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Antón Castro

Músicos

LA NOCHE DE ARAGÓN MUSICAL

LA NOCHE DE ARAGÓN MUSICAL

UNA NOCHE DE MÚSICA, DE SONIDOS,

DE PROYECTOS Y DE FUTURO

 


Maravillosa noche de música, cariño, de autoestima en los XIV premios de la Música Aragonesa que concede Aragón Musical. 18 galardones y muchos ganadores: The Faith Keepers, Lírico, Rafa Domínguez Guisante, Aer, Tako, Crisálida, Ticket, Pirineos Sur, Limnopolar e Iván Castell, Prau, Dj Potas, Gustaff Choos, Mondosonoro y Aragón Tiene Sed. Y con ellos, o detrás de ellos, también ganaron un sinfín de profesionales. Recibieron premios especiales tanto Loquillo, que recordó con la ayuda de Gabriel Sopeña, a su padre de Chiprana y su pasión aragonesa (que incluye al propio Sopeña y a José Lapuente, entre muchos otros nombres),  como Gavy Sander’s. Gavy, un precursor del rock en Aragón y un magnífico bailarín todavía, dijo: “Como el aplauso es la comida del artista, yo hoy ya voy cenado”. Loquillo cantó ‘No volveré a ser joven’ de Jaime Gil de Biedma y Gavy se marcó dos temas con los magníficos The Vibrants, que tienen un poderoso directo. Daba gusto oírlos. Tocaron, además, los enérgicos The Faith Keepers, que pidieron a la gente que se pusiera de pie para bailar mejor, Rafa Guisante (que realizó una versión más eléctrica de ‘El libro de los sueños’) y Lírico, en un homenaje a Zaragoza. Hubo mucho humor (Miguel Mena y David Marqueta lo bordaron: Miguel llevaba una camiseta que decía ‘He venido aquí a hablar de mi libro’ y lo hizo con humor al recordar que ‘Todas las miradas del mundo’ estaban puestas sobre ellas y David, por fin, se confesó: “Sí, yo soy el hombre de las jotas”), Beatriz Pitarch y Raúl Zeta escenificaron su boda en el escenario (ella deslumbrante con un vestido de papiroflexia) con un juez inesperado: Juako Malavirgen.

Noelia Gracia y Alejandro Montserrat reivindicaron su intervención flamenca en el pregón, y al final David Chapín y Sergio Falces recibieron todo el cariño del mundo y la confirmación de algunos apoyos necesarios: de Covah, de Ámbar y del Ayuntamiento de Zaragoza. El Gobierno de Aragón ha dado la espantada: lo cual es bastante raro; en la intimidad y entre los amigos, Humberto Vadillo se confiesa, y creo que es cierto, un fan del rock and roll y de muchos grupos. Como siempre, Virginia Martínez sostiene el pulso de la gala con gracia, con seguridad y con convicción. Una estupenda actriz y una buena presentadora, que se marcó un dúo muy graciosa con la simpática María de Miguel, la directora de ‘Bien dicho’. Es una auténtica lástima que Aragón Televisión no transmita la gala.

 

*The Faith Keepers. Una foto de Paola Berné que hoy reproduce Heraldo.es.

JETHRO TULL EN ZARAGOZA

JETHRO TULL EN ZARAGOZA

Jethro Tull en Zaragoza

 

La banda de Ian Anderson tocó anoche en el Palacio de Congresos uno de sus álbumes más legendarios: ‘Thick As a Brick’ (1972), que revisó y amplió en 2012

 

 

Jethro Tull actuó anoche en Zaragoza en el Palacio de Congresos. Se trata de una de las grandes bandas de la historia del rock con 45 años de trayectoria,  una treintena de discos y más de ochenta millones de copias vendidas. Se fundó en 1967 de la mano de un escocés peculiar, Ian Anderson (Dunfermline, Fife, Escocia, 1945), que amaba la música barroca (a Pablo Ferrer le confiesa hoy que sus dos polos son Beethoven y Roy Harper). Compositor, cantante y letrista, de largas melenas que evocaban a Jesucristo, ahormó en torno a su carismática figura un conjunto muy especial de lo que se llamó el rock progresivo, que era una forma de llamarle a un rock innovador, que introducía muchos elementos nuevos, entre ellos el rock sinfónico, la música clásica, el jazz, y la capacidad de convertir el disco en una aventura casi novelesca, como iba a suceder en algunos de sus álbumes y como hicieron otros grupos como Yes, Camel, King Crimson o Queen...

