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ELOGIO DE LA IMAGINACIÓN. EN VÍSPERAS DEL ESPAÑA-ALEMANIA

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PASES DE GOL. España, el equipo del arte y del cálculo, se enfrenta a la práctica Alemania, el conjunto de los arreones que compite espléndidamente en alianza con la buena suerte. Poseen dos juegos antagónicos, la clase y la fuerza, la belleza y el aplastamiento. En un partido así, no hay favorito.

 

España estará hoy donde siempre quiso estar: en una final importante. Debía confirmar la apabullante trayectoria de las categorías inferiores, que lo han logrado todo. España ha contado con conjuntos prometedores, pero siempre se arrugaba en los torneos con la selección senior. El mito de los cuartos de final pesaba como una maldición obscena. Desde hace algunos años, España posee jugadores que dan la talla en distintas ligas y en sus clubes: futbolistas que han dejado de lado la furia, el estricto perfil del combatiente, y que han abrazado una nueva idea del fútbol. Esa idea se cobija en epítetos y definiciones del tipo: “los jugones bajitos”, “el tiki-taka”, “los maestros del toque y la combinación”, etc.

Con esos mimbres, y un deseo de ratificarse de una vez por todas, se presentó España en este campeonato. El equipo ha crecido día a día, ha paliado sus debilidades, se ha sentido partido a partido menos vulnerable y ha burlado las emboscadas de la historia, y agujeros negros específicos como el de Italia. Los periódicos germanos dicen que los españoles “exhiben clase y maravillan”, que ejercitan una estética del balompié elaborada con “arte y cálculo”, y que cultivan “el secreto de la circulación de balón”. E incluso, por aquello de los hábitos raciales, la España de Luis Aragonés es “el mejor toro de Europa”.

Todo el mundo respeta a España, cómo no, y señala que practica el mejor fútbol. Y no solo eso: esta selección ha logrado conformar un bloque completo y armonioso en todas sus líneas, que apenas tiene fisuras (por buscar una o dos: Capdevila ha perdido enteros y se ha recuperado Sergio Ramos; y falta algo más de pegada letal cuando todo está a favor). Es una selección que combina, que domina el campo de extremo a extremo, que halla posiciones y huecos, que sabe administrar el ritmo, el vértigo y la calma, y que posee una enorme versatilidad en todos sus hombres: Silva e Iniesta se intercambian sus posiciones con pasmosa naturalidad, Cesc puede llevar la manija y estar casi de segundo punta, Senna igual rebaña balones y defiende con tensión y concentración que conduce con elocuencia, y Xavi es el perfecto tiralíneas: quizá no haya nadie en el fútbol mundial en este momento al que resulte tan difícil robarle el balón y que se gire sobre sí mismo con tanta eficacia y limpidez para dar nuevo curso al partido. Es obvio que seguimos esperando a Fernando Torres; por ahora, su tarea de finalización es más bien oscura y dubitativa, pero su movilidad, su desmarque y su afán ayudan mucho a la segunda línea, a Silva, que realiza las diabluras del mago incansable, a Cesc, que ya se mira en el espejo de su doble del Arsenal. A todos.

Ya sabemos cómo es la victoriosa Alemania. Es la selección de los arreones, del ciclón intermitente, el combinado poderoso que practica una forma de tedio íntimo y aplastante. Esta Alemania ha ganado por empuje, por desmelenamiento, por puro músculo y por ardor competitivo, en alianza con la buena suerte. España va a sufrir, especialmente con los balones altos, pero se enfrenta a un equipo de perfil plano, un superviviente continuo, al que ya se le escapan todos los trenes. El ejemplo es Ballack, un perdedor nato, un mandón exasperado que no querría jubilarse sin títulos. Hay otro detalle: Alemania fue inferior a Turquía y dio la sensación de estar cansada. Por cierto, el mejor alemán está siendo un bajito, Lahm, que avanza a contrapié. A España no le sobrará nada, nada, pero hoy deberá mantener el buen tono físico, la concentración, la camaradería, y dejarse guiar por su imaginación infinita…

*Este artículo apareció ayer domingo en Heraldo de Aragón en la sección Pases de gol que le estoy dedicando a la Eurocopa.

