Antón Castro |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2008.
Acabo de ver una película, mitad documental, mitad ficción, “Esperando a Maitena”, donde se narra la historia de un puñado cinéfilas oscenses que intentan sacar adelante la VIII Muestra de Cine realizado por Mujeres. Los diez minutos de esta obra, realizada por Yolanda Liesa y Maxi Campo, explican cómo se gestiona este empeño y lo que conlleva, y sobre todo cuenta el afán de las organizadoras –Pilar, Mercedes, Nieves…- para que acuda a Huesca la realizadora Maitena Muruzábal, que acaba de dirigir un documental sobre una fábrica de embalaje de cadenas para la nieve, “Nevando voy”. “Esperando a Maitena” cuenta muchas cosas: las reuniones del grupo, el trabajo de traducción y titulado de las películas, la necesidad de las subvenciones, la colaboración con la Fundación Anselmo Pie, la incertidumbre, la consumación de los sueños. etc. No querría cerrar esta página de cine sin recordar a Rafael Azcona, que estuvo en el verano de 2006 en el Festival de Cine de Huesca en un inolvidable homenaje a Julio Alejandro Castro Cardús. En realidad, Rafael dejó de ser un hombre secreto, casi huraño o misántropo, cuando acudió al Moncayo al depósito de las cenizas del guionista oscense. Julio le había dicho alguna vez que allí oía el rumor del mar y percibía su fragancia salobre. *Este texto, con leves modificaciones, apareció el pasado viernes en Heraldo de Huesca. Retrato de Simone de Beauvoir, desnuda y de espaldas, realizado por Art Shay, amigo de Nelson Algren (en amor norteamericano de Simone), en Chicago en 1948. No necesitaba presentación. Todos sabían en el Casino que aquel hombre con bigote y gafas cuadradas era pintor y dibujante. E incluso grabador, si tuviesen claro qué significaba ese oficio. Solían verlo de tarde en tarde ante las ruinas de la Azucarera o frente a la explanada del palacio. Sólo tomaba un detalle, un ángulo insólito al que acabaría por cubrir de musgo y de monstruos diminutos semejantes a tritones y a sargantanas decrépitos. A veces, después de haber copiado una arquitectura denegrida por la sombra, se retiraba a su estudio y allí completaba el lienzo: colocaba un dallador, un cardenal ampuloso, una mujer misteriosa que llevaba un felino minúsculo en la cabeza o unas finas y sorprendentes medias de color negro que anticipaban la tentación. *Uno de los cuadros más famosos de Theodore Gericault: El derby de Epsom. Este texto pertenece al ciclo "Caballos en la noche", editado en un libro de bibliofilia, con dibujos de Natalio Bayo, que se incorporó luego a Los seres imposibles (Destino, 1998). ¡FELIZ DÍA INTERNACIONAL DEL LIBRO INFANTIL! Algunos jatakas son fábulas de animales inteligentes o de hombres sabios. Otros cuentan cosas acerca de héroes que vivieron en reinos mágicos. Y otros son poesías antiguas o leyendas sagradas de brahmanes y ermitaños. Los jatakas son historias maravillosas. *Una ilustración de Ana Lóbez (Zaragoza, 1977), una de las creadoras más originales del momento. No es fácil hallar un pintor aragonés contemporáneo que haya recibido tantos elogios como José Luis González Bernal (Zaragoza, 30.03.1908-París, 18.11.1939). Fue amigo del poeta y dramaturgo Jules Supervielle, para el que diseñó la escenografía de su obra teatral “Bolívar”. Suscitó el inmenso cariño de Henri Michaux, que lo invitaba a su casa a oír los discos que había traído de Asia y diría de él, tras su muerte: “Ya ha existido el siglo de Velázquez, el siglo XX será el de Bernal”. Frecuentó a la diseñadora Coco Chanel, al poeta rumano Claude Sernet, al círculo parisino de grandes artistas surrealistas. Debilitado por la enfermedad, contó con un gran amigo como el doctor Julián Vizcaíno (Orense, 1899-Zaragoza, 1983), que lo cuidaría una y otra vez de sus continuas hemoptisis (vómitos de sangre debidos a una caverna pulmonar) y que le ayudaría a montar la exposición del Pilar de 1930 en el