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UNA LECTURA DE ENRIQUE VILA-MATAS (Por Daniel Gascón)

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[Llego a casa, tras pasar unos días en Casablanca, Marruecos, y encuentro este texto de mi hijo Daniel en mi ordenador. He presentado a Vila-Matas cinco o seis veces en Zaragoza, he escrito en abundancia de sus libros y me ha parecido muy bonito hallarme este texto, que es de la presentación. Sinceramente, yo ya no sabría hablar así de los libros, pero suscribo todo el texto,  la interpretación del Exploradores del abismo, el libro que más me ha gustado de Enrique desde París no se acaba nunca. Y me emociona la lucidez de Daniel, que ya le dedicaba un cuento a Enrique Vila-Matas en La edad del pavo; presentó el pasado jueves al escritor en Los Portadores de Sueños, un poco después de que Ana Catalá Roca lo entrevistase para Borradores. ]  

EXPLORADORES DEL ABISMO         
Daniel Gascón

Hola, buenas tardes. Estoy muy contento de estar aquí, presentando en una de mis librerías favoritas el libro de uno de mis escritores preferidos. Y estoy muy contento de presentar un libro de cuentos, porque lo primero que leí de Enrique Vila-Matas fueron dos libros de cuentos, Suicidios ejemplares e Hijos sin hijos, cuando vivía en un pueblo de Teruel que era un verdadero abismo, y me hice fan. Desde entonces he leído todos sus libros con mucho placer, siempre he aprendido y disfrutado mucho con ellos.        

Enrique Vila-Matas es un excelente cuentista, y es un gran escritor sus artículos literarios y ha escrito libros tan inclasificables como París no se acaba nunca, una mezcla de autobiografía, novela de aprendizaje y autocrítica literaria. En los últimos años Vila-Matas ha publicado unas cuantas novelas que lo han situado en la primera línea de la literatura mundial, que le han proporcionado un gran reconocimiento en España, Latinoamérica o Francia: algunas de ellas, El viaje vertical, son novelas relativamente clásicas o convencionales, dentro de lo delirante que es aplicar este adjetivo a un libro de Vila-Matas, que es un autor que siempre está fuera de aquí, con una sensación de extranjería permanente, y que ha sabido asumir la influencia de muchos escritores distintos para configurar una literatura tremendamente personal: por ejemplo, El viaje vertical es una novela de aprendizaje, pero sucede en la tercera. Pero lo que ha consagrado a Vila-Matas es una trilogía de novelas sobre las enfermedades literarias: Bartleby y compañía, El mal de Montano y Doctor Pasavento. Las tres novelas juegan con la realidad y la ficción, con la biografía y la imaginación, con la mezcla de géneros (por ejemplo, mezclan la narración con el ensayo o la conferencia), hablan de escritores y literatura, tratan de una patología mental y cada una de ellas es una especie de más difícil todavía.

         Exploradores del abismo es un libro muy diferente. En primer lugar porque habla de enfermedades físicas, no literarias: el narrador del primer cuento ha sufrido un colapso, y las historias están llenas de personajes que esperan una operación o se recuperan de una: aunque el protagonista de uno de los cuentos diagnostica autismo a su psicóloga, parece que en Exploradores del abismo Vila-Matas ha cambiado de especialidad médica. Y también porque es un libro de cuentos. Y además, es un libro de relatos muy variado pero también tremendamente unitario. Formalmente, hay muchas diferencias. Hay relatos que son textos de otros autores, hay cuentos de una o dos páginas que él dice que disfruta mucho escribiendo, porque son casi como escribir poesía. Y también hay cuentos que son como pequeños ensayos y textos más confesionales. Hay un texto que tiene la extensión de una novela breve, y también hay cuentos más clásicos, como “Niño”, que trata un padre que no entiende a su hijo, un falso explorador del abismo, que es una reflexión dura e hilarante sobre las relaciones entre padres e hijos, sobre la impostura literaria y una relectura del mito de Saturno, “Iluminado” o “Materia oscura”, donde el narrador escucha las conversaciones de sus vecinos. Estos cuentos, inquietantes y perfectos, están entre los mejores cuentos de Vila-Matas.

