Se muestran los artículos pertenecientes al tema Temas gallegos.
25/08/2009
NUEVAS ENMIENDAS DE CARMEN DE CASTRO

Mi madre siempre me enmienda. Ha vuelto a hacerlo esta mañana. Andaba yo reunido para el desayuno con Carmen, Sara y ella. Y volvió a salir la historia de mi nacimiento. Me precisó varias cosas: nací en el establo, sí, la vaca estaba cerca, pero no en el mismo sitio. Era el día de San Roque, patrón de la fiesta de Larín, de donde era ella y su familia. Temprano fue a buscar un feixe de erba (un haz de hierba) para la vaca, “e cargueino ó lombo”, luego fue a recoger habas al campo y volvió a casa. Ya percibía intensos dolores. Cuando vio que mi padre se iba a ir a la feria y a la fiesta de San Roque en su bicicleta, le dijo: “Benito, non vaias hoxe a San Roque”. Ante la cara de perplejidad de mi padre, insistió: “Non me atopo ben”. No me encuentro bien. Mi padre se quedó. Haría cosas en las eras, en los campos, en el patatal: se aburría si no hacía algo. Mi madre arregló la casa, limpió aparadores y alacenas, fregó los suelos, y preparó las mantas y las sábanas. Me ha dicho: “En la cama non podía parar, por eso fun para a corte”. Y allí, en el establo, nací hacia las once de la noche cuando moría la fiesta de San Roque. Poco después vino mi abuelo, que vivía cerca, Jesús o do Touciñeiro, que era labrador, tratante de ganado (un ‘feirante’ de los de Cunqueiro, por decirlo así) y además albéitar. “Foi el o primeiro que te colleu nos brazos”, me ha recordado hoy mi madre.
Ese abuelo fue mi favorito siempre: lo seguía en el campo, lo seguía cuando iba al monte con el ganado, cuando lo veía trabajar con la sierra y el martillo. Buscaba su acercanza. Y lo vi con infinito cariño y pesar casi diez años después, cuando se despedía del mundo, mordido por un cáncer, comiendo plátanos y naranjas que mi padre le daba, entre las siete y las ocho de la tarde, después de venir de la cantera donde trabajaba. Él fue el primer muerto de mi familia.
*Esta foto es de Dorothea Lange.
17/08/2009
DIÁLOGO CON ARSENIO IGLESIAS

LUNES AL SOL: ARSENIO IGLESIAS
EL HOMBRE QUE HIZO SOÑAR A MEDIA GALICIA
Xosé Manuel PEREIRO / El País Galicia
"Por mí casi no lo hacemos... Si yo no tengo nada que decir, hombre". Ya lo dijo por teléfono, y ahora lo repite nada más sentarse en una terraza, justo al pie de su casa. Arsenio Iglesias (Arteixo, 1930), el recordado entrenador del Superdepor, retirado profesionalmente desde que dejó el banquillo del Real Madrid en 1996, asegura además que no hace "nada". "Solo termar de los nietos, llevarlos al colegio, traerlos del colegio...". "Bueno, está también lo del Indoor", considera. Lo del Indoor es la Liga de veteranos. El pasado año, de nuevo a sus órdenes, Fran, José Ramón, Manjarín y Djalminha, entre otros, el Depor fue campeón de la Liga y la Copa, "pero esta temporada perdimos un poco de garra". Los demás espabilaron, claro. "Más bien es que llega una edad en la que los pasos para atrás son grandes".
"Arsenio, ¿vas a los toros?", le pregunta un chaval discapacitado psíquico que lo ronda desde que entró en el bar. "No, no. Yo ya soy un toro sin fuerzas, je, je". Arsenio Iglesias tiene los años que tiene, pero puede aparentar unos diez menos. Quizás, entre otras cosas, porque antes del pastoreo de nietos, por las mañanas, "pero no todos los días", corre una hora, y no precisamente por el cómodo Paseo Marítimo, sino por el monte de Santa Margarita, "aunque buscando las chanceiras". Lo mismo, salvar las pendientes y rodear los obstáculos, sigue haciendo en las entrevistas.
-¿El fútbol actual está un poco desmadrado, o siempre fue así?
-El fútbol siempre estuvo algo fuera de sitio, quizás se le dio una importancia que tenía, o no tenía, pero lo de ahora es una locura. Si me preguntas por lo del Madrid, está claro que hicieron un grandísimo equipo, compraron lo más florido. Ellos se defienden diciendo que va a ser rentable, con lo de vender camisetas [hace un gesto escéptico y cómplice], aunque si funcionará o no, ya se verá.
-Usted ya tuvo experiencia en tener que gobernar a un vestuario florido en el Bernabeu.
-No tiene nada que ver. Lo de ahora fue un escopetazo. No fue fichar a Zidane, sino a los mejores que estaban a tiro. Se habla del vestuario, y en ocasiones se habla más fuera que dentro de él, porque el rumor vende. Los jugadores no son tan tontos como a veces parece que son, y supongo que son profesionales que saben lo que hacen. Lo importante es que no haya muchos, de hecho ya están limpiando, porque 30 tipos se pueden convertir en un problema terrible, tanto como una plantilla retorcida.
-¿Hay plantillas retorcidas?
-El carácter de la gente no es todo igual, claro. Yo tuve bastante suerte, no tengo mucha queja. Lo importante es estar metido en el medio, sin estorbar, para que las cosas no se te vayan de las manos, porque si se van, luego tener que doblarlas es muy difícil.
-¿Y cómo se lleva eso de estar en el punto de mira?
-Que te persigan no es bueno, pero yo estuve en equipos tranquilos. En el Burgos, en el Hércules, en el Zaragoza... Yo siempre preferí estar tranquilo, o tranquilizar, y soportar lo que tenía que soportar en vez de decir nada.
-Pero el del Depor fue un momento excitante...
-Tranquilo no estás nunca, hombre. Hubo momentos difíciles, porque al equipo se le exigía como si fuese un grande, y si no era así, la gente protestaba. Y yo supongo que, a veces, ser de la casa aquí no ayuda.
