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ANA MUÑOZ: DE POESÍA Y MÚSICA

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[Ana Muñoz (nacida en Cuenca en 1987, pero residente en Teruel y ahora en Zaragoza) ha publicado ’Al final. Cancionero’, una selección de los temas que tocó con Louisiana (Luis Cebrián era uno de los líderes de la banda), con tres poemas más. El libro se presentaba ayer en Antígona, con Jesús Jiménez Domínguez, poeta, y Virginia Martínez Sainz, presentadora de televisión.]

 

‘Al final. Cancionero’, título del libro, ¿es una alusión al fin del grupo musical Louisiana, al fin de un proyecto, de un sueño? 

Me gusta ese nombre por su eufonía y porque es casi simétrico. Me lo propuso mi padre, que es fan de la palindromía, de los juegos de palabras. Él no suele opinar sobre estas cosas y desconocía mi intención de abrir el cancionero con una cita que dice: "Cuando no sepas qué hacer, invéntate un final". Es de Luis Cebrián. Por eso me gustó doblemente. Se trata de un sintagma que puede tener un valor espacial, temporal, incluso modal. Además, la primera canción que grabamos, cuando tampoco Louisiana teníamos nombre, se llamó "Al final".

Como dices, hace alusión al final de un proyecto, es un punto de llegada y el futuro de todo lo demás.

¿Cuál sería el balance de esos cuatro años de música? 

Aunque fui yo quien decidió dejar Louisiana, nunca podré afirmar, incurra o no en una contradicción, que el balance sea negativo, pues Louisiana supuso un cambio muy deseado en mi vida y me alegro de que así ocurriera.

Fueron cuatro años muy intensos en los que invertimos casi todo nuestro tiempo y también nuestras energías. Trabajamos mucho para cumplir un sueño que, de cumplirse, solo se cumple a base de mucha constancia, dedicación y entrega. Se avista potencialmente, siempre como algo en el horizonte, y se cumple a ras de suelo, paso a paso y poco a poco.

Ha pasado casi un año desde que dejé Louisiana y ahora solo quiero quedarme con las (innumerables) cosas buenas que hubo.

¿Cuál es tu propio balance personal como vocalista y letrista? ¿Qué has aprendido?

En Louisiana aprendí cuanto sé, que no es nada, pero es más de lo que sabía cuando empecé. Hasta entonces, aunque había anhelado dar salida a las canciones que iba componiendo, no las había compartido con nadie. Y cuando se comparte es también cuando se aprende. Hasta entonces, decía, no me había expuesto a que gustaran o no y, de hecho, Luis creyó en mí y me tomó en serio como compositora en un momento en que quizá mi proyecto pudo parecer el capricho repentino de una poeta con ganas de lucir vestido y tacones.

Como miembro de Louisiana, aprendí asimismo a escuchar y a no escuchar, a estar callada y a hacerme oír, a decir que no y a decir que sí, a tomar decisiones importantes y a decir “Hasta aquí”.

¿Qué diferencia hay entre tus canciones y los poemas para un libro?

¡Mucha!, quizá porque el proceso de creación es, en mi caso, muy distinto. Por eso he querido puntualizar que el libro no es un poemario, aunque contenga tres poemas, sino un cancionero.

Para componer una canción, también me sirvo de la palabra, pero desde el principio, y cada vez más, la música se impone, ella manda: una sucesión de acordes, una estructura armónica, un simple motivo… Nunca he escrito la letra de una canción separada de mi guitarra, si bien es cierto que suelo apoyarme en un verso para comenzar a canturrear, a emitir las primeras notas de la melodía.

Por otra parte, en la poesía intento evitar la rima, mientras que, si se trata de canciones, he llegado ¡incluso! a buscar la consonante J. En la música me permito una serie de recursos estilísticos de los que intento no abusar cuando lo que tengo entre manos es un poema, como las paronomasias, las similicadencias... y otros juegos de palabras. Puede que, en ese sentido, resulten más ligeras o lúdicas que un poema. En la poesía trato de hacer sucesivas abstracciones de la realidad, algo que no me resulta tan necesario con las canciones.

Paradójicamente o no, me preocupa más la musicalidad en una letra de canción que en un poema.

En cualquier caso, si algo tienen en común ambos procesos, es que necesito silencio, soledad y tiempo.

¿Cómo definirías tus letras?

