Antón Castro |
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Escritores. Buscaba fotos del historiador, novelista y narrador en breve Wallace Stegner (1909-1993), al que Libros del Asteroide, ese proyecto estupendo de Luis Miguel Solano, un gallego con nostalgia de Vigo en Barcelona, le publica en breve su novela En lugar seguro, la historia de dos parejas, un viaje hacia atrás, hacia los recuerdos y los pequeños secretos del amor. Solano suele incluir siempre un prólogo de escritores que admira o afines a su mundo: en esta ocasión es el asturiano Ricardo Menéndez Salmón, autor de novelas breves como La ofensa o Derrumbe, y de algunas cuentos inolvidables. Andaba buscando a Stegner y me encontré con una joven escritora, Nora Pierce, que publicaba en 2007 su primera novela: La insuficiencia de los mapas, una poética narración de sentimientos y emociones que ha aparecido en Simon and Schuster. Nora Pierce es experta en la obra de Wallace Stegner. Casada y madre de un hijo, sale así de clásica en una foto de Ibarionex Perelló. Creo que es de origen indio. POEMA EN LA ALHAMBRA “-Ninguno más; pues, señor, soy hijo de la Alambra.” W. Irving En el silencio de la mañana Granada, primaveral y soleada. La huerta. Anoche con los ecos de la historia, estamos aquí para presentar Las noches azules del alma: la amistad no deja lugar a dudas. Cinco gotas de agua contienen cinco gotas de luz. Soy hijo de los ecos de tus voces. ¿En qué poesía hemos caído, en qué versos, en qué poemas en prosa nos perdemos? ¿Ya no podrá la lírica otras tardes de ribera a ribera atravesar el Mediterráneo? Sé que se va la luz monte arriba, pero casi a oscuras y en silencio se escribe. Hastiada ya el alma de tanta espera ve que no hay rosas en el aire, sí espinas. Y los cerezos olvidan dar flores en mi pueblo: rápido envejece el verano a la orilla del Jiloca. ¿Y qué habrá que escribir para que entiendan los versificadores que no es eso, que no? ¿Cuándo la lírica moverá el mundo, y los sonetos las fiestas celebrarán? La poesía se muere y caen al trujal los versos desangrados. Y en lugar de poemas encontramos ripios escritos en su raspa. Tanto dolor para tan pocas lágrimas en el Sur: fecundo en tradición poética. En el Patio de los Leones, pero quizá no lloren ya los poetas lágrimas negras. Cinco gotas de agua contienen cinco gotas de luz. Soy hijo de los ecos de tus versos. Enrique Villagrasa *(Jiloca: río que pasa por Burbáguena (Teruel), pueblo del autor rico en cerezas y viñedos). La revista literaria EntreRíos dedica un monográfico al monumento como fuente de inspiración artística, y entre los poemas seleccionados figura éste del poeta turolense afincado en Tarragona. La foto la he tomado de la web de www.granadarustica.com. Hablé ayer por la mañana con Rosendo Tello, que veranea en Gurrea de Gállego. Nos veremos hoy: comeremos juntos con Maribel y Carmen. Rosendo es un poeta de la imaginación, un poeta tocado por el misterio de la luna y la claridad arrolladora del sol. Rosendo Tello es un poeta musical: la música ha marcado su infancia, su juventud y su madurez. Toca el piano. No es que siga una pieza: la recrea, la inventa, la distorsiona. Improvisa. Paladea los sonidos: una vez le regalaron un órgano. De niño, templaba y afinaba las guitarras, las bandurrias y los laúdes del grupo de jota de su padre. Rosendo Tello siempre le tuvo un cariño especial a José Manuel Blecua, aquel sabio de letras y de ritmos que pasaba bellos veranos en Jaca. Blecua era un coleccionista de crepúsculos: en Jaca, salía de paseo en cuanto llegaba el crepúsculo y anotada, o decía de viva voz, los tonos del arrebol, las variaciones del fuego rosado que se expandía en las nubes. Rosendo