Rincón de Goya. Aquel doctor no solo le tomó las fotos, sino que, a través de su hija Annette, acabaría legando más de 300 obras a las Cortes de Aragón, institución que le organizó una gran exposición, con un espléndido catálogo, en el Instituto Cervantes de París: “González Bernal (1908-1939). Un solitario de la vanguardia española”. *Este artículo apareció el lunes en Heraldo de Aragón. En estupendo y voluminoso catálogo escriben Juan Manuel Bonet, José-Carlos Mainer, Lucía García de Carpi, Jaume Vidal, Manuel García Guatas y Manuel Pérez-Lizano y Alfredo Romero, que evocan la amistad con Julián Vizcaíno y fijan su biografía. Esta obra "¿Cabeza de bestia?" (1930) pertenece al legado del pintor cedido a las Cortes de Aragón por Ana Vizcaíno. Lina Vila es una de las artistas más personales de este momento en Aragón. Es una creadora que emplea un lirismo desapacible, una belleza con fisuras y cicatrices: indaga en sí misma, en el color, en la mancha, en el blanco y el rojo, en la tierra, en los sueños. Esta tarde, Lina Vila inauguraba una exposición, “Mis animales conmigo”, en la galería de Mario Campos, en la calle de la Luz. No he podido acudir, el otro día destrocé bastante el coche en el garaje al golpearme con una columna, pero iré pronto a ver la obra. Lina Vila atraviesa un momento maravilloso y exultante: en el arte, en las clases que da en la Casa de la Mujer y en Ibercaja, en su vida más personal, en su proyección creadora. También participa en el volumen colectivo “Cuentos a patadas. Historias del Real Zaragoza”, que se presentará en breve. A esta muestra, muy suya, con esa inquietud tan peculiar, se le sumarán de inmediato otras en Madrid. EL MÓVIL Y LA BODA “No existe ningún abonado con este número”, oyó por primera vez. A Pedro Etura le habían encargado un reportaje de verano en Delicias: se trataba de captar la nueva vitalidad del barrio, el clima de agitación, el colorido, la impresión de que la Zaragoza del extrarradio se había convertido en las afueras de París o en un zoco de Marrakech. El asunto podía ser bonito, sin duda; exigía paciencia, instinto, y una idéntica porción de ocultamiento y descaro. El fotógrafo debe ver sin ser visto, era su lema, aunque él no era partidario de las fotos robadas. Vio una tienda china con la dependienta entre jarrones y un periódico inmenso escrito en chino mandarín sobre el mostrador, y disparó. Buscó otro ángulo, y volvió a disparar, dos, tres veces, sin mucha convicción. Marcó, otra vez, en el móvil, como si tuviera la cabeza en otro lugar y en otros rostros. Pasó a su lado una mujer africana, embutida en uno de esos vestidos verdes y amarillos, que llaman la atención, que atraen la mirada de los más despistados. No se dio cuenta de que los ociosos hombres de la terraza alzaban la cabeza a la vez para mirarla: el movimiento de danzón o ritual lejano de sus caderas, el porte seguro, aquella elegancia que olía a selva y jengibre, la exuberancia del cuerpo que se bamboleaba con la preciosista geometría del traje. Su compañero del periódico le advirtió un poco tarde. Una voz insistió: “No existe ningún abonado con este número”. Se fijó en una cesta de verduras de un colmado latino, y la misma voz repitió: “No existe ningún abonado…” En ese momento, Pedro Etura dijo, como si hablara consigo mismo, pero también con su compañero y con la misma Marta: “Ya lo siento, nena. Sólo era para decirte que me habría casado contigo tal como querías”. *Autorretrato de Edward Weston. [Hace algún tiempo le hice una entrevista a Lina Vila (Zaragoza, 1970); coincidiendo con su exposición en la galería Mario Campos, la rescato y la cuelgo aquí por si alguien desea conocer un poco mejor a esta mujer laboriosa, audaz e inspirada.] ¿Recuerda desde cuándo le atrae el arte? Creo que en aquellos años en Barcelona estudió con Alicia Vela y vivió con la joven artista María Buil, que le precedió en la Casa de Velázquez. -Con Alicia