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LUIS ANTONIO GONZÁLEZ MARÍN ABRE EL CICLO 'ZARAGOZA EN EL CORAZÓN'

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Mañana martes, 18 de septiembre, se inaugura el gran ciclo de conferencias ‘Zaragoza en el corazón’, organizado por la Universidad de Zaragoza y la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis. Serán ocho conferencias, todas a las 19,30 horas y con entrada libre para cuantos deseanasistir: cuatro en el Paraninfo de nuestra Universidad y cuatro en el Salón de Sesiones del Museo Provincial, sede de la Academia. El ciclo está concebido y planificado por José Luis Melero Rivas, bibliófilo y escritor, a punto de publicar en Xordica un nuevo tomo de artículos: 'El lector incorregible'.

La primera sesión se titula ‘Zaragoza y la música’ y la imparte el musicólogo e intérprete Luis Antonio González Marín. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Académico de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis. Será a las 19.30 en el Salón de Actos del Museo Provincial de Zaragoza.

 

 

Luis Antonio González. BIOGRAFÍA Y TRAYECTORIA

La inquietud de Luis Antonio González por la interpretación de la música histórica y su interés por la investigación y recuperación del patrimonio musical lo condujeron de un lado a la musicología histórica y de otro a la práctica musical históricamente informada, como organista, clavecinista y director. Estudió en el Conservatorio de Zaragoza, las Universidades de Zaragoza y Bolonia (donde se doctoró becado por el Reale Collegio di Spagna) y numerosos cursos de especialización en varios países europeos. Especialmente influyentes en su formación han sido José V. González Valle, José L. González Uriol, Jan Willem Jansen, Lorenzo Bianconi y Salvador Mas.

Es Científico Titular del CSIC (Departamento de Ciencias Históricas-Musicología, IMF). Desde 2000 ha dirigido el Postgrado de Tecla del CSIC y entre 2006 y 2014 ha sido director de Anuario Musical, la más veterana y prestigiosa de las revistas de musicología españolas. Ha realizado más de 200 publicaciones, prestando especial atención a la práctica musical histórica y a la recuperación de la música española de los siglos XVII y XVIII. Destacan sus ediciones de la obra de Joseph Ruiz Samaniego (fl. 1653-1670) y José de Nebra (1702-1768). Es invitado regularmente como profesor y conferenciante en congresos, cursos y seminarios en Europa y América (Universität Mozarteum de Salzburgo, Centre de Musique Baroque de Versailles, Universität Leipzig, City University of New York, University of Arizona, Universidad Nacional Autónoma de México, Universidades de Oviedo, Autónoma de Barcelona, Zaragoza, Extremadura, Cádiz, Politécnica de Valencia, Internacional de Andalucía, ESMuC, CSMA, Curso Internacional de Música Antigua de Daroca, Conservatorio de las Rosas de Morelia, Academia Internacional de Órgano de México, Laboratorio di Musica Antica di Quartu St.’Elena...).

Luis Antonio González coordina, mediante un Convenio entre el CSIC y el Arzobispado de Zaragoza, la investigación integral del Archivo de Música de las Catedrales de Zaragoza, uno de los más ricos archivos musicales históricos de España. También asesora las restauraciones de instrumentos históricos de la Diputación de Zaragoza.

En 1992 fundó Los Músicos de Su Alteza. Ha actuado en España, Francia, Italia, Bélgica, Holanda, Suiza, Gran Bretaña, Bulgaria, Rumania, Estados Unidos, México y Túnez. Su discografía comprende una decena de títulos para los sellos Arsis, Prames, Hortus, Dorian y Alpha (Outhere Music).

En su doble faceta de investigador e intérprete ha sido reconocido con numerosos galardones españoles e internacionales: Premio Nacional de Humanidades, de Musicología "Rafael Mitjana", "Fundación Uncastillo", "Defensor de Zaragoza", Diapason d’Or, La Clef, Muse d’Or, Prelude Classical Music Awards, etc. Es Académico de Número de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis.

17/09/2018 07:55 Antón Castro Enlace permanente. Músicos No hay comentarios. Comentar.

MANUEL HIDALGO ESCRIBE DE MI LIBRO 'CARIÑENA' (PREGUNTA, 2018)

https://www.elcultural.com/blogs/tengo-una-cita/2018/09/la-vendimia-literaria-de-anton-castro/

La vendimia literaria de Antón Castro

Antón Castro. Foto: Carles Domènec / Pregunta Ediciones

Antón Castro. Foto: Carles Domènec / Pregunta Ediciones

Atiborrado de Gelocatil y Fluimucil por una gripe caprichosa que no termina de dar la cara –quizá no debería haberlo dicho, pero dicho queda-, me dispongo a escribir aquí, desde el corazón de la niebla, de uno de los libros más luminosos, bonitos y sencillos que he leído últimamente: Cariñena(Pregunta Ediciones), de Antón Castro.

En 1978, a los 19 años, el entonces Técnico Especialista en Electrónica y hoy reputadísimo periodista cultural y exquisito escritor, nacido en la parroquia de Santa Mariña de Lañas, en el coruñés “concello” de Arteixo, abandonó su casa familiar y se largó a Zaragoza escapando del cumplimiento del servicio militar. Instalado en la capital aragonesa, en una especie de comuna okupa integrada por objetores como él, vio la conveniencia de ganarse unos dineros como vendimiador en Cariñena.

Leemos en la contraportada: “A medio camino entre la realidad, la memoria y la autoficción, Cariñena es una novela autobiográfica…” Vale. El etiquetado referencial nos queda claro. Novela o no, Cariñena es un relato confesional, de experiencia, de iniciación a la vida, narrado en primera persona con una ingenuidad y una naturalidad desarmantes y cautivadoras.

Un chico raro, miedoso, inexperto, sin fuste físico, emocionalmente frágil, iniciado mucho más en la vida cultural propia de su edad y su tiempo que en la vida misma, incierto aspirante a poeta y pegado a un cuaderno Sagitario –en el que anota cuanto le pueda convenir a su incipiente propósito de escribir- llega en solitario, con dos duros y en auto-stop a Cariñena a ver si consigue “engancharse” como vendimiador. Ni idea de lo que se le avecina.

Cariñena cuenta primero la expectante búsqueda de trabajo y, después, las jornadas como vendimiador en los viñedos. Todo el relato es un continuo, un río tranquilo que fluye con quietud, al paso de los días y las noches, de las horas, de las incertidumbres, de los contactos y de las tareas.

Con muy significativas alusiones al terruño abandonado, a la infancia y juventud que han quedado atrás, a la figura bifronte del padre, Castro se sumerge en el paisaje y en el paisanaje de Cariñena. Queda simple –incluso feo- decirlo así, pero así es (para entendernos): la tierra y la gente.

El Gallego –como enseguida le llaman- va estableciendo relaciones en el pueblo: gente que le ayuda, gente que le puede dar el trabajo que anhela –ya se verá-, gente que aspira a su mismo empleo; un formidable elenco de tipos humanos, cada uno con sus pequeñas historias detrás y delante, en los escenarios de la plaza, el bar, una nave, un cobertizo, unos barracones… En Cariñena y en Paniza. Tres amigos que se consolidan –Miguel, Andrés, Pepe- y dos chicas –Cris y Mar-, que también aparecen por allí en busca de trabajo. Conversaciones, anécdotas, confidencias, indagaciones, puesta en común de gustos –tal película, tal libro, tal cantante- y proyectos, afectos, aprendizaje.

Y, con la misma prosa limpísima, delicada, apacible como la solidaridad sin énfasis y la complicidad soleada que se va abriendo paso, la descripción, al fin, del durísimo trabajo farcino (cuchillo) en mano en los viñedos hasta deslomarse al sexto día, con párrafos bellísimos sobre la tierra, la uva, la técnica, la tarea y el esfuerzo de cobrarla, de sumarla a los cuévanos (cestos) hasta quedar tronzado, abatido por el lumbago del cierzo. “Molinicos de poca agua. Así se le dice por aquí a la gente como tú que flaquea cuando menos se espera”, le dirá al Gallego con cariño uno de los amigos.

Completado ahora por un relato inédito, Una artista en el viñedo, que, sobre el mismo escenario trae resonancias de la película Tierra (1996), de Julio Medem, y de las zonas de misterio y fábula que suelen agazaparse en la narrativa de Castro, Cariñena, que ya había tenido una anterior edición hace años -¿cuatro?-, es un libro bellísísimo y de una originalidad inesperada y sorprendente.

Sí. Resulta que a todos los ingredientes nombrados se suma de soslayo y con discreción, mediante referencias culturales –que no excluyen a la cultura popular y callejera-, el retrato de un tiempo y de una generación. Lo insólito es que este retrato, que suele hacerse con ambición programática y con solemnidad, se haga en Cariñena con la ingenuidad y la naturalidad desarmantes que he mencionado más arriba, que son las herramientas –propias de ciertos poetas- con las que Castro cuenta su historia y se desnuda.

Escribe Castro: “Mis padres son labradores e hijos y nietos de labradores. Mi infancia está vinculada por tanto al campo. He ido con mi padre al monte en busca de leña y desde allí contemplaba un furioso mar de delfines; he estado con mi madre horas y horas recogiendo patatas, plantando judías y deshojando maíz. Me gustaba internarme en el corazón del maizal y aislarme del mundo, tanto que a veces mi madre se asustaba: pensaba que me había perdido o que había huido hacia las antiguas minas de wólfram, donde se decía que había demonios y precipicios sombríos que conducían al más allá. Por eso cuando nos íbamos a las fincas siempre me metía un diente de ajo en el bolsillo del pantalón. Era un amuleto infalible contra los malos espíritus…”.

Este párrafo sobre el niño misántropo se prolonga todavía más. En fin, no sabemos ni nos importa cuánto hay de rigurosamente exacto en todo ello, pero lo que es seguro es que Antón Castro, el responsable del suplemento cultural de Heraldo de Aragón, el autor de El testamento de amor de Patricio Julve (1995) y, en fin, el poseedor de tantas erudiciones, tiene la suerte y el privilegio de poder seguir escribiendo con la mirada del niño aislado en un maizal. Ya me toca otro Gelocatil.

*Mil gracias a Manuel Hidalgo por este texto tan generoso y lleno de cariño.

 

16/09/2018 21:48 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

EL QUINTO PERRO VÍCTOR MIRA (1949-2003)

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El quinto perro Víctor Mira

 

ANTÓN CASTRO

“Me arrodillo y espero hasta que siento que puedo pintar como un ángel”. La frase no pertenece a Zurbarán ni a Caspar David Friedrich ni siquiera a San Juan de la Cruz, el hombre que levitaba con sus visiones poéticas, sino a Víctor Manuel Miragaya, nacido “accidentalmente” en Marruecos, aunque él siempre diría que había nacido en 1949 en la “Madre Zaragoza”. En su infancia y su juventud retendría varias imágenes: las afueras de Juslibol y sus celajes, muy especialmente, y la inmensa culebra del río Ebro. De ambas escribiría en sus poemas y en algunos de sus diarios como ‘Humus. Diario, 1994-1998’ (DPZ, 1999).

