadros que son espejos o heridas en un nocturno de luciérnagas. Así es Pepe: ambivalente como la naturaleza, cambiante como las estaciones, antidogmático como el capricho de los temporales. Un terco ladrón de luces.
        

Esta muestra que se presenta en el Centro Cultural de Castejón de Sos tiene algo de recuento, de retrospectiva breve, e incorpora piezas de este mismo año: óleos de una gran delicadeza, centrados en los Monegros, óleos caracterizados por el impacto de sus celajes, que adquieren un barniz dramático. Hay dos piezas de pequeño formato que prolongan su inclinación hacia los reflejos del agua en el campo: son “Charcos” y “Viveros Aznar”.  Podríamos decir, a modo de resumen, que están los poderosos paisajes abiertos de Pepe Cerdá, la huella de muchos viajes por carreteras del mundo, esos árboles que se vuelven compañía y cobijo en nuestro paseo ilusorio, esos árboles que son estandartes solitarios en medio del campo. Están esos lienzos que ofrecen visiones en lontananza, caminos que se extravían en una porosidad de nubes. A Pepe Cerdá también le hemos leído que una de las claves de su arte eran “la intención, el posicionamiento y el rumbo del artista”. Pues bien, la posición del artista ante la naturaleza es determinante, y es algo que va  más allá de términos como encuadre y composición. Y están varias piezas sobre el río Ebro a su paso por el Puente de  Piedra o el Puente de las Fuentes, una de sus riberas, o una estampa desdibujada, casi fantasmal, de un expresionismo sin estridencias.
        

Los nocturnos de Pepe Cerdá no parecen tener fantasmas. Poseen un misterio insondable, una hermosura cautivadora y sensitiva, una apacible alucinación. Cabría hablar de algo mágico: son pueblos donde está a punto de ocurrir algo sobrenatural, un milagro luminoso. O algo así. Son pueblos que parecen estar fuera del tiempo, en una región de espejismo y de delirio. Y de cuento de hadas. Estos pueblos son casi siempre un único pueblo: el Villamayor que ve y sueña e inventa Pepe Cerda. El pintor ha dicho que en Villamayor el tiempo pasa lentamente, que es allí donde se le siente en la carne. La muestra se completa con sus estupendas acuarelas comentadas, que integraron sus Paisajes del natural. Ahí se ve al viajero que camina, al aventurero insaciable que se detiene en Canfranc, en el camino de Santiago o en una cúspide, al contador de historias que encuentra en José Luis Ona a un cómplice, al camarada de tertulias y confidencias, y al naturalista que le descubre los secretos del bosque. Escribe: “José Luis Ona vive en Villamayor, como yo (...) Ha sido muy amable  conmigo”.
        

Querría cerrar como Pepe Cerdá: “Esto es lo que hay...”
 

11/08/2007 09:44 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

CUERPOS EN LA PLAYA 3 / MARTA GLINSKA

20070811103220-playa.marta-glinska.jpgLA DAMA INVISIBLE 

El suyo era un amor sin nombre. Se había perpetuado en el rocío de los mirtos, en los aleros de los edificios y en el cauce del río. Nadie la conocía pero adivinaban su llanto en la catedral a medianoche, presagiaban las amapolas de ceniza de sus ojos y su destino de peregrina invisible por callejas sombrías y por los patios donde el agua abastecía los rosales. Cuando las campanas se deshacían en llanto en Albarracín, la gente afirmaba que era ella quien plañía, o si la lluvia azotaba las murallas y crujía pesadamente en las rejas oxidadas, nadie dudaba de que era la dama en un arrebato de cólera. El cielo se estremecía de estrellas a su paso y los pregoneros, en el centro de la plaza, evocaban un pasado de caballos, de espadas y de linajes. Nadie se atrevió jamás a nombrarla y sólo un joven, un ciego de pedir por puertas, creyó verla en la ribera del río en una noche de luna, desnuda de asombro, con el cabello negrísimo y blanca.

[Este  texto está inspirado en Albarracín y figura en uno de mis libros favoritos, quizá por su carácter de libro menor: "Los seres imposibles" (Destino, 1998)]  
11/08/2007 10:32 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

CUERPOS EN LA PLAYA 4 / DAVE AHARONIAN

20070811110438-playas.-dave-aharonian1.jpg

[Ese amigo entrevisto baixo a chuvia de Santiago, unha das cidades que máis me gostan, unha das máis mitificadas por min, Gustavo Peaguda, envíame unha foto do Mediterráneo en calma e estes poemas.  Sigo coas miñas  teimas de verán (“Os corpos da praia”), e os poemas son seus, do poeta ourensán que soña e traballa  en Santiago. Aquí va un homenaje a don Rijoso, que  ha vuelto a visitar estas páginas.]  

