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LA VIDA EN UN CUENTO / 3

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EL POETA INTERRUMPIDO

 

Siempre he querido escribir poesía. Lo hacía de joven: poemas libres, sonetos de amor, cancioncillas a la noche que buscaban el ritmo de las de Juan Ramón Jiménez. Un día descubrí, al otro lado del río, el secreto de los árboles. Llevaba un libro en la mano: Arias tristes, tal vez. Ingresé en la espesura y sus sombras, y me puse a caminar. No buscaba nada. Solo sentir. Quería oír los cánticos de las aves ocultas, percibir cómo se me abrían los pulmones a la húmeda menta de los eucaliptos, quería notar el vértigo de las briznas bajo mis pies. Saqué mi libreta y anotaba imágenes, sensaciones, movimientos en la fronda. Seguía el impulso de mi imaginación. Empezó a caer la noche. Me había alejado en exceso y no estaba seguro de encontrar el camino de vuelta. Poco a poco me enfrenté al horror. Todo se me hacía pavoroso y abrupto: el chicotazo de las ramas, la umbría, las imágenes a las que daba forma y espanto en mi mente, la llegada de alguien que se me antojó el diablo o sus pasos… Perdí pie, y un búho extendió su cántico espasmódico y lastimero.

 

A la mañana siguiente, el sargento de la Guardia Civil fue el primero en leer una de mis notas: “El miedo iguala a los poetas con los demás hombres”. Miró mi cuerpo aterido con una sensación de fastidio. Eso me dirían luego. Jamás he vuelto a escribir un poema. [Retrato de Langston Hughes.]

 

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gravatar.comAutor: El Guardia Civil

Perdona, pero lo que dices es rotundamente falso. Quizás no hayas escrito un verso, pero es obvio que Antón Castro es un poeta y que escribe poesía. El poeta no es sino un hombre con miedo.

Fecha: 03/01/2009 18:08.


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