Víctor Mira, el nombre que eligió como artista, fue un creador por vocación. Sintió como pocos el drama de la insatisfacción más radical. Buscaba y buscaba, y trabajaba sin sosiego, con furia y alucinación. Así, con intuición y poseído por un don inefable, fue realizando su obra: sus óleos, sus dibujos, sus grabados, sus esculturas. Piezas que están impregnadas de pesadillas, de visiones inquietantes, de figuras poéticas que hallaba en el corazón de la noche y en los textos del Romanticismo, en la vida o en la historia del arte mismo. Víctor Mira pertenece a esa categoría de artistas que persiguen la trascendencia, el más allá, que se sienten “los elegidos” del destino y a la vez se perciben como un pájaro solitario que se adentra, de cabeza y quizá a ciegas, en el abismo. Él anhelaba “ser un artista capaz de sentir el espectro, la metáfora de la muerte” y a veces, tan paradójico y tan doliente, tan imprevisible, decía que no había vida en su interior.

En su juventud, realizó varios empleos pero pronto se trasladó a Madrid, a principios de los años 70. Algunos años después elegiría Barcelona para vivir: allí ahondó en sus temas, en sus sobresaltos y profundizó en el estudio de la historia del arte. Una mirada a su trayectoria de 35 años revela la complejidad de sus fuentes: el Barroco español, sin duda, la pintura holandesa, la huella de Friedrich, tan persistente, algunos surrealistas como Yves Tanguy, Miró o Salvador Dalí, los expresionistas alemanes, desde George  Baselitz a Otto Dix, por citar algunos, Antoni Tàpies y otros pintores quizá  más inclasificables como Vincent Van Gogh, Cézanne y Goya, claro. Fue uno de los artistas importantes de los años 80 con su paisano José Manuel Broto, José María Sicilia y Miquel Barceló. En esos años contactaría con uno de sus galeristas más constantes, Miguel Marcos, que lo presentó en Zaragoza, en Barcelona y Madrid, en ARCO y en diversas ferias europeas. Marcos dijo de él: “Mira era un animal pictórico, un hombre entregado a su trabajo, un monje en su taller que vivía por y para el arte”.

En la carrera de Víctor Mira se perciben una serie de obsesiones, de temas o de figuras claramente simbólicas.  Ahí están el ‘Caminante’ con su farol en la mano, las ‘Hilaturas’, los ‘Estilitas’, donde parece encontrarse con su pariente Luis Buñuel y su ‘Simón del desierto’, piezas como ‘Montserrat’, las crucifixiones, algunas grandiosas, que evocan por igual a Velázquez o a Dalí pero también a pintores más inquietantes como Brueghel, o los ‘Antihéroes’, otra creación suya que se inspiró en la ‘V Sinfonía’ de Beethoven y cuyo protagonista es un muerto que reposa en un somier y que tiene una herida en el centro del abdomen.

Mira también se sintió atraído por Bach a través de una serie muy depurada, presentaba bajo el formato de ‘variaciones sobre un tema’, donde predominan el negro y el azul. Toda su obra es un intento personalísimo para descifrar la complejidad del mundo, una complejidad que empezaba en él mismo: era provocador y airado, comprometido y pugnaz, satírico y rebelde, y a la vez era vulnerable, candoroso, incluso de una ternura desarbolada. En 2002 presentó en el Museo Pablo Serrano la exposición ‘Apología del éxtasis’ y en 2003 fue elegido el mejor artista español en ARCO.

Vaticinó su muerte tal, como había de ocurrir, en uno de sus dibujos. El 18 de noviembre de 2003, tras haber sufrido un incendio en su taller, Víctor Mira decidió despedirse de su última compañera Esther Romero y del mundo arrojándose a un tren en Breitbrunn. Desde hace una década descansa en el cementerio de Montjuic. En ‘Humus’ había escrito: “Sabía que no estaba loco, sabía que no era un santo, pero respiraba cada vez más con el respirar veloz de los suicidas”.

 

LAS ANÉCDOTAS

 

El quinto perro. Una de las facetas de Víctor Mira es la de poeta y ensayista. En uno de sus mejores textos le escribe a Antonio Saura: “Goya, Buñuel y tú, y aún añadiría al primero de todos, a Gracián, perro agudísimo, cuyo ingenio fue ladrar en mudo para mejor dejarse entender. Sería yo, pues, quinto perro y sordo, y aún me querrían ver sin dientes por no ser de sitio alguno que no sea mi origen propio en la perrera de Zaragoza”.

Presencia. En esta década no puede decirse que Mira haya caído en el olvido. Pepe Navarro, desde Zaragoza Gráfica, ha rescatado periódicamente su obra, con importantes novedades, y ha creado un espacio específico. La galería A del Arte ha mostrado una colección de grabados que donó Mariano Santander al Museo del Grabado de Fuendetodos. Y en el IAACC Pablo Serrano, que trabaja en un ambicioso proyecto sobre el artista, pueden verse algunas de sus mejores piezas. En el panorama nacional sí podría decirse que Víctor Mira ha pasado un tanto inadvertido.

Poética. Escribió: “No hay más verdad que el negro y el azul purísimo de Zaragoza”.

 

*Este impresionante retrato es de Rogelio Allepuz, del año 1993. 

16/09/2018 21:33 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

RECUERDOS DEL RODAJE DE 'EL AIRE DE UN CRIMEN' EN CALATAYUD

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EPÍSTOLA DE UN ÁNGEL

RECUERDOS DEL RODAJE DE ’EL AIRE DE UN CRIMEN’

 

Nunca había asistido al rodaje de una película. Y era algo que tenía completamente mitificado. Hubo una época de mi vida, a principios de los 80, cuando era camarero de bingo, que consideré que podía dirigir películas y redactar guiones. Apenas tenía dinero, pero iba tres o cuatro veces por semana a las matinales de los Multicines Buñuel. Aquel era un festín para mí: abrí un cuaderno, y dos y tres, y lo fui llenando de notas sobre la película, los actores, la historia del guión, el propósito del director y mis propias teorías. Por todo ello, en aquel verano de 1987 en que me convertí en periodista de El Día de Aragón, encaré el rodaje de El aire de un crimen con absoluto entusiasmo. En realidad, con una idéntica porción de ilusión y pánico.

 

 

Llegué a Calatayud en autobús, y busqué los puntos de rodaje: la plaza central, el hotel donde pernoctaban los equipos, la plaza de toros. Y pronto, muy pronto, me topé con los actores y todos los cachivaches de producción, entre ellos algunos negros coches de la posguerra inicial. La plaza era realmente espectacular: como un gran teatro de comedia que aguarda a que los actores declamen a Cervantes, a Lope de Vega y a Calderón. Asistí a diversas tomas con auténtica delectación: no podía creérmelo. Antonio Isasi dirigía la película y todo el mundo recordaba su éxito internacional con El perro. El capitán Medina era un actor local que empezaba entonces su proyección: Chema Mazo. María José Moreno era la Tacones. Maribel Chueca encarnaba la fragilidad y la extremada delgadez. Había muchos intérpretes importantes y no tan importantes. Me invitaron a cenar con ellos.

 

Me puse pesado: quería saberlo todo. Preguntaba y preguntaba, y Germán Cobos me contestaba primero con cariño y gracia y luego, a medida que descubría que mi inagotable insistencia o curiosidad, conteniendo el fastidio. Uno de sus amigos, uno de esos animadores de los actores que tienen buena conversación e instinto teatral aunque no lo practican, uno de ésos que siempre hablan de gastronomía y de viajes, me dijo: “Chaval. Olvídate por una hora del trabajo”. Lo intentaba. Lo intentaba, pero se me hacía difícil. Me volvió a advertir el amigo que “dejase de hacer el pelma”. Al final lo logré. O lo lograron ellos. Me emborracharon con cerveza, con vino, con orujo.

 

Al otro día, entrevisté a casi todo el equipo, tomé fotos, eso sí: tenía un insoportable dolor de cabeza. Al domingo siguiente publiqué el artículo en doble página, y dije que la joven actriz de catorce años no era una chiquilla, era un ángel vestido de amarillo. “O la diosa de hermosura inefable que enloqueció a Paris”, eso escribí sin temor al ridículo. Algunos días más tarde recibí un sobre con algunas fotos: estaba completamente borracho en todas. Una de ellas ponía en el reverso: “Bailas fatal, aunque eres muy simpático. Maribel Verdú”. A ella, precisamente a ella, la había confundido con un ángel. Creo que era lo único en lo que no había exagerado.

 

*Hace algunos años, EN 2009, publiqué este texto que recuerda mis inicios en el periodismo, en concreto en el diario ‘El Día de Aragón’ en el verano de 1987. Empecé a colaborar gracias a la librería Muriel y a la buena acogida de Plácido Díez Bella y Lola Ester Uruén. En la foto, Maribel y María José.

16/09/2018 14:02 Antón Castro Enlace permanente. Artistas No hay comentarios. Comentar.

CRISTINA GRANDE: 'NIEBLAS ALTAS'

Cristina Grande escribe, columna a columna, la novela de la vida

La escritora recoge sus textos de prensa que publica los martes en HERALDO en ‘Nieblas altas’ (Olifante)

  
   
 
La escritora Cristina Grande, en una imagen de archivo, en HERALDO.
Cristina Grande, en una imagen de archivo, en HERALDO. Guillermo Mestre

Cristina Grande Marcellán firma todos los martes en HERALDO una columna de culto. Esta mujer, que querría ser de mayor como la cineasta Jane Campion, “con su melena blanca recogida en una coleta ladeada”, escribe de las pequeñas cosas, de lo invisible, que lo que por pura obviedad da la impresión de que ni esté. Dice en la primera frase de su nuevo libro ‘Nieblas altas’ (Olifante. La Casa del Poeta): “Lo bueno de tener un pasado es que puedes olvidarlo casi a voluntad, por trozos”.

Ella, en realidad, olvida pocas cosas. Esta cronista del presente asume muy bien una frase de la escritora Nélida Piñón: “Lo que da trascendencia al arte es la maravillosa banalidad de lo cotidiano”. Lo cotidiano de hoy, de anteayer, de ayer o de hace años. Cristina tiene un especial radar de percepción, y en ese don para captar sutilezas, hechos inaprensibles, emociones sigilosas o los pequeños detalles que agigantan el arte de vivir, se parece a Alice Munro, Mercè Rodoreda, Natalia Ginzburg y Soledad Puértolas. Pertenece a ese estirpe innominada y emparentada por enigmáticos vínculos y una prosa limpia y luminosa, suave y sin gritos.

¿Qué es ‘Nieblas altas’ y que hace ese libro en una colección de poesía, más bien? Son 49 de sus columnas de los últimos años, que complementan las que ya había publicado en ‘Flores de calabaza’ (Anorak). Y aquí, también aquí, está esta escritora extraña, inquietante y familiar con sus temas. Y con esas frases que te dejan temblando o escribiendo mentalmente una novela: “Mi hermana soñaba con una piscina de mercurio”. También a ella le encantan las piscinas.