No mucho, al menos en su caso. Salió del club por la puerta de atrás y ahora no tiene ninguna relación con él, igual que muchos de los jugadores que dirigió, hasta el punto de que el equipo de veteranos tuvo que conseguir las camisetas por su cuenta. En cierta forma, constituyen algo parecido a un grupo de exiliados, que se reúnen y juegan más de lo que parece. Hace pocos días en Betanzos, y antes en Ribeira. Arsenio se levanta para escenificar un penalti que tiró allí Djalminha. Se fue hacia el portero, amagó la patada y dio una vuelta completa sobre sí mismo antes de chutar, con el portero ya vencido. En la pequeña plaza donde el ex entrenador deportivista vive y ahora mismo imita al brasileño, está el restaurante que sirve de tradicional escenario de las interminables negociaciones del presidente del club, Augusto César Lendoiro. "Nunca me coincidió ver ninguna. Paso mucho por aquí, pero a horas normales".
-¿Cómo ve ahora al Deportivo?
-Éste fue siempre un club cumplidor, independientemente de cómo fuese en materia deportiva. Y ahora lees cosas, juicios... Hubo un momento en que las cosas se hicieron con talento, se ficharon jugadores que parecían de segundo pelo y que dieron un rendimiento excelente, y en función de eso se pudieron hacer fichajes en calidad y cantidad. Casi en demasiada cantidad, porque estaba claro que la mayoría no iban a jugar, y quizás ahora estemos pagando esos excesos. De todas formas, hace dos años hubo un momento malísimo, y sin embargo el pasado hizo una gran campaña. Creo que se irá manteniendo ahí, de manera más o menos coherente, pero no podemos andar con bromas, claro.
-¿Suele ir a Riazor?
-No voy mucho, no.
-¿Cuándo fue la última vez?
-La verdad es que hace bastante. Vas perdiendo el gusto de estar allí, me trae demasiados recuerdos, y a mí nunca me gustaron las aglomeraciones. Ya sabes: si es por la tarde, por la siesta y, si es por la noche, porque hace frío...
-Pero sigue el fútbol por televisión...
-Más o menos, no con mucha insistencia. Son tantos años que, aunque estés pendiente... Si echan una buena película de indios ya no sé qué veo mejor.
Sí ve el suficiente fútbol como para admirar el juego del Barcelona, "exquisito, de una precisión que da gusto", o el del Manchester, "con mucho toque y mucha velocidad, le acabo de ver un partido creo que contra el Valencia, aunque estaban de rebajas. Si un equipo no tiene jugadores de calidad, puedes juntarlos, ayudarlos más o menos, eso que se llama orden, pero si no hay quien tire..."
-Pues usted y Fernando Vázquez hicieron de la Selección Gallega un equipo bastante bien apañado, sin tener grandes figuras.
-Es que, según antes no había una unidad de criterio, ahora hay mucha comunicación, y los futbolistas conocen cómo hay que jugar. Lo de la Selección Gallega fue una alegría muy grande, y todos nos sentimos muy ilusionados.
-¿Le llamaron para otros partidos, o sabe si continuará la Selección?
-De momento no tengo constancia de nada [repite el gesto escéptico/cómplice]. Non che sei.
NOTA MÍA:
*Cuando era niño, de diez, once y doce años, Arsenio Iglesias entrenaba, en el campo del Balneario de Arteixo, al Deportivo de Joanet, Seoane o Aguilar; Belló, Luis, Cholo; Manolete o Sertucha, Domínguez; Cortés o Juanito, Loureda o Vales, Chapela o Beci, Cervera y Martínez. También entrenaban en aquel conjunto otros jugadores como Landa, David Vidal, Pepe Vales, Gaona, Bordoy, José Luis… Arsenio era mi ídolo de la niñez: había estado a punto de ser internacional y lo queríamos como a un segundo padre, aunque era un padre escéptico y descreído, cotidiano y a la vez distante. Eso sí, de vez en cuando, me decía: “Neniño, vai buscar a pelota que se non a vai levar o río”. Esta mañana, en ‘El País de Galicia’, Xosé Manuel Pereiro le publica esta entrevista. Yo le dediqué un cuento a Arsenio, más o menos encubierto, ‘A radio e o ídolo’ en ‘Vida e morte das baleas’ (Espiral Maior, 1997), traducido al castellano en ‘Fotografías veladas’ (Xordica, 2008) con idéntico título. Es un cuento cruel, lo reconozco, donde se habla del forofo que cambia la admiración por la indiferencia o el odio ante un gesto que no aprueba de su ídolo. En una ocasión, cuando ya era periodista y trabajaba en ‘Heraldo’ le hice una entrevista a Arsenio al pie de la torre de Hércules, y con él, entre otros, estuvieron Miguel Anxo Fernán Vello, Antón Reixa, Manuel Rivas y Beatriz Pais. Aquel reportaje se tituló ‘Cuento de amor junto al faro’ y anda por aquí, por los archivos de este blog.
Arsenio, o bruxo de Arteixo, fue el creador del superDepor, aquel conjunto que los niños se aprendieron de memoria: Liaño; López Recarte, Ribera, Djukic, Albístegui, Nando; Aldana, Mauro Silva, Fran; Claudio y Bebeto. Con ellos empezó todo: una década maravillosa de felicidad que se coronó con dos Copas del Rey y una Liga. Arsenio ganó una Copa, Irureta otra Copa y la Liga.
Uno de mis periodistas favoritos de Galicia, desde hace años, con Xosé Hermida, Manolo Rivas, Xesús Fraga, Xan Carballa, Xulio Valcárcel y Luis Pousa, entre otros, es Xosé Manuel Pereiro. Tomo su texto y aquí lo traigo para quienes no frecuenten la edición de ‘El País de Galicia’.
11/08/2009
'DER ROTE JOSEPH' DE GUSTAVO PEAGUDA

'DER ROTE JOSEPH'
Conto de Gustavo PEAGUDA
A miña nai un día mandoume que dunha vez colocará nos andeis da biblioteca familiar os libros que había polo chan do meu cuarto.Como son un fillo cumpridor cos mandatos da miña nai, comecei a coller os volumes. Arte de ser portugués. Antoloxía dos sesenta anos. Os pobres de deus. As tres columnas, Cadernos. Psicopatoloxia do retorno. E moitos máis. Pero dos cadernos de Paul Valery saía unha folla dun xornal. Saqueina do libro. Era unha carta ao director do xornal La Region do día vintedous de xuño de mil novecentos setenta e catro (por certo, o día en que eu nacín) que dicía:
Se o hospital estivera aberto só polas mañas durante tres meses, que sucedería? Se a policía traballará só polas mañas durante tres meses, que sucedería? Se houbera auga e luz só polas mañas durante tres meses que sucedería? Se os supermercados e bares estiveran abertos só polas mañas durante tres meses, que sucedería? Se as fabricas e os traballadores da construcción só traballaran polas mañas durante tres meses, qué sucedería? Se os curas dirán misa só polas mañas durante tres meses, que sucedería?
