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ADIÓS A JOSÉ TEROL

[El pasado sábado, José Terol, padre de mi cuñado José Luis Terol, suegro de mi cuñada Mari Ángeles, vino a comer a casa. Y en él me inspiré para escribir este texto que apareció en Heraldo en mi sección ‘Cuentos de domingo’. _José estaba muy emocionado. Decía que lo suscribía todo por entero: que él se sabía el protagonista de la historia. Ayer, tras una mañana agitada de cariño, tras leer algunos de sus libros favoritos, de Punset y de Marina, José fallecía a los 88 años. Había releído el texto de nuevo; su hijo José Luis ha querido que se vaya a la tumba a descansar para siempre, muy cerca de su mujer que yace en Jumilla, con este texto en un bolsillo. Esta foto se la hice el pasado verano en Ejulve.]

 

 

EL ANCIANO PERPLEJO: ADIÓS A JOSÉ TEROL

¿Cuántas navidades creéis que me quedan?, pregunté en el brindis. Los más generosos soltaron una mentira piadosa: diez años. El tiempo necesario para que los tuyos vuelvan al poder, dijeron con ironía. Tengo 86 años. O más. Estoy más delgado que nunca. De vez en cuando me da algún que otro achuchón: me debilito, me mareo, asusto a los míos. Aún leo: libros de política, de historia, con letra grande. Leer es la mejor ventana al mundo: estás contigo y con los demás, te informas y te invitan a reflexionar. Leer ha sido una de las aventuras más bonitas de mi vida: tan grande como el amor, como saberse de una tribu y su tertulia, de una familia, de una ciudad y sus calles. Ahora los periódicos anuncian el fin del mundo, bueno, exagero: anuncian un futuro negro, un vendaval de incertidumbre, constatan un ejército de parados o de desesperados. Jamás lo habría imaginado. En mi casa algunos se han quedado en el paro: mi yerno, un nieto. Los vecinos de aquí y allá. A casi nadie les salen las cuentas. Durante años he pensado que la democracia había traído no solo la libertad, la cultura y la modernidad, sino la esperanza del porvenir. Nadie volvería a vivir como lo habíamos hecho nosotros: un poco a rastras, pugnando con la noche de piedra y contra los emisarios del miedo. Si había escozor y conflictos: toros, fútbol y semana santa de sombra. Ahora hay otras cosas: célebres de la nada, y gritones y reaccionarios en la tele, y fútbol a todas horas, como un castigo o una emboscada. Esto parece lo anecdótico. Y no lo es tanto: la democracia y la política palidecen. Ha perdido lo público: retrocedemos en conquistas sociales básicas minuto a minuto. Y eso sí podría parecerse al fin del mundo.

 

13/01/2012 01:14 Antón Castro Enlace permanente. sin tema

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antoncastro

gravatar.comAutor: Maria Consuelo Martínez

Hola Antón.

Soy nieta de José Terol. En nombre de toda mi familia y mio propio, muchisimas gracias.
Nos ha encantado el relato y el detalle que has tenido en publicarle unas palabras al abuelo. Si le llegan a decir que Antón Castro escribiría en su nombre, se hubiese puesto loco de contento.
Gracias de nuevo por expresar tan bien sus ideas y pensamientos y por acercarnos de cierta manera de nuevo a él cuando ya no está.
Él lleva éste texto en un bolsillo y nosotros en nuestros corazones.

Un abrazo desde Jumilla y gracias otra vez.

Fecha: 27/01/2012 10:23.


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