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AUDREY Y EL ASADO DE NAVIDAD

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Manuel  Martín Mormeneo ya no recibe dibujos de Alberto Calvo. O eso se dice con cierta fatalidad, como si lanzase una botella al mar del silencio. El dibujante, pintor y humorista está trabajando más que nunca, pero no está convencido de sus colores. Y quizá de sus homenajes. Hace unos días se metió en la sección de arte de una librería y buscó catálogos, monografías, libros. Todo le interesa. Su imaginación está enferma de formas y rayujos, de ansiedad y desorden de los sentidos. Trabaja: se le junta la noche con el día, se le escapan las estaciones entre los dedos, se le embarullan las formas y sus fuegos. Ahora Kirchner, ahora Hopper, Matisse, Modigliani, Miró, Picasso, Leger, Klee, Kandinsky, Klimt, luego Frida Kahlo o Francesca Woodman y la belleza rubia e inasible de Lee Miller, va de artista en artista como rana de charca en charca, a saltos, fascinado, con los ojos rasgados de terciopelo y de brillo alucinado.

 

Y de vez en cuando abre un libro sobre la moda y el diseño, inmenso, casi mil páginas imágenes y de visiones. Y de entre todas las figuras suaves, de aquellas que no le enturbian el pensamiento, ha elegido esta. Y le ha puesto una leve leyenda: “Audrey Hepburn prepara el asado de Navidad”. Esa es la que le ha mandado a Mormeneo…

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