Jethro Tull tomó su nombre de un inventor agrícola del siglo XVIII que creó una sembradora. Uno de sus álbumes fundamentales, quizá el más conocido, fue ‘Thick As A Brick’ (Grueso como un ladrillo) y apareció en 1972. Era como una pieza única, matizada por el virtuosismo del grupo y de los músicos y por esa estética, tan particular de la banda, de “quiebros y ondulaciones” sonoros (como ha escrito Esteban Linés) donde convivían el espíritu del rock, un aroma de música medieval y el inevitable latido conceptual o trascendente de la banda.

‘Thick As A Brick’, entre otras cosas, era la historia del joven Gerald Bostock (que se hacía llamar Little Milton, en honor al poeta John Milton), de ocho años, que descubre las pequeñas cosas del mundo que le rodea a través de un poema escolar. Ese álbum ha vendido muchos ejemplares y ha sido tal vez el disco de culto de una formación que ha sufrido varios cambios y que ha alumbrado algunas obras inolvidables como ‘Aqualung’ (1971), sin duda otro álbum legendario que tenía como protagonista a un mendigo alcohólico y pederasta, como ‘Living The Past’ (1972), ‘Minstrel the Gallery’ (1975) o ‘Songs from the Wood’ (1977), por citar algunos.

Jethro Tull incorporaba muchos registros en sus piezas, de gran contenido filosófico. Era un grupo conceptual que podía inspirarse en Ludwig Andreas Feuerbach, por ejemplo, filósofo alemán que poseía una visión muy crítica de la religión. Musicalmente frecuentaba, y frecuenta, el rock duro, el folk, la música clásica o los ritmos de jazz. Si tiene una primera época marcada por el rock progresivo, existe otra de rock folk y una tercera, menos feliz sin duda, de música electrónica. Quizá la primera, desde los orígenes hasta avanzados los setenta, sea la más rutilante y a la vez la más compleja y provocadora. Ian Anderson incorporó no solo su personalísima voz, preciosa y evocadora, a las canciones sino la flauta travesera que siempre le dio al grupo una personalidad muy reconocible.

Esta tarde, a las 21 horas, Jethro Tull regresa a Zaragoza, donde estuvo hace más de veinte años, a finales de los ochenta. Y trae sobre todo dos propuestas: tocarán ‘Thick As A Brick’ y ‘Thick As a Brick 2’, un álbum que grabaron en 2012, con muchas novedades. En el concierto de esta noche, como han hecho en Barcelona, repasarán ambos álbumes y algunas de sus mejores canciones. La banda que viaja al Palacio de Congresos está compuesta, además del propio Ian Anderson, por Florian Ophale (guitarra y bajo eléctrico), John O’Hara (teclado, acordeón y percusión), David Goodier (bajo eléctrico), Scott Hammond (batería y percusión) y Ryan O’Neill, encargado de la segunda voz, del mimo y del baile. ‘Thick As A Brick’, como sucedió con ‘Aqualung’ o ‘Minstrel In The Gallery’, fue censurado en algunos de sus temas por el régimen de Franco. Ian Anderson miraba la religión y a Dios con un punto de rebeldía y de cinismo, como se puede oír en ‘My God’.

 

Concierto de Jethro Tull. ‘Thick As A Brick’ y ‘Thick As A Brick 2’. Palacio de Congresos de Zaragoza. Ayer a las 21 horas. Entradas desde 36 euros.

PECKER Y 'COMERCIAL': UN DIÁLOGO

ENTREVISTA. Raúl Usieto (Huesca, 1973) es Pecker. Reside en Nueno, Huesca, y publica un nuevo álbum: ‘Comercial’ (Warner Music), que tiene lo que le gusta: variedad musical, ritmo, frescura, embrujo y amor a la vida.

 

“El amor es infinito y mueve el mundo”

 

 ¿Qué pasa por su cabeza cuando prepara un disco, qué busca?

En realidad no suelo escribir discos sino canciones. Entiendo que hay gente que piensa en un concepto y comienza a desarrollar un montón de canciones alrededor de él para concluirlas en un álbum. Tal vez por eso se me considere un autor muy ecléctico, porque cada tema para mí es un mundo independiente. A veces surge de una sensación o estado anímico, otras me lo sugiere el libro o película que me acompaña, en alguna ocasión las noticias me dan una idea y muchas otras simplemente aparece en mi cabeza una frase que me gusta y ella me lleva a más.

