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Antón Castro

DAVID TRUEBA, EN LOS PORTADORES DE SUEÑOS

DAVID TRUEBA, EN LOS PORTADORES DE SUEÑOS

FRAGMENTO DE “SABER PERDER” 

(Historia de Sylvia, la novia del futbolista argentino Ariel e hija de Leandro) 

Las últimas semanas, en cambio, habían tenido algo de retiro. Se tumbaba en la cama con los auriculares y la vista fija en las estrellas adhesivas fosforescentes que había colocado años atrás, cuando el techo de su habitación aspiraba a no tener límites. Había leído por primera vez en su vida por el gusto de seguir una historia, de involucrarse en lo ajeno. Había vencido esa ansiedad que en otros intentos por leer siempre la arrastraba hacia sus propias preocupaciones. Terminó la novela que Santiago le había regalado en seis días de lectura prolongada, a veces hasta que un ojo se le enramaba y la hacía sentir un roce de arenilla al parpadear. Luego buscó en las estanterías del despacho de casa, leyó primeras líneas de otras novelas y en un error fatal le preguntó a su padre ¿qué me puedo leer? Veinte minutos anduvo Lorenzo a tumbos entre los libros, de propuesta en propuesta, con entusiasmo confuso, hasta que le tendió un grueso novelón escrito por una mujer, yo no lo he leído, pero a tu madre le encantó. Pilar siempre llevaba un libro en el bolso para leer camino del trabajo. Cuando Sylvia habló por teléfono con su madre le dijo que se había terminado la novela que Santiago le había regalado.

Ese fin de semana, cuando vino a visitarla, Pilar le trajo otro libro, de parte de Santiago. Te lo ha dedicado, a él le daba vergüenza pero yo insistí. Sylvia lo abrió por la primera página. «A veces un libro es la mejor compañía.» Tiene una letra rara, pero bonita, le dijo a su madre.
El primer día de la vuelta a clase la rodearon los compañeros. Alguna hasta le dio dos besos. Le firmaron la escayola, unos, como Nico Verón, con obscenidades: «¿Qué tal se folla con escayola?»; otras, como Sara Sánchez, con cursilería: «De una amiga que te ha echado de menos»; y alguno con surrealismo sobrevenido, como Colorines, que escribió: «arriva España». Esa primera mañana la escayola terminó como un mural de grafitis, lleno de firmas de quinceañeros. Dani también se acercó a la clase y hablaron un rato en presencia de Mai, hasta que él se atrevió a proponer si quieres voy una tarde a hacerte compañía. Cuando quieras, respondió Sylvia. Dani se fue y Mai soltó su diagnóstico. Éste está colgado de ti.

Dos días después, Dani la visitó en casa. Sylvia tardó en abrir, su padre se acababa de marchar. Dani se sentó en el suelo, con la espalda apoyada contra el mueble. Sylvia se tumbó en la cama, reclinada. Hablaron de las clases, de algún concierto cercano, de alguna película reciente. De la paliza que dos skins le habían dado al Erizo Sousa el viernes pasado. Dani trajo dos cervezas de la nevera y Sylvia le preguntó ¿te gusta el fútbol? Dani se sorprendió por la pregunta. Sólo las finales, dijo luego. Cuando alguien pierde y lloran por el suelo y ya no parecen todos tan chulos y tan seguros de sí mismos. Sylvia había visto anunciado en televisión que esa tarde el equipo de Ariel jugaba en Turquía. Se quedaron en silencio y Dani dijo de pronto me he comido mucho el coco con lo del día de tu cumpleaños. Perdona, fui una imbécil. No, yo me sentí ridículo, dijo él. ¿Por qué? No sé.

*Esta tarde, a las 20 horas, en la librería Los Portadores de Sueños (calle Blancas) se presenta la nueva y ambiciosa novela de David Trueba: Saber perder (Aangrama, 2008. 528 páginas). Intervendrán, además del autor, algunos de sus mejores amigos: Luis Alegre, Pep Guardiola y Daniel Gascón.

1 comentario

Luisa -

Ha sido un rato estupendo y muy divertido. Un beso.