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Antón Castro

RELATO TRAS UNA MAÑANA DE TERTULIA CON JULIÁN

RELATO TRAS UNA MAÑANA DE TERTULIA CON JULIÁN JULIÁN, EL RUMANO

 Julián nació en un pueblo entre montañas de Rumania.
No escribo el nombre porque me resulta casi imposible.
Dice, ante un café con pastas, que allí ha sido feliz,
que allí se sabía seguro, al calor de la conversación
de sus padres, de los buhoneros y de los campesinos.
Estudió psicología. Se alegraba con las hazañas
de Nastase, de Nadia Comaneci y de Doina Melinte.
Amó a algunas mujeres, las amó ciegamente
porque creyó que el amor no se gastaba nunca
y, sin embargo, se acababa demasiado pronto.
Se especializó en psicología y en narración oral,
Y descubrió que le gustaba trabajar con niños.
Les contaba cuentos, oía sus invenciones,
Se acostumbró a sus sueños con tigres y bosques.
Un día, decidió partir. Como otros. Como otros
Que ahora desean volver a sus calles del recuerdo.
Una mañana, tras segar la hierba del jardín
donde se empleó, tras plantar un naranjo
y una higuera, agradeció el café de las once. Y dijo:
“Si usted quisiera, la higuera se llamaría Nadia,
como nuestra gimnasta, y él Mircea,
como mi escritor favorito. El poeta del misterio”.
Escribió dos pequeños papeles,
los protegió con un plástico
y los cosió al delgadísimo tronco.
Luego, levantó los ojos hacia el Moncayo nevado,
Que se veía allá lejos, casi lamiendo las nubes,
Con la transparencia de un plenilunio de luz,
Y sonrió: “Allá, en mi ciudad impronunciable,

Casi siempre me despertaba rodeado de nieve”.

*Esta fotografía de August Sander está realizada en 1926.

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