Se as farmacias estiveran abertas só polas mañas durante tres meses que sucedería?
Se os bombeiros apagaran só lumes polas mañas durante tres meses, que sucedería?
A biblioteca publica de Ourense nos meses de verán durante tres meses só abre polas mañás.
Que sucede? Nada a fin do cabo só son libros.
A carta estaba asinada por un tal Der rote Joseph.
*O escritor ourensano, con parada e fonda en Santiago de Compostela, Gustago Peaguda envíame este conto e pídeme que o ilustre con este cadro tan famoso de Carl Spitzweg, ‘Der Bucherwurm’.
MÉNDEZ FERRÍN EN CASTELLANO

Recibo uno de los correos colectivos o masivos del editor Enrique Redel de Impedimenta. Anuncia la publicación de varios libros, uno de Eudora Welty, prologado por Félix Romeo, ‘La hija del optimista’, entre otros, pero hay un título que me gusta especialmente: ‘Amor de Artur’ de Xosé Luis Méndez Ferrín. La edición de ese libro, publicada por Xerais, ha sido una compañía constante en los años 80 y 90. Probablemente sea uno de los libros que más veces he leído. Es un libro de cuentos excepcional, barroco, sutilísimo, de elevada poesía y de una narratividad especial. Me gustan todos los relatos, todos, en especial el que da título al conjunto y ‘Familia de agrimensores’; en mis libros ‘Vida e morte das baleas’ (Espiral Maior, 1987) y en ‘Golpes de mar’ (Destino, 2006) se habla mucho de él, hasta el punto que el cuento inicial, el que abre el texto se basa en la historia de Artur. El libro lo traducen dos de los mejores conocedores de Xosé Luis Méndez Ferrín: su compañera Moncha, profesora, y el poeta, traductor y profesor Xavier Rodríguez Baixeras, otro compañero de viaje de mis lecturas obsesivas durante muchos años. Tengo su poesía completa en gallego, pero hay un libro suyo que disfruté con especial cariño: ‘Fentos no mar’ (1981). En una ocasión, hace ya más de una década, Félix Romeo me trajo un bonito regalo: la edición de ‘Con pólvora y magnolias’ que había realizado Hiperión, dedicada por Méndez Ferrín, que es uno de mis escritores gallegos preferidos con Cunqueiro, Otero Pedrayo y Rafael Dieste. Me dejo a otros muchos, sin duda, pero ellos han sido decisivos en mi formación y en el placer de leer en gallego, la lengua de mis padres, la única lengua en la que habla mi madre esté en Arteixo, Zaragoza, Garrapinillos o en Cuba. La introducción es de un gran conocedor de las letras gallegas, gallego de Lugo él y un apasionado editor, como Constantino Bértolo.
Esta es la nota que manda Enrique Redel:
Xosé Luis Méndez Ferrín
Amor de Artur
Traducción del gallego de Moncha Fuentes y Xavier Rodríguez Baixeras
Introducción de Constantino Bértolo
Xosé Luis Méndez Ferrín es, sin duda, el más importante autor vivo en lengua gallega. Escritor totémico, maldito, referencia de todas las nuevas generaciones de narradores gallegos, fue propuesto al Premio Nobel de Literatura en 1999 por la Asociación de Escritores en Lengua Gallega. En el año 2008 consiguió el Premio Nacional de Literatura Gallega. Amor de Artur está considerado unánimemente uno de los textos más intensos y brillantes de la narrativa gallega contemporánea. En el relato que da título al volumen, Ferrín recrea el mundo artúrico abordando, a la vez, conflictos de la condición humana (el amor, la traición, la soledad, el poder, los celos) a través de los míticos personajes extraídos de la literatura bretona: Artur, Ginebra, Lanzarote, Galván, Merlín, Liliana, todo con el fondo del país de Tagen Ata, símbolo de la Galicia mítica. Historias de amor y de dudas, de celos y de enigmas, de deseo y de traiciones, recreadas magistralmente con la perfección del orfebre que talla una piedra exquisita.
*La foto es de Pascal Renoux. Quizá pudiera ser ella una nueva Liliana o la protagonista del misterioso relato 'Familia de agrimensores'.
29/05/2009
QUIQUE BORDELL: O ARTISTA NO SEU OBRADOIRO*

O CREADOR NO SEU OBRADOIRO
VISCERAL B.: O SATORI NO INFERNO
A Deputación de Lugo prepara un catálogo antolóxico sobre o pintor lucense
Xoán Abeleira
Visceral B. ou o Artista Coñecido Denantes Coma Quique Bordell, o Doutor Faustroll, o Bacabú Invisible, e o Demo sabe cántas cousas máis. Inútil, secasí, procurar en Internet calquera desas personaxes nas que el viu os seus reflexos. Moi pouca xente -en Galicia, en España, mesmo en Estados Unidos- coñece a este creador lucense, autodidacta que ós dezaoito anos abandonou o mundo do cómic e do rock para exorcizar as súas pantasmas por medio do pincel. Mais a que o coñece, a que ama a súa obra con delirante afección, teno por unha lenda. Un supervivente de si mesmo, na liña dos “xenios marxinais”. E con razón.
Se nos atemos ós conceptos que, dende Prinzhorn a McGregor, pasando por Breton ou Dubuffet, continúan a barallar os estudosos do art brut ou outsider art… Mellor aínda: se nos atemos ó que el pensa de si e dos seus traballos/trebellos, non hai nada que nos impida irmandar a B. con Wölfli, Aloïse, Verbena ou Gnädinger. Sabendo, iso si, que todos eses visionarios compulsivos posúen cadanseu xacer intransferible.