Una de las cosas que siempre me han gustado de Vila-Matas es que siempre se ha divertido con su literatura, siempre ha pensado que la literatura tiene algo de juego y se ha reído, por usar una frase que se repite con frecuencia en sus libros, de una manera infinitamente seria. Y en Exploradores del abismo uno tiene la sensación de que Vila-Matas se divierte: escribe cuentos de géneros muy distintos. Hay cuentos que transcurren en Barcelona, en París y en México, hay una historia de ciencia ficción que también es un cuento de amor en el que se dice que el humor es el principio rector del cosmos, un relato ruso por el que pasea el fantasma errante de Antón Chéjov, hay una novela breve, “Porque ella no lo pidió”, que tiene una estructura de cajas chinas (de puesta en abismo) con hay un relato y una parte de tono más confesional sobre una colaboración frustrada y peligrosa con la artista Sophie Calle, que Vila-Matas ha optimizado con brillantez.

Pero por otro lado, como he señalado antes, una de las grandes virtudes de Exploradores del abismo es que es un libro muy compacto, muy unitario. Esta unidad se consigue a través de mecanismos diferentes. Uno es una constante temática: los personajes de los relatos tienen vidas muy diferentes, pero siempre se enfrentan a un vacío o un abismo, que a veces es el tedio o el vaticinio de una muerte en una fecha concreta y a veces es un precipicio de verdad, como en “Vida de poeta”, una pieza hermosa y muy importante, donde el protagonista se siente atraído por la caída del tajo de Ronda. Muchos de ellos comparten una sensación de extrañeza ante la vida cotidiana, que produce observaciones inquietantes y razonamientos paranoicos. Por eso, Exploradores del abismo es un libro de acción trepidante, vertiginosa. Sólo que muchas veces esta acción es mental.

Otro elemento que da unidad al libro es un personaje que aparece en muchos de los relatos, Maurice Forest-Meyer, un funambulista. No hay ningún cuento sobre él, pero pasea por el libro como Alfred Hitchcock pululaba en sus películas: a veces un personaje de un relato quiere hacer un viaje fotográfico con él; a veces el protagonista es su hermano; en otra ocasión el narrador es el nieto de Maurice Forest-Meyer; otra vez lo vemos cruzando el abismo que separa las Torres Gemelas, como hizo Philipe Petit; sabemos que su mujer tiene un ojo de cristal... Maurice Forest-Meyer es un explorador del abismo literal (todavía más si se cayera de la cuerda floja) es en cierta manera una historia secreta, como dice Piglia, que se insinúa pero no llega a cerrarse: el hilo por el que pasea sobre el vacío sirve también para hilvanar este libro.

Otro elemento que da unidad al libro es un escritor que habla de sus cuentos. En el primer relato, camina por Praga como si fuera Groucho Marx, dando zancadas, con el cuerpo inclinado y las manos a la espalda, y cuenta que ha sufrido un colapso físico: desde entonces, se siente como si hubiera heredado la obra de otro escritor, con el que a veces discrepa. Más adelante, en “La gota gorda”, otro escritor nos cuenta que a veces le han reprochado que sus personajes no sean lo bastante físicos, que no suden y que no excreten lo suficeinte, y explica sus intentos para cambiar, dice que “ha transpirado mucho con sus personajes”. En “Porque ella no lo pidió” el narrador, que se parece mucho a Vila-Matas, sufre un colapso renal que está a punto de matarlo: allí, Enrique cuenta muchas cosas, pero también cuenta su enfermedad; el escritor aparece todavía convaleciente. Es decir, que en Exploradores del abismo hay muchas historias distintas, y también hay algunas que nos explican cómo es el conjunto de cuentos: en cierta manera, el libro se hace ante nuestros ojos.