Mmmm…, como en la respuesta anterior me he extendido un poco más de la cuenta, en esta seré breve y solo diré que la definición se completa fuera del libro, tocando.

Podríamos decir que el tema más constante es el amor y sus alrededores: la pasión, la ausencia, la distancia, los equívocos, los sueños compartidos...

Siempre que me expongo como escritora o como música, quiero decir, siempre que muestro algo de lo que hago, pienso que puede no interesar a nadie.

No obstante, lo que me conmueve y me mueve es lo mismo que a casi todas las personas: la angustia por el paso del tiempo, la ausencia, el desamor, la distancia, el miedo a la enfermedad y a la pérdida, la soledad… Por eso nos emocionamos e identificamos con desconocidos que hacen cosas y las muestran.

A mí, te lo prometo, el exhibicionismo me da pánico. Pero… mira.

Dices, por ejemplo, “comimos cerezas / hasta emparejar / todos los huesos, / porque el miedo es impar”... Coméntame estos versos, este poema ‘H Muda’.

Esta letra es bastante explícita, aunque pueda parecer “críptica” o “hermética” en una primera escucha (lectura). Se trata de una de las canciones a las que más cariño tengo por la vivencia que la motivó, por el recuerdo que me une a ella y por lo que ahora me vincula a su prota. Apenas llegué a interpretarla con Louisiana y es una de las poquitas que he recuperado.

La letra habla sobre una noche de verano en la que comí cerezas en compañía y fui valiente J.

¿De qué canción querría ser protagonista Ana Muñoz?

Ufff…, ¡qué complicado! No me importaría ser protagonista de una canción que nunca hubiera escuchado, que sonara fresca y a nuevo, y que me sorprendiera.

Cuando compongo una canción con amor y cariño, pienso que es una suerte que alguien haga eso por ti, aunque el resultado sea un “truño” de canción, con perdón. Debe de ser bonito ser prota de ello.

Hay un poema, quizá el más complejo del conjunto, que se llama ‘Pintora nocturna. Caminos del espejo’, que lleva una nota de Sylvia Plath, a quien le dedicas otro texto. ¿Cómo surge y qué significa esta escritora para ti?

Cuando publiqué Solo para la noche, un pequeño librito de poemas, fue una autora con quien se me comparó. Digamos que se establecieron algunas correspondencias. Yo tenía una imagen suya bastante distorsionada por el mito que trágicamente ha venido trascendiendo hasta nuestros días y no me hacía gracia convertirme en una poeta maldita.

La curiosidad me llevó a querer redescubrirla como poeta, más allá del estereotipo, que encorseta, limita y considero injusto. Sylvia Plath fue una escritora inmensa y de una gran riqueza creadora, no solo aquella mujer bipolar, esposa de Ted Hughes, que se suicidó introduciendo su cabeza en un horno después de preparar el desayuno a sus hijos.

Ese redescubrimiento me trajo cosas buenas, como el hecho de colaborar en una canción de Copiloto, que lleva sus siglas, “SP”, y que es luminosa y positiva. Una segunda oportunidad para lo que se haya interpretado como tara.

Hay un continuo juego de palabras en los títulos. ¿Por qué?

 Uy… J. En las canciones, me sucede que debo concentrar mucho el contenido, el mensaje. Tengo que meter la tijera y quitar versos para que no duren ocho o diez minutos  (¡aunque no me importaría hacer pop progresivo!).

Por eso, los títulos me ayudan a completar el sentido. Creo que los títulos son importantes, tanto como el resto de la canción. Sin pasarse, pero pienso que deben sugerir algo, dar pistas.

¿Por qué este libro está ilustrado por Jorge Fuembuena, Lucía Bailo y Víctor Montalbán? ¿Qué querías lograr?

Sebas Puente (Tachenko), que también escribe poesía, me dio una primera idea que seguidamente fue completada por Jesús Jiménez Domínguez, un poeta que me fascina. Nos pareció que era una manera atractiva e interesante de vestir las letras, ya que iban a publicarse desnudas de melodía.

La elección de estos tres artistas no fue casual porque, de un modo u otro, estuvieron cerca de Louisiana en las distintas etapas en que se divide el cancionero. Jorge Fuembuena nos cedió una imagen preciosa para la portada del disco, Víctor Montalbán diseñó varios carteles minimalistas y originalísimos y Lucía Bailón apareció al final, y se convirtió en mi amiga.

