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UN ÁLBUM DE SENTIMIENTOS

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El álbum ilustrado es un libro muy especial. Por sus características formales, suele tratarse de un volumen donde tanto el texto como la ilustración son igual de importantes: son autónomos, se complementan y además se completan. Así nace un libro equilibrado, armonioso, donde nada está ahí por estar, donde nada es aleatorio. O puede ser aleatorio como cualquier dibujo o cualquier texto, pero unidos, amasados con cierta elegancia o belleza, texto y dibujo forman una unidad rotunda.

En el caso de ‘¿Que me está pasando?’ (Lumen, 2009), de Marc Parrot y Eva Armisén, esa unidad es indisoluble: no sé si fueron antes los textos, transformados en canción, o los dibujos, pero encajan y cuajan una idea, una propuesta, un libro sin duda de iniciación, de aprendizaje sentimental, a través de seis ideas o palabras: la vergüenza, el miedo, el amor, la rabia, el egoísmo y la añoranza, aunque aquí los autores utilizan la expresión ‘echar de menos’. Todos son términos ligados a la identidad del niño, a los sentimientos, a la configuración de un carácter, al crecimiento. Y a la vez son impulsos espontáneos: la vergüenza se experimenta en muchas ocasiones, cuando uno tiene amor propio y lo pillan en un renuncio o en una mentira, ahí la cara se le puede poner como roja como un tomate… El miedo ayuda a crecer, y es algo que se te impone no sabes por qué, pero ahí está, con sus ganzúas, con sus estrépitos, con su vendaval de sombras. El amor es un sentimiento especial y maravilloso, es un milagro constante, una pulsión perenne que nos ennoblece y que, además, según la óptica de Marc y Eva, está vinculada a la pureza, al candor, a lo irremisible: uno se enamora casi por real decreto, porque lo ha querido el viento, o nos han atrapado y excitado unos ojos, un movimiento de caderas, una forma de reír, la manera de modular las palabras o de contar chistes.

La rabia forma parte de nuestras reacciones y, generalmente, no dignifica a casi nadie. Tampoco aquí: la rabia es un vómito, una descarga, un ejercicio de rudeza imparable, y su campo semántico no admite benévolas florituras. Igual que el egoísmo, que aquí es pariente del narcisismo, de la soberbia, de la intolerancia y de la ausencia de solidaridad. Nos hablan de un niño voraz cuya palabra favorita es mío, un mío tan posesivo que resuena como el eco en los confines: mío, mío, míoooooooo… El egoísmo denota incapacidad para saber vivir con los otros: en el fondo tiene algo de forma de hostilidad que no cesa.

Y si el amor era estimulante y se movía entre la timidez, el pudor y la exaltación, la añoranza –o nostalgia, o melancolía- es la apología del cariño. La afección por las pequeñas cosas. Aquí, Marc y Eva no exageran con su carga negativa, con el dolor que acarrea, aluden a ese lírico y delicado “echar de menos”. Esta pieza, este relato, esta canción es particularmente emotiva dentro de un conjunto que emociona todo el rato, que es instructivo sin ser moralista y sin buscar la moraleja, que usa el ingenio, la candidez, la alusión más que velada, la felicidad propia de la escritura.

Si lo anterior, en buena parte se lo podría atribuir a Marc Parrot, el trabajo de Eva Armisén merece un subrayado especial. Sin querer resultar anecdótico, a Eva podríamos definirla como la artista de la sonrisa permanente. Sus personajes, casi siempre niñas que no se precipitan mucho más allá de la adolescencia (no tienen prisa en envejecer), son felices. Juegan. Crean. Asimilan con frescura el mundo cotidiano. Se afanan en la felicidad. Tienen un hilo luminoso de complicidad con la vida. Su estética está entre la búsqueda del rasgo esencial, primitivo y esquemático del niño (y ahí se aproxima mucho al arte contemporáneo), y cierta brutalidad natural y un aire naïf siempre trascendido. Y aquí, en este universo y en este álbum ilustrado, Eva Armisén ha logrado que todo funcione a las mil maravillas: las niñas y los niños, los árboles, los perros, las coletas, la pícara caída de ojos, esa boca llena de serpientes o víboras de ira, esa playa con sombrillas y barcos que se construye en una larga melena de arenas y espumas… Una de las piezas más sugerentes es la última: esa niña tendida, con una margarita o una rosa en el pelo, que sueña con el beso nocturno de sus padres, que casi la emparedan entre sus labios.

He leído en algún lugar que a Eva Armisén le ha marcado en su infancia Gloria Fuertes y Guillermo Brown. Sin duda: en sus dibujos atrevidos, expresionistas, se perciben ecos de aquel mundo de rabiosa sinceridad y casi de divertido atolondramiento. Los personajes de Eva y Marc pueden ser patéticos, desaforados, incluso ridículos, pero lo son con sinceridad, de un modo visceral, sin falsa teatralidad.

El libro se completa con un disco de Marc Parrot de las seis canciones. Es un disco suyo: experimental, juguetón, serio y divertido a la vez, de varios estilos, incluso hay un toque de rock clarísimo. Las seis canciones nos devuelven al gran músico que es, al gran productor, al heterónimo  y padre de ‘El chaval de la peca’.

Termino: he hablado de varias parcelas de este estupendo álbum ilustrado. Pero hay otra muy valiosa: este es un libro con mucho humor. Cuando lo lees te sientes pariente de los protagonistas. Cuando lo lees no puedes reprimir una sonrisa e incluso alguna carcajada. Y, lo que aún es mejor, tienes la certeza de que alguien con talento, alguien que ha medido sus intenciones ha pensado en ti, tenga uno la edad que tenga, para contagiarte su ternura, su alegría, su defensa de los sentimientos y el camino hacia la felicidad. Y eso siempre es impagable.

‘¿Qué me está pasando?’, que también tiene edición en catalán, en un hermoso ejemplo de inspiración, de simbiosis y de divertimento.

 

¿Qué me está pasando? Textos y canciones de Marc Parrot. Ilustraciones de Eva Armisén. Lumen. Barcelona, 2009.

[Este libro se presentaba esta tarde en Ámbito Cultural de El Corte Inglés con la sala llena de público y de niños. Presa de la emoción, Eva Armisén orilló las lágrimas y dijo que este libro le había permitido tender puentes entre sus hijos Berta y Bruno y sus padres. Marc Parrot, que está realizando una gira de 50 años de la nova cançó, interpretó cuatro canciones. La gente les aplaudió a rabiar y disfrutó de lo lindo. Al final, Eva Armisén sacó su caja de rotuladores y empezó a firmar. Sus dibujos, sus niñas y sus niños, con vergüenza o con miedo, o tal vez enamorados, la miraban con auténtico embeleso desde su lugar en las paredes. En la foto, vemos a Marc Parrot y a Eva Armisén con su libro en la mano.]

 

 

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