Por exemplo, esta cita de Roger Cardinal (un crítico que defende o emprego do Weltinnenraum, o “espazo interior do mundo” rilkeano, para agrupar os inagrupables) semella escrita coidando en B. Por iso paga a pena transcribila íntegra: “A interioridade é, xaora, a clave da mentalidade do auténtico marxinal, cuxa obra xorde mormente de maxinar e matinar. Navegando a golpe de intuición, o creador espontáneo só atende ó seu rumbo particular, prescindindo ledamente de convencionalismos tales coma as regras da perspectiva, a técnica correcta ou os materiais tradicionais. Asumindo o pleno control do proxecto formativo, o suxeito creador orquestra os contidos psíquicos do mesmo consonte ós seus deseños persoais, desenvolvendo un repertorio característico de motivos e elementos que deveñen nos compoñentes dunha arquitectura pechada. Esa actividade autónoma e apaixonada implica tamén un esforzo sostido de autoconstitución e autoconsolidación que equivale a un esforzo de autoestabilización terapéutica. Ese é o senso no que a obra de arte afirma a súa existencia coma refuxio, cidadela defensiva, niño íntimo, pois a característica inequívoca dos mellores artistas marxinais estriba en artellar un mundo alternativo integral, unha cosmoloxía propia.”
Non rematan aí as semellanzas de B. con eses solipsistas, por outra banda, tan, tan únicos. Se estes adoitan empregar os materiais máis dispares, impropios, mesmo desprezables, B. devece polo acrílico, a madeira, a pasta de papel, os refugos: calquera chintófano que o axude a articular os seus “xoguetes”. Se, como asevera Cardinal, os marxinais son “ferozmente independentes”, B. asegura non sentir “ningún interese por expoñer”, ata o punto de que, ás contadas mostras nas que participou, no canto de asistir el mandou unha foto ampliada en cartón! Así mesmo -insiste Cardinal- se “a arte marxinal non aspira de ningún xeito ó recoñecemento”, B. pensa que “o éxito é a peor desgraza que lle pode acontecer a un artista”. E dío en serio malia a contradición que isto entraña nunha figura case que de culto coma el.
No seu obradoiro (un acubillo no que se sentirían a gusto tanto Jarry coma Duchamp) a penas hai catro obras súas. O resto non está nin nas galerías nin nos museos senón nas casas dos seus coleccionistas. Eu tiven a sorte de coñecer un e, de socate, atopeime perante trescentos cadros abraiantes! “O compendio destes últimos seis anos sen alcohol”. Entre eles, facilmente atribuíbles á man do seu médium, o único óleo que B. recoñece coma tal; unha peza fermosísima que o depositario actual ten, xustamente, polo seu tesouro máis prezado. Nese eido psíquico, nese plasma do inconsciente, unha sorte de Saturno pastoso, coma debuxado por un neno inuk, devora a súa vítima…
Se de mundos interiores falamos, o de B. ten unha forma ben definida, e o seu obradoiro é, a todas luces e sombras, a transposición exterior dese Weltinnenraum. “A produción teimuda de obras en series é un aspecto recorrente dos outsiders”, volvo citar a Cardinal. E a última serie de B. abrangue “pequenas variacións dentro dun marco repetitivo” dun simbolismo patente. O tema é sempre o mesmo: un cadradiño no centro dun cadrado maior, e, nel, a cabeza moldeada dunha figura tipo Dubuffet, tipo monicreque. O cadrado ten unha abertura á que o boneco accede por unha escada (coma as que empregan os xamáns para viaxaren a outra realidade). E pola banda esquerda dese tobo entra unha tremenda labarada: “A do satori zen”, segundo B. O conxunto expresa, para min, o momento actual do pintor, quen, após a súa dolorosa tempada no inferno, está a vivir un período de luminosa efervescencia. É posible que as luzadas de B. aínda teñen máis que ver coas “iluminacións” de Rimbaud que coa extinción do apego e da aversión que prometen as espiritualidades orientais, pois a iluminación real non vén de fóra senón de dentro, non é un don do ceo senón a recompensa dun labor ben arduo. Mais iso é algo que, abofé, tamén experimentará algún día a Persoa Recoñecida Nesta Vida Coma Quique Bordell.
*Este artigo pertenece á serie 'O artista no seu obradoiro' que está a publicar, con grande éxito, Xoán Abeleira en 'El País-Galicia'. Na foto do propio Abeleira, Quique Bordell e Paco Pestana.
01/05/2009
CAIÓN: UNHA INSTANTÁNEA DO PORTO

Acabo de encontrar en la red, siguiendo los pasos de mi paisana Silvia Penide, la joven cantante que presentó en Zaragoza su primer disco, y me encuentro con esta foto de Caión, el lugar donde suceden muchas historias de ‘Golpes de mar’ (Destino, 2006). La foto pertenece a un paisano, cuyo nombre desconozco por ahora, que tiene los siguientes dominios en la red:
http://www.flickr.com/photos/perdidoenlared
*Hace unos días recibí dos llamadas: una de Fidel Tasende, dedica a las plantas y a las flores en Prendes (A Coruña), y otra de Jorge ‘El Chino’, que reside en Palencia. Ambos me invitaban a un encuentro de antiguos alumnos de la Universidad Laboral ‘Crucero Baleares’ de A Coruña de los cursos 1973-1978, que se están reuniendo en distintos lugares de España. Este fin de semana, se congregan en A Coruña y les han cedido las instalaciones de la Universidad Laboral. Han pasado más de treinta años. He comprobado qué poco sabíamos todos de todos.
Tienen un blog:
http://laboralcoruna.blogspot.com
01/02/2009
MANOLO BRAGADO: TODOS CON XOSÉ LUIS MÉNDEZ FERRÍN

O meu admirado editor Manolo Bragado publica un artigo no Faro de Vigo, na sección de Opinión, que é un homenaxe a un dos escritores que sempre recoñecín coma un mestre: Xosé Luis Méndez Ferrín. A él, a Otero Pedrayo, a Fole, a Dieste e a Cunqueiro, sen dúbida ningunha: eles son os meus deuses galegos da narrativa máis veterana. Reproduzo aquí o artigo de Bragado, ao que atopei o pasado Nadal na Coruña. Bragado é un hiperactivo, un editor que está sempre perto dos autores, un apaixonado do seu oficio. Ademais, estudiou en Universidades Laborais. Xa contei moitas veces canto me marcaron libros como Percival e outras historias, Crónicas de nós (que publicou aquí en Aragón Xordica) e Amor de Artur. Hai años, Félix Romeo, sabedor da miña inmensa admiración (non esaxero no calificativo), tróuxome unha edición de Con pólvora de magnolias dedicada por Ferrín para min. Ese venres estarei no Museo Guggenheim de Bilbao, onde entrevisto a Cees Nooteboom ás oito da tarde.
