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CARTA DESDE EL OTRO LADO DEL OCÉANO CON PAUL BOWLES DE FONDO

Pau Llanes, el hombre que un día fue otro, entra en el blog, como habéis podido leer, y escribe lo siguiente:

 

 Hace ahora diecisiete años que visité y me encontré por primera vez en la melancólica Tánger con Paul Bowles, el viejo maricón de las manos blancas y pómulos sonrosados —por supuesto no soy homófobo; a Paul le gustaba presentarse así, nos provocaba haciéndolo, y yo respeto sus adjetivos. Entonces Bowles estaba terminando de corregir la partitura para su Salomé que presentó meses después… Hablamos de Salomé, del drama que escribió Oscar Wilde basándose en dos pasajes bíblicos que se refieren a ella y a Juan “El Bautista” —representado en el drama “wildeano” por la figura del profeta Jokanaan—, y en los cuadros sobre la “pérfida” Salomé que pintó Gustave Moreau. Luego este drama fue adaptado casi sin variaciones por Richard Strauss para componer su ópera Salomé, que es una de mis favoritas, sobre todo la versión de Georg Solti de 1962 dirigiendo la Filarmónica de Viena, con Birgit Nilsson, Eberhard Wächter, Gerhard Stolze y Waldemar Kmentt interpretando sus personajes principales…


Pero volvamos con Paul Bowles y su literatura… De vez en cuando releo páginas escogidas de uno de sus mejores libros, seguramente el más popular de todos, al que te refieres a través de su película: El cielo protector… ¿Recuerdas a Port, uno de los personajes protagonistas de la novela y sus siempre enigmáticas palabras? ¿En la película, al mismo Bowles dirigiéndose a la cámara en el viejo café de Tánger, en penumbra?



Port había dicho: “La muerte está siempre en camino, pero el hecho de que no sepamos cuándo llega parece suprimir la finitud de la vida. Lo que tanto odiamos es esa precisión terrible. Pero como no sabemos, llegamos a pensar que la vida es un pozo inagotable. Sin embargo, todas las cosas ocurren sólo un cierto número de veces, en realidad muy pocas”…

-Ves, Antón, qué cosas tiene la vida… Pasamos media vida esperando y cuando por fin llega lo que tenía que llegar tenemos miedo ese día y dejamos pasar nuestro hilo de plata… Media vida esperando y la otra mitad, indeterminada, cuesta abajo, recordando arrepentidos…

Saludos desde el otro lado del océano. Pau

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antoncastro

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