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ANA MARÍA NAVALES. A PROPÓSITO DE LA NOVELA / 2

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*Recupero aquí dos entrevistas con Ana María Navales: uno con motivo de la publicación ‘La amante del mandarín’ (Sial, 2002), y otra con motivo de la publicación ‘Mujeres de palabra. De Virginia Woolf a Nadine Gordimer’ (Sial, 2006).

 

I

Diálogo a propósito de la publicación de su última novela: ‘La amante del mandarín’ (Sial, 2002), que acaba siendo una reflexión general sobre la novela.

 

-¿Por qué ha tardado en publicar 18 años una nueva novela?

-Las razones son de muchas clases. Pero no se puede olvidar que no sólo me dedico a la novela sino a otros géneros, y que he publicado en este tiempo ensayos, libros de relatos y de poemas. Se estaban haciendo, a la vez, reediciones de la novela “El laberinto del quetzal” y de “Cuentos de Bloosmbury”,  y soy partidaria, además,  de dar a los libros  un respiro para que sigan su trayectoria.

 

-¿Es “La amante del mandarín” hija de un exorcismo personal y de un laborioso proceso de creación artística?

-La literatura es siempre, de manera más o menos intensa, un exorcismo personal, y en lo personal entra también lo personal-literario, y desde luego, para mí, toda obra literaria es un laborioso proceso de creación artística, donde laborioso no es únicamente una cuestión física, que exija tiempo y concentración, sino un proceso que reclama toda tu energía vital y psíquica. No entiendo la literatura de otra manera.

 

-Uno de los temas esenciales del libro es el universo convulso de un colegio chino. ¿Qué lugar ha ocupado la enseñanza en su vida y cómo valora su experiencia como profesota?

-Durante muchos años la enseñanza formó parte de mi vida y siempre digo que lo mejor de esa experiencia fueron los alumnos. Intenté llevar al aula mi creatividad, desterrar la memoria rutinaria, fomentar una visión crítica y razonada en el alumno. Yo enseñaba literatura y, a la vez, aprendía de los estudiantes cómo iba evolucionando la vida y trataba de no quedarme anclada en ningún momento. Valoro esa experiencia como una de las que han marcado sustancialmente mi vida, que me han hecho lo que soy. Junto a la literatura, ha ocupado un lugar de primera fila.

 

-¿Cuál cree que es la huella que ha dejado en sus alumnos?

-Menos olvido, habrá de todo, supongo, porque siempre te enfrentas a un colectivo dispar y la huella no siempre podrá ser la más positiva, la que el profesor siempre desea y persigue. Yo he sido una profesora exigente y eso no es cómodo para algunos. Pero muchos alumnos y padres siguen siendo amigos, lo que para mí es una enorme satisfacción.

 

 

-La novela es también el relato de una decepción. ¿Qué le ha defraudado del mundo de la enseñanza, cuáles son los errores educativos?

-Habría que contestar con otro libro, esta vez no de ficción.  Nunca lo escribiré, pero entre los errores de la enseñanza actual hay que señalar la inútil y despilfarradora burocracia, el nivel cada vez más bajo de los contenidos educativos, perseguir el aprobado y no el aprendizaje –y en esto también tienen culpa los padres-, enseñar de un modo arcaico materias que  no siempre conectan con los intereses del alumno, porque en realidad no son interesantes para el aprendizaje de verdad, el de la vida, etc. Este  es el fondo de decepción que puede rastrearse en mi novela, aunque no sea propiamente un relato sobre el mundo educativo.

 

5.- La novela también cuenta la historia de una mujer que quiere escribir una novela sobre su colegio e indaga entre alumnos y compañeros. ¿Por qué ha elegido ese artificio narrativo? ¿Ha querido también reflexionar sobre la imposibilidad de escribir?

-Para intensificar que todo el contenido es ficción.  No creo que la reflexión sea sobre la imposibilidad de escribir, sino sobre el esfuerzo, la dificultad que entraña el intentar escribir bien, hoy que parece que “todo vale” y que cualquier simpleza se eleva a la categoría de arte.

 

6.-Escribe: “En la escritura debes ser impúdico, y hay que golpearse las heridas hasta sangrar por ellas”. ¿Es ésta su visión de la literatura?

