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DIALOGO CON JOSÉ LUIS MELERO

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José Luis Melero Rivas (Zaragoza, 1956), bibliófilo, escritor y consejero del Real Zaragoza, presenta ayer en Los Portadores de Sueños su libro ‘La vida de libros’, con Luis Alegre y Félix Romeo. Los artículos se publicaron en el suplemento ‘Artes & Letras’ de HERALDO.

 

- “Siempre procuro que los artículos

salgan enjundiosos pero no solemnes”

-“Siempre me han gustado más los escritores

olvidados que los consagrados”

-“En general el libro apuesta por la bondad,

la alegría y los personajes nobles”

-“Hay que buscar siempre la excelencia

para así quedarse en el notable”

 

¿Cuál es el criterio para la elección de los artículos?

Trato siempre de ponerme en el lugar del lector y de pensar qué me gustaría leer a mí, qué me gustaría que me contaran. A mí me interesan mucho los saberes no codificados, aquellos que no aparecen en los manuales. Porque son los que distinguen a los lectores de raza de los lectores sometidos al dictado de los suplementos culturales y los intereses editoriales.

 ¿Qué busca en cada pieza: lo chocante, lo erudito, el humor, lo desconocido?

 Sobre todo trato de aportar información de primera mano que pienso que puede ser poco conocida. Y siempre procuro que los artículos salgan enjundiosos pero no solemnes. Hay que huir de la solemnidad como de la peste. También en muchas ocasiones me gusta mostrar cuál es mi punto de vista sobre el tema que estoy tratando, es decir, que los artículos no sean sólo descriptivos sino que transmitan opinión. Y si viene a cuento trato de que no falten nunca unas pinceladas de humor y de ironía.

¿Cuál es su campo de acción?

Lo que me ha interesado siempre: la literatura, la historia de España de los siglos XIX y XX, la bibliografía, Aragón, la guerra civil, las historias de bohemios y perdedores…

Aquí está su vieja pasión por los raros y olvidados, por los enterrados de la literatura.

Sí, me han gustado siempre más los escritores olvidados que los consagrados. En literatura mucha gente quiere jugar sobre seguro y leer sólo a los escritores de éxito. Yo, sin desdeñar a éstos, prefiero husmear entre papeles viejos y descubrir o rescatar a los que no tuvieron tanta suerte y nunca ingresaron en el canon.

Vayamos con algunos nombres y asuntos. Por ejemplo, algunos casos extremos…

El libro está lleno de ellos: el espiritista Torres Solanot, Pedro Luis de Gálvez el hampón, el suicida Jacinto Miquelarena,  José Ayala Lorda, que con sólo 17 años fue condenado a más de dos de presidio por escribir un artículo insultante contra Alfonso XIII…

 ¿Por qué lo conmueven tanto las historias de la Guerra Civil?

 Cuando escribí ‘Los libros de la guerra’, que reunía algunos de los libros más raros sobre la guerra civil en Aragón, me di cuenta de que casi en cada familia había una historia trágica de la guerra. Sobre todo, por encima de lo mucho que significó la derrota republicana para el devenir de la cultura española, me conmueven las pequeñas historias personales, aquellas que hicieron que media España acabara odiando a la otra media.

Hay algunas series como los ‘Viajes a Rusia’…

La revolución rusa de 1917 fascinó y conmovió a gentes de toda condición. Por primera vez los parias de la tierra gobernaban un gran país. Y nació un género: el de los libros de viajes al país de los ‘soviets’: mucho intelectuales viajaron a Rusia en los años 20 y 30 y al volver escribieron libros contando sus impresiones. Yo los busqué durante años y localicé medio centenar de ellos. Me interesaron mucho los de Josep Pla, César Vallejo, Pestaña, Chaves Nogales, Zugazagoitia… 

También hay un catálogo de malos: verdugos, críticos asesinos…

Es verdad que hay en el libro algunos artículos dedicados a este tipo de personajes: el catedrático fascista Enrique Suñer, el estalinista Enrique Líster, el crítico literario Antonio de Rivera, que trató de asesinar al marido de Gertrudis Gómez de Avellaneda… Pero en general el libro apuesta por la bondad, la alegría y los personajes nobles.

 Dentro de un tono confesional e intimista, destaca el artículo ‘Los libros prestados’, que es un autorretrato.

Bueno, lo mejor es siempre reírse de uno mismo. Y en ese artículo parodio mi incapacidad genética para prestar libros. Tuve que acabar prestando uno y debo decir que la experiencia no fue tan traumática como imaginaba.

 

Por cierto, ¿cuánto hay aquí de cotilleo literario’

Nada. Hay muchas historias menudas de libros y escritores. Pero de cotilleo nada. Eso no va conmigo.

¿Cuál es la presencia de Aragón?

Fundamental, como no podía ser de otro modo en alguien como yo que se siente aragonesista desde que tuvo uso de razón. Aproximadamente la mitad de los artículos del libro están relacionados con Aragón de una u otra forma.

¿Cómo se ha adaptado un perfeccionista enfermizo como usted al periódico?

Yo soy de los que piensan que hay que buscar siempre la excelencia, para así quedarse en el notable. Si vas sólo a aprobar acaban suspendiéndote seguro. Es verdad que procuro ser cuidadoso con la prosa y que sufro con las erratas. Pero en el periódico, como ya me conocen, han sido siempre muy considerados conmigo.

La portada del libro es de Jorge Gay. ¡Vaya lujo! ¿No? 

Jorge ha hecho una gran portada, inspirada en un ex-libris que me dibujó hace años. Es sin duda lo mejor del libro.

*José Luis Melero, retratado al óleo por Pepe Cerdá.  

 

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