Tello me dijo que José Manuel Blecua siempre les hacía fotos a los crepúsculos y que tenía cientos y cientos, algunos miles tal vez. Era una de las muchas pasiones de un hombre que hablaba como nadie de los enigmas de la métrica y de los pasadizos, más o menos metafísicos, más o menos amorosos, que habitan los versos de San Juan de la Cruz. Como no podía ser menos, al otro lado del teléfono, Rosendo Tello imitó la voz de Blecua, que también fue un sordo extraordinario. Como Buñuel. Como Francisco de Goya y Lucientes. [No soy amigo de José Saramago, aunque lo conocí en Zaragoza cuando El Periódico de Aragón iniciaba su andadura. Conversé largo y tendido con él en el Gran Hotel, le hice una entrevista extensa que apareció en El Bosque y un artículo de fondo. En aquella ocasión, con Luis Alegre y Ramón Acín, le hicimos de anfitriones y paseamos por distintos lugares; acababa de publicar El Evangelio según Jesucristo, con la polvareda que había levantado, y paseamos por el entorno de La Seo y el Pilar. Pilar y él se hospedaron en el Gran Hotel; de noche, vino José Antonio Labordeta, al que Pilar, una dinámica y alegre periodista entonces, admiraba mucho. Saramago se retiró pronto, cansado. A la mañana siguiente tenía charlas y conferencias. Recuerdo que entonces preparaba una ópera sobre el personaje de Blimunda: estuvimos en el Museo Camón Aznar, todo le interesaba y se llevó un montón de libros sobre pintores y escultores del siglo XVII. Recuerdo que luego traduje varios textos de O ano de 1993 para la revista Turia, algún tiempo antes que Ángel Pampano hiciera su espléndida versión. Veo que el Nobel portugués acaba de concluir su última novela, y aquí traigo esta crónica que la agencia EFE ha distribuido por un montón de periódicos de todo el mundo.] Crónica de Lola Cintado. EFE. El texto se ha actualizado hoy martes. José Saramago acaba de terminar su nuevo libro. Se llama "El viaje del elefante" y cuenta una historia real, el viaje épico de un elefante asiático llamado Salomón, que en el siglo XVI viajó de Lisboa a Viena. "Por muito incongruente que possa parecer..." (Por muy incongruente que pueda parecer...) son las primeras palabras de "El viaje del elefante", una idea que arrastra Saramago desde hace más de diez años, cuando viajó a Austria y por casualidad, entró en un restaurante de Salzburgo llamado "El elefante". El Premio Nobel de Literatura ha respondido las preguntas de Efe a través del correo electrónico desde su casa de Lanzarote, donde ha terminado su libro, muy recuperado ya de una enfermedad respiratoria que hizo temer por su vida. Más de una vez pensó que no llegaría a terminar esta obra, de alrededor de 240 páginas que llegará en otoño a los lectores de habla española, portuguesa y catalana. "Este cuento, prefiero llamarlo así mejor que novela, es lo que siempre pensé que debería ser. La enfermedad no ha cambiado nada", escribe Saramago, quien subraya que no quiere dramatizar "la situación del autor frustrado por algo más fuerte que su propia voluntad. Yo escribí mis tres últimos libros en la más deplorable situación de salud, nada propicia para sentimientos de alegría. Prefiero decir: si tienes que escribir, escribirás", agrega, tan severo como siempre. El proceso de escritura se vio irremediablemente interrumpido por su dolencia, y oyéndole relatar sus sensaciones cuando estaba al borde de la muerte muchos recordaron al violonchelista que protagoniza su novela "Intermitencias de la muerte", aunque él cree que la realidad no imitó a la ficción que el mismo había creado. "’Las intermitencias de la muerte’ es una novela llena de humor e ironía, no recuerdo haber asumido la amenaza que acecha a mi violonchelista. Es