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JOSÉ IGNACIO IGUARBE: UNA CITA ANTE EL EBRO

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El gran Javier Torres, al cual hace meses que no veo, recoge en su blog esta noticia acerca de uno de los fotógrafos que más admiro por su pasión por las localidades de ribera, el Ebro y la belleza del color y de la luz sobre el paisaje: José Ignacio Iguarbe, al que entrevisté para la sección dominical de “Clásicos y modernos”. Recojo el texto del viejo amigo Javier Torres y cuelgo también aquella entrevista.

[José Ignacio Iguarbe, el gran fotógrafo de Alagón, nos da muestra de su trabajo una vez más con otra bella publicación.

Todo el río Ebro, un álbum de preciosas fotografías -muchas de ellas panorámicas a doble página- con el río Ebro como protagonista, desde el nacimiento hasta la desembocadura.

Partir con varios objetivos: los de sus cámaras, y el de atrapar en imágenes el sinuoso recorrido del río Ebro buscando esa perspectiva diferente y desconocida a veces, arriesgada otras muchas, y dejar pasar el tiempo sin prisa para jugar con la luz y encontrar un celaje cómplice, un fulgor aliado que dé un valor añadido a cada una de las fotografías que muestra en sus casi cien páginas.

Un excelente trabajo... ¡enhorabuena José Ignacio! ]


DIÁLOGO CON JOSÉ IGNACIO IGUARBE:

LA LUZ Y LA LEYENDA DEL EBRO

José Ignacio Iguarbe (Alagón, Zaragoza, 1954) lleva más de un lustro dedicado a captar la Ribera Alta del río Ebro. Hasta ahora ha publicado ocho monografías, auténticos libros de fotos, sobre Alagón, Alcalá de Ebro, Pradilla, Gallur, Remolinos, Pedrola y Figueruelas, en los que recoge todo: la naturaleza exuberante, teñida de luces sorprendentes, las aves, los edificios, las gentes, instantáneas que son como “pretenden congelar el tiempo, robarle un segundo al tiempo y devolvérselo luego a la gente en forma de foto. Cada pueblo es diferente, rico, variado; en cuanto empiezas a mirar captas la variedad, la gama de matices. Todos viven de forma muy diferente la presencia del río”. Iguarbe, que ejerce de fotógrafo, escritor y editor, ha fotografiado el Ebro desde su nacimiento hasta su desembocadura, y trabaja en un ambicioso proyecto visual en torno al río.

-De entrada, el Ebro ha debido ser un compañero de juegos en su niñez. Usted es de Alagón…
-Soy de Alagón, y mi madre es de Alcalá. He pasado allí muchas horas, muchos veranos, y siempre tenías el río en medio. Mi madre me decía, no decía a mis hermanos y a mí: “No vayáis ahí, alejaos del río”. Y quizá porque era algo prohibido, nos atraía más. Yo me preguntaba: “¿Qué hay ahí, qué misterio esconde?”.

-¿Por qué le decían eso?
-De entrada por la protección de una madre hacia sus hijos. El Ebro era peligroso. Todos los años había algún ahogado. Entonces, las orillas del Ebro eran las playas rurales. No es que no hubiera playas como ahora, pero no se tenía la costumbre de ir. Y el río estaba siempre ahí, con sus riberas, con sus arboledas. Además, hay otro detalle muy bonita: delante de la casa de mi abuela, en la propia puerta, estaba el pontón. Cuando crecía el Ebro se le inundaba la casa. Nosotros hemos cruzado muchas veces el río en el pontón.

-Alcalá de Ebro está identificado con la Ínsula Barataria. ¿Se hablaba de eso?
-Ya se hablaba de eso en mi infancia. Mi madre me contó que antes de casarse y antes de haber nacido yo se celebró una gran fiesta en Alcalá en honor de Cervantes. Vinieron autoridades, hubo mucha fiesta. José Antonio Labordeta me dijo que él había estado en ese acto representando una pieza de teatro.