Vela hice grabado. En cuestión de concepto me enseñó mucho. Me insistía mucho en la idea de obra única o múltiple, en la pérdida del aura. Me decía que más que la formación técnica incluso, era imprescindible la formulación conceptual, la idea. Y eso me influyó mucho. ¿María Buil? Vivimos un tiempo juntas cuando hacíamos un curso de postgrado: “El dibujo como instrumento científico”. Es una gran pintora. Nos seleccionaron para una muestra. -¿Cuándo volvió a Zaragoza y cómo se planteó la carrera? -Regresé en 1995. Monté el estudio poco a poco, pintaba todo lo que podía y daba algunas clases para sobrevivir. -Quizá la exposición que la dio a conocer fue la de Casa de Morlanes hace un par de años casi. Se titulaba “La vida y sus sombras”, y anunciaba un mundo desapacible, inquietante... ¿Por qué, de dónde procede todo eso? -Viene del miedo a la muerte, al paso del tiempo... -¿No me diga que le perturban esas cosas a su edad? -Sí. Y me explico: crecí con mi abuela materna, Juana, la vi envejecer, la vi morir. Fue una persona muy especial para mí. Creo que todas estas obsesiones vienen de ahí. Era ciega. La dibujaba constantemente, cientos de veces incluso. Era mi modelo más constante. Y la conciencia de la finitud me ha llevado a reflexionar sobre el paso del tiempo, la vejez, las herencias inmateriales, los lazos de la memoria. -¿Explicaría todo eso otra constante de su obra: la fragilidad? -Tal vez. Percibo la incertidumbre de estar aquí, lo vulnerables que somos, me duelen las guerras. Hay demasiadas cosas que no puedo entender... -Ese desamparo es doliente, metafísico. ¿Por qué ha elegido el cuerpo como forma constante de expresión y de investigación? -Viene de una evolución. El cuerpo es el contenido: es la sombra y es el interior, y a mí me interesan cosas como el cuerpo desechable y renovable, la idea de lo sano y lo insano, la utopía de permanecer. No quiero ser una artista ensimismada, no quiero mirarme el ombligo, aunque reconozco que no soy expansiva y que miro mucho hacia adentro... -A veces, da la sensación de que está usted próxima a Frida Kahlo, a Cindy Sherman, a Marina Abramovic... -Quizá haya alguna semejanza, con Frida Kahlo especialmente (le interesaban el cuerpo, el dolor, los órganos interiores y sus sombras), pero yo intento buscar mi camino: si salen muchas mujeres en mis obras es porque es lo que conozco, pero no es un discurso feminista. El cuerpo también es un laboratorio de miedos: yo no tengo conciencia católica, no creo que después de la muerte venga el paraíso, entonces ese tránsito me parece doloroso y punto. Caemos todos muy pronto en el olvido. Hay una artista que no ha nombrado y que me gusta muchísimo: Louise Bourgeois [Premio Aragón-Goya, 2008]. -¿A qué se debe que titule muchas de sus obras “Vanitas”? -Quizá porque es una palabra que define nuestro estado mental. Tenemos la vanidad de pensar que vamos a estar aquí siempre cuando somos de condición efímera, y yo lo expreso mediante la presencia de la calavera barroca, el reloj de arena... -Sorprende en usted el empleo de tantas técnicas o disciplinas: dibujo, fotografía, instalación, pintura... -Sobre todo me siento dibujante. A veces, lo que no puedes expresar con el dibujo, lo haces con la pintura. Con frecuencia se queda corta la dimensionalidad, y optas por ensancharla, aunque la obra sólo se acaba cuando la ve el espectador. En cualquier caso, creo que aquí no tenemos una formación técnica importante. Al menos yo. -¿Cómo valora su estancia en la Casa de Velázquez? -Me ha venido muy bien. La dedicación al arte es completa. No tienes que hacer encargos, que también ayudan a vivir: trabajas, experimentas, desarrollas una gran libertad y estás en un ambiente ideal, casi monacal, con artistas, con buenos talleres y bibliotecas, en Madrid. Es como si eso, comparado con esta ciudad ideal para vivir que es Zaragoza pero deficitaria en términos artísticos, te ahorrase pasos. En