En cualquier caso, Louisiana contamos asimismo con gente como Gustaff Choos o Beatriz Pitarch, a los que cabe recordar.

¿Cómo te planteas tu futuro en la música? ¿Preparas nuevas canciones?

 Sí. Después de un año larrrgo y, aunque hasta septiembre u octubre no presente nada nuevo “oficialmente”, este verano comenzaré a ofrecer mis primeros conciertos en solitario. He echado mucho de menos los escenarios durante estos meses de hastío. Llega un punto en que incluso los sientes lejanos, como pertenecientes a una vida que ya ha pasado y que no volverá, y se te pasa por la cabeza resignarte a llevar la vida de antes. Pero, aunque he comprobado que se puede malvivir de esa forma, necesito volver a sentir el “chute” que proporciona un directo.

Componer y tocar en mi habitación está bien: algo me inquieta, busco en la guitarra, encuentro una canción que me reconforta…, me desahogo. Parece que el círculo se cierra en ese punto. Pero cada concierto es una experiencia que se sitúa fuera de cualquier esfera. Es animal, es bestia, es visceral. Es cuando más comunicación o conexión siento conmigo misma y con los demás. Y me siento libre.

Además, en los conciertos se comparte y eso está bien.

¿Con quién vas a trabajar?

Aunque pretendo que sea un proyecto en solitario, he comenzado a trabajar con músicos porque no quiero prescindir de una banda, cuando se pueda tocar con ella. Me remito a lo mismo de antes: para alguien como yo, que tiendo al aislamiento y que paso mucho tiempo sola, compartir es importante. Los músicos que formarán parte de mi banda son personas a las que admiro y aprecio, de las que creo que aprenderé mucho.

Independientemente de esto, seguiré colaborando con Jorge, de El Verbo Odiado, un proyecto delicioso. Y también con algunos artistas y grupos que se han acordado de mí y han querido contar conmigo en este tiempo. El resultado se verá más adelante.

¿Cómo se plantea una mujer joven como tú todos los problemas derivados de la crisis? ¿Cómo lo estás viviendo?

Es un drama. Creo que los jóvenes somos más afortunados ahora que aquellos que debieron marcharse hace años. Nuestra generación sabe varios idiomas, se maneja bien con las nuevas tecnologías, ha viajado más…, en teoría. Pero sigue siendo un drama. Entre amigos y conocidos, observo que, generalmente, la emigración puede vivirse como una aventura, como algo coyuntural, como si fuera “un segundo Erasmus”. Aunque la realidad es otra. Me gustaría que, al menos, tuviéramos la oportunidad de elegir quedarnos o no  en España. Que los jóvenes, sean “talentos” o no, se vean obligados a marcharse, para mí es un drama de dimensiones inconmensurables.

Eso en cuanto al éxodo.

La evidencia de que quienes gobiernan recorten en Cultura, Educación, Investigaciones Científicas o Sanidad, que es lo básico y lo más importante para el ser humano, demuestra que la historia es cíclica y no lineal, que los poderosos no aprenden de los errores del pasado y que los repetimos hasta la náusea. No sé cómo duermen tranquilos.

No interesa “crear” individuos con capacidad de reflexión,  que sepan adoptar una actitud crítica y de continua interrogación sobre la realidad que los asedia. Prima la programación de seres que no se cuestionen nada, que no piensen, que no den problemas. Que produzcan desde la alienación. ¡Que vuelva Giner de los Ríos!

Me dan miedo el capitalismo y el hecho de que todo apunte a la desaparición de la clase media. Me da miedo que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Me da miedo esta crisis de valores. Me dan pavor la frivolidad suministrada como sedante y el letargo.

¡Y que nos lo creamos!

En fin, es un discurso que otros enuncian mucho mejor que yo. A mí me preocupa mucho y, como creadora (si se me permite considerarme una), lo vivo en primera persona. Esta situación está siendo especialmente agresiva con el arte.

¿Quiénes son tus referentes en la literatura y en la música?

Yo admiro la sabiduría y la templanza por encima de todas las cosas. Me gustan mucho los creadores que no se precipitan en su carrera por obtener más proyección mediática o por llegar antes a alguna parte que solo ellos saben. Admiro a gente cercana y generosa, a quien hace sencillo lo sencillo: eso, en el arte como en la vida, es muy complicado.

 

*La primera foto es de Lucía Bailón.

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