Facebook Twitter Google +1     Admin

MIRYAM DOMÍNGUEZ: VIDA, MÚSICA Y TEATRO

[El pasado domingo, en el suplemento ‘Hoy domingo’, que coordina Picos Laguna, publiqué esta entrevista con la actriz, cantante, bailarina y escritora Miryam Domínguez Renedo (Zaragoza, 1973). Hoy es su cumpleaños. La traigo aquí y recuerdo que hasta el domingo 23 puede verse su función ‘El gran Penhe’, dirigida por Paco Ortega, con Sergio Marqueta Siiberg al piano, en el Teatro del Mercado. Impresionan sus temas de jazz.]

 

Miryam Domínguez Renedo (Zaragoza, 1973) es una mujer indómita, inclinada a las decisiones drásticas. Y eso le ha llevado a marcharse, con apenas dieciocho años a Madrid y luego a Estados Unidos; a ser madre e, impulsada por un deseo de sosiego para educar a Daniela, a regresar a Zaragoza. Después de estudiar hidroterapia, aromaterapia y otras muchas cosas, y contar con una clínica más o menos exitosa, esta cantante, actriz y bailarina ha decidido mudar de piel y recuperar su vocación primera: el escenario. Redactó el monólogo ‘El gran penhe’, un texto de denuncia en clave satírica del machismo imperante en la vida y en un montón de canciones de jazz, y ha montado un espectáculo que se estrenaba el pasado viernes en el Teatro del Mercado, bajo la dirección de Paco Ortega. “He empezado a bailar a los siete años y estudié la carrera en el Conservatorio bajo la dirección de Cristina Miñana”, dice.

-¿Qué le atrajo la danza?

-Cuando tenía esa edad me quedaba fascinada con las canciones de Ella Fitzgerald, con la música de ‘Chorus line’, con otros musicales como ‘Cantando bajo la lluvia’. Recuerdo que cuando ponían aquellas películas las grababa con mi radio cassette y luego escuchaba la banda sonora una y otra vez hasta que me la aprendía. Y yo creo que de ahí nace un poco todo.

-Eso se llamaba vocación...

-Acabé estudiando Turismo, pero siempre me ha interesado mucho la danza y la interpretación. Estudié en el Instituto Pablo Gargallo, en San José, que estaba muy cerca de mi casa. En algunas asignaturas que iba bien, como Gimnasia o Inglés, me marcha; aprovechaba esa hora para venir a casa, ponerme ante el espejo y bailaba, cantaba, me disfrazaba, me maquillaba y me desmaquillaba. Lo hacía todo muy de prisa pero con entusiasmo. Era un momento muy especial para mí. Aún tenía tiempo de ducharme. Yo de niña decía aquello de “mamá, yo quiero ser artista”.

¿Cómo le fue en el Conservatorio?

Fue una experiencia durísima porque para mí el ballet es Arte con mayúsculas, una búsqueda de la perfección y la ligereza, de la armoniosidad y del movimiento, y no era nada fácil. Tenías que entregarte al 100  % y yo lo hacía, y además te movías en un ambiente un tanto extraño de gente especial, rara y compleja. El ballet empezó a ser demasiado dramático para mí.

-¿Qué le llevó a Madrid?

Me invitaron a una boda, y me quedé. Decidí emprender una de las primeras aventuras de mi vida. Tenía dieciocho años. De inmediato empecé a recorrer agencias, productoras; los dos primeros días había andado tanto en Madrid, con mis elevados tacones, que tenía ampollas en los pies. Soy luchadora, valiente, estoy dispuesta a encontrar lo que busco, y tuve un golpe de suerte. El programa ‘Un dos tres’ estaba haciendo un castin en toda España; solo en Madrid había 500 candidatos. Me presenté y tuve suerte: me cogieron y pasé una temporada maravillosa. Y además aclaré un poco mi destino y mi vocación.

-¿Cuándo empezó a cantar?

