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ISAAC GALÁN, BARÍTONO LÍRICO: UN DIÁLOGO

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Isaac Galán (Zaragoza, 1981) es un barítono lírico que se ha incorporado al Teatro de la Ópera de Linz, donde desarrolla un repertorio basado en Donizettti, Rossini y Mozart, especialmente. Ha sido alumno durante un año de Teresa Berganza, que encarna para “el espíritu de la música en estado puro. Representa la clase, la elegancia, la pureza y la exactitud”. Ha permanecido tres temporadas en la Escuela Superior de Música Reina Sofía, en Pozuelo de Alarcón, pasó un año en la Opera Studio de Zurich y en julio de 2008 cantará “Carmina Burana” de Carl Off en la Exposición Internacional. 

¿Cómo empezó en la ópera?
Un poco por casualidad. En mi casa no hay antecedentes musicales,  bueno mi padre cantaba con gusto a Paco Ibáñez. A los 16 años me incorporé al Coro Amici que dirige Andrés Ibiricu y eso fue decisivo. Fue él quien me animó mucho, siempre tuvo buenas y bellas palabras para mí, y me sugirió que me matriculase en el Conservatorio de Grado Medio. 

¿Lo hizo?
Por supuesto. Lo admiro mucho. Ha conseguido casi un milagro: ha hecho de un coro semiprofesional un elenco profesional, de un nivel muy alto. En el Conservatorio tuve como profesora a la también cantante Beatriz Gimeno. Posee una gran voz y a mí me enseñó las bases del canto muy bien. Eso es fundamental. Tenemos una gran amistad, y por ello aún ahora, de vez en cuando, me pasa la ITV: me pregunta, me aconseja, me corrige. Pero también tuve otro gran profesor: Liberto Sánchez. 

¿Por qué fue tan bueno?
Él es repertorista. Uno de los mejores que he conocido a lo largo de mi vida. Se encargaba de marcar el estilo de las piezas en cuanto a fraseo, me explicaba cómo se empieza y se acaba una obra, me enseñó a darle intención a  las frases.  Ahora han prescindido de él, y me parece vergonzoso que no exista esa plaza. 

Por cierto, entró usted en el Conservatorio a los 18 años. ¿No era un poco tarde ya?
No, no. Al contrario. Los 18 años es una edad temprana para un cantante, para un barítono. No ocurre así con otros instrumentos como el violín, el piano o la flauta. En el canto no es bueno empezar demasiado pronto porque puedes dañar el aparato vocal. Mi plan de estudios era el habitual: debía cursar seis años de Grado Medio y otro en el Conservatorio Superior, pero gracias al profesor asistente de Teresa Berganza tuve la suerte de que ella me oyese. Canté una pieza para “Cosi fan tutte” de Mozart. Tras escucharme, me dijo: “¿Qué haces en la vida? Si quieres venir aquí, a la Escuela Superior de Música Reina Sofía...” 

¿No lo  dudaría?
Desde luego que no. Permanecí allí tres años, en la sede de Pozuelo de Alarcón. Y aprendí muchísimo. De todo: de repertorio, de técnica vocal, de armonía, de historia de la música, de idiomas. Saber fonética es fundamental, casi tanto como otras disciplinas más técnicas de la música. Debes conseguir una buena dicción. Yo ahora canto en francés, inglés, italiano, alemán y español. Yen latín. 

Hablemos de Teresa Berganza. 
Durante un año completo tenía una o dos horas de clase con ella a la semana. Ella es la música. La música en estado puro. Es una grande entre las grandes. Es una diva desde que se levanta hasta que se acuesta. Una artista. Fue muy amable conmigo, de una insólita dulzura. A mí me ayudó a controlarlo todo, hasta el gesto. Sé que sigue mi carrera. 

¿Cómo fueron esos tres años en la Escuela Superior de Música Reina Sofía?
Muy bien. La música se alimenta de la vida, de la convivencia. Y la Escuela está compuesta por un complejo de chalés. El aula de canto está en el sótano del mismo lugar en que vives. Tenía compañeros de todo el mundo y se respiraba un ambiente especial. Cuentas con profesores excepcionales: pienso en Kennedy Moretti (de educación auditiva), en el compositor Jesús Legido (armonía), en todos... Lo pasábamos muy bien: había estudio, mucho estudio, algunos conciertos (firmamos un contrato de exclusividad), pero también íbamos de fiestas, al cine a centros comerciales. 

¿Cómo resumiría ese tiempo de aprendizaje?
Fue como una revelación constante. Aprendes a convivir con mucha gente de Rusia, de Estados Unidos, y eres un poco  un embajador de tu país ante ellos. ¡Significaron tanto para mí esos tres años! A medida que pasa el tiempo, se me hacen más presentes las enseñanzas y los consejos que recibí  de Tom Krause, por ejemplo, un bajo barítono. 