cierto que ya estaba enfermo, pero logré levantar una valla entre el yo que escribía y el yo que sufría", recuerda Saramago. Y es que el escritor portugués no sólo levanta muros entre su literatura y su vida, sino que es capaz de aislarse de todo lo que le rodea, hasta el punto de escribir en su ordenador portátil mientras en el sofá del salón varias personas mantienen una conversación. El lo cuenta así: "Recuerdo que parte de la novela ’Todos los nombres’ la escribí con obras en casa. Mientras los albañiles hacían su ruidoso trabajo y contaban chistes unos a los otros, yo, en la habitación al lado, separados sólo por un plástico que hacía de puerta, seguía construyendo las peripecias de mi personaje don José. Nunca los mandé callar. Ellos estaban en lo suyo, yo estaba en lo mío". Según escribe su traductora y esposa, Pilar del Río, en la web de la Fundación José Saramago, "El viaje del elefante" es un libro coral donde entran y salen personajes que figuran en los manuales de historia junto a personajes anónimos, "gente con la que los miembros de la caravana se van cruzando y con la que comparten perplejidades, esfuerzos o la armoniosa alegría de un techo". Agrega la traductora, que también es presidenta de la Fundación Saramago, que "la compasión solidaria atraviesa la obra, la distingue y la significa". Y la ironía, el sarcasmo y el humor que el escritor emplea "para salvarse a sí mismo y para que el lector pueda penetrar el laberinto de humanidades en conflicto sin tener que abjurar de su condición indagadora de humano y de lector". Si contiene alguna parábola es algo que han de decir los lectores, aunque sí desvela el autor que en este nuevo libro no hay personajes femeninos de la fuerza y el carácter de la Blimunda de "Memorial del convento" o la mujer del médico de "Ensayo sobre la ceguera". El punto final a "El viaje del elefante" se lo puso este fin de semana y ahora está "en la resaca", tiempo que aprovecha para leer "Diario de un mal año" de Coetzee, otro Nobel. E inmediatamente antes, mientras escribía lo suyo, leyó "Cuando ya no importe", de Juan Carlos Onetti. En el blog del escritor (http://blog2.josesaramago.org) se puede leer desde hoy un fragmento de su nueva obra. NOTA DE PILAR DEL RÍO Su esposa y traductora, Pilar del Río, sevillana, escribe este texto en portugués en el blog del Premio Nobel de Azinhaga, el autor de libros inolvidables como Memorial del convento o El año de la muerte de Ricardo Reis. José Saramago terminou um novo livro. Chama-se A viagem do elefante. Pilar del Río Josep Massot firma casi todos los lunes en La Vanguardia una sección que me gusta mucho y que, imagino, no tardará en recoger en un libro: “Vidas contadas”, que suele llevar fotos de José María Alguersuari. Ayer dedicaba su perfil a una inquietante escritora, Amelie Nothomb, nieta de Paul Nothomb (la oveja negra de una familia de derechas: combatió en España y era escritor). Massot resume así algunas facetas: “La angustia le convirtió en escritora compulsiva: se levanta a las cuatro de la mañana y escribe con un Bic azul –dice no tener ni móvil, ni ordenador ni televisor- hasta las ocho, alimentada, como Balzac hacía con el café, con medio litro de té negro. Escribe –confiesa- casi una media de cuatro libros al año, pero publica sólo uno: Le Fait du Prince [el libro que sale el 21 de agosto] es el decimoséptimo publicado y el 63º escrito. (…) Escribe “para escapar de la angustia”, porque inventar otros mundos, nombrar las cosas, es la única manera de exorcizar el peligro. Escribe tan fácil como se lee, sin arquitecturas literarias y apenas dos personajes. Simple: tesis-antítesis, con diálogos a lo Diderot, absurdos y mordaces, fascinada