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DIARIO DEL MUNDIAL / 22

DIARIO DEL MUNDIAL // El elegante Joachin Löw califica a los jugadores de España como “los maestros del juego”. Holanda, más pragmática que brillante, urde una alianza con el destino.

 

 

España deberá

burlar al tapado

del destino

 

Joachim Löw ha explicado la clave de la derrota de Alemania: España juega el fútbol más bonito del mundo en este momento, basado en la circulación de balón, la serenidad y la combinación casi automática de sus medios. Inteligente y generoso con el rival, Löw dijo que los suyos no habían estado tan bien como en días anteriores, echó en falta el fútbol vertical y el regate de Thomas Müller, y subrayó que le habría gustado que España marcase en una de sus primorosas jugadas más que en ese remate de furia y convicción de Carles Puyol. Al gran nivel de todo el conjunto de Del Bosque, hay que añadirle un elemento desestabilizador: la clase del menudo Pedro Rodríguez, un futbolista tocado por la gracia que se mueve entre líneas, que desborda con las dos piernas y que siempre encontraba a Xavi. Lo buscaba y lo encontraba, se buscaban y se hallaban, y, ahí, entre los defensas y los dos medios centros, realizó una tarea increíble: presionó, no se arrugó y se lanzó al ataque con un descaro inusual de un debutante. Incluso su fallo se ha magnificado más por eso: su partido fue tan extraordinario que parecía impropia de él esa tentación de rizar el rizo para cerrar el marcador. Él fue la figura en medio de un equipo de figuras, de artistas del oficio del gol.

Xavi, el maestro del pase, el hombre que ve el fútbol mejor que nadie, acabó recibiendo el trofeo al más jugador de la inolvidable semifinal y se coloca, a la altura de Villa, de Sneijder y de Robben para ser el mejor futbolista del Mundial. Hay otro medio español que enamora partido tras partido: Sergio Busquets, el pilar de contención que ha hecho olvidar a Marcos Senna. El preparador lo ha piropeado más a que a nadie: es el bastión, el jugador táctico, el asistente de infinita calidad que lo hace todo bien. Rasea el balón, corta, reparte y se proyecta hacia arriba. Es un auténtico pulmón a la vieja usanza, un veterano de apenas 21 años, la primera referencia de Piqué y el lugarteniente de Xavi. El domingo se va a necesitar su inteligencia para parar la movilidad y la estampida de Sneijder.

El fútbol mundial le debe un título a Holanda y los holandeses, que no estuvieron brillantes ante los uruguayos, quieren cobrar la deuda que han dejado en el aire Cruyff y sus múltiples vástagos. Pero España no debe pensar en ello ni en las profecías del pulpo. Holanda ya anunció ante Uruguay cómo va a jugar: con reservas, armándose atrás, y encomendándose a sus tres figuras: Robben, Sneijder y Van Persie, sin desdeñar el trabajo de Kuyt, que está realizando un torneo asombroso en compromiso y en sacrificio. Creo que nadie le había visto correr tanto nunca. Le ganó la batalla a Maicon a base de músculo y arrojo.

Holanda no es un equipo seductor, pero es muy práctico y tiene pegada. Defiende con solvencia y busca el contragolpe: Arjen Robben, en esa misión, es un auténtico peligro. Es el maestro del gambeteo, el heredero de Rensenbrink y de Pat Keizer, un extremo a pie cambiado, una tradición muy holandesa, que siempre busca la profundidad. Acuchilla los espacios, se muestra egocéntrico en ocasiones hasta el paroxismo casi, pero a la vez desborda muy bien hacia la media luna, y ahí, dribling tras dribling, encuentra el plantío natural para disparar a gol. Es un extremo vibrante que no desfallece, salvó este año la vida a Louis Van Gaal en el Bayern Munich, y tiene gol: con la pierna o con la cabeza. El tercer tanto ante Uruguay define su peligrosidad: el extremo se alzó por los aires, marcó todos los tiempos de un ariete clásico y ajustó el balón allá donde Muslera no iba a poder llegar ni siquiera volando.

En un equipo así, trabajado línea a línea, Robben es el artista. El hombre que improvisa. El galgo incesante. Y por atrás, basculando hacia derecha e izquierda, llega Sneijder, un centrocampista de muchos recursos: dirige, avanza, posee gol y astucia, y tiene una extraña habilidad para colarse, diminuto y vivaz, entre los defensas más altos. Así sentenció a Brasil. Con un toque ajustado que sorteó un revoltijo de piernas, le dio alas a Holanda ante Uruguay. Además, como le sucede a Diego Forlán, tiene un pacto secreto con el ‘jabulani’: quizá nadie sepa impactar en ese balón imposible como él. Holanda es un equipo antes que una constelación de figuras. Peleón y pragmático, sabe esperar y atacar en el momento oportuno. Posee otros rasgos de mérito: es agresivo y rara vez se rinde.

España es superior. Sin duda. Exhibe el gran fútbol de una generación de oro. La exaltación del toque. Pero no debe llamarse a engaño: Holanda es el tapado del destino. Está ahí para saldar una deuda histórica. Villa tendrá que volver a marcar: la victoria española debe edificarse sobre el respeto más escrupuloso y “la maestría del juego”, como dice Löw.

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