Mucho más tarde, junto a mi ex marido. Fue un poco por casualidad. Él era compositor e intérprete y hacía sus ensayos y sus estudios al piano. Probamos a hacer algunas cosas, pero sería más tarde, cuando conocí a Juan Carlos Calderón, cuando me solté a cantar. Me oyó, le gustó mi estilo y grabamos ‘Riviera’, que era un disco de grandes éxitos de Mocedades, de Bosé, de otros solistas, pero llevados a los terrenos del jazz. El jazz es especial para mí: por pura intuición, tras haberlo oído mucho, sé cómo se canta el jazz.

Perdone la simpleza de la pregunta: ¿cómo se canta el jazz?

El jazz lo tengo dentro del alma. Esta pregunta, en el fondo, es imposible de responder. O lo sientes o no lo sientes. No se puede cantar jazz si no te emociona, si no te estremece. Hay cantantes que tienen buena voz, puedes cultivar un estilo, puedes hacer lo que hace Bisbal u otros cantantes, pero el jazz es distinto. Me emociona profundamente, me hace llorar. Es el tipo de arte en el que ves a Dios. Cuando cantas jazz le encuentras un sentido a la vida, te hace pensar en la armonía del universo, es el colmo de la elegancia, de la belleza, es el temblor de lo emotivo y yo lo sentía.

Hemos dado un salto importante porque con Calderón nos hemos ido al año 2002. Antes se había ido a Estados Unidos.

Sí. Había conocido a dos bailarines con compañía propia: Bobby Nikko y Lola González. Fueron decisivos en mi carrera y en mi vida. Ingresé en su compañía y actuamos mucho. Estaban gentes como Raquel Meroño, Lila Arranz, mujeres altas y bellas, que podían ser modelos, actrices, presentadoras. Fue un período mágico y de golpe decidí irme a Estados Unidos.

¿Qué se le había perdido?

El deseo de libertad. Quería ser ‘hippie’ y libre en la vida. Me marché buscando aventuras en la gran ciudad, Nueva York, viajaba sola y desequipada, sin nada preparado, por el puro placer de hacerlo.

¿Sola, una mujer joven, alta y hermosa como usted?

Siempre he sido muy valiente en todo. Decidida y arriesgada, creo yo, y he aborrecido la noche, las drogas y los ambientes sórdidos, algo que siempre me ha aterrorizado. Iba buscando el lado dulce y bonito de la vida, y tuve mucha suerte: me iba dando de bruces con perlas amorosas: amigos, trabajos, peripecias. No he sido una mujer de amoríos o de intensas aventuras amorosas, al menos entonces.

¿Cómo se sintió en Nueva York?

Fatal. Para mí es una ciudad tan fascinante como inhóspita. Dura. Nada te ayuda en nada: ni el clima. Yo vivía en una residencia de monjas, baratísima, y desde allí asistía con algo de desolación al mundo deslumbrante en apariencia que había a mi alrededor. Tenía algo de dinero, ahorrillos, pero intentaba trabajar en todo lo que podía. Conté con una beca, asistí a varias escuelas de danza y conocí a un amigo, Datico, de origen cubano, que me introdujo en los círculos culturales, en las tertulias, en diversos montajes. Allí aprendí muchas cosas: filosofía, literatura, teatro, música y, por supuesto, danza, el método norteamericano, que es muy intenso y exigente. Mi formación, mi escuela, mi manera de interpretar creo que es muy norteamericana.

De Nueva York se trasladó a Los Angeles.

En Estados Unidos viví picoteando de aquí y de allá. Trabajé hasta de ‘baby sitter’. Allí me encontré con una pareja de amigos: él era de Zaragoza y ella era una ‘stripper’. Tenían una casa preciosa, y me presentaron a gente de la televisión. Pronto empecé a colaborar en un canal hispano de la Fox Production. De vez en cuando regresaba a España. Participé en algunos capítulos de una serie donde era la novia latina por la que discutían los dos protagonistas. Recuerdo que entonces íbamos de fiesta en fiesta por las espléndidas casas y mansiones de las colinas de Hollywood: vivía feliz, sin preocupaciones, rodeada de amigos, pero eso sí: yo entonces era muy vitalista, muy inocente, muy cándida. De temperamento romántico. Sabía lo que era pasear en descapotable, sabía lo que eran las fiestas y el lujo: jugaba a vivir en Hollywood.