¿Quiere ser ‘Comercial’ su disco más comercial, o el más indie, el más festivo?

Si un producto es o no “comercial” lo decide el público con su acción de elegir. Lo que ocurre es que además, el término está unido directamente a una idea de género en contraposición con esa cosa llamada ‘indie’ (que también se puede leer como un estilo musical o como una manera de trabajar). Desde luego que mi modo es el más ‘indie’, pero mi sonido es pop entendido de un modo muy amplio. Y llamar a mi nuevo trabajo ‘Comercial’ es sobre todo una provocación.

Hay un tema dominante: eso que llamaríamos la introspección. ¿Qué conflicto tiene de identidad, dicho sea con algo de humor?

Conmigo mismo tengo muchos conflictos, pero mejor me los callo no vaya a ser que exteriorizándolos los solucione y me quede vacío para poder seguir escribiendo. Hace casi 20 años hice mi primera exposición de fotografía en Valencia y se tituló ‘Mirada introspectiva’. Eran autorretratos tratados con mucho humor e ironía. Desde entonces arrastro esa necesidad de entenderme.

Dice que se multiplica por mil y a la vez proclama sus errores... ¿En qué se ha equivocado?

Multiplicarse por mil da fuerza y seguridad en uno mismo en esos momentos difíciles o delicados. La vida es un reto continuo y a veces cuesta enfrentarse a según qué cosas, porque uno es lo que intenta ser, pero también aquello que no ha podido escoger. Y por supuesto me equivoco, como todo el mundo, en muchas cosas, pero ya se sabe que de los errores se aprende.

¿Es ‘Todas esas cosas’ su mejor autorretrato?

Todas las canciones de algún modo son autorretratos, aunque quizá en ésta me haya sincerado más de lo habitual. Normalmente prefiero que las canciones queden libres de las connotaciones del autor y sean interpretadas por quien las escucha, pero ahí voy. Soy piscis y, no sé si tiene que ver o no, tengo al menos dos caras; tampoco diría que una es buena y otra es mala, simplemente las tengo. Reparto besos y en ocasiones tiro bombas y simplemente lo advierto para que no haya sorpresas.

¿En qué cree que debe ser más radical? Cito otra canción.

Creo que tengo un carácter poco combativo y suelo echar en falta la radicalidad en general en cualquier cosa. Me gustaría poder ser más borde, a veces, más claro y directo. Peco de cordial aunque no se merezca.

Se manifiesta contra la banalidad. ¿También lo hace contra la corrupción y la manipulación?

El primer single de mi nuevo disco se llama ‘No (Todo lo que no)’ y es precisamente un canto contra las manipulaciones políticas y sociales de los poderosos de la tele, solo que está dibujado metafóricamente como casi una relación de pareja.

¿De cuántas formas puede cantar Pecker al amor?

El amor es infinito. El amor mueve el mundo. El amor a tu pareja, a tu hijo, a tu familia, a tus amigos, a las buenas historias, a la naturaleza, al dinero, a los placeres de la vida, a la vida, a la música, a uno mismo, a un concepto x, a un dios, a un ídolo. Eso sí, entendido el amor como sí mismo y su contrario, el odio. Allí se esconden en realidad todos los temas.

¿Cuál es para usted el sueño: el amor o la vida?

La felicidad de encontrar el amor en la vida. Ese es el sueño perfecto que debería tener cualquiera. No querría despertar de un buen sueño. De las pequeñas imperfecciones que hacen que lo perfecto sea genial. De ser feliz con lo que hago en compañía de María y Lucas, mi mujer y mi hijo...

El disco, como todos los tuyos, tiene melodías frescas y pegadizas, bonitos estribillos, invita a bailar, tiene textos sorprendentes y ágiles... ¿Cómo se plantea todo esto?

Muchas gracias. Me lo planteo desde el egoísmo. Lo primero de todo es que lo que hago me tiene que gustar a mí; lo normal. Y después viene ese lado del “qué les parecerá a los demás”. Me gusta hacer disfrutar a la gente, quizá es “mi sintomática afición por agradar” e intento que las canciones estén llenas de optimismo aunque la historia que cuente sea grave.

¿Qué debe tener para usted una canción?