TODOS CON FERRÍN
Manuel BRAGADO / Faro de Vigo
Co gallo do seu septuaxésimo aniversario, Xosé Luís Méndez Ferrín recibirá unha grande homenaxe nacional en Vigo, o vindeiro venres, 6 de febreiro, a partir das oito da tarde, no Auditorio do Centro Social Caixanova. Un acto cívico e literario no que, ademais, será presentado "A semente da nación soñada. Homenaxe a X.L. Méndez Ferrín", libro coeditado por Sotelo Blanco Edicións e Edicións Xerais de Galicia. Coa edición deste volume en forma de "libro dos amigos e amigas" e con este acto literario e cívico, que continuará nunha cea de homenaxe no Pazo Os Escudos de Alcabre, preténdese recoñecer en vida e publicamente o extraordinario labor de quen empeñou as últimas cinco décadas (as mesmas que cumpre agora "Percival e outras historias", o seu primeiro libro de relatos) na construción da nación dos galegos.
Unha homenaxe merecidísima e necesaria, mais aínda cando é indiscutible que Méndez Ferrín é unha das figuras cimeiras da cultura galega contemporánea: grande mestre do relato curto, renovador da novela, voz poética rupturista, rigoroso crítico e investigador literario, polémico e lúcido articulista, entregado profesor do instituto Santa Irene durante corenta e dous anos, infatigable militante da liberación política e social de Galicia. En todos eses eidos -sexa na narrativa, poesía ou xornalismo literario, fose no da docencia ou no da actividade política, sindical e cívica- Ferrín puíu a peza da esperanza, que esa é alfaia de ouro (coa forma dunha esfera, dunha trabe, dunha espada, dunha estrela?) na que coma ourive continúa e, agaradamos durante moito tempo, continuará miniando.
Ferrín desenvolveu durante estas cinco décadas unha actividade política nacionalista teimosa e consecuente, que o levou a confundar o grupo Brais Pinto, a Unión do Pobo Galego, a UPG-Liña Proletaria, Galicia Ceibe-OLN e a participar actualmente na Frente Popular Galega, da que é candidato á presidencia da Xunta de Galicia nas vindeiras eleccións. Unha actividade política sempre rebelde e decisiva, que pasará a historia contemporánea de Galicia, xa que contribuíu a fundar o nacionalismo galego e a enlazalo cos movementos da revolución planetaria.
No eido literario, Ferrín asumiu, dende "Voce na néboa" (1957), o seu primeiro poemario, a necesidade de que como escritor en galego tiña que manter unha conversa permanente cos seus contemporáneos, sen fronteiras nin limitacións ningunhas, sen que isto lle impedise apoiarse sobre a trabe da nosa tradición. Con esta intención elaborou unha das obras máis diversas, orixinais e rabiosamente modernas da literatura galega, asumindo en cada momento todos os riscos posibles na abordaxe de xéneros e formas. Ferrín é o primeiro e o maior renovador da literatura galega contemporánea. Cada seu novo libro foi sempre novidoso e diferente ao anterior, fendendo fronteiras (a noveleta "Retorno a Tagen Ata", publicada na colección O Moucho en 1971, e o poemario "Con pólvora e magnolias", publicado por Rompente en 1977, son dous bos exemplos) ou abrindo vieiros ("Bretaña Esmeraldina", novela esencial, publicada en Xerais en 1987 polo seu amigo, o editor Luís Mariño) que anchearon o horizonte para a literatura de noso.
Outrosí, sucede no eido do xornalismo literario onde a figura de Ferrín é a doutro xigante. Sabemos que esta é unha das tarefas para el máis queridas e ás que dedicou maior atención. As súas colaboracións en "La Noche" (1955), "Triunfo" e "El Pueblo Gallego", os artigos de 1981 en "Hoja del lunes de Vigo", baixo o heterónimo de Dosinda Areses, contribuíron a crear o actual xornalismo literario en galego. Mais é, dende hai vinte e cinco anos, cando comezou a aparecer a súa sinatura en "Faro del lunes" e xa a partir de 1988 en "Faro de Vigo" (onde xa publicara en 1954 un artigo de viaxes, "Por tierras lusitanas. Impresiones de una excursión"), cando os seus artigos dos luns (agora, tamén, na sexta feira) se converten en referentes indiscutibles no devir dos lectores do decano e da propia sociedade viguesa. Artigos os de Ferrín no Faro sempre sorprendentes, áxiles, ben documentados, escritos nun galego fetén no que expresa as súa defensa do patrimonio e da natureza ou a súa mirada anticipatoria sobre a actualidade política de todo o que nos atinxe. Colaboracións que ampliou nos últimos anos a seccións de fin de semana, primeiro no popularísimo "Consultorio dos nomes e apelidos galegos" (recollido en libro en 2007) e, actualmente, na sección "No fondo dos espellos", onde vén ofrecendo algunhas das máis fermosas mostras de erudición cultural de noso.
Sei que esta homenaxe a Ferrín é apenas unha pequena mostra da admiración, agarimo e agradecemento dos seus amigos, camaradas, colegas, lectores, alumnos e concidadáns por este seu labor tan fulcral para Galicia. O venres, todos con Ferrín! (A foto, que está no blog de Manolo Bragado, es de J. Arcos).
bretemas@gmail.com
11/12/2008
HISTORIA DE MAN. Por XOÁN ABELEIRA

ÉL PAÍS. A Coruña.
El cinco de abril del 2002 el escultor Manfred Gnädinger escribía su última carta familiar. La primera, en realidad, que enviaba a su hermano y a su cuñada en décadas. "Queridos Waldtraud y Roland: os escribo con gran preocupación. Me siento mal por haber tardado más de cuarenta calendarios en dar noticias mías (...) La verdad es que cada vez tengo menos ganas de escribir, el silencio se acerca (...) Los seres humanos precisamos toda una vida para ponernos de acuerdo con nosotros mismos, y la mía toca a su fin. La mía, que yo siento perdida, como si nunca, nunca hubiese sido escrita (...) Lo importante es que cada uno viva como desee: los tipos raros como tipos raros, y vosotros tal y como sois, para mi dicha (...) En realidad escribo más de lo que parece por mis cartas, pero ello me lleva una eternidad, y además no es para vosotros sino para la posteridad". "Si realmente queréis entenderme", parece decirles, "mirad una foto vuestra, en familia, y comparadla con la de mi museo y yo juntos".