por la monstruosidad, con sexo sólo indirecto. Cuentos, metafísica de lo cotidiano, escritos a cuchillo”. Ayer estuve un momento en una librería céntrica y buscando buscando encontré algunos libros curiosos: uno de Eugene Atget, otro sobre Alphonse Mucha, ese artista del Art Nouveau que me fascinó por completo en CaixaForum de Madrid. Qué refinamiento, qué inventiva, qué capacidad de crear atmósferas, tipografías, ornatos, grandes decorados más o menos ilusorios. Me encantó el montaje de la muestra: muy pensada, muy teatral, con una revelación insospechada: Mucha era un hombre sensual, un embrujado de las mujeres y, sobre todo, un espléndido fotógrafo. Andaba por ahí, curioseando, cuando vi la “Poesía completa, 1974-2004” del colombiano William Ospina (1954), un autor de verbo exuberante al que le interesa mucho la historia de su país: “Las auroras de sangre” es todo un viaje en torno a la vida y la obra del cronista Juan de Castellanos; “Ursúa” es una novela histórica sobre Pedro de Ursúa, y la poesía es su obra lírica de treinta años. García Márquez pone a Ospina por las nubes una y otra vez, le dedica esas frases explosivas de elogio que quedan muy bien luego en las fajas y en las portadas o contraportadas. Leí varias cosas. Y hoy, interesado por este autor, copio su poema dedicado a Franz Kafka... FRANZ KAFKA Padre, le digo, dame tres granos de cebada para despertar al ¿Entonces es delirio todo esto? ¿A quién puedo llamar que me Si ves dos grises ojos de gato en la gótica noche de Praga [Paco Gaudioso también es Javier Cerced. Javier Cerced también es Paco Gaudioso, un viejo-joven amigo de la familia: de Carmen Gascón y sus hermanas, de mis suegros Isabel y Leoncio, que falleció hace más de dos años. Hace muy pocos días, perdían a una amiga de juventud: Maribel, madre de un niño de diez años. Paco, es decir Javier Cerced, cogió su coche y condujo al funeral en Irún en compañía de las hermanas Gascón y de otra amiga de entonces: Ascen. Recorren los buenos días, rieron, lloraron, recontaron una y mil historias de la vida, y Javier Cerced, es decir Paco Gaudioso, les contó a Carmen y sus hermanas –que sí, es cierto, tienen algo de personajes de Woody Allen- que acudía a talleres literarios con Julio Espinosa, el poeta chileno, y que había empezado a redactar sus primeros textos. Paco ha creado el blog: El canto del jilguero, cuya ruta de acceso es http://el-canto-del-jilguero.blogspot.com. Copio aquí uno de los últimos textos de Paco Gaudioso, que ha dedicado a la finada y llorada Maribel.] EL DÍA EN QUE YO QUISE DESPEDIRME DEL MUNDO Un día. El día en el que yo quería despedirme del mundo. Ella estaba allí. A mi lado. Cogimos el coche y estuvimos recorriendo las calles y las carreteras sin rumbo fijo, hablando, o más bien hablando yo y escuchando ella. En mi huida llegamos a los montes de Torrero, a los más altos desde donde se divisa todo Zaragoza. Se veía pequeña, compacta y sobresalía, iluminada por las luces pálidas, de la noche oscura. Era como una mancha que resplandecía en medio de la nada. Salimos del coche. Yo, apoyado sobre uno de sus laterales me puse a contemplar con ojos vidriosos aquella mancha. Ella se colocó delante de mí y apoyó su espalda contra mi pecho. Me tomó de las manos e hizo que la abrazara. Después cruzó sus brazos sobre los míos. Yo la abrazaba a ella y ella se abrazaba a sí misma y, de alguna manera, me abrazaba también a mí. Estuvimos así largo rato, callados, apenas sin respirar. La ciudad nos ignoraba por completo. Poco a poco mi ánimo se fue serenando. La mancha empezó a parecerme más dorada, más humana. Detrás de cada puntito de luz surgieron en mi imaginación personas. Personas alegres y