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LA LEYENDA DEL PIPO ROSSI. POR MARIO ORNAT Y OTROS

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[Muy pocos saben contar el fútbol como los argentinos y los brasileños. Hace unos días, casi diez, fallecía el gran Néstor “Pipo” Rossi, un hombre que rivalizaría en el puesto de medio centro con el húngaro Josef  Boszik. Los dos fueron pioneros en el puesto y magníficos jugadores. Ese apasionado del fútbol, del cine y de la literatura que es Mario Ornat ha recordado la figura del gran jugador y entrenador argentino. El River Plate, curiosamente, fue uno de los equipos míticos de  mi niñez y adolescencia. Siempre recordaré la entrevista de Amadeo Carrizo que leí en “As Color”, y las historias de aquella delantera formidable: Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Lostau. Luego fui admirador de Norberto Alonso, más tarde de Enzo Francescoli. Cuelgo aquí el texto de Mario, la necrológica de Castiglione en “Clarín” y una selección de frases, que parecen aforismos del balompié y de la vida. ]

El reposo del 'centrojás'

A estas horas, en un portal con número de cuatro cifras en alguna de esas extensas avenidas cambiantes de Buenos Aires, a estas horas velan a Néstor el Pipo Rossi: el centrojás por excelencia (centrojás es la versión argentina del término centre-half, el medio centro original). El número 5 de River guarda reposo. A él, que nunca calló en los campos, lo enmarca ya un reconcentrado silencio. En El partido del siglo, la serie de documentales sobre los once mejores de la historia en Europa contra los once mejores de la historia en América, armada por Jorge Valdano y Santiago Segurola, el episodio dedicado al Pipo Rossi fue uno de los que más me gustó.

Rossi había brotado jovencito en aquel River Plate que era una reunión de caudillos a los que el imaginario popular, con mucho tiento para la posteridad, denominó La Máquina. Cualquiera que haya mirado atrás en el fútbol sabe de carrerilla la delantera millonaria de los años 40: Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau. Frente a ese cuadro de leyendas, hacia el 44 surgió Rossi, un muchacho de naturaleza imperativa, y se puso a dirigir el juego y a los demás con una profunda e inagotable voz de mando. Lo relataba así él mismo: "Yo era un nene pero mandaba por encima de todos. Me palmeaba el pecho y les decía: 'La pelota aquí, a papá". Aún contándolo se tocaba la caja torácica, como si alguien le fuera a entregar el balón. De él dijo Muñoz: "Paraba la pelota y ya tenía una idea titular y dos suplentes". 

Algunas frases de Rossi son antológicas, sobre todo porque fueron dichas sobre el mismo campo de fútbol y quienes las oyeron sintieron la necesidad de contarlas: "El que no pasa la pelota al pie es una mala persona", se le escuchó decir. Dejo la necrológica de Clarín. Néstor Raúl Rossi tenía 82 años. Lo enterrarán en el cementerio de La Chacarita
. (Texto de Mario Ornat). 

NECROLÓGICA DE CLARÍN Eduardo Castiglione
ecastiglione@clarin.com
  A ver...lo que tú quieres saber es qué ha sido el gran Pipo para nosotros. Pues simplemente que Pipo Rossi nos enseñó a los colombianos cómo se juega bien al fútbol".

En una calurosa y húmeda madrugada en Barranquilla, allá a principios de los 80, el por entonces joven cronista recibió de boca de un veterano y emocionado periodista local ese elogio supremo para quien fue el arquetipo del centrojás argentino. Es que tres décadas después, en ese país estaban intactos —incluyendo fábulas y exageraciones— los recuerdos del nuevo fútbol que desde la Argentina había exportado a Millonarios gente como Pipo, Alfredo Di Stéfano, Pedernera, Báez y Amadeo Carrizo.

Así como con el número 5 en la espalda tuvo cada vez que pudo a la número cinco de cuero bien apretadita contra el piso, debajo de la enorme suela derecha del botín 44 —por eso uno de sus apodos fue el de Patón—, hizo un culto del pase con ventaja para el receptor, una religión de la habilitación segura. Contaban viejos compinches de vestuarios que lo fastidiaba tanto dividir el control de la bola que alguna vez estableció, como si fuera el preámbulo de cómo se juega a este juego, que "el que no pasa la pelota al pie es una mala persona".

El ingenio para la frase ocurrente, su ojo veloz para descubrir dónde habitaba el talento y un porteñísimo sentido del humor fueron otras aristas que acompañaron al centrocampista del vozarrón inconfundible hasta que esa maldita enfermedad incurable le achicó la cancha y la parca le anunció que el partido final le tocaba de visitante.

Alguna tarde, durante una práctica en el Monumental, el defensor Federico Vairo se la pasó muy alta y él le descerrajó un "buena, muy buena Federico, ahora alcanzáme la escalera". O en un partido con la Selección Argentina, desesperado porque había problemas con la recuperación del esférico, le gritó desaforadamente a Enrique Omar Sívori: "Cabezóoon..., corré al negro". Cuando este le dijo que todos eran negros, Pipo, el patrón del círculo central, cerró a su estilo: "No me importa, corré a todos".


