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Antón Castro

CARTAS A MAMÁ*

CARTAS A MAMÁ*

Mi madre cumplía hace unos días 80 años. Mi madre: Carmen de Castro, hija de soltera allá en el pazo agrícola de Viñán (Arteixo-A Coruña), un lugar casi mágico que poseía manzanos y abejas, cerezas e higueras, a la sombra de una inmensa colina donde se decía que se habían encontrado huevos de oro. Cuando yo era niño, mi padre se marchó al extranjero, como el protagonista de la película de Carlos Iglesias. Nunca escribió tantas cartas como entonces. Leíamos sus epístolas como quien lee los cuentos de un aparecido en medio de la tormenta. Ante las llamas del hogar, mi madre se deshacía en lágrimas, que le empañaban los sentidos y le impedían leer aquellas frases que hablaban de los jardines en que trabajaba mi padre, de su condición de barbero de sábado, de peón de albañil, de cocinero improvisado. Una vecina, con alma de rapsoda y cintura de bailarina, leía las cartas, y decía con melancolía: “Si esto no es amor…” Mi madre llevaba la vaca al prado, trabajaba en las fincas a jornal, discutía con los hombres el precio de los terneros y, casi todos los sábados, me llevaba a ver “Sesión de noche”. Debíamos atravesar un campo de maíz, y el viento agitaba los tallos con un filoso rumor de espanto. Yo había pasado miedo en la taberna, volvía a pasarlo al volver a casa y seguía, tiritando, desvelado hasta que mi madre decía: “Cierra esos ojos de caballo grande, y descansa. ¿Qué diría tu padre?” Hace treinta años me fui de casa. Mi madre lloró, muda de palabras y asombro. Hace pocos meses sufrió un amago de infarto y perdió movilidad en una pierna. Resumió así su infortunio: “Ya nunca seré la misma. Me he hecho mayor”.

 

 

 

*Julio Cortázar ha sido uno de los escritores decisivos de mi vida, al final de la adolescencia y cuando llegué a Zaragoza. A mis hijos Daniel y Aloma les contaba cuentos de Cortázar en los montes de Javalambre, allá en Teruel. Uno de aquellos cuentos se titulaba, creo recordar, “Carta de una señorita de París”; otro: “Cartas a mamá”, o “Cartas de mamá”, no recuerdo con exactitud. Este texto apareció ayer en Heraldo de Aragón. La foto es de Virxilio Vieitez.

6 comentarios

vane -

es muy bonita,trata de algo muy lindo,es muy sentimental. uno como persona aprende a valorar mucho a nuestra madre querida. gracias julio

May -

Vivencias que forjan un carácter y que , algunas veces, dan el fruto de la sensibilidad y la comprensión. Yo te comprendo, amigo, porque a veces las historias son parecidas y unen. Un beso para esa madre heroica, que tanto me recuerda a la mía, fallecida a los 89 en el 89...

Luisa -

Antón, siempre que cuentas cosas así entiendo mucho mejor algunas cosas.
Cuídala.
Un beso.

Blanca -

Felicidades con retraso a tan brillante y fuerte mujer Antón. Tienes que estar orgulloso de tus padres. Dos seres excepcionales. Y un río de amor incansable.

Un beso grande para ella y otro para tí.

Magda -

Una mujer muy valiente, Antón. Qué duro que tu pareja deba ausentarse por motivos de trabajo y tener que asumir sola la responsabilidad que quedaba en casa, que era mucha e importante. Pero el amor que unía (y unirá siempre) a tus padres fue lo esencial y maravilloso.

Seguro estás feliz y orgulloso de forma parte vital de tan bella señora.

Un abrazo con cariño para ella.



Fernando -

felicidades para ella amigo...siempre me encantan las fotos que pones...debes una de faros de tu tierra o del mundo...yo si quieres pongo renglones vale?..