Cristina Grande es autora de libros de cuentos como ‘La novia parapente’, ‘Dirección noche’ y ‘Tejidos y novedades’ y de una novela, ‘Naturaleza infiel’, que dio mucho que hablar. Son bastantes los lectores que esperan, desde hace años, su segunda novela. Cristina la escribe sin escribirla: con sus columnas, martes tras martes, enhebra una narración frondosa, veteada de afluentes y personalísima, donde la protagonista es ella, ella y su mirada y su sensibilidad, y ese modo magistral de no darse ninguna importancia. Escribe como camina, escribe como sueña, escribe como bebe un vino o como pasea en moto, abrazada a su amor Antoine y desafiando el cierzo en Lanaja, en Calatayud, en Paracuellos de la Ribera o si hiciera falta en el Himalaya, ante sus fantásticos cedros.

Cristina escribe de sí misma y escribe de todo: de Sol Acín y de sus versos, le conmueve ese que dice: “Miedo me da la estría del aire que adivino en su infinito”. Escribe del lenguaje y visita el ‘Tesoro de la lengua castellana’ de Covarrubias para saber que significa exactamente el vocablo ‘musarañas’, que le responde: “Vulgarmente solemos llamar musarañas a unas nubecillas que imaginamos en el aire”. Puede explicar la atmósfera de una chopera en Aranda de Moncayo o recordar la película de ‘Rocky II’, contempla el descenso del Ebro, glosa un paseo en el autobús 39 y rinde homenaje a la gente que le ayuda a sobrevivir y la empuja a ser más feliz: Luis Alegre, Pepe Melero, Fernando Sanmartín, José María ‘Cuchi’ Gómez, su primo Alfredo, que la lleva en coche a un funeral, etc., y su propia madre, claro, que ella ha convertido en una misteriosa e inagotable criatura de novela.

Cristina escribe de aromas, de blusas (en concreto de la blusa roja de la actriz Luisa Gavasa), de las estrellas o de la última nieve que queda en el Moncayo. En el texto que da título al conjunto, escribe Cristina Grande Marcellán (Lanaja, 1962): “Mi madrina no quiere ver que las cosas son más complicadas. También ella, como mi madre, ve nieblas altas aun cuando se esté generando una gran tormenta”.

Esa madre, por cierto, es la misma que se pregunta o que comenta: “¿Cuándo pasarán las perdices?”. Cristina, que tiene los cinco sentidos en alerta, parece saberlo.

 

 

LA FICHA

‘Nieblas altas’. Cristina Grande Marcellán. Olifante: Papeles de Trasmoz. Zaragoza, 2018. 109 páginas.

15/09/2018 20:12 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CARMELA TRUJILLO LEE 'LA LEYENDA DE LA CIUDAD SUMERGIDA'

https://libroscarmelatrujillo.blogspot.com/2015/10/para-tener-en-cuenta.html

La leyenda de la ciudad sumergida, 

de Antón Castro
Ilustraciones de Javi Hernández
Si se hiciera una encuesta sobre por qué leemos o qué buscamos en los libros, creo que un alto porcentaje de nosotros diríamos que es para encontrar tesoros. Y por tesoros me refiero a descubrir una obra que nos llena por completo, que nos hace creer en mundos paralelos y que nos transforma en compulsivos (desesperados que buscan cualquier momento para seguir leyendo la historia).
Pues de un tesoro recién descubierto quiero hablar hoy. Se trata de La leyenda de la ciudad sumergida, publicado por Ediciones Nalvay(pequeña editorial aragonesa que solo edita “aquello que a nosotros mismos nos gustaría encontrar en las librerías”). Un libro escrito por Antón Castro e ilustrado por Javi Hernández. Una novela (¿juvenil?) que comienza así:
Sabela Camelle estaba a punto de dar a luz el día en que Cidre Oután, el ciego de Baladouro, se detuvo ante ella frente al lavadero, le cogió el vientre y se lo palpó amorosamente para comprobar hacia qué lado le abultaba más. La mujer, que conocía su fama de adivino, se dejó tocar por aquí y por allá como si nada.
-Parirás mañana al amanecer un muchacho que, a medida que pasen los días, se volverá un poco brujo- le dijo el ciego.
Y ya es imposible detener la lectura. Una lectura que, para mí, ha sido como un estadillo de sabores. Ha sido algo así como cuando te comes un bombón relleno, que explota en la boca, y todos los sabores se mezclan. El sabor del mundo rural de Rosalía de Castro, por ejemplo, o esa reminiscencia de libros clásicos como “Lazarillo de Tormes” o “Don Quijote de la Mancha”. ¿Recordáis que encabezaban sus capítulos con largas frases que explicaban lo que iba a acontecer? Pues aquí, igual. Un ejemplo:
III
DE CÓMO EN BALADOURO LLOVÍA SIN PARAR
O EL INICIO DE LA AVENTURA
Después del primer domingo de otoño se había desatado una inmensa tormenta y ya hacía más de tres días que llovía sin cesar. El río Bolaño se salió de su cauce e inundaba los prados y las vegas de frutales. Illó Oscuro amenazaba también con salirse de sus límites y extenderse por las fincas de siembra, la propiedad inmensa de Ferreño, y por los huertos protegidos por muros de laja a lo largo del río. En los caminos nacían riachuelos que bajaban enloquecidos desde las cumbres y desembocaban en la era del tío Xosé do Nacho, donde formaban barrizales, lagunas de lodo y un mar de agua con residuos, espantapájaros y aparejos de labor.”
Las aventuras, en este libro, ocurren una tras otra, con todo tipo de personajes (muchos, propios de la mitología gallega). Y nosotros, como lectores envueltos en la magia de Antón Castro, nos lo creeremos todo. Todo. Incluso que los animales hablen. O que existan seres como los nuberios. También las meigas, por supuesto, que las hay. Y seguiremos leyendo para conocer qué le ocurre a Esteban, un chaval que posee ciertos dones únicos desde que fue obsequiado con un libro escrito a tres tintas y que le iba a proporcionar la capacidad de“arreglar las mayores catástrofes, de curar las más punzantes y dolorosas heridas y de vivir las aventuras más increíbles”. El amor por la lectura, por los libros, por las historias que cuentan esos libros o los relatos que se narran en voz alta, todo eso, tiene cabida en La leyenda de la ciudad sumergida.
¿Y qué decir de las ilustraciones? Pues que forman una perfecta simbiosis con el texto, acompañándolo de una manera sutil, delicada.Javi Hernández, el ilustrador, me cuenta que se siente muy cómodo realizando este tipo de dibujos, con el lápiz “porque me permite de un modo sencillo expresar mucho, construyendo atmósferas y a la vez conseguir  precisión en los detalles”. Me cuenta que no le atraen las técnicas digitales porque necesita “tener un contacto táctil con los materiales sobre el papel”. Las imágenes que acompañan esta reseña, repletas de detalles y de color, son un ejemplo del buen hacer de este artista argentino afincado en Huesca.
El autor, Antón Castro, nació en La Coruña y reside en Zaragoza. Es escritor, periodista (ganó en 2013 el Premio Nacional de Periodismo Cultural) y traductor. Y nos habla a continuación de La leyenda de la ciudad sumergida. Preguntas y respuestas para conocerle mejor.
…….
¿Qué supuso, para ti, que este libro tuviera una segunda oportunidad? Me refiero a que, casi diez años después de su publicación en gallego, la editorial aragonesa Nalvay te dijera que se había enamorado de la historia.
Tras publicar ‘El niño, el viento y el miedo’ en la editorial Nalvay, le di a David González, el editor, el ejemplar en gallego de ‘A lenda da cidade asolagada’, sin ninguna intención oculta. Él sabe poco gallego, me confesó, pero se zambulló en el libro, le interesó la historia y me dijo: “Antón, esta novela me ha encantado. Me gustaría que la tradujeses”. Y ahí empezó todo: la reescribí un poco, la “desbarroquicé”, la hice algo más fluida y mantuve sus constantes: la fantasía, el enigma, el bestiario, etc.
Hay un personaje, un animal, que me ha gustado mucho: la yegua Pindusa (quizá porque cuando yo era niña tuve un caballo imaginario que también hablaba). Y tú, ¿con qué personaje te sientes más identificado o cuál te resulta más atrayente? ¿Tal vez el bibliotecario don Darío Barrerio, por eso de que en los años 80 buscabas un empleo de bibliotecario en Arteixo?

El libro nació en una época en que yo trabajaba en un bingo y fui a La Coruña a realizar un curso de tres meses de biblioteconomía. A mí me gustan mucho Pindusa, la yegua, que tiene la propiedad del habla y que es como la protectora del héroe, y por supuesto Don Darío Barreiro, que es el bibliotecario ideal, implicado, que entiende que los libros son seres vivos y que deben ayudar a vivir. O incluso a solucionar un conflicto tan urgente como una inundación por tormenta incesante.  
Me han impresionado los dibujos de Javi Hernández. Puesto que ya habíais trabajado juntos en “El niño, el viento y el miedo”, saber que él te acompañaría en “La leyenda de la ciudad sumergida” ¿te dio cierta seguridad respecto a los resultados?
Sin duda. Con Javier Hernández, desde ese primer proyecto, surgió una corriente de cariño y de afinidad. Tiene un trazo personalísimo, sutil, lírico e imaginativo, y aquí, de nuevo, lo resuelve muy bien. Con él siempre estoy en buenas manos y en mejores trazos. Me encanta trabajar con él y creo que no será nuestro último trabajo; tenemos por ahí dos sueños en marcha: uno sobre el tango y otro sobre el jazz. Le apasiona la música y a mí también.
  
En tu historia se habla de la superación del miedo. ¿Crees que lo que mueve al mundo es esta sensación de angustia que provoca el peligro real o imaginario? ¿O tal vez es, “simplemente”, la clave para las novelas de aventuras?
El miedo está en nuestras vidas, en la convivencia diaria, todo el rato. Sí, esa es una parte importante: es una invitación al atrevimiento, a la confianza, al riesgo. La vida, incluso cuando te vienen muy torcidas, te da segundas y terceras oportunidades. Y por supuesto, la angustia, el pánico, la incertidumbre, la pasión, querer saber, todo ello es muy útil en el desarrollo de la intriga de las novelas. 
El bestiario que aparece al final del libro, ¿es real,  pertenece a la mitología gallega, o algunos de esos seres han sido creados expresamente para que se asomaran a tu historia?
Sustancialmente es imaginario, pero forma parte de la mitología gallega. Hay cosas inventadas que forman parte de ese fabulario de prodigios que te cuentan las abuelas, los ancianos o algunos libros en la niñez. Y he intentado usarlo todo. De niño me hablaban de ‘Los moros de Larín que salían del trasmundo para ayudar a la gente del campo en sus tareas con las vacas’. Me lo dijo un pariente de mi abuela Emilia, o quizá ella misma, y lo he utilizado. Así se trabaja: con lo que pasó, con lo que pudo pasar, con lo que te cuentan que ocurrió, desdibujado por la imprecisión de la leyenda, y lo que sueñas, lo que imaginas. Aquí hay varias figuras inventadas.
………

-La biblioteca-

Mientras leía La leyenda de la ciudad sumergida (Nalvay, 2014) me he sentido como el rey que se mantenía despierto sólo para seguir escuchando las historias que contaba, noche tras noche, Scheherezade. Y esta sensación me ha hecho recordar un pensamiento que Carmen Martín Gaite dejó escrito en su libro “Cuaderno de todo” y que habla de la importancia de contar bien las cosas. La escritora dijo: Así pasa en muchas narraciones que embriagan, las amorosas, de preferencia. Se pide, en definitiva, que le cuenten a uno las cosas bien. Y para contar bien hay que mirar fuera de sí, insertar lo propio en lo ajeno.
      