Debe tener gancho. Lo difícil es saber cómo conseguir ese gancho, puede llegar en forma de melodía adhesiva, de frase cautivadora, de un instrumento hipnótico que seduce o de un ritmo canalla que te invita a bailar. No se sabe. Y menos mal, porque sería aburrido que todas las canciones del mundo fueran increíbles, ¿no? Ya no tendría gracia, porque debe haber algo malo para apreciar como es debido algo bueno.

Hablemos de estilos...

El estilo me preocupa en su justa medida. Desde muy pequeño me ha gustado un abanico muy amplio de estilos musicales: el pop, el hip hop, el punk, el rock, la electrónica. Me pasa en muchas ocasiones que escucho algo y pienso “ostras, yo quiero hacer algo así”, quiero ser Beck, George Harrison, Adam Yautch (el recientemente fallecido MC de los Beastie Boys), el bajista de Standstill o la chica de The XX, quiero ser Tom Waits y Jim Jarmush, o Stuart Price de Les Rythmes Digitales. Por eso, cuando escribo canciones, a veces me voy más en una dirección y otras en su opuesta, y para eso estoy yo, para intentar unirlo todo en un mismo sonido, mi sonido.

¿Qué le debe a Los Beatles?

Les debo sobretodo la pasión por la melodía de la voz. Les debo esa importancia primordial de la canción por encima de la producción.

¿Qué relación tiene con su voz?

Con mi voz digamos que me apaño. No me considero cantante, sólo intento escribir buenas canciones y, de paso, voy yo y las canto.

¿Cómo se vive la música y la pertenencia a la industria desde Nueno?

De maravilla. Con internet ahora todo es muy fácil. Me siento directamente conectado con el mundo, con la industria, y sobre todo con la gente que disfruta escuchando mi música a través de las redes sociales. Es genial. Tengo el estudio aquí, grabo aquí y paseo por aquí. Y si me requieren en algún lugar, pues allá que voy. Ahora regreso de Casablanca...

¿Cuáles han sido los tres discos de 2012 que más le han gustado?

In our heads’ de Hot Chip. ‘O amor é uma religiao’ de Paulo Carvalho. Y ‘Coexist’ de The XX.

 *Esta entrevista con el cantante oscense se publicó ayer en Heraldo.es

http://www.heraldo.es/noticias/cultura/2013/01/22/amor_infinito_mueve_mundo_219388_308.html?utm_source=facebook.com&utm_medium=smmshare&utm_campaign=noticias#.UP_DVqFY4BA.facebook

JOAQUÍN PARDINILLA: UN DIÁLOGO

JOAQUÍN PARDINILLA: UN DIÁLOGO

 

[Joaquín Pardinilla es músico y compositor, ha actuado con María José Hernández, Labordeta, Bunbury o Amaral, entre otros muchos. Acaba de publicar, con su nuevo Sexteto, el álbum 'La hora roja', con portada de Jorge Gay]

-¿Qué quiere ser Joaquín Pardinilla Sexteto como formación? ¿Nace para tocar en directo, para experimentar, para realizar grabaciones o giras?

Somos ante todo un grupo de directo, ese es el momento culminante para cualquier músico. Ahí todo es real, la emoción, lo inesperado, la interacción entre músicos y público. Pero antes hay un proceso de reflexión: composición, ensayos, grabaciones...el Sexteto tiene, en cualquier caso, la intención de ofrecer un sonido diferenciado, identificable. Esto se consigue por la personalidad de los músicos que lo integran, y por las composiciones e influencias musicales que nos inspiran. 

¿Cuál serían las músicas en las que os movéis: la música popular, la fusión de estilos, una manera de mirar hacia el rock sinfónico o hacia la música sefardita o el sonido klezmer?

En realidad, nuestra música sólo es un reflejo de lo que somos. La fusión está en nosotros. Admiramos y asumimos la música del imperio, es decir, el rock y el jazz, pero ver Ainsa, Alquézar, Toledo o Granada evidencian que aquí hay un poso cultural tremendo sobre el que queremos trabajar. Si el ejemplo de la arquitectura se traslada  a la poesía y la música, se entiende perfectamente lo que queremos decir. Esas referencias son la que diferencian nuestra música en este mundo global. Sería un grupo neomudéjar: el rock y el jazz como forma de organizarnos, componer e interactuar, pero también el folklore, Gaspar Sanz o Ibn-Bayya.