DÚBIDA

¿ É 
a
soidade
un
xogo
perverso
do
tempo
das
tebras
desterradas? 

A INDIFERENCIA                  

“ Hai posibilidades para min, sen dúbida,
                     
pero baixo que pedra están agachadas?”
                                                   
Franz Kafka

Os meus versos imprevistos
son atropelados pola indiferencia
dos teus ollos acostumados
a poemas de mármore.

Santiago de Compostela 03/01/2007     
 

AGIOS NIKOLAOS 
Quen leva posta a máscara cada mañá no verán do liño?
O poeta  resucitado dos cálculos do tempo?
O home do selo vermello na fronte?
Ou ti porque ninguén te ve nas augas caladas de Agios Nikolaos?
E ninguén sabe
e pregunta por que.


Agios Nikolaos 13/07/2007  


AQUELA BUCINA
e aquela bucina túa onde resoará o Exeo
levámola para o reino de chuvia de palabras e bágoas
para lembrar que só hai que coñecer
a noite que só é noite.

Agios Nikolaos 13/07/2007 

11/08/2007 10:59 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

CUERPOS EN LA PLAYA 5 / TYRONE POWER

20070811111347-ojostyronepower3.jpg

AMMAN 

Amor, tú te quedaste con todos los lugares:
Con la ciudad perfecta de fuegos y jardines,
Con el viejo mercado y las torres de azúcar
Derritiéndose,  ardidas, bajo el calor de julio;
Te quedaste con todo,
Probablemente porque aquél era tu reino
Y yo tan  sólo un ave pasajera y furtiva.
Tú puedes repetir cada  día los pasos,
Mirarte en el paisaje que nos vio confundidos.
A mí sólo me quedan, delgados, los recuerdos:
Una ciudad de humo soñándose en la tarde. 

[Reproduzco otro poema de Josefa Parra, a quien no conozco de nada, de “La hora azul” (Visor). Los poemarios de amor son casi siempre mis favoritos: “Sombra del paraíso”, “Razón de amor”, “Un río, un amor”, “Ocnos”... Y también éste.]

11/08/2007 11:13 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

OLA DE PÁNICO EN ESTADOS UNIDOS*

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Ola de pánico global por la crisis
hipotecaria de Estados Unidos 

Nueva York.-  La ola de pánico por el imprevisible efecto que pueda tener la crisis hipotecaria, constructora e inmobiliaria de Estados Unidos sobre la economía nacional y global ya ha alcanzado los mercados financieros en todo el mundo.  La bolsas sufrieron importantes caídas en todo el globo. Los bonos del Tesoro, considerados en otro tiempo garantía de seguridad, se encontraban hoy bajo fuerte presión. Según expertos en coyuntura, la situación podría frenar el crecimiento económico de Estados Unidos y otros países exportadores como Alemania, Japón y otros asiáticos. También se verían afectados los beneficios que puedan apuntarse las compañías, reseñó Dpa. 

La inédita ola de compras de empresas de todo rango gracias a préstamos de inversores privados, la gran especulación de fondos de alto riesgo ("hedge fonds") y la política agresiva de recuperación de acciones por parte de grandes grupos estadounidenses con dinero prestado no podían continuar a este nivel por mucho tiempo, puesto que los créditos son cada vez más caros y los medios más escasos. Todos estos factores llevaban años provocando una presión al alza en el mercado bursátil mundial. 

La reacción de los bancos centrales de todo el mundo a la crisis fue ofrecer fuertes inyecciones de dinero para procurar mayor liquidez a bancos y mercados monetarios. El Banco Central Europeo (BCE), la Reserva Federal estadounidense (Fed) y las entidades centrales de Japón y Australia aportaron desde el jueves la ingente suma de más de 200.000 millones de euros (más de 273.000 millones de dólares) para apaciguar la agitación de mercados crediticios de todo el globo. 

Mientras que antes era relativamente sencillo detectar una entidad de crédito debilitada, apuntan los observadores financieros, ahora los mensajes sobre pérdidas con títulos asegurados en créditos hipotecarios estadounidenses salen a la luz lentamente y a cuentagotas, un fenómeno que ha logrado desestabilizar aún más los mercados financieros a nivel global. 

