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DIEGO ZAPATERO Y NARVE RIO: TRAS LAS HUELLAS DE CARL LUMHOLTZ

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A PLENO SOL. Diego Zapatero es fotorreportero y reside en Java. Le apasionan los volcanes, los ritos primitivos y las expediciones. Con el escritor y fotógrafo noruego Narve Rio ha seguido los pasos, un siglo después, del etnógrafo Carl Lumholtz en busca de los cazadores de cabezas.

 

 

Diego Zapatero retrata a las tribus de Borneo

 

 

Antón Castro

José Luis Acín Fanlo, fotógrafo y antropólogo, decidió un día seguir los pasos del fotógrafo Lucien Briet y realizó instantáneas de los lugares donde él había estado para repetir un siglo después sus libros ‘Bellezas del Alto Aragón’ y ‘Soberbios Pirineos’. Algo semejante le sucedió a Juan Manuel Castro Prieto, fascinado por completo por la personalidad y la obra de Martín Chambi, el gran artista de Cuzco (Perú). Diego Zapatero (Zaragoza, 1982), ese fotorreportero que conoce como nadie los secretos de los volcanes de Java y de las religiones y los ritos primitivos, acaba de hacer algo semejante: ha seguido las huellas de Carl Sofus Lumholtz en Borneo.

Diego, que expuso hace algunos meses en Ibercaja-Zentrum y reside desde 2010 en Yogyakarta (Indonesia), explica: «Carl Sofus Lumholtz, nacido en 1851 y fallecido en 1922, fue un explorador noruego, naturalista y etnógrafo, conocido por sus aventuras en Borneo, aunque sus obras más famosas se las dedicó a Australia y México. Investigó sobre la naturaleza y la cultura, y obtuvo referencias de incalculable valor y fotos únicas para su tiempo», dice Zapatero y recuerda que el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, ciudad en la que murió, dispone de más de 2.500 fotografías de sus expediciones. El Museo de Historia Cultural de Oslo posee más de 1.000 fotografías digitalizadas, que cubren todo el trabajo que hizo en Borneo.

«Hace 100 años, a principios de enero de 1914, Carl Lumholtz comenzó su viaje desde el extremo sur de Borneo, explorando “la tierra de los cazadores de cabezas”. Su primer viaje a Borneo iba a ser el inicio de la expedición, que culminaron con el cruce del río Barito (al sur de Borneo) hasta el río Mahakam (al este de Borneo), nueve meses increíblemente difíciles documentando a los moradores. Esa fue también nuestra ruta», cuenta Zapatero. Narra algunas anécdotas: el nombre de Lumholtz, aunque parezca mentira, está vivo, muy vivo, al menos entre una pareja de misioneros rusos que difunden el Evangelio en esos lugares animistas. La esposa preparó pollo y arroz, y les presentaron de inmediato a un indonesio, Yunus, que les enseñó la ruta. Al cabo de un instante, «Yunus volvió con un montón de fotocopias de un libro, ‘A través de Borneo central’ de Carl Lumholtz, y dijo que Dios le había dicho que un noruego volvería a devolverles el libro». Ese noruego apareció y se llama Narve Rio.

Carl Lumholtz fue el primer explorador que logró «sacar a la luz a los cazadores de cabezas de Borneo», en ese libro que es un diario de viaje por esos lugares entre los años 1913 y 1917. El volumen asombró de inmediato a los lectores por sus cuidadas ilustraciones y por los «cuentos vivos de la tierra y las gentes de Borneo».  

El nuevo viaje fue dirigido por el noruego Narve Rio, fotógrafo y escritor, y por Diego Zapatero, que se define como «fotógrafo documental». Al parecer la idea de repetir la ruta es antigua: surgió en uno de los viajes de Narve, en 1997; entonces, mientras surcaba uno de los ríos de Borneo, un hombre le preguntó de dónde era. Cuando Narve le respondió que de Noruega, el otro le nombró a Carl Lumholtz. Dos años después Narve encontró un libro sobre este autor en una vieja tienda en Oslo. «Ese fue el inicio de todo –dice Zapatero-. Narve y yo, que somos grandes amigos, queríamos seguir las huellas de Lumholtz hasta el mismo centro de Borneo, llegar a esas aldeas remotas. Sabíamos que no iba a ser fácil. Nuestro objetivo era contrastar los cambios y devolver las fotos e historia a sus descendientes».

 

La expedición duró tres semanas. Narve y Diego remontaron uno de los tres grandes ríos de Borneo, el Barito, cruzaron las montañas y descendieron por el río Mahakan. Felizmente pudieron encontrar siete aldeas citadas por Lumholtz. Explica Diego Zapatero: «En tres de ellas todavía se puede respirar una atmósfera auténtica, atmósfera Dayak, nombre que se le da a las tribus en Borneo. Son conscientes de que tienen que conservar su cultura, y lo hacen, todavía se pueden encontrar tatuajes, aunque muy a mi pesar he de decir que la globalización ha hecho ya su labor destructiva: encontramos ropa, televisiones y móviles como en Occidente. Actualmente, es casi imposible encontrar una mujer u hombre por debajo de 70 años de edad que luzca extensiones en los lóbulos de sus orejas en Borneo». Su lucha, según Zapatero, se concentra en combatir las plantaciones de palmera de aceite, que ya han destrozado la mayor parte de la selva, y combatir a las empresas y al gobierno que los expulsan de sus tierras «para peinar los bosques literalmente».

«Mis fotos son el resultado de meses de lectura e investigación de archivos fotográficos de la época colonial holandesa, de la universidad de Leiden (Holanda), en concreto. En el aspecto técnico he intentado conservar el estilo de la vieja escuela, por supuesto, influenciado por los grandes clásicos. He utilizado telas para los fondos y luz natural», afirma. Además, Diego ha intentado captar  iconos que en poco tiempo sólo quedarán en los libros. Eso sí, el fotógrafo ha podido dialogar con sus modelos para  «inmortalizarlos con orgullo y respeto».

 

el anecdotario

 

 

Aretes y máscaras. Diego Zapatero constató que «solo las ancianas que permanecen en las aldeas de las zonas remotas de Borneo siguen luciendo sus aretes pesados ​​con satisfacción y respeto a sus antepasados​​. En menos de 15 años será imposible ver extensiones en los lóbulos de las oreja; lo único que tendremos serán las fotos». Agrega otro matiz religioso y simbólico: «También nos quedará la danza llamada Hudoq, donde espíritus ancestrales vagan para alejar el mal entre los vivos, para orar por la prosperidad y para evocar las lágrimas de la risa que son ideales para rociar los campos de arroz. La máscara, el Hudoq, es una representación de muchos aspectos de las costumbres y la tradición Dayak, y esto es importante, una forma de ancestro-espíritu, caracterizado por las extensiones en los lóbulos de las orejas».

 

 

 

 

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