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DE SCOTT FITZGERALD Y GATSBY

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Gatsby, el héroe sin escrúpulos

 

Francis Scott Fitzgerald (1896-1940) le ha dado a la literatura personajes, lemas, una época para el mito, como los dorados años del jazz. Una de sus grandes creaciones es James Gatz, que ha pasado a la historia de la literatura y del cine como Jay Gatsby, como ‘El gran Gatsby’, título de una novela que apareció en 1925 cuando en Estados Unidos se avecinaba el crack económico y a la vez se vivía el esplendor de los bailes, de las orquestas y de una vida entre muelle y  frívola, de felicidad tan superficial como inmediata. La novela la redactó en Francia durante un viaje por Europa con su esposa Zelda Sayre (1900-1948).

Entre Nueva York y Long Island transcurre la vida de un ciudadano misterioso, joven y esquivo, que tiene una mansión espectacular con jardín y piscina. Es, sin duda, un raro. Una de sus pasiones es contemplar una luz, un punto verde, allá lejos, al otro lado de la bahía. Poco a poco, vamos conociendo a ese hombre extraño, bello y maldito de algún modo, que tiene algunas rarezas: le gusta organizar grandes fiestas de verano la noche de los sábados en su casa. Allí corren el licor, el vino y el champán, allí todo el mundo sonríe, engaña a su pareja, más o menos, y se pregunta: ¿quién es en realidad ese hombre que sonríe, tan rico y tan pijo con sus impecables trajes?

Jay Gatsby es un misterio. Y tiene una debilidad peculiar: se llama Daisy, está casada con Tom Buchanan, un tipo más bien mal encarado que vive un lío secreto con Mirtle Wilson, tiene una hijita con él y habita una hermosa casa. Se diría que todo les sonríe. Quien nos cuenta todo eso es Nick Carraway, al cual su padre le dio una única lección: “No juzgues a los demás”. Nice dice lo que ve: vive muy cerca de Gatsby, se hace amigo suyo y cómplice sin olvidar las distancias, y colabora en una emboscada sentimental: le ayuda a concertar una cita con la joven y frívola Daisy, cristalina y bella, con alma de golondrina o mariposa. No tardaremos en descubrir que Daisy fue novia de Jay hace cinco años: él se fue a la I Guerra Mundial, y ella no tuvo paciencia. Él nunca la ha olvidado.

De esa pasión deriva cuanto sucede aquí. Que son muchas cosas: se vive el sueño americano y su reverso, se ve a un personaje que en el fondo es un antihéroe, un impostor, alguien que se ha hecho a sí mismo sin demasiados escrúpulos (intriga saber cómo ha llegado tan arriba, y ahí asoman otros personajes como su protector Don Cody o su socio Meyer Wolfshiem, “que amañó la Serie Mundial de béisbol en 1919”), y que a la vez tiene algo de romántico capaz de saber renunciar o de perder. También es un libro sobre la fatalidad, las convulsiones del alma y un país de apariencias. Es una novela sobre los perdedores, sobre el triunfo y el fracaso, que son los dos rostros de una misma moneda. Del amor al odio apenas hay distancia; quizá solo un paso o un peldaño aleja el triunfo del olvido, el sueño de la decepción o el manotazo de la realidad.

Todos los libros de Francis Scott Fitzgerald tienen un sustrato autobiográfico. Y este muy especialmente. Lo cierto es que he leído ahora –y pueden leer ediciones muy recientes en Nórdica y Sexto, ilustradas, o en Alianza, Reino de Cordelia, Anagrama y Alfaguara, entre otras-, resulta un libro premonitorio. El libro de un visionario de sí mismo. Jay Gatsby se parece mucho al propio Scott Fitzgerald, que halló en Zelda a su media naranja, bipolar, loca, obsesiva, cariñosa e insoportable. Murió calcinada en un incendio. Es muy recomendable la novela gráfica ‘Superzelda’ (451 editores) de Tiziana lo Porto y Daniele Maroto. Gatsby se parece a Scott Fitzgerald porque comparten un destino parejo: el escritor de la Generación Perdida (del grupo de Ernst Hemingway, John Steinbeck, William Faulkner o Thomas Wolfe, entre otros) sucumbió a sus propios vicios: fue célebre, rico, fue adorado y leído, y acabó en la miseria, en un puro naufragio de soledad, desconcierto y alcohol. Fitzgerald lo tenía claro: “Enséñame un héroe y te escribiré una tragedia”. Eso sí, antes del drama, está la luz, la alegría, el glamur, los coches, las risas y las pasiones que se desatan con “la intensidad del verano”.

 

LAS ANÉCDOTAS

 

Amor. Así describe Scott Fitzgerald un momento de intimidad entre Gatsby y Daisy, en la versión de Susana Carral para Reino de Cordelia: “Su corazón se había acelerado cuando el níveo rostro de Daisy se acercó al suyo. Sabía que cuando besara a aquella joven y uniera para siempre sus indescriptibles visiones al aliento perecedero de ella, su mente nunca volvería a juguetear alegremente como la mente de Dios. Por eso esperó, escuchando un minuto más el diapasón que había apoyado sobre una estrella. Luego la besó. Al contacto de sus labios, ella se abrió a él como una flor y la encarnación quedó completa”.

 

Cine. Se han hecho cinco películas de ‘El gran Gatsby’: la primera, muda, fue en 1926. Posteriormente se rodaron, en 1949, la versión de Elliott Nugent, con Alan Ladd y Betty Fied; en 1974, la más conocida de Jack Clayton, con Robert Redford y Mia Faroww; en 2000, Robert Markowitz dirigió a Toby Stephens y Mira Sorvino. Y en la primavera de 2013 se estrenaba la polémica, y criticada, versión de Baz Luhrmann con Leonardo di Caprio y Carey Mulligan. 

 

Fotos. 

1. La tomo de aquí: http://images.huffingtonpost.com/2013-11-10-tumblr_m1wcvalOou1qkgs51o1_500.jpg

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