En los últimos diez años, el sistema financiero mundial ha cambiado profundamente: los productos derivados se desbordaron y los títulos se distribuyeron entre numerosos inversores de todo el mundo. Es frecuente que los inversores ni siquiera sepan que sus títulos de deuda, declarados de primera clase, están asegurados en bonos estadounidenses sin liquidez o ya invaluables, advierten los expertos.  Ni los bancos ni los bancos centrales parecen contar con una visión clara de qué institución crediticia, "hedge fund" u otro servicio financiero será el próximo en descubrir pérdidas en bonos de alto riesgo. Frecuentemente, la falta de demanda vuelve estos títulos imposibles de tasar y, mucho menos, de vender. Bancos y otros prestamistas se mantienen con créditos nuevos y préstamos diarios para reforzar su liquidez. Ya nadie confía en nadie, porque la rueda de rumores en Wall Street y en los mercados financieros internacionales se cobra nuevas víctimas cada día. 

En Estados Unidos hay cerca de 10.000 millones de dólares en créditos hipotecarios, de los cuales alrededor de un tercio tienen una calidad de solvencia mala o media. El mercado de la construcción y todas las ramas asociadas representan casi un cuarto de toda la economía de Estados Unidos. Los consumidores del país, cuyo gasto soporta casi dos terceras partes de la economía estadounidense, se van volviendo conscientemente retraídos. 

Esta situación se refleja no sólo en la brutal caída de los precios inmobiliarios y el peor colapso de la historia en el mercado de la construcción, sino también en las cifras de facturación del comercio minorista y los malos resultados de la industria automotriz. De este modo, 54 economistas consultados por el "Wall Street Journal" prevén para la segunda mitad de año un crecimiento de la economía estadounidense del 2,2 por ciento, frente al 3,4 por ciento registrado en el segundo trimestre. 

*El diario Eluniversal.com publica esta noticia. ¿Qué está pasando en el mundo? Pepe Cerdá me llama y me dice si estamos en una resurrección del “crack de 1929”. La foto es del gran Bruce Davidson.

 
11/08/2007 13:34 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

FERNANDO SARRIÁ: UN POEMA DE VERANO

20070811194912-playas.-en-mi-mente.-foto-rusa.jpgEn el intervalo del claroscuro de la tarde
tu cuerpo se hace estatua de luz y de sombra.
Apoyada en la ventana,
cae por tu espalda una cascada de ámbar.
Mientras yo admiro tu desnudo
y tus ojos se pasean por la deshabitada avenida,
me pregunto hasta cuándo tendremos estos instantes
bendecidos por la fortuna.
Un desgranado verano nos sostiene en la ciudad solitaria,
sus noches de azul cobalto son eternas
y en su duna dorada crecen las mañanas
al ritmo impagable de las caricias.
Apenas se nos pasan las horas y los días,
todo es un tobogán donde respiro tu aliento,
beso tu piel, sueño tus sueños, hacemos el amor
y me hundo en tus risas como un gato en el regazo.
Es lo más parecido al cielo que conozco.    
11/08/2007 19:49 Autor: Antón Castro. Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

VILLA CONOCE A VILLA O LA NOCHE DE MONTJUIC

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RETROSPECTIVA

[Este reportaje apareció el mismo día que el Real Zaragoza se batía, un 17 de marzo de 2004, con el Real Madrid en Montjuic por  el título de la Copa del Rey. Ganó el Real Zaragoza por 3-2, con aquel latigazo final de Galletti, que batió a César. Encuentro este texto en  mi fondo de armario y lo pego aquí. Siempre soñé con escribir un libro sobre el Real Zargoza, y aquí anda, desparramado. La fotografía es  del Zaragoza d Los Magníficos.]  

 Juan Manuel Villa, sevillano accidental y madrileño como su familia, creía hacia 1962 que estaba acabado para el fútbol. Pertenecía al Real Madrid de los primeros galácticos –Di Stefano, Kopa, Gento, etc.- y tenía rivales en su demarcación de interior tan famosos como Del Sol, Rial o Puskas. “Era un equipo espectacular, el que mejor ha jugado al fútbol de todos los tiempos, junto al “dream team” de Cruyff a nuestro equipo de ‘Los Magníficos’. Era un fútbol vistoso y genial, variado y brillante”. En 1962, tras haber estado cedido en la Real Sociedad, decidió venir a Zaragoza, porque ya había visto jugar a Marcelino, Lapetra y Reija. Y aquí empezó todo: esa leyenda de la que ha oído hablar vagamente David Villa, el otro Villa. “No conozco a Juan Manuel Villa –dice- pero he oído hablar de él. Sé que era muy bueno. Estoy muy orgulloso de pertenecer este equipo: durante muchos años fue uno de los cinco mejores del fútbol español, un histórico y un grande”.