-Es mucho más compleja. Pero si no escribes en carne viva, sale algo superficial, sin apenas interés.

 

7.-Dice un personaje: “La novela debe ser algo vivo, un texto nacido para enamorar”. ¿Es esto una reivindicación del género en un momento en que se insiste tanto en su muerte?

-No creo en la muerte de la novela, aunque sí crea que desde el “Ulises”, de Joyce,  la novela es otra cosa de lo que nos dicen los manuales. Tampoco creo en esa otra muerte, más coyuntural e inmediata, por culpa de algunos autores que se han dejado arrastrar por el marketing más salvaje y por no sé qué insanos deseos de popularidad, sin preocuparse de la calidad de su escritura. El lector es inteligente y sabe distinguir entre los productos de consumo y la  novela escrita con voluntad de estilo, que transmita, entre otras muchas cosas, una empatía moral con los personajes, lo que llamamos vida, y no se quede en simples fuegos de artificio. Esta novela siempre estará viva, a pesar de sus sepultureros.

 

8.- Da la sensación de que ha querido componer una alegoría sobre la educación.

-Lo de la enseñanza es el hilo conductor de una novela que habla de conductas humanas, de cambios sociales, del mundo de los jóvenes que, a veces, no comprendemos bien, de cómo construyen o destruyen su vida. Habla hasta del manicomio, porque a veces el mundo parece haber perdido sus faros de sensatez. La novela es una alegoría de la vida misma, pero no habla expresamente del fracaso de la enseñanza sino acaso de la necesidad urgente de una evolución, de un cambio en la metodología, no de una nueva reforma nacida en algún despacho, que de estas ya ha habido muchas, todas igual de inútiles, porque parten más de teorías que de la experiencia en el aula..

 

9.-¿Qué dificultades le generó vincular el texto con la cultura china?

-Esta fue la parte más fácil, porque tampoco he pretendido hacer un tratado de cultura china. Todo lo chino del libro hay que tomárselo como un juego, como un artificio inocente y pícaro.

 

10.- La novela también ofrece un retrato generacional, de alumnos y profesores desencantados, que viven entre el odio y la amargura.

-Yo no hablaría de odio y amargura, aunque también sean sentimientos muy reales, que se producen con más frecuencia de la deseada. Yo hablaría, sí, de desencanto. Este sentimiento sí está muy generalizado en el mundo de la docencia.

 

12.-Usted habla de asombro, originalidad, sugerencia, belleza, emoción y misterio. ¿Es eso lo que pretende transmitir en sus textos y en concreto en este libro?

-Esos conceptos son los que deberían transmitirse, entre otras muchas sensaciones, con una buena novela. No sé lo que sugerirá esta, escrita con ironía. Acaso me haya quedado sólo con el asombro y la emoción...¡quién lo sabe!  Los lectores son los que descubren estas cuestiones.

 

13.-Escritora de la lentitud, de la inspiración, del estilo, escritora que persigue la trascendencia. ¿Se siente definida así?

-Toda definición se queda estrecha. En todo caso yo no diría de lentitud,  sino reflexiva. 

 

14.- ¿Qué le parece la polvareda literaria que ha levantado lo que se ha dado en llamar, con bastante ironía y algún enojo, el “canon Ordovás”, aparecido en la revista literaria “Rolde”?

-Una polvareda, como usted la llama, absurda, pero ¡qué más da que aparezcas o no en ese “retrato de familia” y, si estás en la foto, que no sea con tu mejor sonrisa! Si Ordovás hubiera dejado claro que era “su canon”, o sea la relación de autores y libros preferidos (se puede amar incluso por los defectos), que aquello era su mirada subjetiva al entorno literario, nadie hubiera tenido nada que objetar a unas preferencias personales. Es el título el que acaso induce a engaño.

*La foto es de Miss Aniela.

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gravatar.comAutor: Serrablo

No la conocí personalmente tanto mi primo como yo deseábamos conocerla ya que era hija de nuestro tio-abuelo Jesús Navales
"el Lecherin" Siento profundamente su pérdida y acompaño en el sentimiento a su esposo.
Miguel

Fecha: 15/03/2009 21:16.


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