¿Cuál sería el vínculo con las melodías aragonesas de diversa tradición?

La tradición aragonesa incorpora muchas fuentes y es muy rica, con manifestaciones impactantes como los dances, de una gran fuerza rítmica y melódica. También la música culta está impregnada del espíritu de la música popular: dances de espadas, villanos, matachines, zambras, folías, etc. Pero además, si uno lee con atención, advierte en los cancioneros lo sefardí, lo morisco...finalmente, la música hecha aquí tiene un paisaje tan complejo como Aragón mismo, pero diferenciado y rotundo.

¿Cabría decir que aquí hay una reivindicación de la música tradicional? Hay al menos tres o cuatro piezas que son tradicionales y revisadas...

La música tradicional ha pasado por muchos alambiques y filtros para que perviva. Guarda elementos de una gran modernidad, melodías bellísimas, ritmos sorprendentes y poderosos. Humildemente tomamos esos temas como punto de partida e inspiración para desarrollar nuestra música, de la misma forma que lo hacemos con un tema de Ornette Coleman.

¿Qué importancia tiene el jazz en el álbum?

Todos los componentes del Sexteto tenemos en común nuestro amor por la improvisación y por la interacción entre los músicos. Esa es la esencia del jazz. Además está la lectura rítmica y armónica de los temas. En ese sentido, músicas con una raíz tan marcada como la brasileña o el flamenco han trabajado y experimentado libremente, y en gran medida son nuestro ejemplo a seguir.

En algunas piezas parece haber un sustrato céltico, también. Por ejemplo en el corte siete...

Es curioso. Cuando compuse ese tema escuchaba mucha música armenia. Incluso Miguel Ángel Fraile toca un instrumento procedente de allí, el duduk.

¿En qué medida ‘La hora roja’ quiere ser la síntesis de muchos años de trabajo en distintos proyectos? Aquí hay temas tocados en directo en funciones con Berna...

El Sexteto trabaja en un formato predominantemente acústico y una de sus bases es la música de raíz. "La hora roja" recoge composiciones que se ciñen a ese concepto, que pertenecen de manera natural al universo del Sexteto. Muchos temas se han quedado fuera -en un principio se evaluó la posibilidad de hacer un disco doble-, pero "La hora roja" es un buen resumen de esto cinco últimos años, y creo que de alguna manera cierra una etapa iniciada en "Mascún", el primer disco en formación de quinteto. El encuentro con Berna era inevitable y se inició con "Amares" en 2007, obra por la que guardo un gran recuerdo, y que debería ser interpretada de nuevo.

¿Hay piezas vinculadas a la poesía: a Kavafis y Omar Khayyam. ¿Cómo se concreta esa influencia o la huella de los dos poetas?

Después de Ibn-Bayya y de la memoria morisca, queda el amor por la música andalusí, por el mundo mediterráneo en general, por una cierta idealización de lo oriental. A pesar de su distancia en el tiempo, ambos poetas aman y reivindican la vida, el amor, la carne, lo inmediato, a la vez que mantienen una actitud ética y un pensamiento más vigentes que nunca. Pienso en el poema "Termópilas", de Kavafis. En esos temas hay una atmósfera sensual y contenida. Por otra parte, "En ese cielo oscuro" es el título del libro de poemas de la gran Sol Acín y nuestro pequeño homenaje a su obra. 

Otro asunto capital: ¿Cómo se define Jaoquín Pardinilla como compositor, qué le interesa, qué mensajes, qué tipo de emociones quiere transmitir?

Quisiera transmitir luz, intensidad, placer, sencillez y complejidad. Conseguir que mi música acompañase a la gente a través de los años, que los discos o determinados temas conservasen un hueco en la estantería. Transmitir las emociones que me transmiten a mi mis músicos queridos.

 

Goya está muy presente, en piezas como ‘Folía’ o en ‘Espiello’. ¿Qué relación tiene Goya con la música?

Goya es muchos pintores en uno, y la aproximación musical es muy compleja. Está el Goya amable, popular y cortesano, y el lúcido, solitario e inclemente, un mago del ritmo y de la tensión, de la intensidad, de la transparencia y de la densidad. Para aproximarse a Goya musicalmente hay que agotar el siglo XX y adentrarse en el XXI, tal es su modernidad y su genio.

Háblanos un poco de los músicos y del trabajo en equipo. ¿Cómo fue? Hay una pieza, ‘Cerrando el bar’, que tiene algo de homenaje a los músicos...