¿Cuándo apareció ‘Grand Prix’ y Ramón García en su vida?

Poco después, tras regresar a España. Fue ya en 1996 y estuve una temporada. Luego fui la presentadora de Peque Prix, e hice otras muchas cosas sin tener que pagar peajes desagradables. No tuve que pasar por aros sórdidos ni acostarme con nadie para crecer. Más tarde, trabajó en Canal Gran Via en el programa ‘Rodando’, que retransmitía en directo los premios Goya, entrevisté a muchísimas personas del cine español, trabajé en el Canal Viajar, donde conocí al escritor y viajero Paco Nadal... Luego apareció Juan Carlos Calderón en mi vida y también el que iba a ser mi marido, el compositor y pianista Jeansy Aúz. No había cantado nunca en público. Asistí a clases de canto con Juan Carlos Calderón y él me invitó a cantar. Me dijo: “Se te ve una diva en el escenario. Vamos a preparar un repertorio de jazz”. Con Jeansy Aúz fundamos la productora musical 5Notas.

¿Cómo les fue?

Muy bien. Tuvimos grandes éxitos. Jeansy tiene mucho talento. Muchísimo. Hicimos ‘Yo soy Bea’, que cantó Edurne, la sintonía de ‘Cuarto Milenio’ de Iker Jiménez, y miuchas otras cosas. Jeansy Aúz realizaba bandas sonoras para cortos y largometrajes y yo le ayudaba todo lo que podía. Trabajamos para Tele Cinco, para TVE, para compañías privadas. Hace algo más de tres años tuvimos a Daniela, y decidimos volver a Zaragoza.

¿Decidimos?

Bueno, en realidad, yo quería que mi hija se educase en una ciudad más hospitalaria y tranquila, una ciudad más humana. Y nos vinimos aquí, pero Jeansy no pudo soportarlo. No se sentía cómodo aquí y nos hemos separado queriéndonos.  Ese ha sido el motivo de ruptura. Me cambió la vida: hice muchos cursos y talleres, y aprendí quiromasaje, aromaterapia, hidroterapia, naturopatía, y creé mi propia consulta. Hubo un momento en que percibí que me estaba muriendo en vida, que necesitaba el escenario y me dije a mí misma que tenía que encontrar una salvación, un empeño, una función.

¿Cómo nació ‘El gran Penhe?

Soy partidaria las cosas de manera drástica. Dar un salto aunque no tengas red. Sé, además, que me va a ir bien. Si saltas la red aparece.

¿Quién ha sido su red: su madre, el dramaturgo Paco Ortega o Enrique Gastón?

Los tres han sido determinantes para mí. Siempre he estado muy unida a mi madre: es una mujer extraordinaria, apasionada y viva, que siempre está estudiando. Es uno de los seres humanos más completos que he conocido jamás. Hizo unos cursos sobre feminismo y nos habló a mi hermana y a mí de sus descubrimientos y de algunos datos espeluznantes sobre la desconsideración de la mujer. Impulsada por ella, y luego por Enrique Gastón y Paco Ortega, salió esta función. ¿Le cuento algo?

Por favor.

Yo siempre había escrito. Desde niña me sentía poeta. Redacté el guión de ‘El gran Penhe’ en una mañana: me salió solo, como si estuviera poseída. Y me apetecía mucho estrenarlo aquí en esta ciudad por la que he apostado para vivir, aunque yo creo que no me quedaré aquí para siempre.

¿Y eso? Parece un mal final para este cuento de su vida.

Echo de menos el mar. Y creo que tarde o temprano me trasladaré a vivir a Barcelona. Me gusta cambiar, reinventarme: soy capaz de pasar de la oscuridad al brillo y al revés: puedo pasar del escenario a la más estricta intimidad. He pasado de cortar uñas y de dar masajes al escenario del Teatro del Mercado y luego al Principal, aunque creo que este es el principio de mi nueva vida.

¿Qué es lo que quiere contar con este montaje?

Yo soy el único personaje. Paco Ortega ha creído en mí. Como cantante en la función, interpreto a mi modo, canto y sigo al pianista Sergio Marqueta. El mensaje es muy serio: es una crítica al sistema patriarcal y una denuncia de la invisibilidad de la mujer.