tristes. Jóvenes que iban a las discotecas y otros que iban a los hospitales o tal vez a los dos sitos alternativamente. Parejas que se amaban en aquel instante y parejas que se lanzaban insultos. Hombres con corbatas serias que se sentaban detrás de las mesas de dirección de los bancos y hombres con cartones que dormían en las entradas de los mismos en las noches de invierno. Personas con suerte y otras sin ella. Niños que no dejaban dormir a sus padres con sus llantos primerizos. Personas que nacían. Personas que morían. Embelesada se hace tacto la luz en la ciruela. * Querido amigo: No sé como tendrás este final de verano, pero el 31 de agosto, a las cinco de la tarde, seguro que te pasarás por el pabellón de Zaragoza en la Expo ¿no? Porque no creo que vayas a perderte el privilegio de escuchar un recital poético arropado de imágenes y música (que me ha costado un mundo convertir en película de DVD) para disimular la fragilidad de mis versos. Un abrazo. Emilio Pedro Gómez [Emilio Pedro Gómez es poeta, científico, aficionado a la fotografía, profesor… Manda esta carta a los amigos con el bello haiku del principio: 17 sílabas de sutileza, asombro y pura hermosura visual y sensorial. Hace algún tiempo, el poeta me envío este poema, que recupero ahora y reproduzco gustosamente.] TUVE AMANTES *No sé si al matemático poeta -que ha dedicado un estremecedor libro al alzheimer de su madre y ha rendido homenaje a Georges Perec-, le gustará el Pabellón Puente de Zaha Hadid, que tiene algo de ejercicio armonioso, de tapiz arquitectónico de números y cifras ocultas. La foto es de Enric Duch. Compro todos los días La Vanguardia y recorto sus páginas de la Olimpiadas. Como hago con El País y El mundo; éste lo hace mejor porque está haciendo un cuadernillo. Todos los días, Víctor Balcells y Ben Clark firman una sección, “Letras Olímpicas”, donde entrevistan a escritores acerca de sus vivencias deportivas. En las tres últimas preguntas, suelen pedirles un oro, una plata y un bronce. El poeta Antonio Colinas, autor de uno de mis libros de poesía más amados (Sepulcro en Tarquinia; sobre todo por el poema que da título al libro, y por los dedicados a Casanova, Ezra Pound y Simonetta Vespucci. También me interesa mucho su obra posterior, incluida su narrativa poética y su libro sobre Leopardi), contesta hoy así: Oro: Daré una respuesta poética, no de calidad sino cronológica. El oro es para Virgilio, el poeta romano. [Hace unos días, Antonio Gamoneda decía que uno de los libros que más le han emocionado nunca son Las Geórgicas de Virgilio.] Plata: Rainer María Rilke, poeta alemán. [En realidad, era checo, nació en Praga en 1875, y murió en 1926 en Val-Mont, Suiza, pero seguro que eso lo sabe mejor que nadie Colinas, Rilke escribía en alemán y en francés y vivió una temporada inolvidable en Ronda]. En una de sus visitas al psicólogo le dijo: “Temo que si me quitan mis demonios se pueden morir mis ángeles”. Bronce: Juan Ramón Jiménez. Tenía un mayordomo que cada día entraba en su habitación y le anunciaba: “Señor, el crepúsculo”, y Juan Ramón iba presto a contemplarlo. *Uno de los retratos más conocidos de Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí Aymar: su esposa, su musa, su enfermera, su compañera. Casi todo. [Fernando Valls -que retorna a Berlín con su compañera Gemma Pellicer, un gran descubrimiento en el relato breve, como puede apreciarse en su blog-, es uno de los grandes teóricos del microrrelato o relato breve en España. Dirige la colección Reloj de Arena de la editorial Menoscuarto de Palencia, del editor José Ángel Zapatero. Ayer publicaba este enjundioso texto en su blog, y me parece oportuno traerlo aquí. Uno de mis libros favoritos del