El paladar negro que tuvo en sus tiempos de jugador lo mantuvo cuando se calzó el buzo de entrenador. Tras armar en 1973 uno de los dos mejores equipos de la historia de Atlanta en Primera División, al año siguiente aceptó una oferta del Elche, de España. Cuando le abrieron la puerta para reforzar el equipo, eligió con la propiedad de los que saben: se llevó al veloz goleador Rubén Cano (luego fue nacionalizado y jugó el Mundial de Argentina 78 para España), al fino armador Juan Antonio Gómez Voglino y al marcador de punta derecho Osvaldo Cortéz.


Daniel Alberto Passarella configuró un capítulo singular en la vida deportiva de Rossi. Recomendado especialmente por un personaje del fútbol como el Negro Hernández, Pipo decidió que el debut del promisorio pibe de Chacabuco fuese en un River-Boca, de verano y en Mar del Plata.


Cuenta el actual entrenador de River —en una de la tantas que vivió junto con quien fue clave en su carrera— que Pipo estaba dando demasiadas vueltas porque la parada pintaba brava. Una pregunta detrás de la otra sobre distintas situaciones del duelo que se avecinaba. Hasta que la última fue si se animaba a semejante desafío, a lo que el Kaiser respondió: "Mire, maestro. Yo me animo a todo; lo único que falta es que se anime usted".


Otra que Passarella relata con enorme afecto fue cuando el Inter programó en los 80 una cena de gala para agasajar a futbolistas que fueron campeones en el club. A Pipo no le gustó la mesa que le habían asignado al Kaiser y decidió acomodarse en una que estaba pegada al escenario. En vano fue el enojo del Gran Capitán por el cambio. De pronto, un robusto personaje —flanqueado por sus guardaespaldas— se plantó delante de los argentinos esperando que le liberaran su ubicación. Pero Pipo, sin levantarse y tirado hacia atrás en su silla, miró y dijo: "Sentate, Luchito, Hacela corta, papá, hacete gomía". Le estaba hablando en lunfardo al tenor Luciano Pavarotti, que sonrió y partió.

Reconocido como un riverplatense de pura cepa, jugó 156 partidos en Primera —también integró la mítica "Máquina"— desde que debutó el 25 de junio de 1945, reemplazando a Manuel Giúdice en una victoria 2-0 ante Racing, en Avellaneda. Si habrá sido grande Pipo que a mediados de los 60 cruzó una vereda que pocos se animaron y varios de los que sacaron pasaje de ida jamás tuvieron retorno: dirigió a Boca y hasta paladeó las mieles de salir campeón en 1965.

Ayer, a los 82 años, murió Néstor Raúl Rossi. Hoy lo están velando en la calle O'Higgins 2842, en esta Capital. A partir de mañana, el irrepetible Pipo será más leyenda aún.
 

FRASES TEXTUALES DE NESTOR PIPO ROSSI 

"Nada de mago...yo soy simplemente Pipo".

"Corré, Alemán. Saeta Rubia...¿A quién le ganaste?" (A Alfredo Di Stéfano).


"Gritar es algo que llevo en la sangre, es más fuerte que yo".


"Yo jugaba con la cabeza, pero no cabeceando, sino pensando mucho".


"Los equipos precisan un caudillo. Un tipo que empuje, que mande. El director técnico en la cancha se borra, y el que manda es el caudillo".

"Merlo, no grite tanto y juegue más, que para gritar estoy yo y no usted".

"En el fútbol no hay misterios, salvo que alguien los quiera crear".

"El fútbol es un sentimiento, un juego que tiene como eje a la pelota y, por lo tanto, hay que tratarla siempre bien".

"Soy un eterno enamorado del fútbol de mi época como jugador".

"Cuando los buenos jugadores son más que los malos y hasta cuando los malos quedan en posiciones grotescas, todo esto es fútbol".

"Vamos Beto, meta la pierna que la pelota no muerde" (a Norberto Alonso).
 

23/06/2007 10:01 Antón Castro Enlace permanente. sin tema

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gravatar.comAutor: JESUS

Leído lo de más arriba, uno no puede dejar de preguntarse: ¿Cuántas generaciones de los ahora llamados futbolistas, serán necesarias para lograr al menos media docena de frases brillantes que poder recordar?.
Más bien se recordaran, por sus enfados, por alguna patada de más que otra, por fichas, juergas, y sonados traspasos, por sus amoríos y el amor a los colores del arco iris…
Y vista la foto si uno se pone a comparar con los cromos de hoy en día, también salen estos perdiendo, que si, serán adhesivos y todo lo que tu quieras, pero no hay color … Así que cuando ves un partido en blanco y negro, de pronto te das cuentas, que aquellos futbolistas, ya sabían jugar a fútbol, se pasaban la pelota, corrían, defendían, atacaban, desbordaban, remataban, triangulaban, … y tenían claro que para ganar había que meter un gol más que el contrario, y ya ves, los de ahora pretender hacernos creer que han descubierto y más aún creado el fútbol

Pd Ayer cenando no había fútbol en la radio, cada año cuesta acostumbrarse al final de la liga

Fecha: 25/06/2007 11:14.


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