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SCHIAFFINO, EL HÉROE DE URUGUAY

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URUGUAY SIEMPRE ha tenido magníficos jugadores. Ahí están, en los anales de la leyenda, Alcides Gigghia, Enzo Francescoli, el negro Obdulio Varela (capitán de la selección que reventó Maracaná en 1950), Pedro Rocha o Fernando Morena. De todos ellos, el más grande fue Juan Alberto Schiaffino, hijo de emigrante italia no y de paraguaya, nacido en 1925. Schiaffino cosechó una colección de adjetivo s: "El dios del fútbol", "el barón", "Pepe el diablo" o, sencillamente, "el Pepe", un atleta portentoso y largo, de exquisita factura corporal y anímica, que se relajaba pescando. Forjado en los partidos del barrio, pronto empezó a llamar la atención su juego, basado en la creatividad, la fantasía, una técnica que nunca dejó de crecer y esa fineza que algunos sobrellevan como un don indecible. Su formación contempla el paso por el modestísimo Palermo, el Olimpia, el Nacional y, final mente, el Peñarol, en el cual jugará once años, del 43 al 54, con un rendimiento incuestionable: obtuvo cinco Ligas. Schiaffino era el animador y el mago, el regate y la llegada, la ductilidad vestida de elegancia y una seguridad portentosa. En esos once años pasaron varias cosas definitivas. Una, aquel primer gol mítico en Maracaná a Barbosa, cancerbero de Brasil (y desde entonces "o goleiro maldito"), por el ángulo izquierdo tras recibir de Alcides Gigghia; éste, remataría la faena con otro tanto casi imposible que daba el título del mundial a los charrúas. Uruguay lloró de alegría y se alimentó de gloria; Brasil lloró de desesperación sobre un montón de suicidas. El mejor jugador de aquel campeonato fue Juan Alberto Schiaffino. Otra: cuatro años después, en el Mundial de Suiza, ni Schiaffino ni Uruguay pasaron inadvertidos: llegaron a la semifinal, pero la clase de "Pepe el Diablo" no fue suficiente para vencer a aquella orquesta de virtuosismo y garra que era la Hungría de Bozsik, Hidegkuti, Czibor, Kocsis y Puskas. Vencieron los magiares por 4-2. Al empezar la nueva campaña, Schiaffino fichó por el Milan, ganó tres "scudettos" y fue finalista de la Copa de Europa en 1957-1958, jugó cuatro choques con l a selección italiana, y se retiró en la Roma en 1962. La estrella de Uruguay, "el hombre que no se despeinaba jamás", el interior que adoró Italia entera, murió en noviembre de 2002 a los 77 años de edad con el orgullo de figurar en la nómina de los héroes imprescindibles del fútbol.

05/08/2006 22:26 Antón Castro Enlace permanente. sin tema

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gravatar.comAutor: Cide

Fantástico artículo, Antón. A un amante de la historia del fútbol como tú le interesará leer esta noticia: http://www.elmundo.es/elmundo/2006/08/03/obituarios/1154578629.html

Fecha: 06/08/2006 12:08.


gravatar.comAutor: A Cide

Gracias, Cide.Creo que exagera un poco, porque en aquel equipo jugaban Puskas, Zacharias, Kocsis y CZcibor. Kocsis fue el máximo goleador del campeonato con once tantos, o sea que el goleador húngaro no lo era el amable y tierno Szusza, pero el retrato es muy bonito. Y está preñado de leyenda. Un gran abrazo. Antón

Fecha: 06/08/2006 13:33.


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