Sigamos. ¿Qué pasó luego?
Al terminar de estudiar allí, ingresé en la Opera Studio de Zurich. Hacía audiciones, y me presenté a una plaza. Estuve un año, pero no puede decirse que me fuera demasiado bien a nivel personal. Sí en un plano profesional: conocí agentes, vi otras salidas profesionales. Antes de trasladarme a Suiza, tuve un año de relativo parón, entre los 23 y 24 años. Participé en concursos, realicé conciertos. 

Hablemos de su voz.
Tengo voz de barítono, que es una voz intermedia. Ni es de las más graves ni de las más bajas. Es la voz más natural del hombre. El repertorio idóneo para ella se forjó en la Escuela Reina Sofía con Teresa Berganza. Ella me recomendó que cantase a Mozart, que es muy difícil de cantar y muy sano para la voz... 

¿Ha dicho muy sano?
Sí, Mozart es muy sano para la voz, porque el suyo no es un canto agresivo ni dramático. Es muy sano si se canta bien. Mi voz también se adapta bien al Rossini más bufo y cómico, de hecho ahora estoy haciendo “El barbero de Sevilla”, y al Donizetti más bufo. Soy barítono lírico, barítono brillante. 

Hace algo más de un año, se incorporó al Teatro de la Ópera de Linz.
Sí, ahora estoy ahí fijo, como solista del Ensemble. Es una compañía que me permite crecer y mejorar. Tiene una calidad alta, y he sido muy bien acogido. He estrenado papeles grandes y pequeños. Soy ambicioso, sin duda, pero hay que tener los pies en la tierra. Me trazo metas, sueño, pero muchas veces pienso que con vivir de este oficio es suficiente. Vivir bien de este trabajo no es nada fácil. Por supuesto que anhelo cantar en el Teatro de la Ópera de Viena. 

¿Quiénes son  sus referentes, al margen de Teresa Berganza de la cual es usted mitómano y enamorado?
Quizá sea esa una buena definición. Me gusta mucho Leo Nucci, un barítono italiano de unos 65 años, que posee un espléndido repertorio dramático y una voz fresquísima. Ha hecho “La  forza del destino” de forma  excepcional. Plácido Domingo me vuelve loco: no se verá en muchos años a un cantante que abarque tanto repertorio y con tanta calidad. Para mí es como un superhéroe de nuestro oficio. Lo conozco personalmente. Estuvo en el jurado de un importante premio en el que pasé a la final, el Francisco Viñas. Era el único español. No pudo asistir al último concierto y se disculpó con cariño y con insistencia. Y me gusta mucho Pasión Vega. 

¿Pasión Vega?
Sí, sí. Para mí es la mejor cantante dentro de la música moderna. Nunca desafina, y es casi un ejemplo para nosotros por su fraseo, por la manera de decir las palabras. Alterna la copla y el flamenco con gran personalidad. Es la única cantante de ahora por la que viajaría para verla. Además, ya lo he hecho: fui desde Madrid a Palencia por escucharla.  

¿Cómo vive en Linz?
Bien. Es una ciudad de 350.000 habitantes, impregnada de música y de cultura. Invierto casi todo mi tiempo en el estudio, los ensayos y el canto. Tenemos que estudiar mucho repertorio y eso se logra a base de codos y de muchas repeticiones. Había hecho mucha música de oratorio, y ahora me inclino más hacia la ópera. Pero soy una persona normal: me gusta salir, hablar con los amigos, pasear, tomar una cerveza. Los placeres de la vida son muy importantes para cantar bien. Pronto  se editará  un CD-DVD con la obra “Orfeo” de Philip Glass, inspirada en el texto y en la película de Jean Cocteau. 

¿Se adapta bien a la estética germana, más contenida, más austera?
La ópera ha cambiado mucho. Debe ser lo más natural posible y huir de los clichés. En Linz, y en Alemania y Austria en general, no les gusta el cantante latino apasionado e histriónico. Puedes hacerlo, pero no se lleva. La puesta en escena se ha modernizado, y ahora se opta más por la naturalidad de un actor de cine o de teatro que la de un cantante de ópera del pasado. Este año ha sido complicado para mí porque, entre otras cosas, carecía de una buena formación teatral. He tenido que trabajar muy duro. 

