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PEPO PAZ: HECHIZO DE INFANCIA

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AMELIE GALUP: RECUERDOS DE UNA

INFANCIA EN CARRETILLA

La infancia es el reino de las maravillas. Cualquier pequeño gesto puede convertirse en una aventura inolvidable. De niño me fascinaban los carretillos, las carretillas. A veces teníamos uno en casa, a veces los traían los albañiles. Y uno de aquellos juegos tan elementales como el viento era cuando un mayor te daba una vuelta. He visto esta foto de Amelie Galup (1856-1943), una fotógrafa francesa clásica, esta estampa enmarcada en la atmósfera de la casa, y me he acordado de la infancia en Santa Mariña de Lañas, en Arteixo, de las obras a las que íbamos a fumar y, muy especialmente, de aquellos viajes en carretilla que tenía el sabor y la leyenda de la primera aventura.

                                                                                      

Publico este pequeño texto en mi facebook, y Pepo Paz, el editor de Bartleby, viajero incansable y experto en gastronomía, cuenta esta bonita historia.

 

LAS CÁRCAVAS

Por Pepo PAZ

Una amiga me ha pedido, con insistencia, que cuelgue una foto mía en el perfil del blog. Acepto el reto: la de la izquierda es una foto que he rescatado esta mañana entre un montón de ajadas y amarillentas imágenes. Esas fotos reconstruyen la memoria de lo que soy y fui. En ella puede verse a mi abuelo paterno transportando en su carretilla a seis niños. El primero por la izquierda soy yo. La niña de la derecha, mi hermana. No reconozco a nadie más. Está tomada en Las Cárcavas, un poblado de chabolas y viviendas inverosímiles que se levantaba hace mucho tiempo más allá del pueblo de Hortaleza (cuando Hortaleza todavía era pueblo y en Madrid tenían cabida los descampados y, por febrero, florecían prematuramente los árboles). Para llegar hasta la casa de mi abuelo, que era carpintero como lo había sido su padre y que, como su padre, también perdió la guerra y la fortuna y nunca quiso que le hicieramos un funeral, se cruzaban las vías del tren por un puente de piedra que había junto a la fábrica de vinos Savin y luego se recorría un camino de tierra que, con las lluvias, se volvía impracticable. Ir desde nuestra casa en Pueblo Nuevo hasta Las Cárcavas era toda una aventura para un pequeño de apenas dos o tres años.

Hoy todavía lo sigue siendo, aunque por razones muy distintas: hay que atravesar la M-40, las vías del tren y adentrarse en un entramado de calles pespunteadas de chalecitos y casas bajas (algunas de la época en que se tomó esta foto). El tiempo transcurrido me impide situar con exactitud dónde se alzaba la casa de mi abuelo, esa casa de hojalata y su terreno vallado que malvendió para comprarse un piso con dos habitaciones en Fuenlabrada a finales de los años setenta y de cuya venta sólo consiguió hacer efectiva una mísera letra. Ignoro a quién pertenecerá ahora el chalet construido sobre el terreno impagado a mi abuelo y a su mujer. Robado en silencio. Primitiva ingeniería financiera.

 

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antoncastro

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