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VIVIAN MAIER. LA NANNY FOTÓGRAFA

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VERANO 2015. LECTURAS. HERALDO DE ARAGÓN

 

Vivian Maier: la niñera que quiso ser fotógrafa

La increíble historia de esta misteriosa mujer que dejó más de 100.000 negativos de Nueva York y Chicago

 

La vida está llena de enigmas. A veces, según el dictado del azar, surgen pequeños hilillos, imágenes o detalles que conforman un rastro, indican una travesía hacia lo inesperado o el asombro. La realidad es la puerta al misterio más insondable. Y uno de ellos bien podría ser Vivian Maier (Nueva York, 1926-Chicago, 2009), una ‘nanny’ o niñera, de una timidez brutal, que usaba chaquetas y zapatos de hombre, y que iba de aquí para allá con sus niños y con su cámara Rolleiflex. Hacía fotos de casi todo: de mendigos, de borrachos, de gente que pasaba, que va al teatro y, sobre todo, de sí misma. Así, sin que nadie lo supiese, aquella mujer de pelo más bien corto, documentó la existencia cotidiana de Nueva y de Chicago, desde los años 50 hasta principios del siglo XXI. Lo dejaba todo bien anotado: asunto, lugar, etc., llevaba a revelar lo que podía o, sencillamente, guardaba muchos de sus carretes que procedían del extranjero.

Todo empezó en 2007 cuando el joven John Maloof, que estaba preparando un trabajo sobre el Chicago de los 50 y 60, compró en un rastro por 300 dólares un archivo, con positivos y carretes sin revelar, que procedía de un guardamuebles que la familia Ginsberg ya no podía pagar. Se encontró con un curioso material fotográfico (algunos hablan de 30.000 fotos); no le servía del todo para sus proyectos, y decidió rentabilizarlo. Intentó venderlo por internet y además hizo algunas copias. Poco a poco, se olvidó un poco del asunto. Al cabo de algún tiempo, el historiador de la fotografía John Sakula contactó con él, le dijo que era una colección formidable, que la fotógrafa poseía un talento formidable, y que se la compraba.

En ese instante, Maloof decidió seguir el rastro de la misteriosa fotógrafa que tenía parentesco estético con Cartier-Besson, Helen Levitt, Izis o Robert Doisneau, entre otros: preguntó, adquirió una Rolleiflex como la suya, buscó y dio con una de las familias cuyos niños había cuidado, los Gensburgs, durante 17 años, tras pedir un cuarto propio con llave. Había más fotos y recortes y algunos objetos, que adquirió. Incluso llegó a saber cómo había vivido los últimos años: estuvo algún tiempo en la calle hasta que se enteraron los jóvenes, que le alquilaron. Murió pobre; en 2008 sufrió un accidente en la nieve, fue ingresada en un hospital de Oak Park y allí murió en abril de 2009. John Maloof llegó hasta ella dos días tarde.

Tras tantas pesquisas logró recomponer su biografía: supo que Vivian Maier había nacido en Nueva York en 1926. Su padre Charles Maier era austriaco y no tardó en abandonar a su madre, la francesa Marie Jaussaud. Esta se trasladó a su país y se instaló en los Alpes franceses en compañía de una fotógrafa surrealista: Jeanne J. Bernard. Ese hecho ha alimentado la conjetura más que probable de que fuera ella quien le contagiase su pasión por la fotografía.

En 1951 Vivian Maier se marchó a Nueva York, donde vivió hasta 1956, año en el que se desplazó a Chicago. Era socialista, feminista, le gustaba redactar críticas de cine y le apasionaba el inglés. Se sabe que le gustaban muchos los libros de arte y que era lectora y coleccionista de esquelas de los periódicos. De una de esas esquelas, relativas al asesinato de una madre y su hijo, grabó una película en super-8 donde recomponía minuciosamente su biografía a través de los lugares en los que habían estado. Consta que hizo un viaje en 1959 por distintos países como Egipto, Tailandia, Vietnam, Indonesia, Italia... Con un sentido poético y plástico admirable, tiró más de 100.000 fotografías y casi todo se quedó oculto hasta que John Maloof tuvo ese prodigioso golpe de suerte que ya ha hecho correr ríos de tinta. En 2013, Maloof, con Charlie Siskel, produjo y dirigió una película que fue candidata al Oscar: ‘Finding Vivian Maier’ (Buscando a Vivian Maier). No ganó, pero la extraña niñera ya se había convertido en una estrella.

 

LA ANÉCDOTA

Vivian Maier ya no es una desconocida. Su historia ha sido contada incluso en los telediarios. Sus fotos siguen causando admiración y perplejidad y han sido publicadas en varios libros. Era una auténtica cazadora de luz y de contrastes en plena calle. Una mujer que mira de otro modo, con sensibilidad, con un gran sentido de la composición. Quizá lo que más llama la atención de ella son sus autorretratos. Es una maestra de lo que ahora se llaman selfi: se apoya en espejos, en escaparates, en cristales. En 2013 expusieron su obra en Valladolid y en el otoño su archivo visitará Madrid.

 

 

*Este texto corresponde a mi serie diaria de julio y agosto, que concluye hoy con un perfil de Oliver Sacks.

 

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