ENLACES DE INTERÉS:

13/09/2018 11:15 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CICLO 'ZARAGOZA EN EL CORAZÓN'

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CICLO 'ZARAGOZA EN EL CORAZÓN'.

 

COORDINA: José Luis MELERO RIVAS. Bibliófilo, académico de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis, Hijo Predilecto de Zaragoza y Premio Santa Isabel de Portugal.

 
El próximo martes, 18 de septiembre, se inaugura el gran ciclo de conferencias "Zaragoza en el corazón", organizado por la Universidad de Zaragoza y la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis. Serán ocho conferencias, todas a las 19,30 horas y con entrada libre para cuantos queráis asistir: cuatro en el Paraninfo de nuestra Universidad y cuatro en el Salón de Sesiones del Museo Provincial, sede de la Academia.

1. Zaragoza y la música. 18 de septiembre, martes. Luis Antonio González Marín. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Académico de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis. 
Salón de Actos del Museo Provincial de Zaragoza.

2. Zaragoza y la educación. 20 de septiembre, jueves. Víctor Juan Borroy. Universidad de Zaragoza. 
Aula Magna del Edificio Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.

3. Zaragoza y el cine. 26 de septiembre, miércoles. Luis Alegre Saz. Universidad de Zaragoza. 
Aula Magna del Edificio Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.

4. Zaragoza y la economía. 3 de octubre, miércoles. José María Serrano Sanz. Universidad de Zaragoza. Académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. 
Salón de Actos del Museo Provincial de Zaragoza.

5. Zaragoza y el urbanismo. 18 de octubre, jueves. Rafael de Miguel González. Universidad de Zaragoza. Académico de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis. 
Salón de Actos del Museo Provincial de Zaragoza.

6. Zaragoza y la literatura. 22 de octubre, lunes. Antón Castro. Escritor y periodista. Premio Nacional de Periodismo Cultural. 
Aula Magna del Edificio Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.

7. Zaragoza y la postguerra. 31 de octubre, miércoles. Jorge Sanz Barajas. Escritor y profesor. 
Salón de Actos del Museo Provincial de Zaragoza.

8. Zaragoza y las Bellas Artes. 22 de noviembre, jueves. Juan Carlos Lozano López. Universidad de Zaragoza. Académico de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis. 
Aula Magna del Edificio Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.

Comienza el próximo martes Luis Antonio González, que ilustrará su charla con ejemplos sonoros sobre la actividad musical histórica en Zaragoza. Yo que vosotros no me la perdería.

*Una entrevista de David Navarro con Luis Antonio González Marín (Zaragoza, 1962) en Heraldo.es. La foto es de José Miguel Marco.

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/08/11/luis-antonio-gonzalez-marin-aragon-sido-pionero-recuperacion-musica-antigua-1261545-1361024.html

13/09/2018 08:28 Antón Castro Enlace permanente. Temas aragoneses No hay comentarios. Comentar.

ISMAEL GRASA EXPLICA SU LIBRO 'LA HAZAÑA SECRETA' (TURNER)

Ismael Grasa: "No tenemos la respuesta de todo"

El escritor y profesor de Filosofía publica 'La hazaña secreta', un tratado sobre la felicidad, el amor, la belleza y la vida buena en Turner

 
Isamel Grasa, retratado en la librería Los Portadores de Sueños.
Isamel Grasa, retratado en la librería Los Portadores de Sueños.José Miguel Marco.

¿Cuál es el origen del libro?

Unas cartas que no llegué a enviar, la intención de expresar cierto ideario de vida, o de reflexionar sobre él. También el deseo de transmitir que los valores que nos mueven no son más débiles que, por ejemplo, los de un integrista.

¿Qué le debe a ‘La flecha en el aire’? ¿En qué medida podría ser un conjunto de lecciones cortas de clase, casi un tratado de urbanidad, idóneas para los alumnos?

Aquel libro era un diario de profesor. Este es un libro que parte de los manuales de urbanidad, que es un género bastante desprestigiado, para conducir al lector a otros lugares y preguntas.

Una de las frases que más se usa es ‘la buena vida’. ¿Qué sería para usted la buena vida?

Aunque parezca una respuesta circular, la vida buena es aquella que la persona buena reconoce como tal. Y es una combinación de participación en lo público y, a un tiempo, una individualidad ganada, conquistada. Hay que pensar, por otra parte, que la idea de los derechos humanos fue abriéndose paso a la par que ciertos usos domésticos, de indumentaria o de mobiliario: los asientos individuales en los teatros, el mueble secreter, la lectura de novelas en silencio, etc. De todo esto hablan autores como Lynn Hunt, que es una de las referencias que aparecen en el libro.

Por curiosidad, ¿qué ha sido más determinante en la redacción del libro: su condición de escritor, su condición de profesor o la de padre?

Todas ellas, supongo, han pesado algo. Como escritor, he pretendido que esté bien escrito, que los capítulos sean lecturas limpias; como profesor, son cosas que trato habitualmente; como padre… lo cierto es que mi pareja estaba embarazada cuando lo escribí, y quizá haya influido en el deseo de transmitir algo.

Isamel Grasa: No tenemos la respuesta de todo

¿Cuál es el significado de las citas? ¿Qué buscaba ahí y cómo las ha organizado? ¿Cuánto hay en ellas de azar y de homenaje de cariño a autores y amigos que le marcan?

Decidí que todos los capítulos terminasen con una cita, de modo que el libro es, a su vez, una selección de textos, recogidos en la bibliografía final, y que el lector puede continuar por su cuenta. Contiene un compendio de reflexiones, de Montaigne a Camus, de Natalia Ginzburg a Savater, que apuntan hacia la dignidad de lo cotidiano.

He pensado que ‘La hazaña secreta’ tiene algo de meditaciones de un lector… ¿Qué son primero las reflexiones o los textos ajenos?

Primero fue la reflexión, no es un libro de citas en ese sentido. El primer término que se extiende en nuestro mundo cultural con la Transición es el del “desencanto”, como si la vida en paz, la democracia común, fuese algo insatisfactorio para nosotros. Herzen decía que a los latinos no nos gusta vivir en libertad, que lo que nos satisface es luchar por la libertad. El motor de la reflexión de mi libro es rebelarse contra esto.

El libro parece un inventario de la sensatez, pero también tiene sus extravíos o sus desafueros, su discurso contra la lógica. Pienso en la frase de Mariano Gistaín: “Escuchar equivale a buscar vida extraterrestre, pero en la cocina”.

A mí me parece que está muy en la lógica, en el sentido en que lo dice Gistaín. Buscar ciertas formas de iluminación y de sentido forma parte de lo humano. Lo que es ilógico es pensar que tenemos la respuesta de todo.

¿No hay algunos elementos de provocación, o de ironía, o de puro juego, como eso de tener un sastre propio?

Sí, hay algo de provocación anacrónica. El caso es que reivindico en el libro los oficios, y los locales donde se arreglen y restauren cosas, no sólo donde se vendan nuevas.

¿En qué consiste de verdad ser un héroe para usted, o cuáles son los heroísmos inadvertidos que nos pautan la vida y la engrandecen?

Para ver héroes no hay más que girarse y mirar entre quienes tenemos al lado. Albert Camus decía que los nazis nos habían obligado entonces a ser héroes para tener que sobrevivir, pero que el heroísmo así entendido es poca cosa, que lo difícil es la felicidad.

Ismael Grasa: No tenemos la respuesta de todo

Aristóteles pareció intuir el mundo contemporáneo mejor que nadie. Escribió: “que no cabe que la misma cosa sea y no sea simultáneamente”. ¿Es una lección también para la política?

Ese principio de no contradicción del que hablas me parecía apropiado como introducción a un libro que quiere ser moderno pero no posmoderno.

¿Por qué defiende cosas tan sencillas, en apariencia, como hacer la cama, coleccionar algo, fomentar la amistad, aprender idiomas…?

Porque son las cosas con las que nos desenvolvemos, y las que quizá más contribuyan al progreso. Estoy entre los que creen que se ha progresado más levantando el sombrero de nuestras cabezas para saludar con cortesía que cortando cabezas.

¿Qué hacemos mal, por lo regular y no todos, claro, en el afecto, en el amor, en el sexo, en la vida en pareja?

No lo sé, no soy terapeuta ni psicólogo. Mi campo es más filosófico, y la filosofía no cura, sino que enferma, por más que sea en un sentido bueno.

“La casa de uno debe estar dispuesta para tener invitados”. ¿También en estos tiempos?

Una casa que no esté abierta no puede contener la felicidad.

El otro día alguien tras leer su libro, me dijo: “Muy interesante y bonito, pero no estoy en esa época”. ¿Para quién ha pensado este trabajo?

Quizá aquel lector sea demasiado antiguo. En todo caso, hay cosas en el libro, referidas a la indumentaria o la distribución de la casa, que no tienen por qué ser compartidas literalmente. Entiendo que lo que importa en el libro es la reflexión cívica que está tras ello, con la que se puede discrepar, pero que afecta a todos.

¿Cuál es su relación con el pensamiento que se puede dar en España? Pienso en Esquirol, Marina Garcés, Amelia Valcárcel, Arias Maldonado, Javier Gomá… ¿Los sigue, le interesan?

Soy lector de ensayo, y lo cierto es que se está publicando mucho y de buen nivel. Incluso la narrativa parece inclinada hacia cierta forma de testimonio, investigación o reflexión autobiográfica. No hay que mirar más que a las obras recientes de autores aragoneses como Sergio del Molino, Daniel Gascón, Martínez de Pisón o Manuel Vilas.

Ramón Gómez de la Serna dijo: “No hay más que la hazaña secreta, la aventura del atardecido”. ¿Qué quiere decir, cómo asumes la frase que la conviertes en el título del libro?

Como dice Montaigne, tanto valor requiere morir en la cama como en la gloria del campo de batalla.