Aragón debemos potenciar la educación artística, crear talleres en los museos y ayudar a que la gente abra sus mentes. -¿Y qué ha significado el premio Isabel de Portugal de pintura? -Me está ayudando mucho: es un estímulo para continuar y vencer algunas zozobras. *Esta foto de Lina con sombrero pertenece al dominio Zaragozame, del gran Mariano Gistaín, enamorado de la bella y simpática María Clau, y de sus socios. LOS ANTONIOS (Para Antonio Cuenca Cobacho) Antonio, tocayo, amigo, hermano: Hace tanto tiempo que los dos somos los Antonios, Copio aquí este poema del escritor y buen amigo, con campo base y campo de sueños en Sabiñánigo, dedicado a su amigo Antonio. Pérez Morte me advierto, y me da una gran alegría, que Antonio "es uno de mis mejores amigos y, además, padrino de mi hijo pequeño (Juan), que ahora tiene seis años". Si he alarmado a alguien, mil disculpas. Antonio Pérez Morte y Antonio Pérez Cobacho están espléndidamente. Me ratifico en la foto, con fondo de Kandinski. *Sharon Stone vista por Gian Paolo Tomasi. EL JOVEN DE LA CAMISA A RAYAS Bajo el sol de Corinto moría aquella tarde *Este poema pertenece al libro "La arquitectura de los huesos" que hoy acaba de subir a su blog, Luisa Miñana. La foto es de María Deeva. [Conocí a Luisa Miñana con motivo de la publicación de su novela Pan de Oro (Mira), un libro que mezclaba la pasión por el arte, los secretos de la Restauración y la vida oculta de los talleres de los artistas en Zaragoza. Luego la he seguido a través de su blog: le apasiona la literatura, la poesía, la amistad, el arte. La Vida. Su blog es como su obra en marcha: se ramifica, se despliega, y todo lo abarca. Como un abrazo gigantesco del cierzo o de un río. Igual ocurre con ese libro híbrido que hoy nos presenta: en él está Luisa Miñana siempre al acecho, la mujer que paladea la obra ajena, la mujer que oye, la mujer que rinde homenajes a sus amigos, la mujer que construye poco a poco su órbita, su sensibilidad, sus delirios. En este libro, Luisa Miñana lo mismo medita que construye un cuento, lo mismo pasea que hace un sombrero a su imaginación, compone poemas, mira y glosa fotografías, establece un hilo de complicidad con su amigo Miguel Ángel Latorre o con su amado Fernando Sarría. Andamos y salimos de este libro, La arquitectura de tus huesos, que es un friso de ángeles y de devaneos, un jardín con flores y aromas, salimos y andamos del libro que, a veces, tiene algo de novela, de compendio de quimeras, de vergel en libertad, más allá de cualquier límite, mucho más allá de cualquier género. Luisa me manda un par de textos, y aquí está el primero de ellos. Hoy, sabedlo, es el cumpleaños de Luisa. Aún no he visto el poema que le he dedicado su marido Fernando Sarría.] Dos intérpretes del grupo Enigma, Fernando Gómez y Javier Belda, tocan dos piezas de Benjamin Britten y Tom Bruynel esta medianoche en Borradores, y el director de la Orquesta de Cámara del Auditorio de Zaragoza, Juan José Olives, explica la trayectoria del colectivo, sus hitos más importantes y sus programas de conciertos para 2008. El programa recibe en el plató al artista, poeta y músico Luigi Maraez, vinculado con el Moncayo y empeñado en construir un gran monumento en homenaje a Gustavo Adolfo Bécquer, al que le ha rendido homenaje con un disco y con una colección de esculturas que exhibe en el programa. Y Pilar Mareigne y Mercedes Navarro hablan de las VIII Jornadas de Cine de Mujeres de Huesca, donde se rinde homenaje a Simone de Beauvoir y a la pintora Clotilde Vautier. Borradores emite el documental “Esperando a Maitena”, de Yolanda Liesa y Maxi Campo, donde se narra la historia de un grupo de mujeres oscenses empeñadas en organizar estas sesiones de cine. Además, Borradores ofrece un amplio reportaje de la exposición “La memoria de Goya (1808-1978)”, que puede verse en el Museo de Zaragoza, visita la Biblioteca de Garrapinillos, que dirige Teresa