Ocho meses después, al alba del Día de los Inocentes, Man Fred moría en su islote de libertad asolado por el chapapote. Bajo su cadáver, entre los negros despojos de su museo, dejó una infinidad de obras y de documentos que, tabla tras tabla, escondrijo tras escondrijo, ha ido emergiendo. Gracias a la labor del cineasta Bernardo Cequera, autor del primer documental real sobre el alemán, y, sobre todo, de algunas trabajadoras del Ayuntamiento de Camariñas, como Mercedes Martín y Ana Martínez, se puede consultar ya este increíble material.
De todos esos misterios que, según él mismo auguró, empezarían a desvelarse el día en que muriese, hay cuatro realmente pasmosos. Un aluvión de dibujos y de una suerte de grabados que... ¿cómo diablos haría el raposo? Un arrecife de medio millar de piezas que, para colmo, el propio Gnädinger, armado con una camarucha de aficionado pero también con el sentido de la luz, el encuadre y la composición de un envidiable profesional, fotografió. Ese arenal de instantáneas en sí que Man, adelantándose a todos nosotros y mejor que todos nosotros, realizó y/o retocó a modo de collages (algunos en alusión al desastre del Prestige de aquel año). Y, por último, un almeiro de anotaciones y aforismos igual de asombrosos.
Sparen (título de un folleto publicado recientemente por el Consistorio Municipal) es el verbo alemán que mejor explica la filosofía que encierran las bellísimas intuiciones de este "místico del círculo" anticapitalista: ahorrar sí, mas no en el sentido de amasar fortuna, sino apenas en el de economizar. Guardar por y para el porvenir, pues "¿qué es digno de vivir para quien no es digno de conservar nada ni halla nada digno de conservar? ¿Su infidelidad?".
El documentalista Bernardo Cequera ha sido el primero en internarse en ese laberinto de visiones fugaces, transcritas con una parquedad franciscana que, según él, "a veces le llevaba incluso a eludir nexos sintácticos; de ahí su sencillez pero también su hermetismo". Pensamientos de una lucidez tal que difícilmente podrían ser fruto de una mente enferma. Rayos tan fulminantes como este: "Donde callan los corazones, gritan las piedras", que bien podría ser la definición exacta de la Galicia aloulada. O como éste: "La fantasía surge tras cada conmoción; en cada escombro vibra algo de fantasía", ligado sin duda a la propia ars poética de su autor. O como éste otro: "La paz es la nada; tan sólo quien se iguala con ella consigue liberarse", en el que la nada es sinónimo de lo absoluto.
Algo, pues, se ha ido avanzando en este tiempo de incomprensión hacia un artista literalmente radical que consagró su vida a su obra y, más importante aún, transformó su vida en su mejor obra. Pero todavía queda casi todo por rehacer. La fundación que en estos momentos está a punto de crearse deberá afrontar, ante todo, la limpieza y la restauración de un museo cada día más acechado por el silencio y, a la vez, terminar de catalogar y traducir todo este legado sin parangón.
Dos labores muy arduas, ciertamente, y para las que debería contar con los auténticos especialistas en la materia: esa marea de amigos de Man que en su día comprendió lo que éste y sus "hijos" simbolizaban.
*El escritor Xoán Abeleira, traductor de Sylvia Plath, entre otros muchos autores, publicaba recientemente este reportaje en las páginas de 'El País. Galicia'. Abeleira es autor de un estupendo libro sobre el pintor y bohemio alemán en Galicia: 'A pegada de Man' (Xerais). Antonio Pérez Morte, siempre tan amable, me ha mandado esta foto casi final de Mannfred.
18/10/2008
MENSAJE DESDE GALICIA DE LUIS POUSA

He amado Galicia durante años con una fuerza creciente, con esa enfermedad del alma emparentada con la saudade y la sensación de pérdida. En los últimos tiempos, no sé muy bien la razón, Galicia ha pasado a ocupar otro lugar en mi vida: me interesa, la quiero pero no me obsesiona. A veces me pregunto si tendrá algo que ver con un resentimiento que no cifro a precisar, o con el hecho de haber dejado de escribir en gallego, o con el vacío tan inmenso que me ha dejado la muerte de mi padre.
Por eso, cuando he recibido la nota de Luis Pousa –al cual le mando un abrazo desde aquí-, me ha hecho mucha ilusión. Muchísima. Algún día volveré a Caión a escribir y a envejecer soñando con las ballenas y los marineros. El pasado septiembre, o fue a finales de agosto, no recuerdo, tuve una experiencia que no había tenido jamás: Carmen y yo alquilamos una habitación en Caión, una habitación con vistas, y apenas podíamos dormir: el mar como un lobo insomne no dejaba de aullar, no dejaba de lanzar su clamor que lo invadía todo, tanto que parecía que en los alrededores, y más en el abovedado silencio de la noche, no exista ni otro estremecimiento ni otra música.
*Estampa apacible de a Praia das Salseiras de Caión.
16/09/2008
ESCUELA DE NOCHE (¿QUE FUE DE CANO CORCERELLOS?)

ESCUELA DE NOCHE
Meruca tenía un genio de perro rabioso dentro de un cuerpo minúsculo, un cuerpo de alfiler con joroba. Sus chispeantes ojos se encendían de ira cuando era necesario, cuando alguien gastaba una broma pesada a los hijos de sus señores --Jano, Pitusa y José Manuel-- o exageraba en la convención de las ironías. Sus señores eran César Fontenla, el dueño de la ferretería, más tarde banquero. Y Leonor das Airas, que en otro tiempo o en otra vida debía llamarse Ángeles de Amor, al menos eso era lo que ponía en el cartel de la farmacia que regentaba: "Ángeles de Amor. Licenciada en Farmacia". Si él era severo, poco dado a las chanzas, lo cual no le impedía ser frecuentador de bares y de mujeres, si reía lo hacía con displicencia y con aires de superioridad, ella también era un misterio: apenas salía de casa. Meruca, en las pocas veces que revelaba detalles de su intimidad, decía que era remilgada y que la farmacia era su mundo. La farmacia, los sótanos donde se almacenaban los medicamentos y las dietas. Jamás había cogido a sus hijos en brazos --una fragilidad congénita la caracterizaba; incluso su modo de andar, a saltitos suaves de canguro sobre un terreno sembrado de huevos, llamaba la atención-- y los destetó de inmediato, antes del mes, pero cuidaba hasta límites desproporcionados su alimentación. Confeccionaba unas minuciosas tablas y allí lo apuntaba todo: Jano, Pitusa, José Manuel, las verduras, los frutos secos molidos, la incorporación paulatina de danones, los zumos, la frecuencia de las heces, la pesadez o levedad de las digestiones, las horas ininterrumpidas de sueño, el número de veces que sonreían, era importante que llegasen a las 300 al día. La risa es el mejor indicio de buena salud. Y también le gustaba la novela de la televisión en blanco y negro: seguía tarde tras tarde los capítulos de El conde de Montecristo, Crimen y castigo y Papá Goriot, una serie que le impresionó por la sentida interpretación de Carlos Lemos. "Y porque --le confesó Meruca a mi madre-- hace años que no sabe nada de su padre: se fue a Barcelona con una camarera joven y desde entonces su nombre ha sido borrado de la memoria familiar". En un insólito rasgo de humanidad, le explicaba luego a la asistenta quién era el autor, Alejandro Dumas, un ruso de nombre imposible, Honorato de Balzac; en qué hechos básicos debía reparar y en qué partes y personajes se había escapado la adaptación del original, que poseía en su biblioteca de clásicos francesces y autores de folletín.