 

11/09/2018 18:09 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RAMÓN SENDER BARAYÓN RECUERDA A SU MADRE AMPARO BARAYÓN

LA VIDA, EL AMOR Y LA MUERTE

DE AMPARO BARAYÓN

 

El sello Postmetropolis reedita ‘Muerte en Zamora’ de Ramón Sender Barayón, la historia de su madre y primera esposa de Ramón J. Sender, apresada y fusilada en octubre de 1936

 
Ramón José Sender y Amparo Barayón pasean por Madrid, en 1935.
Ramón José Sender y Amparo Barayón pasean por Madrid, en 1935.Archivo Concha Sender

El músico y artista Ramón Sender Barayón (Madrid, 1934), hijo del escritor Ramón José Sender (1901-1982) y de la pianista Amparo Barayón (1904-1936), siempre tuvo una sombra en su vida: el destino de su madre, fusilada en Zamora el 11 de octubre de 1936, después de haber sido arrestada dos veces, una de ellas bajo la acusación de espionaje. También fueron ejecutados sus hermanos Antonio y Saturnino, cuyos cuerpos no se encontraron jamás. Esa sombra lo llevó a escribir un libro, ‘Muerte en Zamora’, que se publicó en Plaza & Janés en 1990 y que ahora, con prólogo de Paul Preston, ha sido reeditado, ampliado y con nuevas aportaciones, por Postmetropolis editorial.

Ramón Sender Barayón, que acaba de ser objeto de un documental de Luis Olano en su faceta de gurú de la música electrónica, siempre había estado intrigado con el destino aciago de su madre. Cuando ella fue fusilada, él tenía dos y años y medio, y su hermana Andrea, meses. Luego ellos, con la ayuda del periodista Jay Allen, fueron recogidos por la Cruz Roja Internacional y acabarían viviendo con un matrimonio norteamericano; Julia Davis sería como su segunda madre.

Ramón hizo algunas pesquisas en su familia, pero todo se difuminaba. Al autor de ‘Contraataque’ y ‘Los libros de Ariadna’ el asunto lo incomodaba mucho, tanto que jamás quiso contárselo a su hijo más allá de lo que ya aparece en sus novelas. Poco antes de la muerte de su padre, con quien había vivido muy poco, lo llamó por teléfono y le pidió que le dijese qué había sucedido con su madre. El diálogo se convirtió en una discusión y Sender le dijo: “Lo único que quieres es sacar dinero a costa de los huesos de tu madre”. El tono se agrió más, el escritor llamó a su hijo “imbécil” e “idiota”, y acabó colgándole el teléfono. Ramón escribió al ‘El País’ pidiendo información sobre su madre. Y le mandó otra carta a su padre: “Me duele en el alma pelearme contigo. ¿Por qué tenemos que ser enemigos? ¿Por qué hemos de repetir el destino de tantas generaciones”. Jamás le respondió y aquella encendida y áspera conversación ya sería la última.

La vida, el amor y la muerte de Amparo Barayón

Fue entonces cuando Ramón Sender Barayón, que había olvidado el castellano, vino a España. Fue en 1982. Se trasladó a Zamora, habló con familiares y registró algunas desagradables opiniones que se habían vertido sobre su madre. Todo eso lo aclara el texto de Francisco Espinosa Maestre y algunos de los interesantes apéndices.

Ramón reconstruye la vida su madre. Tenía seis hermanos, su padre fundó la cafetería Iberia, donde detrás de una suerte de terraza con balcón ella tenía piano, instrumento que solía tocar. Luego se trasladó a Madrid, frecuentaba cines de la Gran Vía y las salas del Ateneo, y allí oyó un día a Senderleyendo su novela ‘Imán’.

Finalmente entrarían en contacto, se enamorarían y tendrían dos hijos, sin estar casados. La Guerra Civil los cogió en la colonia veraniega de San Rafael, en El Espinar, en la Sierra de Guadarrama. Como la posición de Sender era comprometida, según Conchita Sender, su hermano le dijo a su mujer:“Recuerda, si las cosas se ponen mal, vete a Zamora. En Zamora nunca pasa nada. ¡Ojalá hubiera sido así!”.

Ramón Sender Barayón habló con mucha gente, con familiares, con amigos, con compañeras de su madre, con periodistas e historiadores. Reconstruye sus últimos momentos, su paso por la cárcel, las penalidades que pasó y el último instante, en el que el cura le negó la absolución, porque no estaba casada por la iglesia.

Dos de sus compañeras de celda cuentan su final. Dice Pilar: “A las seis de la tarde Justo, el secretario del administrador de la cárcel, le arrancó a la niña de los brazos, diciendo entre otras gracias, que ‘los rojos no tienen derecho a criar hijos’”.

Poco antes de la tragedia, Amparo le había escrito a su marido: “Mi querido Ramón: No perdones a mis asesinos que me han robado a Andreína, ni a Miguel Sevilla, que es culpable de haberme denunciado. No lo siento por mí, porque muero por ti. Pero, ¿qué será de los niños? Ahora son tuyos. Siempre te querré. Amparo”. Sender tuvo otras muchas virtudes, pero no fue un padre precisamente ejemplar. Con -Elisabete Altube tuvo un tercer hijo, Emmanuel.

La vida, el amor y la muerte de Amparo Barayón

LA FICHA

’Muerte en Zamora’. Ramón Sender Barayón. Prólogo de Paul Preston. Introducción de Helen Graham y de Mercedes Esteban-Maes Kemp. Apéndices: Francisco Espinosa Maestre. Traducción de Mercedes Esteban-Maes Kemp. Postmetropolis Editorial.

Madrid. 296 páginas.

Iconografía. El libro aporta mucho material gráfico: cartas, fotografías, certificados de defunción, notas íntimas. Amparo le manda una foto y le dice: “A mi Ramón con la locura de las locuras, con mi entusiasmo todo y más. ¡¡Siempre más!! Tu Amparo”.

11/09/2018 17:30 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

PRIMER DISCO DE ROBERTO MIRANDA RIVARÉS Y ELENA GARCÍA

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El violonchelista zaragozano Roberto Miranda graba su primer disco

En ‘White Album’, adapta temas de música actual con la violinista Elena García, con quien forma el dúo CaboStrings, que trabaja en México

 

 

A los 7 años, cuando iba a empezar a estudiar guitarra en el conservatorio (la rasgaba desde los 5), Roberto Miranda Rivarés (Zaragoza, 1987) oyó en televisión una pieza de Bach interpretada por Mstislav Rostropovich. Le impresionó, y le dijo a sus padres, Maribel y Roberto, que quizá fuese mejor elegir el violoncello. Acabó los estudios superiores en Zaragoza, con los maestros Ángel Luis Quintana y con David Apellániz, y partió a Manchester a realizar un máster de cuatro años. Al concluir se halló en una encrucijada: ¿se dedicaría a la enseñanza, opositaría para ser instrumentista en una orquesta o se haría concertista?

Nada era fácil. Y el azar casi decidió por él. Un día, en Internet, vio un anuncio donde pedían ocho profesores para crear en Baja California Sur, en La Paz (México), una orquesta de niños. Era un proyecto social, promovido por la Fundación Azteca, cuya idea era "cambiar el arma por un instrumento musical".

Los ‘hits’ en versión clásica

Allá se fue y coincidió con siete profesores españoles, entre ellos la violinista Elena García (Madrid, 1988). "Teníamos alumnos de 7 a 18 años y los niños, hasta entonces, no habían estudiado música. Ese plan duró dos años, de 2013 a 2015, y cobrábamos unos 400 euros", recuerda.

"A Elena y a mí nos apasiona tocar. A través de diversos contactos empezamos a hacerlo en eventos privados, en bodas, en hoteles de lujo, donde podíamos. Con dos instrumentos como los nuestros, no es fácil hacerlo en acústico. Tuvimos que aprender a amplificar el sonido, a ecualizarlo, a mezclarlo. Con la orquesta, dentro de nuestra labor tutorial, habíamos desarrollado algunas actitudes que nos vinieron muy bien, entre ellas la paciencia". Elena y Roberto formaron el dúo CaboStrings y decidieron trasladarse a Los Cabos. "Esa zona, que está en esa punta donde el Mar de Cortés se une con el Pacífico, es la que les gusta a los norteamericanos para veranear. Mientras los europeos eligen casi siempre Cancún, los vecinos de Estados Unidos prefieren estas costas un tanto vírgenes y desérticas, con muchos kilómetros de largo", dice. Allí vive ahora.

El violoncellista zaragozano Roberto Miranda graba su primer disco

Roberto y Elena tenían clara una cosa: ofrecerían conciertos de música clásica para violín y piano, pero su apuesta iba a ser otra también: coger canciones conocidas y adaptarlas para sus instrumentos. Así nació su primer álbum: ‘White Album’ (2018), que consta de doce temas, algunos tan conocidos como ‘Havana’, que ha popularizado Camila Cabello, ‘Perfect’ de Ed Sheeran y Beyoncé, ‘Échame la culpa’, el tema de Luis Fonsi y Demi Lovato. O ‘Feels’, al que ha puesto su voz Kate Perry.

"Nuestro proceso es laborioso. Elijo el tema, lo oigo, selecciono la melodía principal, compruebo las diversas melodías secundarias, las escribo… Esa tarea suele llevarme unas diez horas". Una vez verificado si el tema se puede adaptar y funciona bien, "nos equivocamos muchas veces", empiezan a grabar en diversas pistas los instrumentos. Y luego se mezcla. Por ello quien oye el álbum puede tener la sensación de que está escuchando una orquesta, instruida en la música contemporánea. "A nosotros nos interesa mucho la música clásica, y lo que hacemos es adaptar canciones o temas que forman parte del imaginario moderno de la gente, y lo transcribimos a nuestra línea de trabajo". A veces, dada la complejidad de la versión, la presencia de las diversas melodías, no es fácil reconocer la pieza. "Yo creo que hacemos una labor de difusión de lo clásico pero a la inversa. Elegimos un tema popular y lo trasvasamos con nuestros ritmos. Tenemos muchos seguidores. Actualizamos el repertorio cada semana, a partir de listas internacionales como Bilboard List EE. UU. y los BBB Chart del Reino Unido".

El violoncellista zaragozano Roberto Miranda graba su primer disco

Pequeña película de la canción

CaboStrings tiene unos 10.000 seguidores en Facebook. Con cada canción graban un vídeo, que dirige y monta Gustavo Jasso. Ahora tienen doce en la red con más de 100.000 descargas cada uno. "Nosotros escuchamos sus sugerencias y todo lo que dice Gustavo, pero el guión es nuestro. En ocasiones pueden ser como pequeñas películas, donde Elena se baña desnuda, como en una película de Alfred Hitchcock, y yo incluso muero. Nos importa mucho otra cosa: estamos instalados en Los Cabos, y hacemos promoción de sus paisajes, algo que los mexicanos agradecen mucho. Son muy patriotas", matiza.

Roberto Miranda Rivarés asume que lo que hacen, desde el prisma de la música clásica, no puede no estar bien visto. "A mí me apasiona la música clásica y mi instrumento. La interacción entre Elena y yo es constante; está viva. Hay diálogo. Buscamos el sonido más puro y elegante, y las nuevas posibilidades instrumentales de vanguardia", añade.

 

11/09/2018 17:25 Antón Castro Enlace permanente. Músicos No hay comentarios. Comentar.