Casi ha cambiado su actitud. La veo hasta indignada.

Soy una mujer apasionada. Y la injusticia me enciende. Estoy contra la prostitución, contra la discriminación en la vida laboral, contra el acoso sexual (y sé de qué hablo), contra algunos tópicos y contra la violencia de género. Mi texto habla de todo eso. Me duelen en el alma las injusticias. No puedo soportar que aún se acuse a una mujer de ir provocando por la calle cuando lleva minifalda, un determinado escote o una ropa ajustada. Y que se justifique al violador o al asesino con esos pálidos argumentos. El culpable es quien viola, quien agrede, no quien lleva tal o cual escote. La mujer tiene derecho a manifestarse con libertad y a sentirse bella a su modo.

 

 

EN PLANO CORTO

Apasionada, contradictoria y espiritual

 

Miryam Domínguez se define como una mujer muy espiritual y a la vez muy dialéctica, a la que le impresiona igual un ser humano que la tarea parsimoniosa de una hormiga. Sin restarle méritos a las grandes obras del hombre, una sinfonía de Beethoven, un cuadro de Rembrandt o una gran novela, huye de la grandilocuencia. Le atrapan las cosas pequeñas, los mínimos gestos, la dialéctica: le encanta discutir, exponer sus puntos de vista y combatir en un duelo de palabras. “No hay nada más seductor que una guerra dialéctica: me gusta discutir acaloradamente con adversarios inteligentes. Insisto: soy muy apasionada para todo. Para la creación, para el amor, para la amistad, y en esta ciudad he encontrado amigos muy importantes y generosos”.

Le gusta repetir que “a veces es más brillante y apacible la sombra que el esplendor de los focos o del éxito”. Ella ha vivido así, en la trastienda del éxito, en los últimos tiempos tras el intenso trabajo desplegado en televisión, en revistas musicales y con su productora musical 5Notas.

Ahora, en este nuevo viaje hacia el interior, confiesa que “está deliberadamente desinformada. Estoy reconcentrada en mí misma, volcada en la meditación y la búsqueda, voy en busca del conocimiento hacia adentro más que hacia afuera”. Así se explican algunas de sus lecturas constantes como ‘El libro del Tao’, aunque también es una gran lectora de novela negra, “me gustan mucho esos autores nórdicos que están llegando”, de Anton Chejov y de los cuentos oscuros de Guy de Maupassant. Es una enamorada de la música anglosajona: Ella Fitzgerald a la cabeza, Chet Baker, pero también Alisson Krauss y Jason Mraz.

Miryam es una mujer paradójica, contradictoria en apariencia. Busca un cuarto propio, un estilo propio. Dice: “El hombre no debe sentirse la medida de todas las cosas. Y la sociedad debe trabajar para acabar con sus tics. Las mujeres somos la mitad del mundo y tenemos que encontrar nuestro acomodo con naturalidad”. Ella intenta aportar su grano de arena y su grito en una obra teatral donde suena el jazz: su voz navegada de estupor y de emoción.

 

*Todas las fotos son de Juan Moreno.

 

 

Comentarios » Ir a formulario

gravatar.comAutor: Juan F García

Disfruté del espectáculo del sábado 22 de octubre y quedé encantado; Miryam llena el escenario con su talento de actriz, una espléndida coreografía, una bella voz que interpreta lindas melodias. Y además es una inteligente y atractiva mujer. Es un orgullo que sea aragonesa y triunfe. ¡¡Enhorabuena y gracias, Miryan!!

Fecha: 24/10/2011 16:56.


gravatar.comAutor: Beatriz Orduña

Hola, soy Beatriz Orduña y este mes ( del 17 de noviembre al 22 de diciembre) tengo una exposición de fotografías en el Patio de la Infanta de Ibercaja (San Ignacio de Loyola, 16)
Sería un honor que pudieras venir a visitarla, disfruto mucho con tus artículos y me gustaría que pudieras disfrutar con mis fotos. www.beatrizor.blogspot.com

Fecha: 10/11/2011 10:07.


Añadir un comentario



No será mostrado.





Blog creado con Blogia.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras

Contrato Coloriuris