El Sexteto está formado por músicos excepcionales. Honra tocar con cualquiera de ellos, pero juntos impulsan la música más allá de lo imaginado. Partimos de las composiciones y arreglos iniciales para posteriormente trabajar en común y personalizar las distintas partes. Aquí están Alberto Artigas (laúd), Juan Luis Royo (Clarinete), José Luis Seguer "Fletes" (batería), Toto Sobieski (bajo), y Ernesto Cossío (guitarras). Pero "La hora roja" tiene además colaboraciones espectaculares: están Luis Delgado, Ángel Unzu y Antonio Toledo, y M. Ángel Fraile, Toño Bernal, Rafel Sánchez, María Cabezón y Daniel Francés, extraordinarios músicos de casa.

Me da la sensación de que es un disco para oírlo en calma. Un disco, incluso poco comercial, donde importa más la calidad, el rigor, que lo inmediato. ¿Es así? ¿En qué público estáis o habéis pensado?

Siempre pienso que el público es igual que nosotros, que tiene el mismo nivel de exigencia, y una percepción de nuestra obra superior por estar desprovista de prejuicios. La calidad exige rigor, autocrítica y trabajo, pero no está reñida con lo comercial, de hecho yo sólo intento comprar cosas buenas. El grupo no tiene ninguna vocación hermética, sino todo lo contario. Comunicarnos con el máximo número de personas es nuestro objetivo, y así ha sido siempre; el público sale siempre emocionado de  nuestros conciertos.

¿Cuál es tu percepción del actual momento de la música en Aragón?

Hay más músicos y mejor preparados que nunca. Gente creativa, trabajadora, con ilusión. Pero Aragón no escapa al cambio de modelo en la industria de la música ni al cambio de modelo en el consumo de música, tanto la grabada como la realizada en directo. La música como profesión desaparece poco a poco.

¿Cómo os afecta la crisis a los músicos y cómo se puede salvar esa dificultad?

Por un lado está la dificultad en la contratación, el IVA, la política cultural, etc, pero también falta un crítica seria sobre el uso de las nuevas tecnologías, sobre qué es la cultura y su materialización en objetos como discos o libros. Ahora es la música, pero después vienen los libros, condenados a ser almacenados por millares en un disco duro, donde su valor parece quedar reducido a cero. Pienso en la extraordinaria portada que Jorge Gay ha hecho para el disco y que le da un valor especial. El pensamiento libre y distinto solo puede existir si los pensadores y creadores sobreviven. Nosotros tenemos la obligación de hacer la mejor música posible, de no reblar. El público debe comprometerse con la calidad y, en la medida de lo posible, con la música en vivo, ya que sólo existe la taquilla para seguir adelante.

 

SILVIO Y 'OJALÁ': BSO DE 'CARIÑENA'

SILVIO Y 'OJALÁ': BSO DE 'CARIÑENA'

ALFAMÉN Y ‘OJALÁ’: SILVIO RODRÍGUEZ, POR ENRIQUE CIDONCHA

El pasado viernes estuve en Alfamén. No había vuelto desde aquellos seis días de octubre de 1978, recién llegado a Zaragoza. Aquellos primeros días en Zaragoza y en Aragón fueron muy importantes para mí. Y uno de los discos que más me marcó fue ‘Al final de este viaje’, sobre todo con una canción como ‘Ojalá’, que bien podría ser la banda sonora esencial de mi novela ‘Cariñena’ (Ediciones 94 / DOP Cariñena). Me acompañó Pepe Melero, y no cantamos a Silvio Rodríguez, sino que él se marcó unas jotas con los miembros, sobre todo mujeres, del Club de Lectura de Alfamén, que son, dicho sea de paso, estupendas cocineras  y algunas magníficas cantantes. Enrique Cidoncha es el autor de esta foto de Silvio Rodríguez, que actuó en Zaragoza en 1976, y que me cede para el blog.

SUSANA ARREGUI AL VIOLÍN

SUSANA ARREGUI AL VIOLÍN

SUSANA ARREGUI, VISTA POR ANA MORENO

Me encuentro por puro azar con dos buenas amigas: Susana Arregui, la violinista de O’Carolan, una mujer de enorme fortaleza y sensibilidad, que visitó en dos ocasiones ‘Borradores’ y a la que he visto tocar a menudo, en La Campana de los Perdidos, en el Principal y en otros lugares. Me encantó por ejemplo ‘Nota de paso’. Y con Ana Moreno, que cada día hace fotos más intensas, con más fuerza y a la vez más turbadoras, con ese contraste tan trabajado. Susana Arregui y Ana Moreno: dos mujeres frente, una en el centro del objetivo y otra pulsando la luz.