Aznar, y rinde un homenaje a Rafael Azcona: repite la entrevista que se le hizo para el programa en junio de 2006 con motivo de su presencia en el Festival de Cine de Huesca y de la presentación de su novela “Los europeos”, en la que habla del Tubo y de sus amistades zaragozanas, entre ellos, el escritor Carlos Clarimón. *Borradores se emite a las 0.05 de la noche. Hoy el programa nos ha quedado un poco más largo, dura algo más de una hora. Se me ha olvidado colgarlo antes. En la foto, Isabel y Mariana Otero, hijas de Clotilde Vautier. Isabel encarnaba a la profesora de "La buena vida" de David Trueba, y Mariana Otero es la directora de un documental sobre su madre: "Historia de un secreto", donde se narra la muerte de la pintora como consecuencia de un aborto clandestino. Si os quedáis, no os perdáis la película-documental de 10 minutos de Maxi Campo y Yolanda Liesa, una excelente realizadora y una mujer extraordinaria, simpática y sigilosa, inteligente y dulce, que es además la ayudante de realización de Borradores. Maxi también trabaja en Aragón Televisión. [La fotógrafa madrileña Marta Soul expone en la galería Spectrum Sotos, desde hoy hasta el 7 de mayo. Julio Álvarez remite esta nota sobre la muestra y sobre la joven fotógrafa. Copio este material, a modo de noticia, invitación y sugerencia para apasionados a las fotos.] MARTA SOUL: TEXTO PROMOCIONAL DE SPECTRUM Marta Soul nace en Madrid 1973, donde vive y trabaja. Estudia Fotografía y Publicidad que complementa con los de Diseño Gráfico y Multimedia. Trabajó en el Departamento de Fotografía de la Facultad de Bellas Artes de Madrid. Desde el año 2001, comienza a desarrollar sus trabajos más personales, ahondando en la interacción entre la imagen y la realidad, en el sentido de la mutua influencia entre ambas: Sexus (2001) y Estética doméstica (2003). El lugar que ocupa la mujer en esta disyuntiva, dentro de la sociedad de consumo, es sin duda uno de los temas presentes en su obra a partir de este momento, primero con su trabajo Chance of love (2005) y actualmente Wellhome (2006), centrándose en el retrato de las mujeres inmigrantes. Ha publicado en diversas revistas especializadas y obtenido varios premios y menciones, al tiempo que su trabajo se expone regularmente en museos y galerías de arte. Desde el año 2005 es socia fundadora de la Agencia Nophoto. *Una de las fotos presentes en la muestra. [Dos amigos distintos me han hecho llegar esta nota. Supongo que será una advertencia con fundamento. Si es así, la llevo al escritorio y la dejo aquí a modo de sugerencia. Un abrazo. Como soy muy torpe con estas cosas de los virus, y por lo tanto demasiado imprudente, la cuelgo.] HOLA; *La foto es de Thomas Mann y de su familia en la playa. Como otras mías, no tiene nada que ver con el contenido, pero me ha encantado. Me llegó ayer uno de esos extraordinarios libros que publica Sergio Gaspar, en su sello DVD. Estuve el pasado fin de semana en Albarracín y leí algunos de los poemas del príncipe y poeta Ibn Razin, al que él (a él, a su ámbito, a la magia de Albarracín) le dedicó un delicadísimo poemario. Se trata de Poemas a la noche y otra poesía póstuma y dispersa de Rainer María Rilke, en edición bilingüe de Juan Andrés García Román. Hoy voy a estar casi todo el día fuera de casa. Y no quería irme sin dejar aquí algunos versos: [MUNDO HABÍA EN EL ROSTRO DE LA AMADA] Mundo había en el rostro de la amada, Ragaz, julio de 1924 *Cuelgo aquí esta foto de Nastassja Kinski de Richard Avedon y se la dedicó al fotógrafo Guillermo Mestre que, casi todos los días, se asoma a este blog. [Antonio López García decía ayer en El País una de esas frases que tanto le gustan a Pepe Cerdá, que ha aprendido a colgar vídeos en su extraordinario blog y que está fascinado con la galerista Pilar Ginés. “Estoy hasta las narices de Picasso”, decía López. Pepe Cerdá realizará una gran exposición en el Pilar de 2009 en la Lonja. Hace