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ELOGIO DE LA LECTURA (EL NIÑO RURAL I)

Cuando yo era un niño rural que amaba las cosas del campo, el mejor momento del día era cuando llegaba la noche y algunos vecinos se sentaban en torno al hogar y contaban cuentos de amor, de miedo, de animales o de aparecidos. Afuera llovía. Siempre he buscado repetir esa vivencia, aquella atmósfera de aventura y peligro. Años después, ya estudiante, sentí una sensación semejante al leer “Maese Pérez, el organista” de Bécquer, y luego sus “Leyendas” completas, que fue el libro que me hizo soñar y que me hizo lector. La música posee una capacidad increíble de ilustrar pasajes y sueños; el cine es el lugar donde quieres quedarte a vivir para siempre, en su mágica oscuridad; la pintura representa el placer de mirar, pero la literatura es el arma de la imaginación y de la compañía: el libro sólo lo completa el lector en su cabeza, en la intimidad y con lentitud. Durante días, semanas, tras leer un libro, tienes la sensación de que has viajado con fantasmas, de que has aprendido, de que has hecho amigos a los que difícilmente podrás olvidar. Las palabras crean mundos que entran, de inmediato, en el cerebro y se quedan si te atreves a leer y a escuchar su música.
10/08/2004 10:37 Enlace permanente. sin tema

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gravatar.comAutor: Antonio PÉREZ MORTE

...rindiéndote a su ritmo, a su cadencia, a las bellas
imágenes con que te atrapan"

La lectura es una droga,
una droga extraña que humaniza: ¡No quiero desengancharme!

Fecha: 11/08/2004 00:55.


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