MAR TRALLERO: VIDA, LIBROS Y EXILIO DE MARÍA DOLORES ARANA

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Vida, libros y exilo de María Dolores Arana

 

La escritora vasca, que vivió dos décadas con el escritor zaragozano José Ramón Arana, ha sido objeto de una tesis de Mar Trallero

 

Antón CASTRO

La profesora Mar Trallero (Barcelona, 1975), que reside actualmente en Pensilvania, Estados Unidos, leyó hace unos meses una tesis doctoral en la Universidad Autónoma de Barcelona sobre la escritora María Dolores Arana (Zumaya, Guipúzcoa 1910-Hermosillo, México, 1999), que vivió durante dos décadas con el escritor aragonés José Ramón Arana (1905-1973), con quien tuvo dos hijos: Federico y Juan Ramón.

Cuenta Mar, que está vinculada con Samper de Calanda: “Fui a México DF a hacer la investigación para un trabajo sobre el exilio femenino de 1939 e hice muchas entrevistas a mujeres refugiadas. A María Dolores Arana no se la pude hacer porque ya hacía algunos años que había fallecido, pero me habló de ella James Valender, yerno de Paloma Altolaguirre, hija de los poetas Manuel Altolaguirre y Concha Méndez, y gran estudioso de la poesía del exilio republicano español de 1939. Yo le comentaba lo que había encontrado en las entrevistas y él me habló de Arana como la persona que aglutinaba todas aquellas circunstancias que habían sufrido las distintas mujeres españolas en México, de manera esporádica o parcial”. Mar Tralleró pensó que a través de la autora de ‘Canciones en azul’ (Cierzo, Zaragoza, 1935), se podía explicar muy bien el caso diferenciado de la mujer refugiada de 1939 en México.

“El hecho también de tener unas conexiones tan intensas con algunos personajes de renombre la hacía más interesante. Luego, el extraordinario paralelismo con su amiga Concha Méndez terminó de fascinarme”. Además de Concha Méndez, poeta del 27, tuvo contacto con Luis Cernuda, al que admiraba mucho y fueron buenos amigos, con Manuel Altolaguirre, con Octavio Paz y con Camilo José Cela, con quien se carteó en los años 60 y le publicó textos en ‘Papeles de Son Armadáns’.

Fue clave su conexión zaragozana, especialmente antes de la Guerra Civil. Explica Mar Trallero: “El poeta, libreto y galerista Tomás Seral y Casas la introdujo, seguramente a iniciativa de otro colaborador, en ‘Noreste’, una revista literaria de calidad y reconocida. Por lo tanto, ello hizo posible que a Arana se la conociera y se la considerara en buena medida como promesa de la poesía, algo que la guerra truncó por completo”. Sería aquí, en Zaragoza, donde publicó su primer libro, con ecos de la poesía popular y Góngora, filtrado un poco por Gerardo Diego. El dibujante y arquitecto Federico Comps le hizo un retrato.

“No creo que María Dolores se estableciera nunca en Zaragoza, aunque cabe esa posibilidad porque los años de la República, en su vida, permanecen muy oscuros, desconocidos. Ella estudió para formar parte del cuerpo de aduanas, y consiguió entrar como funcionaria en el cuerpo auxiliar de aduanas, pero la plaza que tenía cuando estalló la guerra era la de Irún. A causa de la toma franquista del territorio, la trasladaron a Barcelona”. Parece más que probable que fuese allí donde conociera a José Ramón Arana, que entonces era sindicalista y usaba su auténtico nombre: José Ruiz Borau. El futuro autor de ‘El cura de Almuniaced’ era primo del escritor y cineasta José Luis Borau.

 “Podrían haber coincidido en Barcelona o Zaragoza, pero no creo que hubiera pasado de un encuentro más bien casual. Durante la guerra fue cuando se conocieron bien e iniciaron su relación, que tuvo que ser apasionada en un principio por lo menos”. Se fueron juntos de España porqué tenían muchas posibilidades de ser represaliados. “Ella, con una familia franquista que la pudiera avalar, quizás lo tenía más fácil para quedarse. María Dolores amaba profundamente su tierra, pero se fue con él y, pese a las extremas dificultades (embarazada, sin recursos monetarios, con el miedo a la detención, con el ingreso de Ruiz Borau en un campo de refugiados) desoyó los ruegos de su familia y se marchó a América. Él, casado con Mercedes Gracia y con cuatro hijos pequeños a los que dejó cerca de Barcelona, cambió su identidad para crear una nueva”. Pasó a ser José Ramón Arana, y decía que era periodista y nacido en San Sebastián.

La vida no fue nada fácil. José Ramón Arana fue recluido en un campo de concentración en Francia, y María Dolores hizo lo indecible para ayudarlo a salir. Al fin lograron instalarse en México. José Ramón creó diversas librerías (como contó Simón Otaola en ‘La librería de Arana’) y fundó varias revistas y mantuvo su actividad política. “Ella se dedicó a sacar las castañas del fuego de la familia. Hacía mil y un trabajos para poder subsistir (vender colonia, coser muñecas, dar clases de piano...) y aún así sacaba fuerzas para continuar escribiendo poesía, y colaborando gratuitamente en revistas del exilio, fundadas por su marido, para no perder aquel primer atisbo de compromiso literario que había adoptado en España”. En 1953 publicó, con prólogo de Concha Méndez, su segundo poemario: ‘Árbol de sueños’, de lírica intimista y un tanto pesimista.

En 1960 María Dolores y José Ramón se separaron. El escritor tuvo otro hijo, Veturián, con su nueva compañera: la profesora de música Elvira Godás. Con esta pudo hablar Mar Trallero y le contó su inmensa desolación tras la ruptura. En 1966 publicaría ‘Arrio y su querella’, una historia de la filosofía cristiana, y en 1987 una insólita novela: ‘Zombies. El misterio de los muertos vivientes’, que obedecía a su interés por el vudú y el recuerdo de unos meses en La Martinica.

“MDA era una mujer con una extraordinaria capacidad intelectual, pero pese a ello con muchas inseguridades que explicaban un carácter más bien tosco, muy introvertido, muy vasco según me han dicho varias personas vascas. Era una mujer muy exigente, con ella misma y con los demás, también enormemente honesta y generosa en la amistad”, resume Mar Trallero.  Era tan humilde que fue el bibliófilo José Luis Melero quien le mandó a su hijo Federico la fotocopia del primer libro: ‘Canciones en azul’, del que no sabía nada.

 

*Este artículo apareció en Heraldo de Aragón.

 

11/09/2018 09:52 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

RETRATO DE CONCHA MÉNDEZ

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Concha Méndez, siete años de amor con Buñuel

 

Se publica una nueva edición de las ‘Memorias habladas, memorias armadas’ de la poeta de la generación del 27 que fue novia del cineasta

 

Concha Méndez Cuesta (1898-1986) es una de las poetas del 27 y una mujer que vivió intensamente una existencia tumultuosa y rica: nació en Madrid, fue la mayor de once hermanos, se educó con una institutriz francesa (escribió poemas en francés antes que en castellano), veraneaba en Santander y San Sebastián, fue campeona de natación, aunque era una fumadora compulsiva, viajó desde pequeña a París con una de sus hermanas, estudió en el Liceo Club Femenino y, poco a poco, se convirtió en una de las voces de la Generación del 27. Fue amiga entrañable de Vicente Aleixandre, de Pablo Neruda y de Federico García Lorca, tuvo un sueño premonitorio de su asesinato en la presentación del libro ‘La realidad y el deseo’ del raro Luis Cernuda, y de algunos nombres más: Maruja Mallo y Rafael Alberti, que eran pareja, Manuel Altolaguirre, que sería su marido, y Luis Buñuel, que fue su novio a lo largo de casi siete años. Un amigo aragonés, cuyo nombre no recordaba, se lo presentó en San Sebastián y no tardaron en formalizar su noviazgo.

Así se lo contó ella a su nieta Paloma Ulacia Altolaguirre (Ciudad de México, 1957), que le grabó sus recuerdos durante varios sábados, octogenaria ya y víctima de los desaires del exilio, donde “permaneció aislada”. Esas impresiones se recogieron en el libro ‘Concha Méndez. Memorias habladas, memorias armadas’ (Renacimiento. Biblioteca del Exilio, 2018). Paloma escribe: “Después de la guerra se quedó al margen, desilusionada de todo. Al reflexionar sobre la guerra misma, comprendió que los españoles habían sido víctimas de una trampa impuesta desde el exterior, que bajo pretexto de defender ideales se habían asesinado entre hermanos, amigos y vecinos. Sumada a esta desesperanza, a esa tristeza por haber visto tanta muerte, estaba la misoginia de sus compañeros”, con el poeta y antólogo Gerardo Diego a la cabeza.

En este libro, breve pero enjundioso, sincero y descarnado en ocasiones, Concha Méndez habla de todo sin rencor en una narración elegante que explica la importancia de la cultura española anterior a la Guerra Civil, de las angustias de la contienda (el miedo, las fugas, las bombardeos, el éxodo definitivo) y de una vida errante, que la llevó a Buenos Aires, Londres (allí dio una conferencia sobre la relación entre Goya y su maestro y suegro Bayeu), Cuba, donde coincidió con la pensadora María Zambrano, autora de un cariñoso prólogo, y finalmente a México, período último en el que mantuvo una amistad muy especial con los Arana, los aragoneses José Ramón Arana, nacido en Garrapinillos, y su segunda esposa María Dolores, que le guardó sus animales mientras construían su casa de Coyoacán. Concha Méndez quiso ser, sin aspavientos, una mujer emancipada, una ‘sinsombrero’ en aquel Madrid de la Residencia de Estudiantes, y acabó siendo en España y en México, hasta su separación en 1944, la compañera del poeta, impresor y tipógrafo Manuel Aguirre, que un día, cuando ya asomaba otra mujer a su vida, le dijo que “sería mejor que estuvieras sola, porque él me daba sombra”. “Ni eres sombra, ni eres largo”, le contesté”.

Así cuenta su relación con Buñuel, “el director de cine”. “En aquel tiempo éste se interesaba solo por los insectos. Nos pusimos en relaciones, teníamos la misma edad [Buñuel era dos años más joven], estuvimos juntos durante siete años. Nos veíamos todos los días, pero no podíamos salir solos (…) Buñuel vivía en la Residencia de Estudiantes, junto con García Lorca, Dalí, Moreno Villa y otros. Vivía y asimilaba, porque era un chico inteligente. Y yo, en el inconsciente, seguramente me iba enterando de la posibilidad de otro mundo, que no fuera la familia, los hermanos: cada dos años nacía uno”.

