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JUAN MANUEL GONZÁLEZ: NOTAS SOBRE EL COMBATIENTE

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El pasado sábado iba con mi hijo Jorge a comprar y a cambiar su móvil cuando recibí una llamada inesperada: una amiga me contó que Juan Manuel González había puesto fin a su vida. Había pasado una mala época en los últimos meses, que combatía como hacía siempre en los periodos duros con una gran actividad creativa, informativa y lectora.

Conocí  a finales de los años 80 a Juan Manuel en una de las noches del premio Planeta, gracias al poeta y crítico Enrique Villagrasa. Pertenecía al círculo algunos críticos madrileños que yo tenía muy idealizados, o a los que respetaba mucho porque los leía en la prensa y en especial en El Urogallo: José Carlón (autor de un libro que me gustó mucho hace años: Pesando el sol), Juan Ángel Juristo, Javier Goñi, etc. Más tarde, a través de otro amigo como Juan Carlos Soriano, fortalecimos nuestra amistad. Juan Manuel me enviaba todos sus libros y me llamaba con frecuencia. Colaboró en varias ocasiones en los suplementos Imán de El día de Aragón y luego en Rayuela y La Cultura de El Periódico de Aragón, que yo dirigía. Nos veíamos a menudo, en Madrid, en Zaragoza, en alguna presentación literaria. Apasionado de la literatura germánica, y centroeuropea especialmente, leía sus reseñas y ensayos. E incluso le publiqué una traducción de Robert Burns en Olifante, Caledonia y otros poemas, un libro que hizo en colaboración con José Fernández, que nos dio muchas satisfacciones. Lo reclamaban de todas partes.

Juan Manuel González, con su pipa al viento, era un animal literario. Obsesivo y perfeccionista, tamizado con un barniz de desengaño y escepticismo. Buscaba como lo hacemos todos un golpe de éxito. Soñaba con él. Cuidaba sus textos, trabajaba su poesía de raíz simbolista y neorromántica con lentitud y paciencia, incorporaba un paisaje onírico, le interesaba la magia, el esoterismo, la filosofía, el pensamiento, acaso una cierta oscuridad. Decir ahora que no era feliz, es muy fácil. No diría yo que era infeliz sino que no estaba contento con su suerte literaria. Era un apasionado de la literatura de los otros, había entrevistado y reseñado a todo el mundo, era un clásico de las letras, había estado varias veces en casa de Günter Grass y publicó en un sinfín de editoriales. Por lo que respecta a los géneros, fue un escritor fronterizo: poeta, narrador, ensayista, articulista literario. Y por cierto, hace muy poco contó cómo intuyó que le iban a dar el Nobel a Camilo José Cela, se fue a su casa y fue él quien recibió la llamada de la Academia Sueca. Le llevó la suerte.

He presentado dos o tres libros en Madrid: Los seres imposibles (Destino, 1998), El álbum del solitario (Destino, 1999) y Golpes de mar (Destino, 2006), y él siempre estaba allí. Aunque tuviese que venir desde Segovia. Venía y siempre había observado algo, y te preguntaba para tu lucimiento ante los demás compañeros. Y luego, en cuanto podía, te hacía una crítica en uno de los medios en los que colaboraba. Si no recuerdo mal, y creo que no, en La nieve en el espejo incluyó su crítica a uno de mis mejores libros (acaso el mejor): El testamento de amor de Patricio Julve (Destino, 1995, 2000). El otro que yo considero más estimable es Golpes de mar (Destino, 2006).

Me he mudado hasta ocho veces de casa, pero en los cajones y en varios archivos tengo poemas y cartas suyas. Borradores.

La amiga que me llamó, que había sido una gran amiga también de Juanma, me dijo que Juan Manuel González quiso morirse por un invencible desamor y algunas de sus raíces: la soledad, el arrebato, la depresión…

 

Trabajó durante muchos años en la Agencia EFE (me llamaba y me decía: “acabo de escribir un artículo sobre Thomas Mann (o sobre Bernhard, Martin Walser, Robert Walser…) y puede interesarte”) y ésta es la nota que hicieron sus compañeros de la Agencia.

 

[El escritor y periodista Juan Manuel González murió el pasado sábado en Madrid. Vinculado a la Agencia EFE desde el año 1980, en la actualidad era miembro de la Fundación del Español Urgente (Fundéu) y profesor de Literatura en la Universidad de Valladolid, campus de Segovia.

Poeta, novelista y crítico literario, contaba con numerosos galardones, algunos importantes de poesía como el Jaime Gil de Biedma que ganó en 2007 por su poemario Tras la luz de poniente (Visor), el Rafael Alberti, y el Premio Angel Riesco de León por Madrigal de ausencia de 1997.


Con La llama del brezo, Premio Ateneo de Sevilla en 2002, completó el segundo ciclo de su labor poética, dedicado al amor y la muerte e integrado por los volúmenes En el filo de la sangre y Luces inciertas, por el que fue galardonado en 1999 con el Rafael Alberti.


Su poesía reunida apareció en 2004 en una edición crítica e íntegra con el título de Hacia el alba de nieve. Contaba también, entre otras distinciones, con el premio de crítica Atlántida de Cataluña y el Internacional de Ensayo SIAL.


Este mismo año, en febrero, había sido reconocido con el VI premio de la crítica Castilla y León por su novela El séptimo velo y fue ganador del Premio Ojo Crítico de Narrativa en 1993 por Cuaderno de combate azul.

Juan Manuel González nació el 6 de septiembre de 1954 en Madrid. Licenciado en Ciencias de la Información y en Sociología por la Universidad Complutense, empezó a trabajar en 1975 para la revista Vida Mundial de Lisboa, y luego para una emisora de Múnich, el periódico británico Morning Star y en 1978 para la revista Tribuna.

En 1980 se incorporó al servicio internacional de la Agencia EFE, medio donde en el 87 se encargó de la información literaria. Doctor en Filología de la Complutense, era especialista en literaturas germánicas y célticas, y en autores del modernismo español y portugués.

Fundador de la revista literaria El Güizaro (1980-1985), fue columnista de La Voz de Galicia y El Norte de Castilla, crítico literario en los suplementos de El Mundo y El Sol, entre otros diarios nacionales y en publicaciones especializadas.

En 2004 publicó Fuego sobre las olas, el ensayo Del modernismo y el 98 al tradicionalismo y la guerra civil: el viaje literario de Ricardo León y el libro de prosa poética Vírgenes, masones y visionarios. Rutas iniciáticas y ocultistas, la última obra editada hace un par de meses.

Otras obras son libros de relatos Umbrías y litorales y Viajes antiguos y también Signos sobre la ceniza, La nieve en el espejo y El viento entre los juncos, vinculados a la crítica literatura. Ha sido incluido en antologías de narrativa como La nostalgia del mar, y de poesía, Millenium, Poesía ultimísima y Poesía española 1975-2002.]

 

*Juan Manuel González con Octavio Paz.

 

17/06/2008 10:07 Antón Castro Enlace permanente. sin tema

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gravatar.comAutor: Magda

Lamentable, sumamente lamentable. Que espantosa debe de ser esa soledad que vive en el espíritu y que tal vez quien la padece no puede verla desde otra perspectiva y entra a una dura y dificil depresión.

Desde ayer que me enteré no he podido pensar en otra cosa, me ha puesto muy triste y, aunque sin conocerlo, se siente cariño y mucho respeto, al par de enojo e impotencia al no poder hacer nada por estos seres humanos tan sensibles y con tanto para dar en su interior.

Lo lamento profundamente.






Fecha: 17/06/2008 19:27.


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