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ROBERT CAPA EN BILBAO

Leyenda de amor y guerra de un fotógrafo

 

Mikel Begoña e Iñaket publican ‘Tristísima ceniza. Un tebeo de Robert Capa en Bilbao’ que recrea, también, la apasionada historia del fotorreportero con Gerda Taro, aplastada por una tanqueta en Brunete

 

 

 

Robert Capa (Hungría, 1913-Indochina, 1954) es el fotógrafo más famoso de todos los tiempos. Fue un aventurero comprometido y vitalista que estuvo en algunos de los lugares donde se jugaba el partido de la libertad: en la Guerra Civil española, en la Segunda Guerra Mundial, especialmente en el Desembarco de Normandía, y en otros muchos lugares donde hervían los conflictos, hasta tal punto que fue víctima de una mina antipersonal en Indochina. Siempre fue un hombre especial: carismático, seductor e inagotable que fundaría la agencia Magnum en 1947 con Henri Cartier-Bresson, George Rodgers y David Seymour ‘Chim’, entre otros.

A Ernest Endré Friedmann lo transformó en “el famoso fotógrafo norteamericano Robert Capa” una mujer, Gerda Taro, el amor de su vida, a la que perdería en Brunete, en 1937, aplastada por una tanqueta. Acababan de separarse en sus misiones: ella partió a Barcelona y acabó en Madrid; él se trasladó a Bilbao, luego estaría en Belchite y más tarde, en aquel invierno inolvidable de nevadas inmemoriales, captaría la batalla de Teruel. Como detalles que redondean su mito, Capa antes de ser Capa trabajó con Eva Besnyo, con André Kertész, conoció a Kati Horna, con la que coincidió en la guerra española, y tuvo una historia de amor con Ingrid Bergman que duró casi tres años. Y otra, más fugaz, con Hedy Lamarr.

Cuando Mikel Begoña empezó a fijarse en él para escribir el guión del cómic ‘Tristísima ceniza. Un tebeo de Robert Capa en Bilbao’ (Norma, 2011), recuerda, con ironía y gracia, que “se nos puso un poco terco (…) por los muchos compromisos y compromisos que últimamente le avasallaban. Que si más memorias, que si una película, que si algún romantiquísimo best-seller, más alguna acusación de falsificación de fotografías. Los compromisos sociales persiguen a Capa a perpetuidad”. Pese a ello, Mikel Begoña se atrevió a investigar la vida del fotógrafo durante su estancia en Bilbao durante la batalla de Sollube en mayo de 1937.

El azar y los datos acudieron en la ayuda de Mikel Begoña y del dibujante Iñaket porque descubrieron otros personajes claves. Además de Capa, por supuesto Gerda Taro, cuya ausencia había sumido al fotógrafo en una crisis o cuando menos en un estado de melancolía. Las diversas biografías de Capa y Gerda revelan que ambos tenían otros escarceos amorosos, sobre todo Gerda que quería ser una mujer libre y rechazó en varias ocasiones la propuesta de matrimonio. Pero también se encontraron con la ya citada fotógrafa Kati Horna, que se casó con el dibujante español José Horna y que captó la desolada plaza del Torico tomada por tanquetas tras una secuencia de la batalla; se encontraron con Esther Zibelberg, que trabajó de enfermera en el Batallón Perezagua, fue herida y luego colaboró con la revista ‘Mujeres’ con el seudónimo Juanita Lefévre.

Se encontraron con el combatiente Francisco Artasánchez que, tras la derrota del bando republicano en Sollube, huyó a Gibraltar y luego a Uruguay. Y también descubrieron la figura de Luis Lezama, que pertenecía a la burguesía antifascista vasca: combatió, perdió, fue atrapado, condenado a muerte y finalmente logró huir por el monte.

Estos serían los personajes del drama, así como otros soldados anónimos de los dos bandos. Con todo ello, y con las distintas crónicas de los hechos (el ejército republicano estuvo aquí muy desasistido y dio por perdido el combate antes de tiempo: sería cruelmente vapuleado), Mikel Begoña e Iñaket componen una nueva mirada sobre la Guerra Civil, poco después del bombardeo de Guernica, y sobre un personaje como Robert Capa, que tenía mucho cariño a España: aquí alcanzó renombre, captó todas las trifulcas –Bilbao, Barcelona, Belchite, Teruel, Frente de Aragón y batalla del Ebro…-, aquí perdió a su gran amor (hecho del que derivó un cierto complejo de culpa), aquí coincidió con Ernest Hemingway, que también aparece contando historias e historias sin parar (entre ellas, una en la que ataca a José Robles Pazos, el traductor de John dos Passos, que protagonizó el recomendable libro ‘Enterrar a los muertos’ (Seix Barral, 2005) de Ignacio Martínez de Pisón).

‘Tristísima ceniza’ es, sobre todo, una historia coral de desgarros y enfrentamientos, resuelta en tonos blancos y azules, una historia con muchos matices –temáticos, de estructura narrativa y visual, de aventuras casi imposibles por tierra, por mar y por aire, temporales y de personajes- que ofrece otra mirada sobre los ecos del golpe de Estado de 1936, que aún sigue alimentando corrientes de tinta, de debate y de confrontación. El libro contiene varios apéndices, uno con los personajes y otro dedicado a las tres misteriosas cajas de bombones con los negativos perdidos del Capa.

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antoncastro

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