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STEVE GIBSON EN PUERTOMINGALVO

 

Steve Gibson

 

2hPM18.08

 

*

 

Sala de la Villa

 

Puertomingalvo (Teruel)

 

*

Horario: Martes a viernes, de 17 a 20 horas

                              Sábados y domingos, de 12 a 14 h. y

                              de 17 a 20 horas

 

 

28 de julio a 2 de septiembre de 2012

 

 

 

ORDEN EN EL CAOS

 

Por Ricardo García Prats. Crítico de Arte.

 

Steve Gibson es un artista indudablemente británico. Me refiero a sus planteamientos estéticos o, mejor dicho, sociales. Nos podríamos preguntar acerca de la función del arte en la sociedad. Francis Bacon decía que su pintura no era violenta sino que violenta era la vida. También decía que “nacemos con un grito; venimos al mundo con un grito, y quizás el amor no es más que una barrera entre el miedo a vivir y el miedo a morir”. Lucian Freud consideraba que los temas de su pintura son las personas y sus vidas y en ese sentido decía: “Pinto gente, no por lo que quisieran ser, sino por lo que son”. Por planteamientos y por edad, podríamos decir que Steve Gibson es un discípulo de esos artistas que pertenecieron a la llamada Escuela de Londres que se desenvuelven en una figuración de estirpe expresionista.

Esta exposición ha sido grata para Gibson. Por las características del espacio gótico, por el lugar y el paisaje y, especialmente porque presenta por primera vez unos dibujos hechos con grafito que parten de fotografías anónimas elegidas de forma aleatoria. Otras partes de la muestra, como las palomas y las esculturas humanas, aunque pertenecientes a proyectos anteriores, sirven para articular una muestra que reflexiona sobre el orden y el caos. “Tormented souls” es una escultura de 2009 que refleja el alma atormentada como reflejo de la condición humana y la violencia de la vida; otras esculturas corresponden a “Liverpool” y allí se reflejan las conexiones de Steve con sus orígenes; “El flautista de Hamelín” es la reflexión de Gibson sobre los ataques que la sociedad inflinge a los niños que no se pueden defender. Reflexiona Gibson y se pregunta que el flautista de Hamelín hizo desaparecer las ratas pero tras ver que no le pagaron, reunió a los niños, los condujo a una cueva y nunca más se supo. Observamos en conjunto una plástica de gran fuerza expresiva, con un dibujo de gran calado y fuerza y unas esculturas hechas en cartón, resinas y pintura plástica que tienen la carnalidad de las pinturas de Lucian Freud.

Pero volvamos al orden y el caos. A veces hay orden donde hay caos y otras veces vemos caos donde hay orden. Se dice que los locos entienden lo que no entienden los demás. Si miramos la disposición de esas palomas en el suelo podemos ver caos y podemos ver orden. Depende donde nos situemos, que es lo mismo que ocurre en el mundo. A la vez, a través de las numerosas palomas realizadas y presentadas, el artista reflexiona sobre la repetición. Las palomas son iguales o diferentes. Las obras del artista son la misma o son diversas. Aquí viene bien acudir al concepto de “mantra”. Un mantra es una vibración sonora que ayuda a liberar nuestra mente  de influencias indeseables. Los mantras se basan en la repetición pronunciados en voz alta o interiormente de forma rítmica y repetitiva. Así pues, Steve Gibson a través de la repetición en el dibujo se plantea donde llegar. En realidad de un mantra salen otras ideas. Gibson quiere creer -dice con modestia- que lo que está haciendo ahora dentro de un tiempo va a cambiar algo o, quien sabe, si le llevará a otra cosa. En noviembre último ideó un proyecto que Steve quiere que dure diez años con 30 dibujos cada año. En su estudio de la calle Las Armas de Zaragoza, en pleno casco histórico, ha dispuesto una cámara fotografíca que cualquiera que pase por la calle puede seguir las instrucciones y hacerse una foto. Después Steve Gibson eligirá algunas y a partir de ese documento hará un dibujo sobre papel de tamaño natural. Se produce una situación extraña porque la obra se basa en otra impresión. El artista no sabe nada más de la persona fotografiada y dibujada. Podemos decir que no es una retrato, no puede haber profundidad psicológica. Si que será un diálogo con el barrio y al cabo del tiempo veremos cambios que se producen en el vestir y cambios en la forma de dibujar del artista. Un concepto interesante que Gibson no sabe ahora donde llegará. Seguro que este mantra le llevará a algún sitio. Los dibujos que se exponen en esta Sala de la Villa suponen una primera entrega, una primicia de la reflexión.

 

*Crítico de Arte. Las fotos son de archivo.

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