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GOYA Y SU NIETO MARIANITO GOYA

HISTORIA DE TRES LIENZOS DE GOYA A SU NIETO MARIANO GOYA

 

[El retrato de Mariano Goya, que habría realizado Francisco de Goya en 1827, fue subastado ayer por Sotheby’s en Nueva York pero no ha podido ser vendido. Sobre él, como sobre él de 1813-1815 pesan “las dudas fundadas” del Prado acerca de su atribución]

 

Francisco de Goya (Fuendetodos, 1746-Burdeos, 1828) siempre tuvo una gran debilidad por su nieto Marianito, hijo de Javier Goya y de Gumersinda Goicoechea, que nació en 1806 y falleció en 1874. Lo retrató, según se ha considerado siempre, en tres ocasiones: hacia 1810, cuando contaba entre cuatro años (una estudiosa como Jesusa Vega cree que en realidad era más pequeño, de apenas tres años); entre 1813-1815, en uno de los cuadros que durante mucho tiempo se consideró “una de las obras más genuinas del artista”, y en 1827, en su último viaje a Madrid, cuando había rebasado los 80 años.

Ese cuadro salió ayer a subasta en Nueva York en la galería Sotheby’s, con un precio de partida que rondaba los cinco millones de euros pero no se vendió. Curiosamente, dentro esa rueda de atribuciones y desatribuciones en la que se ha sumergido el Museo del Prado en los últimos años, a través de la conservadora de la pintura del siglo XVIII Manuela B. Mena, la Pinacoteca Nacional solo ve como «seguro» el primero como original del pintor aragonés.

Con declaraciones e informes más o menos explícitas, los dos han sido descartados: el ‘Mariano Goya’ de 1813-1815 lleva una inscripción, «Goya a su nieto», y pertenece al Duque de Alburquerque, que lo tuvo en depósito en El Prado durante dieciocho años; el Museo lo expuso y lo prestó para algunas exposiciones específicas. Distintos expertos lo defendieron como una de las obras más logradas de Goya, sobre todo en el campo del retrato infantil. Por ejemplo, el profesor zaragozano Julián Gállego dijo: «Se trata, en mi opinión, de uno de los retratos infantiles más hermosos de toda la pintura europea (…) No puede ser sino de Goya, en su mejor momento». Lafuente Ferrari dijo que en ese cuadro «Goya puso lo mejor de sí mismo» y otro experto como Nigel Glendinning aseguraba que «es un retrato de familia. Íntimo, espontáneo y personal. Hay rasgos muy típicos del estilo de Goya en esta obra».

El entonces Director del Museo del Prado Alfonso Pérez Sánchez logró que se le considerase BIC (Bien de Interés Cultural) y promovió su adquisición. Hacia 1993, cuando el Prado recibió un importante legado, se hizo una oferta formal por él de algo más de cuatro millones de euros. Manuela B. Mena dijo entonces que tenía  «dudas muy fundadas» de que fuese de Goya. Se paró el proceso de compra, en medio de la perplejidad y de la sorpresa de sus dueños y de los propios consejeros del Prado, y con la ambigüedad del propio Pérez Sánchez, que había cambiado de postura.

Ante ese estado de cosas, el nuevo director, Felipe Garín le pidió a Mena un informe minucioso; lo entregó tres años después, en julio de 1996, y constaba de algo más de una veintena de folios, donde cuestionaba «la procedencia, el soporte y su inscripción, la composición y la técnica» del lienzo.

Mena contó, además, con el apoyo inmediato de Juliet Wilson-Bureau, que por entonces organizaba con ella la muestra ‘El capricho y la invención’. Afirmó también que el retrato del niño, con la partitura de música, no era de Goya. El nuevo Duque de Albuquerque Ioannes Osorio (el anterior, Beltrán de Osorio, falleció en 1994) lo retiró del Prado y lo dejó en la caja fuerte de un banco. Algún tiempo después, casi una década, en 2003, la Academia de Bellas Artes de San Fernando se propuso adquirirlo y ofreció 600.000 euros, según contaba el domingo el diario ABC en una exhaustiva información. La Academia contaba con el apoyo de informes y escritos muy favorables de Sánchez Cantón, Gassier, Jeannine Baticle, Jesusa Vega o los ya citados Lafuente Ferrari, Gállego o Glendinning. Entonces el ducado rehusó la operación. Y ahora el cuadro se encuentra en el limbo. Es un cuadro BIC y sin embargo dicen que no es de Goya. No puede salir de España. Eso sí, los propietarios del lienzo no han recibido el informe de Manuela B. Mena ni tampoco una carta formal que niegue la autoría de Goya.

Algún tiempo después, Manuela Mena deslizaría otra descorazonadora observación en el catálogo de la exposición ‘Goya en tiempos de guerra’ de 2008. Allí sostiene que el primer retrato, el de 1810, que pertenece al marqués de Larios, «es el único retrato seguro que se conoce de Mariano Goya». Lo cual también arrojaba algunas dudas sobre la puja de ayer. El cuadro ‘Mariano Goya’ (1827) que subastó Sotheby’s, y que perteneció al coleccionista griego George Embiricos (lo adquirió en 1954), tampoco sería del pintor aragonés, aunque hubiera escrito el artista: «Goya a su nieto en 1827 a los 81 años de edad». Al respecto, por ahora, no existe un informe exhaustivo o conocido que explique por qué este lienzo de 52 x 41 -que representa a un joven elegante y apuesto, de aspecto romántico que tiene una cicatriz en la mejilla- no lo pintó Goya.

La vida fue generosa con el nieto más amado de Goya, pero parece que Mariano Goya no supo aprovechar todas las oportunidades que le había dado la suerte. Su abuelo hizo un duro y último viaje para retratarlo, y murió poco después. Tras diversos negocios de minas y de bancas, intentó adquirir un título nobiliario, el de marqués del Espinar, y se casó dos veces. Se caracterizó por la frivolidad, la inconsciencia y el despilfarro. Ahora, tanto años después de muerto, Marianito Goya “debe” remontar otra incómoda disyuntiva: ¿quién podría haber pintado esos dos cuadros que siempre habíamos pensado, con aparente fundamento, que eran de Goya, su abuelo tan amado?

 

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