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MANUEL PEREIRA: UNHA CITA CO POETA GALEGO

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Anoche colgué aquí un texto en gallego y castellano del poeta y narrador Manuel Pereira, un gallego que vive en Madrid y que residió en Zaragoza durante siete años.

Pereira viene de cuando en cuando por aquí, y el otro día, con su mujer Chus y con su amiga Cristina, una estudiosa del grabado y artista ella también, realizó varias visitas. Disfrutaron los tres especialmente con la muestra ‘Goya y el mundo moderno’. No solo disfrutaron: gozaron como enanos. El domingo por la mañana, mientras Nadal sufría, pugnaba y finalmente provocaba el llano de Roger Federer, nos vimos en el Mesón del Carmen. Conversamos un par de horas y de esa pequeña tertulia y de un leve paseo posterior, además de unas fotos ante la Puerta del Carmen, salió este texto que Manuel Pereira me enviaba anoche. Ha estado colgado unos horas sin un delantal, estaba medio dormido, y tampoco he dicho que esta foto del Grupo El Paso –al que le ha dedicado una estupenda y ambiciosa monografía, y una exposición, Chus Tudelilla. Hay que hacerse con ese trabajo, de veras- pertenece a mi admirado y amado Leopoldo Pomès, que está estos días de actualidad porque La Fábrica acaba de publicar una monografía suya.

 

Manuel Pereira Valcárcel (A Estrada, Pontevedra, 1955) es autor de Poemas de cinza (Edición do autor, Madrid, 1990), Todo morte (Edicións Río Xuvia, 1998), Rosa íntima (Espiral Maior, 2000), Inventario de fragmentos (Libros da Frouma-Librería Follas Novas, 2001) y, entre otros textos, Libro das viaxes (Editorial Litoral das Rías, 2003).

—Encontro con Antón Castro—

 

A idade vai deixando os días sinalados; mancados

uns, beatificados outros, poucos conservan o don

elemental da inocencia. E este primeiro de febreiro

quedará debuxado co perfil das sereas que trazou

Antón Castro nas dedicatorias dos libros con que

nos agasallou, a Cristina Lapiedra, a Chus e mais a min.

A cidade amañecía co latexo calmo, coa discreta

cordura que locen as mañás de domingo.

Estaba pechado o Café Levante e mudamos a cita para

o Mesón del Carmen. Café con leite e descafeinado;

de máquina, por favor. Na pantalla, Melbourne.

O verso libre de Nadal devastando a serenidade técnica

da métrica de Federer. A beleza é, frecuentemente, un

contraste, un acantilado que irrompe no sosego.

E a conversa degoada, Galicia, Aragón, literatura,

exposicións, biografías, enderezos intercambiados,

propostas… Un comentario obrigado, a fugacidade

do tempo plácido. Xa na rúa, antes da despedida, unha

recomendación, a de levarmos unha trenza de Almudévar.

Despois, o adeus co horizonte aberto de futuras coincidencias.

 

 


1-FEBRERO-2009

—Encuentro con Antón Castro—

 

La edad va dejando los días señalados; lastimados

unos, beatificados otros, pocos conservan el don

elemental de la inocencia. Y este primero de febrero

quedará dibujado con el perfil de las sirenas que trazó

Antón Castro en las dedicatorias de los libros con que

nos agasajó, a Cristina Lapiedra, a Chus y a mí.

La ciudad amanecía con el latido calmo, con la discreta

cordura que lucen las mañanas de domingo.

Estaba cerrado el Café Levante y cambiamos la cita para

el Mesón del Carmen. Café con leche y descafeinado,

de máquina, por favor. En la pantalla, Melbourne.

El verso libre de Nadal devastando la serenidad técnica

de la métrica de Federer. La belleza es, frecuentemente, un

contraste, un acantilado que irrumpe en el sosiego.

Y la conversación ansiada, Galicia, Aragón, literatura,

exposiciones, biografías, direcciones intercambiadas,

propuestas… Un comentario obligado, la fugacidad

del tiempo plácido. Ya en la calle, antes de la despedida,

una recomendación, la de llevar una trenza de Almudévar.

Después, el adiós con el horizonte abierto de futuras coincidencias.

 

 

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