Recuerda que Luis empezó a estudiar entomología. “Me regalaba insectos y ratones blancos. Yo misma leía los libros de Faber. Curiosamente, he visto que en algunas de sus películas aparece como detalle de gracia un insecto. En nuestra juventud estaba de moda ir a bailar y a tomar el té por las tardes a los grandes hoteles: el Ritz y el Palace. (…) Cuatro veces por semana íbmos a bailar y los demás días al cine y al Retiro”. Dice que Buñuel llevaba doble vida. “Nunca nos reunimos juntos con los chicos de la Residencia de Estudiantes. La vida dividida entre los amigos y la novia era una costumbre de la época; me hablaba de ellos, pero nunca me los presentó. Me pregunto cómo podía conciliar ambos mundos: uno más frívolo, nuestra vida en común, y el otro artístico, en el que se filtraban rasgos surrealistas”. Cuenta que tenía la misma caligrafía, que en San Sebastián iban a las carreras de coches y a la playa. A Buñuel le gustaba mucho la música, “sabía leerla y al asistir llevaba las partituras”. Él le regaló una radio, “era emocionante escucharlo, pero tenía que disfrutarlo a solas. Al novio se le hablaba por teléfono o se le veía en la calle, para que entrara en la casa, tenía que pasar el tiempo. Me regalaba muchas cosas, era espléndido”.

A Luis Buñuel le ofrecieron un puesto en la Sociedad de Naciones de París. “Lo quería para que pudiéramos casarnos”, dice, pero eso marcaría el fin. “No volvió y yo tampoco volví: no volví, aunque todavía no me había ido. Aquella relación la comparo ahora con un vicio”. Se encontrarían algunos años después, en Madrid y San Sebastián. “Con Buñuel había quedado como amiga; cada verano que él volvía a San Sebastián nos encontrábamos. Recuerdo que una de las veces se hospedó en un hotel elegante, al que me invitó a tomar el té”. Más tarde, convertida ya en poeta, Concha Méndez Cuesta viajó a París, se enteró Luis Buñuel, la citó. “Me llevó a ver sus películas, ‘El perro andaluz’ y ‘La edad de oro’, que llevaban tiempo exhibiéndose en una cine-club; después comimos juntos y caminamos por la ciudad hasta despedirnos”. En esos días, oyó hablar del que iba a ser su marido, Manuel Altolaguirre, poeta e impresor de revistas como ‘Lola’, ‘Litoral’, ‘Héroe’ o ‘Caballo verde para la poesía’.

 

11/09/2018 09:47 Antón Castro Enlace permanente. Escritores No hay comentarios. Comentar.

CONCLUYE LA QUINCENA MUSICAL

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La Quincena Musical cierra su 79 edición con 6 llenos absolutos y un 91% de ocupación del Auditorio Kursaal

  • El Auditorio Kursaal se ha llenado en 6 ocasiones: “La Creación” (2 y 3 de agosto), Rotterdams Philharmonisch Orkest (24 de agosto), Budapest Festival Orchestra y Orfeón Donostiarra (27 de agosto), “Amoria” (29 de agosto) y WDR Sinfonieorchester de Colonia y Orfeón Donostiarra (1 de septiembre).
  • Se refuerza la apuesta por la producción propia: la Quincena ha coproducido la ópera “La italiana en Argel” presentada en esta edición, ha promovido el espectáculo “Itsasotik eskolara” estrenado en la Jornada Infantil e impulsado “Adio”, el montaje de Kukai para Arantzazu, entre otros.
  • La Quincena se reafirma una vez más como un importante punto de encuentro en el que entidades culturales locales entablan relaciones con orquestas e intérpretes internacionales que derivan en nuevos proyectos: es el caso de la presencia de la Escolanía Easo en “Amoria”, de Katia y Marielle Labèque. 

La Quincena Musical de San Sebastián clausurará esta tarde su 79 edición con el último concierto sinfónico, el segundo protagonizado por la WDR Sinfonieorchester de Colonia en la presente edición. La Orquesta alemana interpretará hoy el “Réquiem” de Berlioz acompañada por el Orfeón Donostiarra y el tenor Maximilian Schmitt, bajo la dirección de Jukka-Pekka Saraste. Este concierto pondrá fin a una edición que un año más ha superado las 90 propuestas, entre conciertos y actividades paralelas. 

El Auditorio Kursaal ha sido, también en esta edición, uno de los espacios fundamentales de la Quincena Musical. El Auditorio ha registrado 6 llenos absolutos y se ha alcanzado un 91% de ocupación. La recaudación total de taquilla asciende a 952.000 euros brutos, En cuanto al número de espectadores, cerca de 37.000 asistentes disfrutaron de las distintas propuestas de esta 79 edición. 

De entre las propuestas programadas en el Auditorio, destacan los éxitos obtenidos por las dos representaciones de “La Creación” de la Fura dels Baus (2 y 3 de agosto) que inauguraron la edición del festival con todas las entradas agotadas. También registraron llenos absolutos el concierto de la Rotterdams Philharmonisch Orkest (24 de agosto), el ofrecido por la Budapest Festival Orchestra y el Orfeón Donostiarra (27 de agosto) y el estreno de “Amoria”, el proyecto más reciente de las pianistas Katia y Marielle Labèque, que repasa 500 años de música vasca y reúne en torno al dúo a un nutrido grupo de músicos vascos. También el concierto de hoy sábado de la WDR Sinfonieorchester de Colonia y el Orfeón Donostiarra con el que se clausura la 79 edición ha colgado el cartel de entradas agotadas. 

La segunda propuesta escénica de esta edición supuso la recuperación de un título de Rossini en el 150 aniversario de su muerte: los días 11 y 13 de agosto, la Quincena Musical presentó la ópera “La italiana en Argel” en una coproducción de la propia Quincena, el Teatro Colón de Buenos Aires y el Festival de Verano de San Lorenzo de El Escorial. La nueva versión de Joan Anton Rechi trasladaba la acción a la década de los 40 y presentaba una especie de representación dentro de una representación con tintes de revista. 

El Auditorio Kursaal ha sido, asimismo, un lugar de reencuentros, celebraciones y momentos para el recuerdo. El sábado 18 de agosto la Orquesta Sinfónica de Euskadi y la Coral Andra Mari abrieron el ciclo sinfónico de esta edición bajo la dirección de Christian Zacharias, un asiduo de la Quincena que regresaba en su doble faceta de pianista y director. El 22 de agosto, la NDR Elbphilharmonie Orchester de Hamburgo volvía a San Sebastián treinta y cinco años después de su primera y única actuación en el festival; bajo la dirección de su principal director invitado, Krzysztof Urbanski, al final del concierto la NDR sorprendió al público con la interpretación del “Agur Jaunak”. La Rotterdams Philharmonisch Orkest (24 de agosto), junto a su titular Yannick Nezet-Seguin, que se despide ahora de la que ha sido su orquesta en los últimos diez años, se reencontró con el público de la Quincena en el contexto de la gira internacional con la que conmemora su centenario; la Quincena quiso sumarse a la celebración con la interpretación del “Zorionak zuri”, y su equivalente en neerlandés, por parte de la Escolanía Easo. También la Budapest Festival Orchestra, que ofreció sendos conciertos los días 27 y 29 de agosto, es una orquesta habitual en la Quincena, no en vano revisitaba el festival por quinta vez en la última década; en el primero de los dos conciertos, su director, Ivan Fischer, agradeció la acogida del público con la versión original de la “Danza húngara nº4” de Brahms, a la que pusieron voz los músicos de la orquesta. El espectáculo “Amoria” resultó una exitosa recopilación de música vasca que ha supuesto el encuentro sobre el escenario de las hermanas Labèque con músicos vascos como el contratenor Carlos Mena o el grupo Hegiak y la Escolanía Easo; este primer proyecto de las pianistas con esta agrupación coral parte de su colaboración de Sir John Eliot Gardiner en la Quincena de 2016: Katia Labèque narró en la presentación de “Amoria” que fue él quien les habló de la Escolanía Easo, “el mejor coro infantil del mundo”, en palabras del director británico. Esta anécdota viene a confirmar la relevancia de la Quincena como punto de encuentro entre coros locales y artistas internacionales. 

El Teatro Victoria Eugenia ha acogido en esta edición tres citas muy diferentes entre sí: un recital a cargo del pianista francés Alexandre Tharaud, con obras de Couperin, Debussy y Satie (6 de agosto); el concierto “Diálogos célticos” en el que Jordi Savall y Carlos Núñez profundizaron en las raíces célticas de música tradicional de Escocia, Irlanda, Euskadi y Galicia (20 de agosto); y el espectáculo de danza “Les nuits barbares” de la Compañía de Danza de Hervé Koubi, un ejercicio de fusión de las diferentes culturas que han poblado la zona del Mediterráneo a lo largo de los siglos (28 de agosto). Tanto “Diálogos Célticos” como “Les nuits barbares” merecieron una gran acogida por parte del público, que agotó las entradas para ambos espectáculos. 

Avance de la programación de la 80 edición de la Quincena Musical de San Sebastián

En 2019 la Quincena Musical de San Sebastián alcanza su edición número 80. Para celebrarlo, se viene trabajando ya en el diseño de una programación que incluirá, entre otros, los conciertos de la London Philharmonic Orchestra, bajo la dirección de Juanjo Mena y con el pianista Javier Perianes, y la Orquesta de París y el Orfeón Donostiarra, dirigidos por Daniel Harding. La ópera elegida para su representación en la próxima edición de Quincena es “Madama Butterfly”, de Puccini, en una nueva coproducción con el Festival de Verano de San Lorenzo de El Escorial.

VIDEO 79º Quincena Musical
FOTOS 79º Quincena Musical
*Nota de prensa de Vera Zatopkova. 
*Las hermanas Labèque, en un retrato de Brigitte Lacombe, para Figaro.
01/09/2018 20:20 Antón Castro Enlace permanente. Músicos No hay comentarios. Comentar.

PUX PUBLICA 'LOS RESTOS DEL DISFRAZ'

Alfonso Vicente-Gella: "En los 80 a veces Zaragoza hacía pensar en Woodstock"

Su nombre artístico es Pux y a la vez da nombre a una banda que publica ‘Los restos del disfraz’, un álbum pop de 8 canciones de amor y desamor.

Antón Castro Zaragoza Actualizada 31/08/2018 a las 16:30
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https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/08/30/alfonso-vicente-gella-los-veces-zaragoza-hacia-pensar-woodstock-1264291-1361024.html
  
  
  
 
Alfonso Vicente-Gella publica 'Los restos del disfraz'.
Alfonso Vicente-Gella publica 'Los restos del disfraz'. illermo Mestre

¿Desde cuándo le interesa la música?

Desde toda la vida.

¡Hombre!

Sí, sí. En los años 80, en Marianistas, estudiaba con Enrique Bunbury y con Juan Aguirre, de Amaral, y ya escribía canciones. Toqué en un grupo que se llamaba Buenos Modales, y viví el esplendor del rock de los años 80. Toda aquella movida de Zaragoza a veces hacía pensar en Woodstock. Me decía que componía para mí mismo, que era una cosa privada. Era como un autoengaño.

Disculpe. ¿Estudió con Bunbury?

Sí. Recuerdo que parecía un chico tímido, y quizá lo fuera, pero lo elegíamos delegado de clase. Se enfrentaba a los profesores cuando hacía falta y defendía a los compañeros. Entonces ya era un líder, le gustaba el rock duro y tocaba la batería.

¿Cómo era Juan Aguirre?