Meruca era uno de esos personajes que imponía pese a la chepa. Durante algún tiempo creímos que tenía dos corazones y un nido de alacranes en la espalda. Todos sabíamos que ocupaba un lugar que no le correspondía y que tantos años de sirvienta con derecho a habitación propia le habían conferido una gran seguridad en sí misma. Aparentaba no tener complejos y ser capaz de cualquier cosa. De ahí sus malas pulgas. Vivía en el cruce del Balneario, justo al lado del río y del lavadero, la ventana de su alcoba comunicaba con el gran puente de las anguilas, y durante años nos resultó antipática y violenta. A Anide lo persiguió hasta los jardines del Balneario con el furor de un jabalí malherido; una vez que se resignó a no alcanzarlo, desde las escaleras que dan acceso a la pista de baile hexagonal del recinto, lo insultó a sus anchas: de su boca salieron profecías nefastas, excomuniones y recuerdos para todos sus muertos. Doña Alicia, la dama benefactora del lugar y de Baladouro en general, una santera sin hábito pero sí con modales de monja, se quedó estupefacta: "Nunca había oído tantas maldiciones de ateo", dijo. Los gemelos Dubra eran su debilidad: los atendía en la farmacia, les daba prospectos a todo color y cuadernillos de propaganda para que dibujasen aquellos lagartos que tanto le gustaban a su padre: el lagarto común, el lagarto de San Antonio, la iguana, etc. Pero un día, Ovidio le pegó a Jano, el benjamín de la familia. Meruca lo acorraló detrás del cuartelillo y le cruzó la cara varias veces con insania, con un encono bestial. Esa misma noche fue a la vivienda del joven y pidió disculpas en el gran dormitorio que hacía a la vez de comedor de los domingos y de salita de estar, ante la abuela centenaria, el padre carpintero, la madre y los tres hijos. La Nena manifestó --entre lágrimas porque veneraba a su hermano gordo, al cual se parecía como una gota de agua a otra-- que sólo le concedería su perdón tras haberle estampado idéntico número de bofetadas. En medio de una gran tensión, Meruca le regaló a Ovidio una caja de galletas de nata.
Su sobrino Cano Corcerellos había heredado demasiadas cosas de ella: la inteligencia, la ira, la determinación y la joroba. La historia reciente de Baladouro Alto no se explicaría sin su presencia. Sin su magisterio. No se sabe cómo empezó a convertirse en alguien tan importante en nuestras vidas. O en las de Juanín, Santiago Verde, Paco el Pecas, el mismo Anide, Perillón, etc. Oí por primera vez su nombre en la hora de pasantía por boca de don José. Lo criticó con toda severidad y dijo que un hombre sin título, un hombre incompleto como él, un enano sin ilustración, no podía impartir clases en la trastienda de un bar de carretera, un bar de mala muerte. O algo así.
Nunca había sido un buen estudiante, pero ese epíteto no debía hacer referencia a su sabiduría y a su rendimiento sino a su actitud. Muy pronto abandonó los estudios y pasó por talleres de mecánica, clases particulares, cursillos de formación acelerada, fábricas y andamios. De la noche a la mañana, se convirtió en un experto en casi todo: lo mismo arreglaba un futbolín rebelde que desmontaba una moto, él llevaba una derby trucada y ruidosa de 49 centímetros cúbicos. Lo mismo confeccionaba los planos de una casa --con las zapatas para las columnas, el alzado, la planta y el perfil, y el correspondiente cálculo de sección para las vigas y viguetas-- que daba clases de Matemáticas con una eficacia asombrosa.
El acontecimiento principal de los sábados por la mañana en Baladouro alto eran sus lecciones. Esa sensación teníamos cada vez que nuestros amigos hablaban de ello; sentíamos una punción de nostalgia. Muchas veces me he ido a la cama y me he despertado a medianoche pensando en él. Sólo lo había visto fugazmente en su motocicleta: menudo, soturno, de rostro encanallado, pero me imaginaba su destreza con las bielas y las bujías, su caligrafía en el encerado, el modo en que les enseñaba a mejorar la resolución de las cuentas, a comprobar que todo estaba bien, y luego a aplicar esa práctica fluida en problemas de sentido común. Era duro y no le importaba reclamar la atención del ocioso y del desatento con un golpe de nudillos a traición o con el envío envenenado de un prisma de madera. Su método lo perfeccionaba en las numerosas visitas que hacía con sus alumnos a las serrerías, la fábrica de bloques de La Revuelta del Lobo, las conserveras de O Rañal, los montes desde los cuales se veía la perspectiva de los tejados de Baladouro y el trazado de las callejas, los campos infinitos cuarteados de surcos. Iban siempre en bicicleta y él dirigía al pelotón a lomos de su estruendosa moto. Inicialmente, a los padres les resultaba una extravagancia difícil de justificar, pero a Cano Corcerellos le daba lo mismo. Afirmaba: "Yo no he ido a buscar a su hijo. Que no venga si no quiere".
