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ANTONIO SERRANO CUETO: MICROS

 

Antonio Serrano Cueto, gaditano y experto en lenguas clásicas, es poeta y narrador. Domina como pocos el microrrelato. Hoy tiene la cortesía de enviarme tres cuentos breves que tienen su sello, su sentido poético, su ironía, su energía expresiva y narrativa.

 


Textos: Antonio SERRANO CUETO  I

LA ESTACIÓN DE LAS NIDADAS

 

Mis amigos Sonia y Javier acordaron poner fin a una década de vida conyugal el día en que descubrieron excrementos de murciélago bajo la cama del dormitorio. Hasta entonces habían anidado en la habitación matrimonial numerosas parejas de aves de albo plumaje, que, según las estaciones del año, alternaban sus estancias o compartían el mismo hábitat en armoniosa y gárrula convivencia.

Las primeras en aparecer fueron las ocas canadienses, tras un vuelo transoceánico que las dejó exhaustas. Pese a que en la casa reinaba el clima mediterráneo, las ocas se adaptaron con admirable prontitud y el hogar no tardó en llenarse de graznidos sagrados. Antes de emigrar hacia otras latitudes con sus crías, aún coincidieron durante una corta etapa con un par de flamencos —garbosa estampa como ninguna— que se instalaron junto a la cómoda de caoba.

Después llegaron hermanados en el cielo los cisnes y las cigüeñas. Traían haces de ramas secas en los picos para la fábrica de los nidos. Los cisnes escogieron la mesilla de noche del lado de Sonia, mientras que las cigüeñas aplicaban barro y paja en los brazos de la lámpara del techo crotorando sin descanso.

La estancia más tumultuosa fue sin duda la de las palomas, de suyo tan inquietas y volubles. Se acomodaron en una estantería junto al armario y en pocas jornadas la hembra empollaba dos huevos. Apenas las crías empezaron a volar con autonomía, la familia levantó el vuelo en dirección a los aleros de la iglesia próxima, atalaya excelente para controlar la llegada a la plaza de los ancianos con bolsas de pan.

La última fase del matrimonio se caracterizó por la afluencia de las visitas internacionales, ya que estuvo presidida por una pareja de garzas reales procedentes de Venezuela, otra de cacatúas galeritas nativas de Oceanía y una tercera de pelícanos llegados desde la remota Mongolia.

Al marcharse todas las aves y quedar el dormitorio desierto, la armonía se quebró y Sonia y Javier aceptaron que su matrimonio había entrado en fase terminal. Porque en tanto había vida en los humedales y cantos en las ramas de la tupida arboleda, las desavenencias y el desapego crecientes reposaban sobre un lecho ilusorio, de albo y mullido plumaje.

’Zona de incertidumbre’

 

ENERGÚMENOS

En el alféizar de mi ventana duerme un energúmeno. Esta mañana me he levantado, he ido al baño, he vuelto a la habitación y, al asomarme por la ventana, zas, ahí estaba. Un energúmeno. Se preguntarán: ¿cómo sabe que es un energúmeno, si está dormido? Porque tienen dos rasgos que los definen y los delatan en la multitud: la cabeza pequeña y la boca enorme. Ya, ya sé que hay mucha gente así, pero al energúmeno lo ves venir. No hace falta más. Te dices: ése que viene por ahí es un energúmeno, y aciertas, y siempre tiene la cabeza pequeña y la boca enorme.

Vino solo, pero, como todo energúmeno es animal de compañía, ahora hay dos más durmiendo en el alféizar de mi ventana. Antes yo veía el jardín del parque, con su estanque, sus patos y sus columpios, pero ahora me asomo a la ventana y sólo veo a tres energúmenos durmientes. ¿Qué buscan en mi casa, si yo soy un ciudadano de vida gris y costumbres planas? Aunque, bien pensado, ¿por qué ha de esconder algún propósito el hecho de que tres energúmenos duerman ovillados en el alféizar de mi ventana?

Esta mañana se han sumado tres energúmenas, así que ya tengo completa la media docena. ¡Cómo se ha complicado todo! Con un energúmeno dormido en el alféizar se podía convivir, sin embargo ahora vivo asustado. Temo sobre todo que se despierten, follen sin parar y se reproduzcan. Imaginan, cientos de energumenitos pululando por el alféizar de mi ventana con sus cabezas pequeñas y sus bocas grandes. Por si acaso, he decidido dejar de regarlos.

 

’Fuera pijamas’, Barcelona, Ayuntamiento de Montcada-Debarris, 2011, p. 14.

 

IN & OUT

 

Como todos los días desde que lo inventaron, pasa las horas recostado sobre su oscuro lecho de plata. A pesar de que ha sabido ingeniárselas muy bien para sobrevivir en tan adversas condiciones, aceptando sin rechistar la soledad de su destino legendario, no ha logrado acostumbrarse a la terca adherencia de ese frío en la espalda. Tampoco a la sorda quietud dentro y fuera. Ahora todo está a punto de cambiar. De repente, una agitación violenta sacude el habitáculo como si se tratase de un sonajero en manos de un niño. Nuestro genial morador se golpea y queda magullado en el suelo, más expectante que temeroso. Entonces advierte que la temperatura comienza a subir en el interior. Es un calorcillo agradable y envolvente que parece emanar de las paredes. Más aún: es una caricia que le lleva a evocar el roce de los dedos amorosos de su madre en la remota piel de su infancia. Por primera vez siente que aquel recinto imperfecto es su hogar y, decidido a reconducir su vida intramuros, se lamenta de haber dedicado tantas horas a fabricar deseos para el caminante que lo liberase del encierro. Pero de pronto su felicidad se estrella contra las piedras tan bruscamente, que el genio no acierta a comprender qué está ocurriendo fuera de la lámpara.

 

’Fuera pijamas’, Barcelona, Ayuntamiento de Montcada-Debarris, 2011, p. 18.

 Tomo la foto de aquí:

http://www.kamane.lt/var/ezwebin_site/storage/images/spaudos-atgarsiai/photo-views/356594-1-eng-GB/PHOTO-VIEWS_imagelarge.jpg

 

-La segunda foto de Romualdas Rakauskas la tomo de aquí:

http://static.squarespace.com/static/510e844de4b0837c157cabb1/t/5141ecd5e4b01238136dda3a/1371293598946/Romualdas_Rakauskas-01-saloandseverine.jpeg

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