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DIÁLOGO CON JOSÉ MARÍA MERINO, NUEVO ACADÉMICO

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[José María Merino acaba de ser elegido, como José Luis Borau, académico de la RAE. El periodista andaluz Jesús Bigorra habló esta mañana mucho de él. Recupero esta entrevista reciente, y la cuelgo aquí. Está centrada, sobre todo, en su último libro. Teresa Lázaro, realizadora de Borradores, sostiene que es un escritor muy fotogénico: que la cámara lo quiere casi tanto como a Sean Connery.] 

Entrevista / JOSÉ MARÍA MERINO  

“La literatura debe buscar la sombra de la realidad” 

José María Merino (La Coruña, 1942) recoge su minificción completa en el volumen “La glorieta de los fugitivos”, un volumen que ha publicado el editor aragonés Juan Casamayor, instalado en Madrid, en su sello Páginas de Espuma.  

Defínanos cuento y minicuento.
El cuento es la menor unidad narrativa dotada de la máxima intensidad. El microcuento es lo mismo que un cuento pero llevado a los extremos de brevedad. No debe perder jamás su condición narrativa. 

Usted insiste mucho en que debe tener movimiento.
Debe tener movimiento, claro. Muchas veces se piensa que por el hecho de ser breve ya es un minicuento, y la gracia es que haya un movimiento dramático, una historia. Que suceda algo. 

¿Como ha llegado aquí?
El minicuento, microrrelato o minificción es un poco territorio de llegada, tras la novela, el relato o la poesía. No quiere decir que me vaya a quedar en él porque estoy escribiendo cuentos y novelas canónicos, pero para mí es el descubrimiento de una fórmula flexible e interesantísima para experimentar. Para probar nuevas cosas narrativas. 

Ahora parece como una epidemia, pero ya tenía tradición ¿no?
Es una de las piezas originarias de la oralidad. La fábula, el apólogo, el cuento breve estaban ahí, en la oralidad, que es el laboratorio incesante de la narrativa. Tiene miles de años, incluso cuando empieza el cuento, el cuento brevísimo es típico de las culturas antiguas como la hindú, la china, el mundo rural. Lo que pasa es que hemos depositado una nueva mirada sobre él.  

¿Cómo es la suya?
Yo tengo un libro que se titula “Cuentos de los días raros”. El elemento de la extrañeza es uno de los elementos que más me interesan. La literatura no debe quedarse con lo rutinario, con lo banal, debe buscar la sombra de la realidad, y en ese sentido a mí me ha interesado mucho, tanto en la novela como en el cuento, trabajar con ese mundo de lo extraño: lo lírico, lo fantástico, lo imprevisible, el territorio de la muerte, lindante con la vida.  

Insisto levemente con la tradición. Hay una serie de figuras claves en la difusión del género, Borges, entre ellos.
Dicen los expertos que el que dio la nueva mirada al cuento cortísimo fue Baudelaire, con “Spleen de París” y con sus “Pequeños poemas en prosa”. De ahí se alimentó Rubén Darío, y dio un cambio en la literatura y en la lengua castellanas. Juan Ramón Jiménez escribió unas historias preciosas, más modernas que las de Rubén, y luego hay ahí una serie de autores donde están Borges, Cortázar, Arreola, Monterroso, Ana María Shúa... En España mi generación ha frecuentado el género. Antes, Gonzalo Suárez escribió minicuentos. Y Cunqueiro redactó semblanzas extraordinarias...  

Ha dicho que le encantaría leer minicuentos en el móvil.
Sería estupendo hacer con cinco palabras un minirrelato. Qué divertido. Si hay talento en el que lo escribe y hay sensibilidad en el que lo lee, puede haber un cuento. De una línea, tan solo. El soporte es lo de menos, lo importante es el talento creador y el talento receptor. 

¿Hasta dónde se puede llegar con el género?
El minicuento es adaptable a cualquier cosa. Podemos pensar en Romeo y Julieta y cambiar la historia por completo. 

Ese cuento ya está en “La glorieta de los fugitivos”: las familias se aman y los jóvenes se aborrecen...
Hay que darle una vuelta de tuerca a las cosas. Podemos pensar en la receta culinaria de los calamares en su tinta y con ella escribir un minicuento. La gracia que tiene este género es su condición proteica: puede adaptarse a cualquier cosa. 

¿En que está trabajando?
Ahora tengo en el telar una novela y un libro de cuentos canónicos. Me voy a dar un curso a una universidad norteamericana. Como voy a estar allí dos meses, en una especie de bosque lleno de osos, pienso escribir algún minicuento. Seguro. Ya esto pensando en ver desde la perspectiva de lo experimental: contar cosas en muy pocas palabras y que tengan mucha intensidad dramática.  

¿Usted ha venido constantemente a los ciclos de “Invitación a la lectura”. ¿Cuál ha sido su experiencia?

 En Aragón me he llevado la sorpresa de que en algún instituto estaban trabajando con alguna novela mía, “El heredero” por ejemplo, con un nivel que a veces no he visto en la universidad. A veces he llegado a asustarme de la brillantez, del rigor y de la complejidad de preguntas comprometedoras. Hay un nivel de capacidad lectora y análisis lector en profesores y alumnos que yo no he visto en otras partes de España. Lo digo convencido y con conocimiento de causa. He recorrido toda la península...

*La foto de José María Merino es de "El País".       

28/03/2008 21:51 Antón Castro Enlace permanente. sin tema

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