¿Qué vínculos mantiene con Zaragoza?
Constantes. Aquí tengo mi casa y mi familia. Ésta es mi ciudad: donde he nacido, donde me he criado. Sé que parecerá un tópico, pero soy absolutamente sincero: digo siempre que soy de Zaragoza. Se me llena la boca al decirlo. Me siento orgulloso de mi ciudad, y me encanta pasear por ella. Y además, me siento un privilegiado: he recibido becas de estudios de la Diputación Provincial de Zaragoza, de Ibercaja. Y una figura absolutamente fundamental en mi vida es Miguel Ángel Tapia, director-gerente del Auditorio. Él me permitió cantar en ese espacio, él me ha apoyado constantemente. Y tengo que decir otro tanto de Andrés Ibiricu. ¿Sabes una cosa? 

Usted dirá...
Creo que los alumnos que vienen ahora no serán tan afortunados como lo he sido yo al contar con profesores como Beatriz Gimeno y Liberto Sánchez, porque ahora se ha prescindido de ellos. Y eso  me resulta difícil de entender. 

Iba a preguntarle por el estado de la música entre nosotros.
Ojalá hubiera un teatro de la ópera, que es un elemento fundamental en la cultura de una ciudad. 

Ya estamos: llevando el agua a su molino.
No es eso. La ópera es el espectáculo más completo que existe porque conjuga las artes plásticas, el ballet, el teatro y la música. Un teatro de la ópera sería una impresionante inyección de cultura para Zaragoza. Ciudades más pequeñas los tienen y les va mucho mejor: Oviedo, Bilbao. Creo sinceramente que es una prioridad cultural. 

Por cierto, ¿cómo vive la música, qué  siente durante un concierto?
Diez, cuatro o dos minutos antes, me digo: “¿Por qué me habré metido en esto?”. O “que alguien me saque de aquí”. Pero luego, cuando aparece el primer sonido, se vive una sensación maravillosa: te das al público, disfrutas, y cuando le aplauden a uno...,  eso ya es como una droga. Te sientes justificado y en plenitud. Te has encontrado con el espectador, que es lo que buscabas.    

25/09/2007 07:24 Antón Castro Enlace permanente. sin tema

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gravatar.comAutor: Entrenomadas

Mi madre ha tenido siempre pasión por Teresa Berganza.
Me quedo con las ganas de escuchar a Galán.
Suerte

Fecha: 25/09/2007 09:33.


gravatar.comAutor: Victor Rebullida

Isaac es un monstruo, un chaval (porque lo es) con una voz privilegiada. Doy fe.
Ha tenido suerte de poder meter la cabeza en el mundo del canto y se mueve en un nivel muy serio. Sinceramente apostaría por él como uno de los barítonos que formarán parte de la élite.
Si ahora con su edad tiene la voz que tiene, cuando esa voz vaya madurando con la edad, Isaac puede ser la bomba.

Fecha: 25/09/2007 11:36.


gravatar.comAutor: Begoña

Hola atodos. Vaya sorpesa tan grata encontar esta entrevista. Yo también tuve el honor de entrevistar a Isaac este año, allá por el mes de mayo y he de decir que me pareció una gran persona muy predispuesta y un currante nato. A este chico le espera un gran futuro por delante y una brillante carrera. Me concedió la entrevista encantado y a mí tamnbién me encantó hacérsela. Él desde Linz y yo desde Zaragoza.
Un saludo a todos.

Fecha: 26/09/2007 17:02.


gravatar.comAutor: elcanibalibro

Muy interesante entrevista. Y como asiduos a este blog sabemos que eres asiduo a Vila Matas y por eso te invitamos a visitar nuestra última entrada, que quizá te interese. Un saludo de El Canibalibro.

Fecha: 26/09/2007 19:52.


gravatar.comAutor: Charo Royo

Qué placer el de leerte Isaac.
Recuerdo con nitidez que al pasar lista en una clase de música del I.E.S. Goya hace ya unos años, encontré a un adolescente muy educado y atento que se asombró cuando le dije al oírlo "qué bonita voz tienes". Me sorprendió gratamente tu timbre de voz y aunque entonces era la guitarra el instrumento que estudiabas, tu voz no pasaba desapercibida.
Lo recuerdo con emoción porque he visto día a día que has crecido mucho y has crecido muy bien.
He disfrutado enormemente cuando te he escuchado en Cantabria y Zaragoza y he podido comprobar que aunque eres persona reconocida por tu mérito artístico tu calidad humana no ha cambiado y eso me llena de emoción y agradecimiento y también por qué no decirlo por la suerte que tuve de que pasaras por las aulas donde yo impartía Historia de la Música.
Con enorme cariño y agradecimiento te sigo recordando y siempre que puedo acudo a escucharte con orgullo rememorando aquellos años 90 donde pude disfrutar de tenerte como un alumno. Un alumno al que la música le rascaba el alma.
No se nada de Pedro Pablo Ortiz pero ambos fuisteis alumnos ejemplares para mi. Mis mejores deseos para el futuro.
Charo Royo

Fecha: 16/05/2012 10:01.


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