Se convirtió en un mito. Y en un enemigo para nuestro maestro, especialmente cuando a Juanín o a Santiago Verde se les escapaba un nuevo sistema para la resolución de ecuaciones de primer y segundo grado que habían desarrollado con el intruso. Por eso tanto don José como Gaspar decidieron que en la Semana de conocimientos con derecho a premios --una botella de jerez, enciclopedias Álvarez y fotos de Franco durante su visita en los años 50 a Baladouro y Caión, que se conservaban repetidas en los archivos de la escuela--, que se celebraba en mayo, se suprimirían los ejercicios de Matemáticas porque estaba claro que iban a ganar los alumnos del tenaz Cano Corcerellos.
El paso siguiente fue fundar la Escuela de Noche. El profesor realizó una criba y admitió tan sólo a alumnos cuyos padres le hubiesen testimoniado previamente su confianza. En su nueva orientación académica, Cano Corcerellos transformó la trastienda de su bar casi en un gabinete de alquimia. Sus alumnos aprendieron mecánica, electrónica, fontanería y todo un sinfín de asuntos, que a menudo rozaban con las técnicas del robo y del crimen. Durante dos semanas impartió una materia titulada El homicidio en la vida diaria, y rescató para los perplejos y voraces oídos de sus alumnos relatos acerca de Billy El Niño, Luis Candelas, El Jarabo, el mafioso Scarface y nuestro delincuente más afamado, el carterista gitano de Santa Mariña de Lañas Adolfo Boiro, que solía atracar las oficinas de bancos y estafetas con una pistola de agua.
Juanín, el hijo de Restituta, la encargada de una de las fábricas de salazón, se quedó con la mosca detrás de la oreja cuando leyó en el periódico O ideal galego que un hombre había dejado a su mujer y a su hijo en el interior de un coche, sin el freno de mano, y que se habían despeñado en el embarcadero de Malpica de Bergantiños, sobre un barco de pesca. Curiosamente, tres días antes, Cano Corcerellos les había explicado que ése era un gran método criminal. Poco después supimos una nueva faceta del insólito profesor: Juanín y Santiago Verde nos dijeron que toda aquella casuística de delitos y muertes aparecía transcrita al cabo de unas semanas, con hechos y protagonistas concretos, en las cuartillas de color rojo y verde que se vendían al precio de una peseta en el autobús de Transportes Finisterre bajo el título de Crímenes famosos.
Cuando salimos de la vieja escuela de A Baiuca --unos nos fuimos a la Universidad Laboral Crucero Baleares, otros a las empresas de Sabón de salazones, textiles y construcción, otros al nuevo Centro Escolar--, perdimos la pista de Cano Corcerellos. Pareció apagarse su figura durante algunos meses e incluso se contó que había pasado algún tiempo en la cárcel. Al cabo de un año, más o menos, reabrió su bar Pase y quédese. Lo tenía casi todo: futbolines, máquinas recreativas, dos mesas de ping pong y un cuarto reservado que empezó a hacerse famoso. Durante el día el local acogía a todo el mundo: camioneros, albañiles, muchachos que deseaban divertirse, pandillas que iban a ver las series de televisión al arrimo de los refrescos y los cacahuetes y de aquel ambiente tan particular de carteles, tabaco y perdición.
Cano Corcerellos ya no se dejaba ver como antes. En realidad, comenzaba a vivir a partir de las nueve de la noche, justo en el momento en que la clientela del local se renovaba. Por allí lo mismo aparecían César Fontenla que el constructor Filgueira o el secretario y alcalde en la sombra Morón Sagredo. O jóvenes como nosotros que empezábamos a despertar a la vida y a la noche junto a Saturnino, el dependiente de Ferretería Baladouro, los gemelos Balay o el salvaje lateral Cendón. Y junto a Flora Candonga, una mujer inesperada que empezó a beber de café en café con su cabello corto y su mirada de señora frágil y abandonada que solicita amantes. O compañía para una mala noche.
Fue durante mucho tiempo la moderna, la ninfa imperturbable entre hombres solos: se cortó el pelo a lo chico y fumaba en los bares con la naturalidad de un varón. Siempre cigarrillos rubios Craven--A. Decía tacos y resistía el acoso sin perder la compostura, tenía andares de potranca, cadera alzada y armoniosa, y avanzaba un instante pegada a un pretendiente obstinado. Si luego quería desaparecer con un galán ocasional lo hacía como si nada, y al cabo de una hora volvía al Bar Batán o a Cafetería Sanchís con altivez, con su media sonrisa de complicidad y satisfacción, con la melancolía de quien ha gozado mucho. Flora era una asidua de nuestro barrio, la conocíamos de sobra y despertaba en nosotros --en Santiago Verde, en Anide, en el mismo Fausto, que nunca quiso decirnos que se había estrenado con ella, en Sanjurjo Sietecabezas, el experto en navegación y álgebra-- una atracción irrresistible: iba con hombres y no despreciaba a los adolescentes. De hecho, una de sus frases favoritas ante los novatos era: "Tranquilo, tranquilo, que pronto se te enderazará".
A veces no daba abasto. Algunos querían apartarla de aquella disoluta vida, le ofrecían un piso y unos cuantos encuentros clandestinos por semana a cambio de lealtad. Eso se dijo de Morón Sagredo o del pirotécnico Taboada. Y del propio Fontenla, del cual se sabía que no tenía bastante con su enfermiza esposa Leonor das Airas, también llamada Ángeles de Amor. Flora se negó. Cano Corcerellos nos lo explicó: "Le gusta el dinero, pero mucho más lo otro: que la deseen". Y nos sugirió que ambos, a su manera, también se entendían. Fue la única vez que estuve en Pase y quédese. Santiago Verde entró hacia las tres de la madrugada y se quedó hasta casi las cuatro. Anide fue más breve; regresó con la cara colorada como un tomate y temblando a los quince minutos. Cuando me llegó a mí el turno no me atreví a pasar. Me acerqué a la cortina, vi el camastro no demasiado grande y a Flora entre las sábanas, con su pelo de chico, los pechos algo caídos y una espalda larga y muy blanca. Vi sus ojos que brillaban como soles apagados en penumbra y una inmensa mano con las uñas pintadas que sujetaba un cigarrillo y una espesa nube de humo.
Dos o tres años después, se quedó embarazada. Nunca supimos de quién era el crío, Diego Jesús, aunque se parecía al propio Cano Corcerellos.
*Este texto pertenece mi libro El álbum del solitario (Destino, 1999). La obra es de Alphonse Mucha.