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EL ASESINO DE LA CARRETERA. EL CRIMEN DE FAGO

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Recuerda Jesús Duva (Tordesillas, Valladolid, 1954), periodista de investigación en el desaparecido “Ya” y desde 1987 en “El País”, que el asesinato del alcalde de Fago le ha conmovido especialmente, como la historia de Antonio Anglés, el presunto asesino de las “niñas de Alcásser”, o la aventura del “Solitario”, sobre quienes preparan sendos libros. La muerte de Miguel Grima supone la tercera de un alcalde en la democracia, en unas circunstancias especialmente enigmáticas: Miguel Grima era para muchos “tirano” que “actuaba de forma prepotente”, y también “el dictador y el perro del cacique”, y para otros el mejor alcalde que había tenido jamás ese pequeño pueblo, responsable con el dinero público, ambicioso en el reclamo de mejoras y dignidad para la localidad. “Era un luchador y sólo quería hacer lo mejor para su pueblo. Se están diciendo de él muchas barbaridades y muchas falsedades”, diría su mentor Adolfo Navarro el día de su entierro.

Llegó a la localidad a finales de los 80, a sugerencia del perito industrial y Forestal Santiago Mainar, pero en 1988, por el olor que producían un caballo y un poni de éste surgió entre ambos una enemistad insalvable, que se acrecentaba día tras día. Las existencias de ambos tienen algo de vidas paralelas: pasan de la complicidad y de la persecución del sueño del buen salvaje, a lo Jeremías Johnson, a un odio que supone la brutal escisión de Fago en dos bandos irreconciliables. Y en ese contexto de rencillas y pleitos se produjo el crimen, con nocturnidad y alevosía, del alcalde Miguel Grima.

Jesús Duva documenta cronológicamente todo lo que ha ocurrido, ha hablado con casi todos los personajes –salvo con Celia Estalrich, la viuda de Grima, que no accedió a entrevistarse con él, aunque ha colaborado a través de sus cuñados-, entre ellos el médico Iñaki Bidegain, que se cruzó con el asesino poco después del asesinato, o Asier Gárate, “confesor jurídico, su confidente y amigo” del difunto.

         Los perfiles del dueño de Casa Carpintero (Miguel Grima) y Casa Antoniales (Santiago Mainar) son bastante rotundos. Miguel aparece como un personaje más bien contumaz, de una terquedad mayúscula (llega a comerse más de una docena de guindillas en una apuesta), a veces burlón y un tanto caprichoso en sus decisiones, que tuvo enfrentamientos lo con sus vecinos y con cargos públicos de la comarca. Uno de los conflictos esenciales del pueblo fue el de los empadronamientos; a un vecino le desafió: “Mientras yo sea alcalde, tú no estás empadronado en este pueblo”. Jesús León Espinar asegura que le dijo: “Te estoy jodiendo, pero no te quejes porque solo te estoy metiendo la puntita”. Y a la vez era un enamorado de Lou Reed y su disco “Berlín”, y de Jim Morrison y su canción “Jinete en la tormenta”, que contiene un presagio de ese “asesino en la carretera” que acabó con su vida.

Santiago Mainar posee la personalidad del seductor; alguien recuerda que generaba “un aura de confianza” y que poseía “una conversación exquisita”. Zaragozano, cursó estudios de perito agrícola en Pamplona, trabajó en Aula Dei, frecuentó la movida de la ciudad en los 80 y se casó con Rosa Otal, enfermera en el Servet, que había ido a clase de piano con Celia Estalrich. Se marchó a Frago en 1987, desoyendo un consejo de su madre: “Pequeños pueblos, infiernos grandes”. Y así sería, claro. Tras su confesión inicial, Santiago Mainar está en la cárcel, donde se ha retractado y sigue incrementado su leyenda de gran conquistador de ojos azules; allí inició una correspondencia con la cartera rural Amparo Cohen, una vieja amiga de juventud. Ahora son novios.

         Miguel Grima se había temido lo peor. Una y otra vez había litigado con “el clan” de sus adversarios por el ganado, las licencias de obras, el padrón, el agua. “Estos me están organizando algo”, había dicho. Jesús Duva rinde homenaje a “Crónica de una muerte anunciada” de García Márquez desde la frase inicial, transcribe parte del sumario, entrevistó por vía epistolar a Mainar, reproduce la carta que enviaron a HERALDO los familiares de Grima, y señala que las pruebas contra Mainar no son “concluyentes”. Otra impresión queda latente: los crímenes son siempre una monstruosidad y éste también. Y además es una muerte completamente inútil para todos: Fago empieza a despoblarse y tarde o temprano acabará siendo el abandonado escenario de un crimen, que para algunas voces anónimas fue “un ajusticiamiento”.

Eso sí, el misterio continúa.

Emboscada en Fago. Jesús Duva. Debate. Barcelona, 2008. 190 páginas.

*Esta foto de Santiago Mainar corresponde al archivo del diario El mundo que se halla en la red.    

 

 

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antoncastro

gravatar.comAutor: jordan shoes

El reloj de arena recuerda el momento en que perdió!

Fecha: 02/12/2010 07:31.


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