 

*La foto de Susana Arregui es cortesía de Ana Moreno.

 

MARISA MONTE: LA VOZ DE BRASIL

MARISA MONTE: LA VOZ DE BRASIL

MARISA MONTE: UNA CANTANTE BRASILEÑA DE CALENDARIO

Alguien echaba en falta, en medio del calendario brasileño de Steve McCurry dedicado a Brasil, a la gran cantante Marisa Monte, nacida en 1967. Siempre está joven y bella: a veces parece recordar a la joven Alanis Morrisette, a veces posee la fragilidad de seda de Suzanne Vega, pero siempre, siempre es Marisa Monte. La cantante de las heridas de amor. Esa brasileña que cautiva, como antes lo hicieron Gal Costa, María Creuza o Astrud Gilberto, pongamos por caso... Es una mujer que sabe mucho de declaraciones de amor, del infinito particular, del universo que tiene a su alrededor y de todo lo que un ser humano, enamorado tal vez, quiere saber. Ha colaborado con otra rara y exquisita como Laurie Anderson.

CARLOS ROLDÁN, HOY, EN SANTANDER

Un maestro aragonés para Maurice André

 

El director e instrumentista Carlos Roldán dirige hoy a la Banda Municipal de Santander en un homenaje al gran trompetista francés

 

Carlos Roldán es uno de esos músicos que siempre están en el camino: experimentan, aprenden, asumen riesgos y se renuevan. Roldán es director de la banda de Garrapinillos, antes también lo fue de la de Miralbueno, lidera grupos de cuerda y es capaz de concebir un espectáculo para tocar a Mozart, con vestuario y rapsoda, o para desplegar la música de cine.

Hoy a las doce, dirige un curioso proyecto en Santander que tendrá lugar mañana a las doce en el Teatro Casyc: un homenaje al trompetista francés Maurice André (1933-2012), que falleció el pasado febrero en su casa del País Vasco francés, donde se habría retirado. Así lo retrata el instrumentista cántabro Benjamín Blanes: “André es un maestro de maestros a nivel mundial. Con su música marcó un antes y un después cuando se habla de la trompeta”.

Carlos Roldán, que también es trompetista, dirigirá a la Banda Municipal de Santander, que tiene más de cien años de existencia. Explica: “En el concierto van a actuar varios trompetas que fueron alumnos de Maurice André y que pertenecen a la Banda Sinfónica de Madrid, la Orquesta Sinfónica de Madrid y la Orquesta Sinfónica de Bilbao”. Añade Roldán, ya desde Santander, que el repertorio tiene un carácter “marcadamente francés como la ‘Marcha militar francesa’ de Camille Saint-Säens, amigo de Pablo Sarasate y Pau Casals, que tuvo una gran relación con España y con el propio André”.

También habrá música de Bizet, y de otros trompetas como  Harry James o Michel Legrand. Agrega el director zaragozano: “Habrá zarzuela con ‘El manojo de rosas’, música espectacular donde brilla la trompeta en piezas como ‘Hora Staccato’ o ‘Napoli’, y música para el recuerdo como el ‘Ave María’ de Schubert y Caccini”. Dado a realizar masters y cursos, sobre todo en Viena, explica: “Para mí es un placer poder trabajar estos días con una agrupación profesional que, además, está muy ilusionada con el proyecto de los conciertos que tienen a la vista. Todos los solistas del concierto acuden por amistad con algún miembro y por poder devolver un poco de cariño al que fue su maestro y amigo Maurice André”. En esta banda cántabra hay varios integrantes aragoneses: la clarinetista Susana Navarro y el trompa Juan Carlos Sanmartín.

 

Este concierto es el cuarto del ciclo otoño-invierno: “Espero disfrutar, sentir y crecer un poco más”. Carlos Roldán ha dirigido en el Auditorio de Zaragoza y, aunque parezca raro, en globo o desde lo alto de la torre de la iglesia de Garrapinillos, el primer proyecto arquitectónico de Ricardo Magdalena.