unos días escribí un texto sobre Antonio López para una exposición colectiva en Italia. Las fotos de esta escultura, que representa a su nieta, son del estupendo fotógrafo Bernardo Pérez.] Antonio López García (Tomelloso, 1936) es uno de los pintores españoles más personales. Su obra no se ajusta bien a ninguna etiqueta: él mismo ha rechazado las teorías que lo vinculan al realismo mágico en los 50 y 60, y también desmiente que sea un pintor que practica el realismo paisajista de orientación académica o que sea un pintor hiperrealista, aunque su obra se presente con minuciosos detalles, con incomparable exactitud, que hacen pensar en la precisión fotográfica. La clave de su pintura, y también de su escultura, es la mirada: Antonio López es un pintor parsimonioso cuyo método personal ratifica las posibilidades que la contemplación de la realidad objetiva ofrece a los artistas. Busca la profundidad, la esencia de la realidad, y en esa búsqueda se encuentra con el misterio. Es un pintor paciente, lentísimo o de plasmación lenta, meditativo, que destila cuanto ve y analiza cómo incide la luz sobre los objetos, analiza la esfera de la intimidad, el paso del tiempo. Considera que la vida, con sus elementos más próximos y cotidianos, es un hecho enigmático en sí mismo. Suele decir: “El arte, como el baile o el tango, es algo natural y hermoso. El arte expresa sentimientos profundos, y en eso radica su verdad”. Antonio López se formó en la Escuela Madrileña, junto a artistas figurativos como Enrique Gran, Amelia Avia y Lucio Muñoz, entre otros. En 1955, gracias a una beca, visitó Italia. Adoraba a los pintores del Renacimiento, a los que sólo había visto en reproducciones; al contemplar sus cuadros de cerca experimentó una gran decepción, y volvió sus ojos y su sensibilidad hacia la pintura española. Se hizo asiduo del Museo del Prado, y se quedó fascinado con Velázquez. También le interesó mucho la obra de Vermeer y los lienzos holandeses de temática urbana. Bajo ese influjo, y sin duda el de Salvador Dalí, ha desarrollado su obra: ha pintado interiores domésticos, escenas de su propio álbum de familia y una visión cálida e intemporal de las ciudades, una visión que trasciende la realidad y le encuentra nueva dimensiones: hondura, intensidad, sentimientos, espiritualidad y acaso una vaga sensación de espejismo. Antonio López crea en un clima absoluto de recogimiento, casi como un místico, como se veía en la película El sol del membrillo (1992) de Víctor Erice. Eso es algo que le distingue de los demás artistas figurativos españoles: asume la tradición descarnada del arte español, pero carece de prisa, anhela la máxima depuración, el rigor y la poesía, la belleza última, quizá porque piense que una obra no se acaba nunca, “sino que se llega al límite de sus posibilidades”. Antonio López es un pintor que experimenta el placer de pintar con una paciencia absoluta. Dijo en una ocasión: “Es necesario y bueno trabajar en la penumbra”. El cuadro Gran Vía es una de sus obras maestras de una de sus series más conocidas y valoradas. Su ejecución se prolongó desde 1974 hasta 1981. Lo pintó del natural, como hace siempre, y revela otra constante del artista, su poética de observador: esta avenida desolada y sin nadie está impregnada de soledad, de angustia, de melancolía, como casi toda la producción de Antonio López García, que insiste una y otra vez en que “el milagro de la pintura nace de la libertad”. Mi hijo Daniel Gascón, que trabaja ahora de guionista en el programa “Esta mañana” de Pepa Bueno, en TVE, cumple hoy 27 años y apura, lentamente, su próximo libro. Pronto saldrá su traducción de una monumental biografía de Chejov en el sello Plot. Dos palabras de un domingo de lluvia Era domingo de siesta y lluvia. El sacerdote Joaquín Zamora evocó la figura de Miguel de Unamuno: recordó que cada día, durante sus paseos, se asomaba a un pozo artesiano y pronunciaba la