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LABORDETA: UN BEDUINO EN LA POLÍTICA NACIONAL

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José Antonio Labordeta (Zaragoza, 1935) está en ese momento feliz en que le llueven los reconocimientos y los encargos. Ha hecho tantas cosas y ha estado en tantos sitios, como un nómada con la mochila a la espalda, que igual se publican monografías completas sobre su figura, como la de Javier Aguirre, o se hacen documentales como el que han rodado Joaquín Carbonell y José Miguel Iranzo, que se ha presentado en Teruel y en Zaragoza.

No resulta extraño que Labordeta haya acudido a la figura del beduino para redactar sus memorias de diputado en Madrid: “Memorias de un beduino en el Congreso de los Diputados” (Ediciones B). Ese beduino es un ‘alter ego’, que habla con un diputado, el Labordeta, y a la vez es él mismo: es una sombra, un interlocutor, un testigo y acaso en ocasiones nos lleve hacia un desconcertante ejercicio de esquizofrenia narrativa. Labordeta acude a la figura del hombre de los desiertos, y se apoya en su abuela Josefa, nacida en La Almolda, que asoma una y otra vez al texto con una certeza pesimista: “La política es una madrastra sin entrañas”. El político, que permanecerá dos legislaturas cerca de los leones de Ponciano Ponzano (“¡Vaya putada le hizo su padre!”, observa, imaginamos que por el nombre), dice: “Llegué allí como un beduino y regresé a mi estado natural, que es ser ciudadano del mundo”.

El poeta y cantautor metido en política baja al ruedo, y en su primer día percibe lo siguiente: “Al Beduino le encantó la Reina y la encontró guapa”. Luego, con la corbata de Agustín Ibarrola, visitará a Juan Carlos, que le pregunta: “¿Llegó a usted a probar los chocolates con nata de la cafetería Niké?”. Algo más adelante, Labordeta dirá: “Aunque soy republicano de hondura, este hombre me cae bien”. Se adscribe al grupo Mixto y percibe algo muy curioso: “El pasillo es el resumen de la España multicultural y multiforme que me decía mi paisano Gracián”, y observa que sus compañeros y él, “los del Mixto”, son “los sobrantes, los mitad vaca y mitad cordero y, en las noches de luna, ciudadanos agrestes dispuestos a defender con ahínco lo que siempre creímos que era justo. Casi nunca acertábamos”.

Labordeta, apoyado por el cibernético incansable Paco Pacheco, fue un diputado activo, con momentos de protagonismo nacional. Explica el episodio de ‘¡A la mierda!’; cuenta que no le hizo gracia a sus compañeros de CHA, que lo aplaudieron mucho en la calle y desde las filas socialistas, que lo felicitó Joaquín Sabina desde Andalucía “riéndose como un loco”, y aprecia que “nunca me sentí tranquilo con aquel gesto (…) De todos modos, y aunque espero no tener tumba ni mausoleo, ya sé cuál puede ser mi otro epitafio: ‘¡A la mierda...!’. Y todos tan contentos”.

El libro consta de dos partes. En la primera, Labordeta retrata a todos los ministros del PP, con algunas bromas y algunas pullas (Aznar le resulta un personaje antipático, sin duda), y confecciona también una lista de amigos y compañeros de viaje. Algunos retratos son deliciosos: “Leocadio Bueso. Más triste que los atardeceres de su ciudad, Teruel. Seguro que en su pueblo natal, el serrano Fortanete, le han puesto una calle. Si no lo han hecho, hay que reclamarla. Él nunca lo hará”. La ironía asoma aquí: “José Blanco. Gallego. Dicen que va para importante. No lo aparenta”. Y el mejor es éste: “Carmen Alborch. Es tan valenciana que sólo de verla te trae toda la luz mediterránea. Modelos ilustres, escándalo de los puritanos de gris. Da gusto contemplarla”. El Beduino /Labordeta se suelta aquí el poco pelo: se chancea un poco con el de Anasagasti (“Perdona poco la imbecilidad cuando habla”, apostilla) y con el suyo. El humor y la sátira empiezan por uno mismo; seguro que asume humorísticamente la segunda acepción del vocablo beduino: “Hombre bárbaro y desaforado”.  Hay mucho más en este libro, una modesta historia de España, de Aragón, y de un hombre solidario que se sigue retratándose como “depresivo, ácrata y desorganizado”. Pese a ello, ahí está su tarea gigantesca, su lucha, su madera de héroe con aspavientos, su severa ternura del desierto.

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gravatar.comAutor: JESUS

Me quedo con el hombre de la voz y la guitarra, ocho años no son nada, y hasta el mejor escribano echa un borrón de vez en cuando.

No deja de ser curioso como fuera de Aragón lo recuerdan como el hombre de la mochila, el queso el chorizo y la bota de vino y se preguntan porque no reponen la serie una vez más… les resulta harto complicado recordar que fue y es cantautor, y muchas veces se muestran asombrados cuando les dices que fue Diputado, si en Madrid, si…

Eso si, todo el mundo sabe que fue maestro de ese “fenómeno de la naturaleza” que es Jimenez Losantos. Divertidísima la entrevista a Enric Juliana de ahí arriba.

Saludos

Fecha: 17/03/2009 11:52.


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