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FERRER LERÍN: DIÁLOGO SOBRE 'FÁMULO'

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Hace algunas semanas, Francisco Ferrer Lerín cumplía una especie de sueño: publicaba su libro ‘Fámulo’ en la colección Nuevos Textos Sagrados de Tusquets, una de las más hermosas colecciones de poesía de España. Le mandé unas primeras observaciones tras las lectura del libro y estas fueron sus respuestas. Una parte de esta entrevista apareció en Heraldo, y el pasado jueves David Mayor publicaba una reseña del volumen en ‘Artes & Letras’ del mismo diario.

 

-¿Cuál es la idea del libro, cómo surge?

 

El libro, aunque está estructurado en capítulos, está pensado con criterio de unidad; quiero decir que, a diferencia de La hora oval  y Cónsul  que no dejan de ser cajones de sastre, Fámulo, igual que el inicial De las condiciones humanas, se escribe con voluntad de entrega no fascicular. Integra, eso sí, algún poema aparecido en una sección discutible de Ciudad propia. Poesía autorizada, publicación en un volumen de mis tres libros de poemas aparecidos hasta ese momento (2005), pero el grueso de la obra se escribe de corrido en 2008.



-Es un libro complejo, difícil. ¿Para quién escribe Paco Ferrer Lerín?

 

Es una complejidad aparente, quizá instalada en la escritura, pero no resultante; el lector sólo tiene que dejarse llevar. En la adolescencia escribía para mí y para algún que otro joven turco de menguada consistencia social, ahora escribo para quien ame la poesía y sin él no tendría sentido continuar la labor.   


-Este libro está en una línea tuya muy personal donde se funde todo: la ficción, la crónica épica, el mundo de los animales... ¿Qué diferencias hay en tu poesía y en tu prosa?

 

Poca, o espero que sea poca. Argullol acuñó un término, que siempre deseé creer que fuera fruto de la lectura de mi literatura, un término que apareció en un artículo de El País a mediados/finales de los ochenta: “escritura fronteriza”. Ese soy soy, fronterizo, imbuido quizá ingenuamente de la convicción de que todo, en literatura, es lo mismo, me refiero a que sin música, ritmo, cadencia, no se debe poner nadie ante la tesitura de empezar a escribir. 

-Hay muchos personajes... ¿Quieres hacer monólos dramáticos, narrar historias?

 

No, la historia en sí, la biografía en especial, no deben formar parte del verso. Otra cosa es que esos campos aporten material, que esa condición ineliduble del escritor que es la del pillaje encuentre facilidades rebuscando aquí y allá determinados sonidos.  

-En un sentido puramente técnico, de virtuosismo verbal: se mezcla el verso corto con el verso largo, se encabalgan los versos con ductilidad, hay muchas enumeración. ¿Cómo defines tus poemas, qué quieres hacer? ¿En qué medida el poeta es un virtuoso?

 

Aceptando que el automatismo, incluso el perseguido, no existe, he de reconocer, sin embargo, que me dejo llevar. Rara vez tengo una idea preconcebida. A lo sumo una palabra o una frase, quizá a veces una sensación, y eso vale (y ojalá eso sucediera todos los días) para sentarme ante el teclado. La longitud del verso es azarosa y la enumeración, las series, forman parte de mi manera de ser, a lo mejor una manera de ser moldeada por la lectura, perdida ya en la noche de los tiempos, de aquella poesía llamada “del inventario” del maestro Perse. ¿Virtuoso? No, me acepto como pecador. Quizá habría que acosar a la excelencia, una mujer de gran personalidad que nos rehúye casi todos los días. Se ha dicho, y yo, quizá con demasiado desparpajo lo refrendo, que un poeta que no haya escrito un verso memorable en su historia creativa debería atarse una piedra al cuello y naufragar definitivamente. La cuerda la compré hace años en la tienda Marval de Jaca, y la llevo en el maletero del coche.   


-¿Qué significa para ti el lenguaje? ¿Hay en el léxico tuyo una vindicación de la belleza, de las palabras olvidadas, una búsqueda?

El lenguaje, para mí, es la vida; no la cifra de la vida sino la vida misma. Sin lenguaje no hay nada y en cuanto a la vindicación de la belleza, ese es un fenómeno de tal magnitud que, a menudo, la potencia embaucadora de una palabra me hace olvidar lo que significa, caigo en la trampa iconoclasta del significante puro, lo que me ha llevado, en la vida corriente, a tener serios problemas con personas que no entendían que las llamara, que las nombrara con sintagmas algo chocantes. 


-Jaca, los animales, la zoología. ¿Qué ta da Aragón y sus paisajes, que le da a tu poesía y a tu mundo?

 

Llevo viviendo en Aragón, la verdad que de modo discontinuo, más de cuarenta años; fue en 1968 cuando llegué a Jaca para trabajar como becario ornitólogo. Recientemente, en una entrevista para Heraldo de Aragón, alguien resaltó en titulares una declaración de principios que así formulada resultaba una pequeña boutade; era algo así como que el principal activo de Aragón lo constituía su baja demografía humana. Pero sí es cierto que comparado con otras porciones de la cordillera pirenaica, el Pirineo Aragonés tiene en su tranquilidad, en su silencio, en su mínima afección urbanística, el atractivo suficiente para que un escritor, un artista, pueda desarrollar a la perfección su tarea. Su paisaje, el paisaje aragonés, de la estepa al prado alpino, pese a los muchos años de uso, aún me emociona... igual que su toponimia, tan importante para el armazón de los textos.  

-¿Hay en ti voluntad de rareza, empecinamiento en ser distinto y quizá oscuro?

 

Anoche tuve una casi acalorada discusión sobre la voluntad de ser diferente en ese lastimoso y aburrido discurso de la regionalidad y añadidos. Resulta penoso y, en lo referente a la creación, literaria en este caso, aún lo resulta más. Nunca he pretendido ser original, nunca he pretendido ser críptico. Que mis intereses discurran por caminos poco hollados es fruto (debe de ser fruto) de mi condición humana poco proclive al barullo.



-Qué le debe este libro al mundo de los Novísimos o que te deben los Novísimos a ti?

Este libro no es deudor de aquella etapa desafortunadamente así etiquetada y que, por suerte para el reposo de sus cadáveres, va siendo poco a poco olvidada. Nunca me sentí perteneciente a ese grupo del que sí traté, poco antes de dejar Barcelona, a alguno de sus popes, pero eso fue todo. Aunque lo principal es que nadie se haya sentido bajo la influencia de lo que he escrito o he hecho a lo largo de mi vida, lo deseo de todo corazón.

 

-¿Significa algo especial para ti publicar en 'Nuevos cuadernos sagrados' de Tusquets?

Me siento feliz. Tanto por la presencia física del libro, como por los compañeros de viaje, compañeros no sólo en el listado de autores sino en la edición misma, en especial el director de la colección, el querido ibicenco, poeta y profesor Toni Marí.

 

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