género es Centuria de Giorgio Manganelli, que es una colección de argumentos y a la vez una formidable colección de relatos breves. O una propuesta de novelas-río. Desde hace algunas semanas, intento escribir relatos breves en prosa y verso…] ¿Cuántos caracteres, cuántas líneas, debe tener un microrrelato? Quizá sea ésta la pregunta que más veces me hayan formulado en los últimos años, en las clases, en conferencias y ahora aquí, en el blog. ........... A mí me parece que la cuestión no habría de plantearse en esos términos, y -sobre todo- se trata de una pregunta que un narrador no debería hacerse nunca. Opino que los autores urden sus textos al calor de sus necesidades, y buscan adoptar la forma más adecuada, sea poema, aforismo o microrrelato, en relación con lo que deseen contar. Hallar esa forma precisa, esa dimensión adecuada, para desarrollar su historia, constituye, pues, una de las diversas tareas a las que se enfrenta y que habrá de solventar de la mejor manera posible. ................... Sin embargo, el microrrelato, al igual que el cuento, no se define a partir de su brevedad, que también (no existen microrrelatos de cinco páginas, ni cuentos de ochenta, se diga lo que se diga), sino por medio de la radical intensidad y precisión con que se cuenta la historia. De todas formas, y como mera indicación caprichosa, sin más valor, a mí me gusta decir que el microrrelato debería ocupar, como máximo, la extensión de una página, para poder visualizarse de un solo vistazo, como si mantuviera ciertos rasgos de la poesía visual. No en vano, quizá sea el poema el género del que más cerca se halle, al compartir ambos numerosos efectos y procedimientos retóricos. También me ha hecho ilusión encontrar un reportaje de Emma Rodríguez, para El mundo, sobre la poeta y narradora H. D., Hilda Doolittle, la mujer que deslumbró y enamoró a Ezra Pound y a D. H. Lawrence, y que suscitó la curiosidad de Sigmund Freud. Hace pocos meses, Lumen publicaba Trilogía, una experiencia poética nacida de la agria experiencia de la II Guerra Mundial. Trilogía está traducida por Natalia Carballo, que redacta un sugerente prólogo. Se casó con el poeta Richard Alding y amó también a la escritora Annie Winifred Ellerman. Era alta, tímida, de una rara belleza y hablaba varias lenguas. La página de El mundo reproducía un par de poemas de H. D., que ya había sido publicada por Seix Barral y El Cobre Ediciones. 1 Hemos recibido demasiados dogmas y muy pocas garantías, demasiados: mas nos e ha demostrado lo suficiente que es esto, esto, esto es herejía: sé, y siento el significado que ocultan las palabras; Son anagrama, criptogramas, pequeños estuches, adecuados para incubar mariposas… 2 No soy fantasía poética sino una realidad biológica un hecho; una entidad como ave, insecto, planta o célula de una alga; vivo; estoy viva; cuidado: ignoradme, negadme, no me reconozcáis, evitadme; porque esta realidad –éxtasis- es contagiosa. ENCUENTRO LITERARIO, 23, 24 Y 25 de Septiembre. TERUEL Dirección y coordinación: Ignacio Escuín Borao. Editor, escritor y crítico literario. LA PIEDRA EN EL CHARCO LUNES 22 DE SEPTIEMBRE Llegada de participantes invitados (se espera la llegada de los participantes a lo largo del día 22. Se procederá entonces a la entrega del material y al alojamiento de los mismos). MARTES 23 DE SEPTIEMBRE 10:00h. Inauguración 12:00h. Mesa 1, “Outsiders (fórmulas de riesgo)”: Mercedes Cebrián, Unai Elorriaga, Miguel Ildefonso y Alejandro Tarrab. 16:30h. Mesa 2, “Literatura en la red (Internet y sus virtudes)”: Miriam Reyes, Aloma Rodríguez y Milena Rodríguez. 17:30h. Mesa 3, “Literatura y compromiso”: Luis Bagué, Laura Giordani, Jorge Volpi. 