Los soldados no improvisan**

Tras el enfrentamiento de 1942 entre Alemania y España en el “grandioso” estadio Olímpico de Berlín, “la mole pétrea de líneas sobrias y severas”, en la tarde en que el locutor saludó en la radio a los soldados españoles de la División Azul, el cronista Flecha Dorada escribió en “Arriba”: “No son los alemanes en nada amigos de la improvisación. Y tampoco en su fútbol falla esta regla, que es en ellos funcional, habitual, cosa connatural y hasta legendaria. No improvisar nada. Metodizar, calcular, prever. Todos sus jugadores son soldados”. En el fondo, este párrafo, más bien tópico y un tanto marcial, se ajusta bien a la historia del fútbol germano. Ambos conjuntos iniciaron sus enfrentamientos en 1935 y 1936. En Colonia, la España de Vantolrá, Luis Regueiro, Lángara, Iraragorri y Gorostiza venció 1-2 con tantos del ovetense Lángara. Poco después, en febrero de 1936, Alemania le devolvió el resultado en Montjuic; aquel día el goleador fue el republicano y madridista Luisito Regueiro. Alemania y España tardarían en enfrentarse otra década: en 1952, cuando los germanos de Fritz Walter y Otto Rahn se preparaban para ser campeones del mundo en 1954, lograron empatar a 2-2 en Chamartín con goles de César y Gainza. Ambos combinados volvieron a cruzarse ahora sí en el Campeonato del mundo de 1966, el Villa Park de Birminghan. Los alemanes, quizá el mejor equipo del campeonato (con Beckenbauer, Seeler, Emmerich, Haller…) y finalistas ante los ingleses de Bobby Charlton, Moore y Hurst, vencieron por uno a dos, con tantos de Emmerich, Uwe Seeler y Ramón Fusté.

Uno de los mejores partidos de España contra Alemania se jugó en Sevilla en 1970: el conjunto que dirigía Kubala venció con claridad a una poderosa selección que realizaría un partido heroico e inolvidable poco después, en las semifinales del campeonato del mundo en México ante Italia. Aquella fue la gran noche de Enrique Lora y Antón Arieta, que goleó por partida por doble. En 1973 y 1974 jugaron dos amistosos, en Sttutgart y en Barcelona, con victorias locales por la mínima. Un par de años después, Alemania cerraría las puertas a España en las eliminatorias para aquella Eurocopa sorprendente en la que Panenka burlaría al gran Sepp Maier con el inverosímil penalti del título. Volvieron a verse las caras en el nefasto Mundial de España, donde los alemanes jugaron la final y los cayeron a las primeras de cambio: los germanos, liderados por Stielike, Breitner y Rummenigge, ganaron por dos uno y sellaron el estrepitoso fracaso de José Emilio Santamaría y sus pupilos. Dos años después, Maceda marcaría un gol para leyenda en el último minuto, un tanto que iniciaba el camino de la final de la Eurocopa, y cuatro después, en 1988, Alemania eliminó con claridad a España en ese mismo campeonato en el que deslumbró Van Basten y los holandeses. Aquel día, en el estadio Olympia de Munich, Voller batió por partida doble a Zubizarreta. En el Mundial de 1994, en Chicago empataron a uno.

Como se ve, por lo regular son dos equipos igualados, aunque resulte algo más decisivo Alemania en torneos oficiales. Pero, visto lo visto, el auténtico diluvio de fútbol no lo han realizado los ásperos soldados de Low sino los artistas laboriosos de Luis Aragonés.

**Este artículo apareció el sábado en la misma sección. Era un balance de los enfrentamientos entre España y Alemania.

30/06/2008 10:40 Antón Castro Enlace permanente. sin tema

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gravatar.comAutor: Magda

Enhorabuena por este campeonato, muy merecido.

Generación tras generación anhelando este triunfo y 44 años después se tiene en las manos. Es histórico.

Muchas felicidades.


Fecha: 30/06/2008 13:32.


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