-¿Qué le contaba su padre?
-Mi padre era campesino. Era un gran conocedor de la huerta, y también contaba historias del río. Me dijo una vez que mi abuelo se había caído, lo sacaron y le tuvieron que cortar los pantalones porque salieron congelados, literalmente, del agua. -¿Desde cuándo le interesa la fotografía?-Desde muy joven. Me ha llamado la atención siempre. Cursé estudios en Spectrum y allí, entre otros, tuve de profesor a Pedro Avellaned. Fue él quien me enseñó a ver la foto como algo artístico, me decía que era algo más que técnica. Me invitó a mirar con otros ojos. Pero en realidad, soy un poco autodidacta. Experimento siempre, es lento el proceso de aprendizaje, cometes errores, pero también es una aventura.

-¿Cómo surgió su primer libro: “Alagón, lugares de encuentro” (2003)?
-En Spectrum. Nos pidieron que hiciésemos un trabajo sobre un edificio para un catálogo, e hice varios edificios porque me animó Ernesto Azofra, el párroco de Alagón: las iglesisas de San Pedro, San Antonio, San Juan, y laVirgen del Castillo. A mí me encanta el arte, especialmente la pintura.Y creo que hay algunos homenajes explícitos a ella en mis libros: he creído ver algunos atardeceres de El Greco en Alcalá, he intentado utilizar las luces, lo digo con un punto de exageración, a la manera de Caravaggio y sus claroscuros. De alguna manera, la pintura es el principio de la pintura, o cuando menos una fuente principal de inspiración. La foto te ofrece la posibilidad de ofrecer mayor realismo a las imágenes. Me habría gustado pintar, pero carezco de paciencia. Con la foto, con la luz y el encuadre, me siento a veces pintor.

 

-¿Qué destaca de Alagón, localidad a la que le dedicó más tarde otro libro: “Alagón, entre luces y sombras”?
-Con estos libros he aprendido que cada pueblo es distinto, rico, sorprendente. Entras en ellos, y de golpe empiezas a conocer a sus gentes, la historia, sus parajes, y te das cuenta de que existe una riqueza impresionante en la que no habías reparado en profundidad. Y Alagón, que era mi pueblo, me gustó muchísimo en cuanto empecé a mirar de otro modo: realicé más de 2.000 fotos para un libro de 200 y trabajé alrededor de ocho meses.

-¿Cuál es su método de trabajo?
-Primero trabajo en la biblioteca. He trabajado mucho en la Biblioteca de Aragón: buscó todo lo que hay, luego me dirijo al ayuntamiento, hablo con la gente, recojo tradiciones, investigo el paisaje y ya me pongo a trabajar. Uso mucho las luces del alba y del atardecer; las luces del mediodía no me gustan mucho, las sombras resultan muy fuertes y agresivas. También son muy interesantes las de días nublados: los cielos con nubes ayudan mucho al color, y suele haber gamas muy amplias.

-Sigamos con otros proyectos: hablemos de “La ínsula de Sancho Panza: Alcalá de Ebro”, prologado por José Antonio Labordeta.
-Me gusta mucho la gente, que es auténticamente de pueblo, y lo digo en el sentido más noble del término: le gusta salir de noche, tomar la fresca, conversar. Los niños pueden ir y venir sin preocupación. Es un pueblo que tiene todo él un aire de familia. -¿Qué nos diría de Gallur?-Me impresionó. Lo tenía ahí, al lado, y era un gran desconocido para mí. Está en medio del río y del Canal Imperial de Aragón, y es la localidad más alta de la zona. Lo que más me gusta son sus huertos. Ya no se ve algo así: se sigue cultivando las hortalizas y las verduras para la casa. Son huertos familiares, pequeños, ordenados, limpios, con las judías siempre bien encañadas.

-¿Y de Pradilla?
-Es el pueblo al que el río afecta con más brusquedad.Igual que puede suceder en Alcalá. Pradilla se extiende a lo largo del Ebro, y lo que destaca es su verdor, sus paisajes. De una parte, está el Canal de Tauste y de otro el Ebro.

-Ya se ve que Remolinos le ha impactado.
-Desde luego. Esas minas de sal hacen soñar a cualquiera. La mina María del Carmen tiene un kilómetro cuadrado, que se dice pronto, y había 54 en total. Se explota desde hace dos mil años. A otra, como la Real, la conocen como El Infierno, los techos han cedido, es desordenada, es fácil perderte en su interior. También me han enseñado minas que han dejado de funcionar ya en el siglo XVII, pero que siguen estando ahí en los subterráneos, acumulando leyendas.

