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ZÓCALO PASA A LLAMARSE ONAGRO

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LA NUEVA NOVELA DE FERNANDO JIMÉNEZ OCAÑA: "LA DAMA DE MEDIANOCHE"

 

Después de doce años publicando novelas y una cincuentena de títulos, la editorial zaragozana Zócalo se ha visto obligada a cambiar su nombre, que había registrado otra editorial y distribuidora de Granada, por el de Onagro Ediciones. Fernando Jiménez Ocaña (Baena, Córdoba, 1952) se lo ha tomado con deportividad: “Los abogados me han dicho que llevo todas la de perder y que no vale la pena que me meta en pleitos”. Fernando se disgustó bastante, e incluso se plantéo cerrar la empresa. Como la mejor manera de aliviar las penas es con una buena historia, el escritor y editor decidió seguir al pie de la letra el consejo de Isak Dinesen y estrena el nuevo sello con su última novela: “La dama de medianoche”.

De entrada, Fernando Jiménez explica la elección del nombre: “El onagro es el asno salvaje, y a nosotros nos gusta ser indómitos, rebeldes. Y el onagro también es una catapulta, y aquí nos gusta intentar catapultar a los jóvenes escritores. Tenemos algunos ejemplos como Carlos Castán con ‘Frío de vivir’, título que luego adquirió Emecé; ‘La escarcha sobre los hombros’ de Lorenzo Mediano, autor que figura con éxito en los catálogos de Grijalbo; ‘La vida en cuarto menguante’ de Carmen Santos, que ha sido contratada por la agencia de Carmen Balcells. Por lo demás, no hay muchos más cambios: las portadas las siguen diseñando los pintores Eduardo Laborda e Iris Lázaro”.

Los amores prohibidos de Simón

La nueva novela de Jiménez Ocaña transcurre en la posguerra, en un lugar llamado Serena, que bien podría ser Baena, la ciudad cordobesa donde nació el autor en 1952. “Hablo de un tiempo en que la gente se moría de hambre o de epidemias, algo que sucedió mucho entre 1942 y 1944. La novela está inspirada vagamente en hechos que sucedieron o que me contaron. Comprende tres historias de amor: la de un conde, que es un crápula, un auténtico calavera que ejerce, prácticamente, el derecho de pernada y se acuesta con todas las mujeres que puede; la de una criada, que tiene un novio en Pamplona. Y la tercera, la más importante del libro, es la que vive el joven Simón con la Marquesita, que es claramente una historia de amor imposible. Ella es una mujer  muy hermosa, inasequible para el muchacho. Tengo la sensación de que el espléndido retrato de ‘La marquesa de Molins’ de Federico de Madrazo de la portada del libro no le hace justicia del todo a mi personaje. La Marquesita, sobrina de los terratenientes, era más bella, más exuberante, un poco menos lánguida”.

Dice Jiménez Ocaña que la novela es como un largo “flash back”, un regreso al pasado de Simón, que tiene ahora casi 50 años y relata un puñado de historias escalofriantes en la línea de Lovecraft, Poe o “La dama de las camelias” de Alejandro Dumas, hijo, que le ocurrieron en la posguerra. “Ésta es una novela distinta a todas las mías. Es una novela gótica en la que mezclo el costumbrismo andaluz con una peripecia siniestra en un ámbito de terratenientes y jornaleros”, señala.

Recuerda que su personaje Simón surgió al recordar la película “La hija de Juan Simón”, canciones que oía yo con mi madre de niños, y de otra curiosa circunstancia: constató que había muchos enterradores en los años oscuros del franquismo que se llamaban Simón. Ese muchacho tenía en Serena fama de loco, tal vez porque era amigo del apartamiento y había aprendido a gozar de su oficio de enterrador.

*Este artículo apareció el lunes en "Heraldo". Una encantadora lectora, Leonor Alonso, me dijo que había cometido dos errores: le llamaba Baeza a Baena, y le llamaba Úbeda a Baena. Corrijo aquí los errores. Y recuerdo el cambio de título de la editorial de Fernando Jiménez Ocaña.

 

04/02/2006 13:34 Antón Castro Enlace permanente. sin tema

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gravatar.comAutor: Anónimo

Yo leí el artículo en el Heraldo y me pareció un gazapo geográfico al confundir la provincia de Jaén con la de Córdoba. Baena es un pueblo grande que vive de la aceituna. Tiene una Semana Santa interesante en la que salen más de dos mil cofrades que tocan el tambor divididos en dos bandos: judíos coliblancos y colinegros. La vestimenta es lo más curioso de todo. Llevan casacas rojas con pañuelo sujeto al cuello por un anillo, pantalón negro y casco dorado adornado por un plumero multicolor bajo el que cuelga una cola hecha de crines de caballo blancas o negras. Dicen que los trajes antiguos podrían venir del saqueo a los uniformes de las tropas napoleónicas derrotadas en Bailén.

Fecha: 04/02/2006 18:07.


gravatar.comAutor: juan luis

Hola Antón. Desde el master, sigo tu blog con interés. Me parece muy entretenido. Esta semana que viene empezamos el segundo taller de prensa. Tengo un par de blogs, si los quiere visitar, eres bienvenido. http://www.quediario.com/blogs/7099/
http://www.quediario.com/blogs/13324

Fecha: 04/02/2006 18:37.


Autor: Anónimo

Fue un lapsus doble,un gazapo, y no sé bien por qué. Sabía algunas cosas de las que comentas aquí, sobre todo por otros libros de Fernando.

De Úbeda es Antonio Muñoz Molina y nuestra magnífica librera Julia Millán, de Antígona. En Baeza, dio clases Machado.

Gracias por tu visita. UN abrazo. Antón

Fecha: 04/02/2006 22:21.


gravatar.comAutor: Javier

Ubetenses también lo fueron:

Juan Vázquez de Molina, secretario de Felipe II, José Elbo, pintor romántico, María de Molina, cantante de la corte de Luis XIV.

Y también lo es Joaquín Sabina, eah.

Fecha: 04/02/2006 23:16.


Autor: Antonio

Querido Javier:

sinceramente sólo sabía lo de Joaquín Sabina, pero no es cantante que a mí me cautive. Ya lo siento.
Es otra imperfección que sumar a las muchas que tengo. En cambio, mi amigo Pepe Cerdá lo venera.

Fecha: 04/02/2006 23:53.


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