Igualmente tímido. Iba siempre de negro y participaba menos de la vida estudiantil.

Hablaba usted del autoengaño.

Sí. Durante muchos años me negué la pasión por la música, el gusto por escribir canciones y componerlas. Estudié Derecho, y ahora trabajo en una oficina hasta las tres. Me quedaba tiempo; a partir de los 40 decidí recuperar algo que amo. Ya no quiero dejar la música nunca más.

¿Qué hizo?

Entre otras cosas, grabé, con distintos músicos, mi primer disco: ‘Ya no tiene remedio’ en 2014. Y ahora, sale el segundo.

Perdón. Estoy un poco confundido. ¿Cómo se titula el álbum: ‘Pux’ o ‘Los restos del disfraz’?

Ja, ja, ja. Pux es como me llaman a mí desde hace muchos años. Me puso ese nombre la novia de un amigo, y desde entonces soy Pux, un apodo que incluso me gusta. El disco se titula ‘Los restos del disfraz’ y lo hemos trabajado Ricardo Pérez y yo. Yo he compuesto las canciones, y toco la guitarra y el bajo, como él, pero es un disco de los dos, con Fernando Font, Nacho Flores, Mariano García, David Molinero y Belén Estaje. Creo que Ricardo asume generosamente el proyecto Pux.

De acuerdo. Usted es sobrino de la poeta, ya fallecida, Pilar Vicente-Gella. ¿Qué le debe, cómo le marcó?

No lo sabría decir muy bien, pero es de mis familiares el único con inquietudes artísticas. Ha sido importante.

Hace algún tiempo usted hizo una canción y un vídeo: ‘Marcela en su barra de bar’; era sobre la tolerancia, la convivencia, la libertad. ¿Va por ahí el álbum?

No, no. Esa canción, de ecos latinos, fue un verso suelto. Algo especial que hicimos con mucho entusiasmo. El vídeo agradó y se divulgó. Al principio yo no sabía nada de esto, pero he aprendido. Y me gusta mucho todo el mundo de las redes sociales. Tengo un espíritu de colaboración amateur, de convivencia, de llamada. Ahora acabamos de hacer otro vídeo.

¿De qué tema?

‘Tres minutos más’. Es un homenaje al vinilo y a la fuerza del rock y de la música. Cuenta la historia de un joven abatido, desesperado, al que una canción de un roquero amado le salva la vida. Creo que con nuestra generación se mueren un poco los discos y los CD. Todo está en internet, y ¿a quién le interesa un disco?

¿De qué escribe usted?

Como el 80% de las canciones, escribo de amor y desamor, de relaciones humanas. Cuido los textos, pero no soy un cantautor ni un poeta. He aprendido que a veces con menos se da más. Huyo de la afectación y el barroquismo.

¿Tiene maestros?

Este es un disco de pop y de tonos medios. De entrada, sin duda, mis maestros son Los Beatles. Y luego The Kinks y The Who. Mi canción preferida es ‘Waterloo Sunset’, por decirle una. Y de los nuestros me impresiona Cuti Vericad: es un musicazo, talentoso, con carisma, un auténtico animal escénico capaz de cantar 41 canciones de Elvis Presley como acaba de hacer en Las Armas. Interpreta de manera genial y sabe presentar muy bien las canciones. No conozco nada igual.

¿Y usted?

Ahí voy, a mi ritmo. Con ganas de contar historias. El álbum lo hemos grabado en el estudio Séptimo Cielo de Chechu Martínez, sin prisa, a lo largo de 2017 y lo presentaremos el 7 de septiembre. Ese sosiego fue muy estimulante para mí y para todos.

 

01/09/2018 20:16 Antón Castro Enlace permanente. Músicos No hay comentarios. Comentar.

'AMORIA', HOY, 29, EN EL KURSAAL

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KATIA Y MARIELLE LABÈQUE PRESENTAN HOY, 29,

EL KURSAAL, ’AMORIA’, MEMORIA SONORA DE EUSKADI

Acompañadas por un nutrido grupo de intérpretes vascos, las pianistas labortanas repasarán 500 años de música vasca

El Auditorio Kursaal acogerá mañana miércoles 29 de agosto (20:00 horas) la presentación del último proyecto de las hermanas Katia y Marielle Labèque, “Amoria”, que recoge 500 años de música vasca y al que han dado forma y grabado en disco junto a conocidos intérpretes del País Vasco. “Amoria” se presentará en directo en la Quincena Musical de San Sebastián, que quiere así otorgar un renovado protagonismo a la música vasca en su escenario principal. Junto a las pianistas labortanas estarán el contratenor Carlos Mena, la violagambista Elena Martínez de Murguía, el quinteto Hegia, formado por el cantante y percusionista Thierry Biscary, los txalapartaris Harkaitz Martínez de San Vicente y Mikel Ugarte (Oreka TX), el cantante Eñaut Elorrieta (Ken Zazpi) y el percusionista Ander Zulaika; así como los coros infantiles Escolanía Easo y Araoz Gazte Abesbatza, que dirige Gorka Miranda.

Las hermanas labortanas Katia y Marielle Labèque, el dúo pianístico más famoso del mundo, se presentan a sí mismas como “dos pianistas inconformistas imposibles de encasillar”, con un repertorio que “esconde ciertas contradicciones y hasta sorpresas”. Sus interpretaciones abarcan una amalgama de los más diversos estilos musicales y tienden a saltar de clásicos como Bach, Brahms, Liszt y Mozart a “clásicos” del siglo XX como Stravinsky, Bernstein o Takemitsu, dando cabida también a compositores contemporáneos como Thomas Adès o Philip Glass. Grabaron su primer disco para dos pianos en 1970, pero dieron su salto a la palestra internacional hace casi treinta años con un repertorio inesperado: una grabación de la “Rapshody in Blue” y otras piezas de Gershwin que vendió medio millón de discos y que la revista Gramophone saludó con verdadero entusiasmo, alabando “el ritmo embriagador de las interpretaciones”.

Tras sus sonadas colaboraciones con artistas como Madonna o Sting, Katia y Marielle Labèque han llevado a cabo diversas iniciativas en el campo de la creación contemporánea. En esa línea crearon su propia casa discográfica, KML Recordings, y en el año 2005 fundaron la Fundación KML, destinada a la investigación y el desarrollo del repertorio para dos pianos a través de encuentros de artistas de diferentes ámbitos de la creación. En esa filosofía se ubica, precisamente, “Amoria”, con el que quieren rendir tributo a sus raíces repasando 500 años de música vasca, abarcando desde figuras renacentistas como Joanes Antxieta al compositor donostiarra contemporáneo Alberto Iglesias, que ha escrito una pieza específicamente para ellas. Entre estos dos extremos, las Labèque han seleccionado a autores de todas las épocas como Bernardo Zala Galdeano, Pablo Sarasate, Aita Donostia, Jesús Guridi o Gabriel Olaizola, así como piezas populares como ‘Haika mutil’, que cantará Eñaut Elorrieta. La pieza central del programa, sin embargo, será la transcripción para dos pianos y percusiones vascas del “Bolero” de Ravel, que ya grabaron en 2007 en su disco dedicado al compositor de Ziburu y que en esta nueva versión ve reforzada la presencia de la txalaparta. 

Para el estreno en directo de “Amoria” de este miércoles 29 en la Quincena han querido reunirse con los artistas que lo han hecho posible. Entre los intérpretes de música antigua destacan Carlos Mena, al que las hermanas Labèque definen como “el mejor contratenor del mundo”, y la violagambista Elena Martínez de Murguía, a la que conocieron por su trabajo el frente del Ensemble Diatessaron. La raigambre popular la aportarán los componentes del quinteto Hegiak, el nuevo proyecto del antíguo miembro de Kalakan, Thierry Biscary. Biscary es colaborador de las Labèque desde 2006, cuando participó en aquella primera versión del “Bolero” de  Ravel con txalaparta. Desde entonces, ha tocado con ellas en múltiples ocasiones y ha sido uno de los agentes clave en que el proyecto de “Amoria” haya sido posible. Junto a Biscary, forman Hegiak el cantate de Ken Zazpi, Eñaut Elorrieta; los dos componentes del grupo Oreka TX, Harkaitz Martinez de San Vicente y Mikel Ugarte, que también han actuado con las Labèque con anterioridad; y el percusionista Ander Zulaika, colaborador de artistas como Lou Topet o Rafa Rueda. A todos estos destacados solistas se les sumarán las voces de la Escolanía Easo y Araoz Gazte Abesbatza, que ya fueron protagonistas de la Jornada Infantil de la Quincena Musical el pasado 21 de agosto con el espectáculo “Itsasotik eskolara”.

El disco que recoge el proyecto “Amoria”, que ha sido grabado entre los estudios de Elkar (Donostia), el Convento de Santa Cruz de Azkoitia y la casa de las Labèque en Roma, salió al mercado el pasado viernes 24 de agosto, publicado por el prestigioso sello Deutsche Grammophon. 

Entradas.
 Las entradas para el concierto se pueden adquirir en la Web y en las taquillas del Kursaal y Teatro Victoria Eugenia.  

“Amoria”
Miércoles 29 de agosto, 20:00h. Auditorio Kursaal

Katia y Marielle Labèque, pianoforte y piano
Carlos Mena, contratenor 
Elena Martínez de Murguía, viola da gamba 
Hegiak (Thierry Biscary, Harkaitz Martínez de San Vicente, Mikel Ugarte, Eñaut Elorrieta, Ander Zulaika, voces y percusión)
Escolanía Easo / Araoz Gazte Abesbatza (Gorka Miranda, director de los coros)

Programa: 
Bernardo Zala Galdeano (1675-?): CON AMORES LA MI MADRE 
Balere Artxu Idiart (1780-?) (Arreglos: Francisco Ibáñez): SARABANDA 
José Gonzalo Zulaika “Aita Donostia” (1886-1956): AGOTA OÑAZEZ 
Jesús Guridi (1886-1961): DESKALABRATUA NAIZ (ELEGIACA)
Maurice Ravel (1875-1937): DEUX MÉLODIES HEBRAÏQUES (Kaddish, L’enigme eternelle)
Alberto Iglesias (1955): DISCRET CHARME AUX ARBRES
TONO AL NACIMIENTO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO (anónimo)
Gabriel Olaizola (1891-1973): HAURTXOA SEASKAN
Jesús Guridi: AVE MARIA
II
HAIKA MUTIL (anónimo)
Pablo Sarasate (1844-1908): PRIÈRE OP. 17
Pierre Borcadarre «Etxahun iruri» (1908-1979): DE TREVILLEN AZKEN HITZAK
Harkaitz Martínez de San Vicente (1975) / Mikel Ugarte (1973): BATERAN
Thierry Biscary (1976): ELURRA IRUÑAN, 100 ALARGUNEN DANTZA
ARGIZAZI EDERRA (anónimo)
Maurice Ravel: BOLERO

 

http://www.labeque.com/press/4/amoria-bolero

23/08/2018 09:29 Antón Castro Enlace permanente. Músicos No hay comentarios. Comentar.

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