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PAQUILLO, SASTRE, NADAL, SARA EN LA PISCINA...

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-Ha sido un domingo, en cuanto a deportes, casi tan brillante como otros recientes. El sábado vi algunas pruebas de los campeonatos nacionales de atletismo (siempre está ahí Ruth Beitia, que ganó altura con 1.98 y alejó a Marta Mencía a 1.86, aunque anda muy lejos de la maravillosa y rara Blanca Vlasic), pero las de hoy han sido mejores. Paquillo Fernández ha rebajado la plusmarca mundial de 10 kilómetros marcha, que poseía el campeón olímpico Ivano Brugnetti, casi en cinco segundos. La ha fijado en 37.53.09, ahí es nada, récord que lo coloca como gran favorito en la prueba en Pekín. Fue apasionante el 1.500, que ganó limpiamente Arturo Casado, bien situado por la cuerda, y con un poderoso final. Higuero nunca se sintió cómodo; casi sobre la línea fue rebasado por un rejuvenecido Reyes Estévez. En 110 metros vallas, Josephine Onya ganó con claridad a Gloria Alozie, con increíble superioridad incluso. Y en 5.000 metros, se lució con comodidad Jesús España por delante de Alberto García y de su propio hermano. Manuel Olmedo ganó con claridad en 800, igual que Margarita Fuentes-Pila, que batió limpiamente a Isabel Macías, tan feliz de ser segunda que alzó los brazos al cielo de alegría cuando rebasaba la línea de meta. El otro gran competidor fue Mario Pestano: lanzó 69.50 en un tiro bajo y largo, sorprendente para todos, que supone un nuevo récord de España. Otra de las bonitas noticias de los campeonatos ha sido el resultado de Eliseo Martín: ganó en 3.000 metros obstáculos y obtuvo la mínima para Pekín. Creo que acudirá a su tercera Olimpiada; en las dos anteriores fue finalista olímpico.

-Carlos Sastre triunfó en el Tour. Es un trabajador del ciclismo, un hombre de montaña, regular, que se desfonda, que pelea, que tiene sentido de la estrategia y un corazón de león. Es leal que con sus líderes y siempre está ahí, pugnando por lo más alto del podio. Este año demarró desde muy abajo en Alpe d’Huez e hizo una etapa prodigiosa: venció en la cima, tras las 21 curvas casi suicidas (que visité hace poco en coche con mi cuñado Paco Gascón) y volteó casi por completo la clasificación. El sábado enfrentó la contrarreloj con algunos datos en contra: Cadel Evans tenía muchas posibilidades de sacarle un par de minutos. Sin embargo, Sastre realizó una carrera espléndida y se presentaba ayer en París para ser coronado, el tercer español consecutivo en los últimos tres años, tras Pereiro y Contador. Sastre tuvo algunos gestos muy deportivos y emocionantes: reconoció la labor de su equipo y de sus técnicos y mecánicos, y recordó a esa figura imposible que era el Chaba Jiménez, un hombre que le enseñó mucho, que le dio mucho, porque además era su cuñado (Sastre está casado con su hermana Piedad Jiménez) y fue, intentó ser un gran escalador, un maestro un tanto alucinado e imprevisible del demarraje. En eso, curiosamente, se parecían: la etapa de Alpe d’Huez es el mejor homenaje a José María “Chaba” Jiménez.

-Rafael Nadal ganó su séptimo torneo del año en Toronto ante Nicholas Kiefer, un buen tenista que tiende a despistarse y a fallar en exceso. Apenas hubo partido, salvo en el quinto juego del segundo set. Se jugadon hasta seis o siete “deuce”, y al final venció, a favor de saque, Nadal. A partir de ahí puso la directa y ganó con comodidad. Fue un partido extraño y errático, de esos que no hacen demasiada afición. Si no estuviera el manacorí pasaría inadvertido. Nadal ganó casi sin despeinarse, sin demasiada concentración, y Kiefer decepcionó por completo. Aunque mucho más decepcionó, en esta ocasión, Roger Federer que había caído ante una promesa como Gilles Simon. Por cierto, acaso el mejor partido del torneo fuese el de Nadal ante Gasquet, un formidable jugador galo al que le falta algo más de constancia, resistencia y concentración, pero tiene golpes de auténtico genio.

-Hacia las diez y media, en plena oscuridad, mi hija Sara se tiró a la piscina. Me encanta verla ahí, como una sirena, en medio del agua transparente y azulenca, más bien fría. De vez en cuando los pinos tiemblan entre el pequeño oleaje y oigo su rumor igual que cuando era un niño allá en Galicia, cuando tenía miedo de los bosques y de su extraña y sibilante música.

*Esta foto corresponde a Sally Gall.

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