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EL LIBRERO PACO PONS EVOCA AL LIBRERO Y EDITOR MARCIAL PONS

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[Hace unos años, gracias a la colaboración de Eloy Fernández Clemente, entrevisté a Marcial Pons, librero y editor. Acaba de fallecer y ayer, en ‘El País’, el librero Paco Pons, todo un librero apasionado e ilustrado (uno más, de los de antaño, de los de siempre, de los del futuro), firmaba este artículo. Lo copio aquí porque es un testimonio de primera mano, escrito con brillantez, conocimiento y cariño.

 

PACO PONS EVOCA AL LIBRERO Y EDITOR MARCIAL PONS

 

Marcial Pons, el librero que

apostó por las librerías especializadas

 

Paco Pons. El País. 

En las memorias de un veterano periodista se podía leer que la tarea más compleja en una Redacción no era la de analista de la economía, sino la de redactor de los obituarios. Han de ser escritos en ese difícil equilibrio entre el sentimiento y la objetividad y eso es una ardua tarea. En ese espíritu, redacto estas líneas en homenaje a uno de los libreros y editor de mayor prestigio europeo en la segunda mitad del siglo XX. No pretendo escribir un obituario al uso, porque quiero a mi tío Marcial, fallecido el martes en Madrid, como a un padre, ya que en eso se convirtió cuando murió el mío en 1969.

Marcial Pons Abejer, nacido en Calatayud en 1915, no ha sido solo un hombre bueno. Ha sido sobre toda consideración personal un librero innovador. Oficio, que ha basado siempre en su extraordinario amor al libro, amor quizás heredado de su hermano mayor, el librero zaragozano Paco Pons. Añádase su extraordinario afán por aprender, que le movía a leer todo lo que caía en sus manos, llevándole a poseer una cultura enciclopédica. Tuvo muy claro, ya en los sesenta, que la especialización era el futuro de la librería.

Marcial Pons fue el alma de la primera Escuela de Libreros que ha existido en España, al darse cuenta de que los libreros estábamos abocados a ser autodidactas por necesidad. Algunos privilegiados teníamos a nuestros padres como maestros, pero eso no era suficiente. Este oficio requiere mucho más que una vocación.

Marcial argumentó tanto y tantas veces con el entonces ministro de Información y Turismo que consiguió que se habilitase un espacio en la Escuela de Documentalistas (en el edificio de la Biblioteca Nacional) para acoger a la Escuela de Libreros. El maestro librero León Sánchez Cuesta le apoyó con entusiasmo e incluso aceptó ser su director. Otros libreros -Jerónimo Díaz de Santos y Pedro Hernández- le apoyaron en sus gestiones.

Fue hace 64 años, si no me equivoco, cuando Marcial Pons fundó su empresa en un pisito cerca de la madrileña plaza del Callao. Había dejado la Zaragoza de su infancia, pues no quería ser competidor de su hermano mayor, que también tenía intención de abrir su propia librería. Después se trasladaría a un local próximo, cerca de la calle del Postigo de San Martín. Recibió en todo momento el gran apoyo de su mujer, Chiri, quien nunca dudó del futuro profesional de su librería. Ella era también librera.

Años después pasaron a la calle de Bárbara de Braganza, cuyo local estaba siempre rebosante, pero nunca rebasado, de libros que esperaban a sus clientes. Buen número de esos clientes pasaron a formar parte de la nómina de amigos. En esa librería sabían de libros y sabían ofrecerlos con unas gotas de factor humano que la convertían en lugar de encuentro de juristas. Alguna vez se discutió una decisión jurídica o se decidió una plaza de cátedras en este local. Le seguirían en Madrid la librería de Humanidades, la de Economía y la editorial, y otra librería en Barcelona.

Sin caer en una visión paternalista de las relaciones laborales, Marcial ha sido un jefe que escuchaba y que atendía, a menudo de forma discreta y siempre respetuosa a sus colaboradores. Muchas horas diarias ha dedicado a su trabajo sin recibir quejas de su familia.Trabajó muchísimo, pero no le faltó tiempo para estar con sus hijos y luego con sus nietos, su tesoro. Y no digamos ya a sus bisnietos, que le han tenido comidita el alma.... Algunos de ellos han sabido tomar el relevo generacional. Ahí están los frutos de tal enseñanza. Dedicó muchas horas a los libreros, como miembro de la junta del gremio durante años. Sus colegas encontraron en él a un maestro, que no presumía de sus conocimientos y a un amigo que compartía la información sin escatimar detalles a quienes eran también sus competidores.

Muchas gracias al maestro librero Pons. Es un honor llevar ese apellido y pretender ser discípulo suyo. Hace unas semanas, en una de nuestras frecuentes charlas telefónicas, pude comprobar una vez más que su cabeza seguía en plena agilidad mental, a pesar de que había algunos achaques que le estaban molestando bastante. A sus 94 años era lo natural. Entonces me dio una lección al hacer un análisis impecable de cómo sería la coexistencia de los libros impresos con los digitales. Espero poder comprobar cómo se cumplen sus pronósticos.

Paco Pons es librero zaragozano.

El País, jueves 3 de marzo de 2011.

 

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antoncastro

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