Otra de las cosas que me gustan de Exploradores del abismo es que tiene algo de destilación de muchos de los temas de Enrique. Se parece a un disco de un músico veterano: es una obra novedosa, pero hay algunas canciones que nos recuerdan a sus primeros discos, otras que tiene que ver más con sus canciones más recientes y otras que tienen más que ver con las canciones de una época intermedia. En “La modestia” un hombre escucha frases de los que viajan en autobús, y se queda muy impresionado por una mujer que dice por teléfono para describirse: “no soy ni guapa ni fea”. Este hombre del autobús roba frases ajenas y espía, dos aficiones que lo emparentan con otros personajes de Vila-Matas, como el protagonista de “Materia oscura” o con el escritor de la novela Extraña forma de vida. También hay relaciones inquietantes y estancadas entre padres e hijos, como en otros textos de Enrique, y una cierta atracción por el vértigo y por la huida. Otro tema que nos resultan familiares es el tema del doble: la sensación de usurpar la vida de otro, o de que otro te ha usurpado la tuya aparece en “Café Kubista”, en “Iluminado” o en “Porque ella no lo pidió”. Y también aparecen, aunque quizá menos que otras veces, los cameos de escritores. Creo que ése es otro invento de Vila-Matas y que en sus libros podría ponerse: con la aparición especial de Robert Walser, de Franz Kafka o Ray Loriga.

Y también hay dos elementos que son esenciales de la literatura de Enrique: por una parte, la elegancia de su escritura. Eso le hace inventar frases maravillosas, y sólo hay que repasar sus títulos para darse cuenta de ello. Y por otro lado, su dominio de la narración hace que sigamos tramas a veces enrevesadas que parecen muy sencillas, que giros violentísimos nos resulten naturales y que aceptemos una manera de contar que obedece a sus propias reglas: los textos de Vila-Matas obedecen a unas reglas distintas a los textos de otros escritores; no sólo tiene un mundo, sino una forma de contarlo llena de habilidad y descaro.

Y en segundo lugar, está el humor: Enrique siempre ha sido un escritor muy divertido, pero éste es uno de los libros más divertidos de Enrique, un verdadero campo de minas en el que la ironía acecha a la vuelta de cada frase. Yo tenía ganas de escuchar cómo leía en voz alta algunos de los cuentos, porque me parecía que a veces había las pausas, los silencios y las paradojas de un monologuista. Exploradores del abismo tiene algo de la frescura de sus primeros libros, de la levedad que siempre ha perseguido.

He dicho que éste es un libro en el que aparecen muchas enfermedades, y que la enfermedad es una forma de abismo. Aunque Exploradores del abismo gira en torno al vacío, no sé si ése es el tema central. Uno de los más importantes es el de alguien que mira al abismo, se asoma y convive un tiempo con el límite de la nada, pero decide seguir viviendo, seguir haciendo literatura y vida al mismo tiempo. En ese sentido, es un libro melancólico, pero también vitalista, casi alegre. Muchas veces habla de alguien que conoce las tentaciones del vacío y de la autodestrucción pero también el valor de la supervivencia y las compensaciones del humor y del arte. Y eso hace que este libro lleno de juegos literarios y homenajes, de rimas internas y variedad, resulte poco artificial, y muy auténtico y emocionante.

Y ésa es otra de las razones por las que me gusta tanto Exploradores del abismo: en este libro, Enrique Vila-Matas se reinventa, pero, afortunadamente para sus lectores, también sigue siendo el mismo.   

*La foto de Enrique Vila-Matas la he tomado  de www.proscritosblog.com.

03/12/2007 00:58 Antón Castro Enlace permanente. sin tema

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gravatar.comAutor: Luisa

¡Qué bien que pones el texto de Daniel Gascón! Llegué tarde (y me tuve que ir pronto); no pude escuchar a Daniel, sí a Vila-Matas enterito. El texto de Daniel es muy certero y muy redondo. Así que voy a poner un enlacecito al post que he subido sobre el acto de celebración del cumpleaños de Los portadores: desde el post hasta aquí, para que esté también el texto de Daniel.
Espero que hayas disfrutado en el sur.
Un beso

Fecha: 03/12/2007 12:37.


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