Juan Manuel Villa compara al Madrid de su época y al actual. “Jugaba mejor el de Di Stefano y compañía. El de ahora es un equipo de destellos, también porque el fútbol es más difícil por la fuerza con que se juega, porque la preparación física se ha impuesto sobre la imaginación, la clase o el arte. En mi época, para los grandes jugadores era más fácil jugar y hacer una especie de ballet. Pienso que si quienes hicieron el reglamento del fútbol supiesen que se podía correr tanto y durante tanto tiempo, habrían hecho campos de 200 x 80 metros. Ahora los futbolistas corren y aguantan tanto que no hay sitio para correr. A mí el fútbol me parece el deporte más bonito y apasionante, pero ahora no voy al estadio, lo veo desde casa. Se corre más y se juega menos”.

Retoma su reflexión sobre el rival del Real Zaragoza en Montjuïc: “El Madrid de ahora se mueve a golpes de genialidad de Figo, Ronaldo o Zidane, pero ver esa cosa fluida, armoniosa de principio a fin es muy difícil”, explica. ¿Cómo se puede ganar a un equipo así?, queremos saber. El diez de “Los Magníficos” dice: “A base de fuerza, preparación física y de aburrimiento. Hay que amargarles y aburrirles la vida”. El “Guaje” Villa observa: “Tenemos un precedente en el partido de Liga de la primera vuelta, que empatamos y nos les dimos respiro. Necesitaremos dar lo mejor de nosotros, hacer las cosas bien. Ganarles no sería ningún milagro. El partido espero que sea bonito. Se va a jugar de poder a poder, será abierto y con muchas ocasiones”. Y en buena parte dependerá de la inspiración del asturiano. Su predecesor lo valora: “Tiene muy buenas cualidades: es rápido, tiene buena visión, chuta, se desmarca y sabe jugar armónicamente con sus compañeros, pero aún es pronto para evaluarlo: necesitamos un pequeño compás de espera, pero apunta alto”, dice el interior, tres veces internacional. ¿Jugaban igual? Ambos pisan el área, pero de modo diferente y con distinta intensidad. El actual Villa se define “como un delantero centro nato, que disfruta con el gol y lo busca”. Y al integrante de “Los Magníficos” le gustaba recoger el balón en el principio del centro del campo, de las botas de País o Violeta, e iniciar allí la trama y el vértigo del ataque, apoyado en Carlos Lapetra, en Marcelino, en la brega con calidad de Santos o en Canario. Practicaban un juego trenzado, de desmarque, que nacía en el cerebro y en el hilván de la bota de Carlos Lapetra. Villa –“que era rápido, técnico, y que regateaba y chutaba con ambas piernas”- no le hacía ascos al área ni al gol. En sus nueve campañas en La Romareda marcó 70 tantos, 43 de ellos en la Liga. Curiosamente, fue determinante en las cuatro finales que jugaron los blanquillos: vencieron en dos, en 1964 y 1966, y perdieron en 1963 y 1965. Villa marcó tres goles en cuatro partidos.

         El conjunto de “Los Magníficos” llegó a la final por vez primera en 1963. “Todo fue muy desgraciado. Jugamos en el campo del contrario, porque Franco viajó por esos días a Barcelona; nuestro entrenador César acababa de firmar un contrato con el club catalán y no organizó nada, descuidó sobre todo los marcajes. Se portó fatal; incluso hizo algunos cambios bastante raros. Y por si fuera poco, nos concentramos en un ruidoso hotel del Tibidabo, donde no se podía dormir. Perdimos por 3-1. Marqué el gol del honor, junto al palo izquierdo, pero salimos cabreadísimos, escaldados, con un disgusto impresionante”.

Juan Manuel Villa quiere recordar a dos entrenadores de entonces: Fernando Daucik, que era un gran psicólogo, les decía: “chicos, salís jugar y hacer que queréis”. Dice Villa que entendía a la perfección “nuestro estilo, un estilo que era rápido, malabarista, de regate y de pases al primer toque. Armaba la defensa y nos daba libertad total. Jugábamos como nos daba la gana. ¿Sabe cómo entrenábamos? A dos toques: parar y tocar, de lo contrario era falta”.  Y el otro entrenador inolvidable, en aquellos dos meses de felicidad de 1964, cuando se consiguió la Copa de Feria y la Copa del Generalísimo, fue Luis Belló: “Es una de las mejores personas que he conocido en mi vida. Tenía y tiene una visión estupenda del fútbol, que coincidía con la nuestra, pero tras los éxitos –a los que debe sumarse el triunfo de la Eurocopa con el estupendo gol de Marcelino- se fue incomprensiblemente y vino Roque Olsen, con el que nos llevamos muy mal”. En 1964, el Zaragoza venció al Atlético de Madrid por dos a uno en el Bernabéu, con goles de Lapetra y uno de Villa, que se anticipó a Glaría e impactó espléndidamente. Un aficionado le dijo: “Villita, debes volver a casa”. Y los aficionados aguardaban al equipo ya en Arcos de Jalón. Al año siguiente, el Atl&eac