19h. Mesa 4, “Independientes: escritores y grupos que editan”: Enrique Cabezón, Colectivo Hesperya y Colectivo La Bella Varsovia. MIÉRCOLES 24 DE SEPTIEMBRE 10:00h. Mesa 5, “El mundo de las antologías”: Timo Berger, David Mayor y Andrés Neuman. 11:30h. Mesa 6, “Literatura y mercado”: Yolanda Castaño, Elena Medel y Francisco Véjar. 12:30h. Mesa 7, “Ellas”: Andrea Cote, Ángela Labordeta, Raquel Lanseros y Mónica A. Ríos. 17:00h. Mesa 8, “Literatura y cine”: Gabriela Alemán, Daniel Gascón y Karla Suárez. 18:30h. Mesa 9, “Universo Bolaño”: Claudia Apablaza, Juan Marqués, Santiago Roncagliolo y Diego Trelles. JUEVES 25 DE SEPTIEMBRE 10:00h. Mesa10, “Amarga memoria”: Andrés Barba, Julio José Ordovás y Martín Rodríguez Gaona. 11:30h. Mesa 11, “Literatura y canon”: Joaquín Pérez Azaustre, Carlos Labbé, Martín López-Vega y Mariano Peyrou. 16:30h. Mesa 12, “Nuevas propuestas”: Eduardo Halfon, Elvira Navarro y Juan Sorós. 18:30h. Clausura NACHO ESCUÍN AÑADE: La coordinación del evento parte del Instituto de Estudios Turolenses (Montserrat Martínez es muy responsable de haber conseguido organizar una cosa así) con la colaboración de Eduardo Fariña, Diego Palmath y la mía. *Gracias, Nacho. Distintos diarios nacionales recogen este artículo de la agencia EFE sobre el diario secreto de Caitlin MacNamara, la esposa del gran poeta Dylan Thomas. La fotografía del poeta es de agosto de 1946, y corresponde a Francis Reiss. LONDRES.- El diario secreto de Caitlin MacNamara, la mujer que renunció a su carrera de bailarina para casarse con Dylan Thomas (1914-1953), arroja nueva luz sobre el autor galés, famoso por sus infidelidades y su alcoholismo, que le llevó a la tumba con sólo 39 años. Al morir su esposo en 1953, Caitlin supuestamente irrumpió en el cuarto en el que yacía el cadáver y preguntó a gritos: "¿La ha diñado ya el maldito?". Medio siglo más tarde, el diario, que se pondrá a la venta próximamente en Londres en una subasta organizada por Rick Gekoski, un especialista en libros raros, revela una faceta muy distinta de aquella relación tempestuosa, según el diario 'The Times'. Las hojas ya amarillas de un cuaderno escolar están llenas de reflexiones de Caitlin, fallecida en 1994, sobre el amor profundo que sentía por el autor de 'Bajo el bosque de leche'. El retrato que traza de Dylan (1914-1953) en su diario no tiene nada que ver con la imagen de alcohólico y tenorio compulsivo que ofrece el poeta John Malcolm Brinnin en la biografía publicada en 1955 bajo el título de 'Dylan Thomas en América', y que Caitlin calificó de "traición" a su marido. Qué frío debe de hacer ahí abajo En una de las anotaciones del diario, su viuda, imaginándolo en la tumba, escribe: "Dios mío, ay Dylan, qué frío debe de hacer ahí abajo con el que hace aquí arriba, en noviembre: el mes más sucio del año que acabó contigo en el noveno día vil", en referencia a la fecha, el 9 de noviembre de 1953, en que había fallecido el poeta. Y agrega: "Ojalá pudiera llevarte una taza con tu pan y tu leche y tu sal, como la que tomabas siempre por la noche para calentarte". Según George Tremlett, biógrafo de Dylan Thomas y de Caitlin Macnamara, la publicación del diario podría reparar el daño causado a la reputación del poeta tanto por la biografía de Brinnin como por la película 'The Edge of Love', protagonizada por Matthew Rhys, Sienna Miller y Keira Knightley, estrenada en junio pasado. Tremlett considera totalmente falso que Dylan Thomas fuese un alcohólico aunque los pubs formasen parte importante de su vida. El autor galés podía fascinar a los clientes habituales de un pub con sus chistes y poemas improvisados, pero, según Tremlett, no aguantaba más de dos 'pintas' de cerveza, y por lo que se refiere