palabra “Eternidad”. El eco le devolvía, desde el fondo, la palabra multiplicada como si fuera un poema de Juan Ramón Jiménez. Esa cita me pareció el momento más feliz del elogio fúnebre de Pepe Escriche: más bello aún que el sonido del himno de San Lorenzo con gaita, tan intenso como el cariño unánime y perlado de lágrimas que había despertado aquel hombre vitalista, más discreto que bravucón, que se había afanado en colocar, con otros, a Huesca en el mapa de todos los vientos de la cultura. Era domingo de lluvia y de crepúsculo prematuro. En el café contiguo al Casino había una atmósfera densa de abatimiento, de pérdida inconsolable: Ángel Garcés te apretaba la mano mientras la ansiedad y la desesperación pugnaban por igual dentro de sí. Él, casi tanto como Huesca, casi tanto como el cine, es el gran huérfano de Pepe y de esa obra maestra suya, difícilmente superable, que es el Festival de Cine. Era domingo de doliente melancolía y de lluvia. Antes de regresar a casa, llamé a Fernando García Mongay, que había cosechado un nuevo éxito en el Congreso de Periodismo Digital. Me dijo que a las siete abrirían en el Matadero la muestra “En serio” de Samantha Appleton, una mujer extraordinaria y bella que fue ayudante de James Natchwey y que trabaja para “The New Yorker” y “Time Magazine”. Sostiene: “Al igual que la historia, el buen periodismo no surge de la nada. Está arraigado en su tiempo y su lugar, pero no es ajeno al contexto”. Aún no eran las siete; de repente, vi que había otra de las salas del Matadero abierta y pensé que debía tratarse de la exposición de la pintora Clotilde Vautier (1939-1968), una artista que murió a los 28 años a consecuencia de un aborto clandestino. El tema fundamental es el universo íntimo de las mujeres. Clotilde pinta sus cuerpos desnudos, sus rostros, crea una atmósfera de recogimiento y desinhibición. Son mujeres que sueñan, mujeres que se bañan, mujeres que se ovillan entre sus piernas y sus propios senos, mujeres que fuman, mujeres que descansan sin pudor alguno. La pintora dejó alrededor de 90 lienzos y 150 dibujos, y se cuelga una selección importante: se ve que hay una pintora, cercana en ocasiones a Modigliani, cercana al Matisse más sobrio, muy francesa y expresionista, que usa las variaciones tonales del ocre. En los cinco años anteriores a su muerte, Clotilde pasó por periodos de escasez y de angustia, pero de una gran fertilidad creativa. Sus amigas posaban para ella, sabían que una mujer talentosa y honda las veía y les arrebataba, brochazo a brochazo, las comisuras del alma. Dieron las siete, y abrieron la sala de Samantha Appleton. “En serio” es una muestra que plantea varias cosas importantes: de entrada, la importancia real y simbólica de la bandera de Estados Unidos, que está en todas partes y que a todos representa; pero además, Samantha reflexiona visualmente sobre las elecciones primarias en el país y sobre otro hecho: en la política norteamericana, en los mítines de Hillary, McCain y Obama (el más carismático: hay algo en é que recuerda a Kennedy) “el poder del pueblo se puede palpar”. La muestra también es una evidencia de la infausta política exterior de Bush y revela un hecho insólito entre nosotros: Obama o Hillary van a buscar sus votos a pie de calle, a lugares como Almúdevar, Boltaña o Alquézar. En la muestra, me quedé con una foto de un ciudadano que oye a Obama y lleva una pegatina con la palabra “Hope”. Esperanza. La palabra preferida de Rafael Azcona. Salí a la calle, y me dije: Eternidad y esperanza. Dos palabras para Pepe Escriche en aquel domingo de dolor y lluvia. [Mi libro Golpes de mar (Destino, 2006) está lleno de faros en casi todos sus cuentos. Faros reales, faros soñados, faros que a veces tienen un farero como el viejo Buxán, que encarna la memoria mítica del mar. El poeta Fernando Sarría -que publicará en breve su primer poemario en Eclipsados, el sello del incansable Ignacio Escuí |