-Por cierto, ¿le han contado muchas leyendas, muchas historias de pescaderos y de pontoneros?
-Desde luego. Precisamente en Remolinos me contaron una historia de almadieros o navateros. A finales del siglo XIX y a principios del XX casi todos los días pasaba un hombre con sus troncos por el río, y se encontraba con una lavandera. Al final de tanto verse, hablaron, se gustaron y acabaron casándose. Y en Remolinos la barca de sirga fue decisiva hasta el año 63 o 64, en que se construyó la carretera. Había un barquero, vivía al lado y me han contado muchas historias de él.

-¿Cuál es el relato que más le impactó?
-Quizá fuese del joven nadador de Alagón. Había al parecer un chico joven y pobre que vivía sólo de la pesca. Como se pasaba la vida en el río se convirtió en un gran nadador. Un día lo retaron unos señoritos: a ver quién llegaba primero a Zaragoza: ellos a caballo o él a nado por el río. Y llegó él; desde entonces fue conocido como Benito, el rey del Ebro. Historias fantásticas de este tipo hay varias.

-Ha hecho libros, además, de Pedrola o de Figueruelas. ¿Cómo reacciona la gente?
-Hacemos tiradas cortas, de unos 500 ejemplares. Los presentamos, se venden o se quedan en depósito en el los ayuntamientos. Una de las cosas más bellas me ocurrió tras una de las presentaciones. Me llamó un señor que vivía lejos de su pueblo desde hacía muchos años. Había visto uno de los libros, y se le saltaron las lágrimas. Me llamó emocionado. Yo tengo clara una cosa: intento robar un instante al tiempo, pero es un instante cargado de todo: de emociones, de sentimientos, de memoria, de poesía. Y luego cuando un paisano recupera con una foto ese instante, se emociona. En el fondo la tarea del fotógrafo es congelar un segundo o un instante para siempre.

-Ahora ya trabaja usted sólo con cámara digital.
-Desde luego. Durante años, el color final lo controlaban en el laboratorio. Ahora hago yo lo que quiero. Me siento más libre y más responsable de mi trabajo. Manipulo allí donde quiero, a mi antojo.

-¿Quiénes son sus fotógrafos de referencia?
-Ricardo Vila. Es un paisajista buenísimo. Me gusta como trabaja el color, con esa inclinación hacia los tonos fuertes. Es un gran fotógrafo de animales.

-En muchos de sus libros hay sugestivas cigüeñas…
-Me habría gustado captar más cigüeñas y aves, pero no tengo la paciencia de Ricardo Vila. De todas formas, intento seguir los consejos de un profesor de Spectrum: “Sigue tu camino, haz tus propias fotos porque sólo así tendrás una mirada personal”.

 

-¿Cómo definiría la idiosincrasia de la Ribera Alta del Ebro?
-Destaca el carácter de la gente: una persona que vaya a cualquiera de los pueblos no se sentirá extraño. El río le da unidad, y también existe una gastronomía semejante, pero se sorprenderá de la variedad. Hace poco realicé una navegación en una Zodiac y me llamó la atención que existen tramos del río de una calma absoluta, y en otros se revela violento e irascible. Una de las imágenes más bellas la vi entonces: en los terraplenes, en los cortados de tierra del cauce había un montón de agujeros clavados en la tierra. Eran nidos de pájaros. En esta zona se internas en el campo y te olvidas de que existe el tiempo. Es una de las sensaciones más maravillosas del mundo.

*La foto, de José Ignacio Iguarbe, corresponde al meandro de Sástago y la recoge Javier Torres en su estupendo blog de telefonólogo y de mejor persona.


21/04/2007 11:34 Antón Castro Enlace permanente. sin tema

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gravatar.comAutor: Javier

Nos vimos hace dos meses Antón, el 10 de febrero en casa de Stela, y hablamos también unos días después.

La esfera del silencio está repleta de sonidos, y eso no es tan malo.

Abrazos

Fecha: 21/04/2007 18:02.


gravatar.comAutor: Antón

Gracias, Javier, por las lecciones de física.

Me llegan esos sonidos.
Guardo para darte una obra de Stela que debo devolverle. Y si no se la llevo un día a casa.

Un gran abrazo. Cúidate. AC

Fecha: 21/04/2007 23:06.


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