a sus aventuras extramaritales, fueron muchas menos de lo que se dice. Caitlin MacNamara, de origen irlandés, se casó con Thomas en 1937 y aunque escribió un libro de recuerdos de su esposo al alimón con Tremlett en respuesta a la biografía de Brinnin, siempre lamentó no haber hecho más para destacar la ternura de sentimientos de aquella relación. El diario de Caitlin, valorado en unos 315.000 euros, forma parte de una cuarentena de manuscritos y primeras ediciones firmadas por Dylan Thomas que saldrá a subasta. Un material que incluye también cartas, una de las cuales, escrita en 1945, termina así: "Estaré contigo, mi amor, hasta la muerte y para toda la eternidad". [El poeta y bloguero Octavio Gómez Milián acaba de publicar en Logroño, en la colección 4 de Agosto de Logroño, la plaquette Ciudad de Mármol. Selecciono dos de los poemas de la entrega. La foto es de la inolvidable Kajsa Bargqvist, la saltadora de altura sueca que se retiró en vísperas de los Juegos Olímpicos de Pekín. Campeona del mundo y dos veces campeona de Europa, saltó 2.08 en Alemania en 2006, pero las lesiones y la ansiedad le truncaron la carrera y, probablemente, la medallo de oro de una Olimpiada. En Atenas fue bronce.] Portales IV Sólo guardo el día que nos atrapó el tiempo. El día que fui a buscarte a tu ciudad de mármol, extravagante por el alcohol y otra noche sin dormir. El día en el que los golpes contra las puertas ya duraban demasiados días. El día en el que tú y yo juntamos nuestras voces a horas intempestivas. El día último antes de tu partida, de tu marcha en busca de un cielo distinto y de gente que necesitaba ser salvada mucho más que yo. Yo peleaba con mi propia cabeza en el autobús y pagué religiosamente las horas en la cama alquilada que tú y yo compartíamos. No podía pensar con claridad. Tú, con tus dedos agrietados de tantas jornadas marcando la desgracia de otras personas. Yo, sin poder pensar con claridad, esperando una oportunidad, unos minutos en el que se cruzaran nuestros dos cuerpos sin cansancio. Nuestras horas sin descanso. Yo acudiendo a tu cuerpo, yo fiel en la llamada de tus caricias. Ese día, los dos en una habitación iluminada por velas verdes que se ahogaban poco a poco, lametazo a lametazo, destilando pena que inunda la distancia entre los cuerpos. Los dos, ahogados en el oxígeno, en el gemido y el vaho de la despedida. Sólo un rato de amor. Luego dormimos, porque los dos destrozábamos nuestras vidas a base de una existencia persiguiéndonos. Cansados, te ibas, volvías en unos meses. El día que guardo, con su noche y su sudor primerizo de verano, el día en el que los dos sabíamos que te ibas y los dos preferíamos el recuerdo vasto de nuestra última noche pagado en horas de sueño juntos, el sabor de aquellas sábanas, de nuestras pesadillas y promesas. Preferimos, agotados de jornadas, de viajes, de juergas insípidas, dormir abrazados... intentamos repetir después del primer amor, recuerdo besarte, primero despacio, luego levemente excitados, un poco más rápido, tarde, lento poco a poco, con los ojos cerrados, el ritmo decae, tú y yo, quién sabe, quién fue el primero que abandono los mimos, acabando, dormidos, soñando, abrazados, el último día.... Ése es el día que guardo, el que no vendí a pesar de mis vicios y mis necesidades primarias, el que supuraba la jalea más dulce y que terminó en mi petate. El día que demasiado agotados preferimos dormir antes que hacer el amor. Dormir contigo. Despedida -la ignorancia del amor liviano- Tiritando tras una ducha incómoda, mi cuerpo fláccido y la ropa apestosa en un montón. Me mudé de casa. Y no tuviste arrestos para ascender cuatro pisos de escalera. Hoy vuelvo a estar en alquiler. |