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LIBRO DE LOS TITIRITEROS

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QUÉ BELLO ES VIVIR. Los Tititireros de Binéfar aman su oficio: sueñan, crean espectáculos, seducen al público en el Teatro del Mercado y además divulgan su pasión por contar. Ahora publican ‘Oficio de titiriteros’.

 

La vida pendiente de un hilo

 

Los Tititireros de Binéfar, Pilar Amorós y Paco Paricio, dialogan con Joaquín Melguizo sobre su oficio en un libro

 

Antón CASTRO

Decir Navidad casi siempre supone decir y evocar a Los Titiriteros de Binéfar. Siempre están ahí, con el oficio por bandera, con la artesanía de los hilos o el guante, con la manufactura de los muñecos, dispuestos a contar y a embrujar con una historia. Este año lo están por partida doble, en sus funciones en el Teatro del Mercado, de nuevo, y con un libro que es como una autobiografía y a la vez un repaso a una disciplina teatral que ya aparecía en el Quijote (allí ya se cita al ‘trujamán’, el niño que ayuda al titiritero) y que entusiasmó, entre otros, a “intelectuales de la República” como Federico García Lorca o Rafael Dieste, pero también a Angelina Beloff, primera esposa del pintor muralista Diego Rivera, que redactó una monografía. Se trata de ‘Oficio de titiriteros’ (La Casa de los Títeres de Abizanda), un diálogo de Joaquín Melguizo, dramaturgo y crítico teatral de HERALDO, con Paco Paricio y Pilar Amorós, que son el embrión de la compañía, aunque ahora sus propias hijas Eva y Marta siguen en este arte de comunicar donde “los muñecos cobran vida”.

El libro tiene otra aportación singular complementaria: ofrece una pequeña y jugosa historia en imágenes de este género con carteles, dibujos, grabados, reproducción de páginas de periódico y de revista, portadas de libros, cuadros y fotografías, entre otras cosas, materiales que forman parte del archivo de la Casa de los Títeres de Abizanda, que ellos poseen y abren al público en verano.

Pilar Amorós dice que “un títere es un elemento que tiene una relación directa con la estética, es un elemento plástico con el que puedes jugar infinitamente (...) Es un intermediario. Independientemente de todo eso, el títere para mí ha sido la vida. Todo”. Y dice, medio en broma y medio en serio, que se enamoró de Paco “y primero tuve que enamorarme de los títeres. O al mismo tiempo, porque forman un todo”.

Como este es un libro repleto de historias y de viajes y de confidencias, Pilar Amorós recuerda los inicios de su compañero, aún adolescente, vinculados a Gerardo Duat, ‘Gerardini’, titiritero de San Esteban de la Litera. “Gerardo venía con su moto y su maleta llena de muñecos a un salón parroquial de Binéfar a ‘echar la comedia’. Necesitaba alguien que le moviera los muñecos y me ofrecí a ayudarle. Era muy joven, tendría entonces unos doce años”, dice Paco, y agrega que “el títere es el objeto posibilitador, (...) el títere es un objeto que comunica desde una perspectiva poética y mágica”. Lo vincula a la figura del chamán que lo mueve y subraya: “El títere sería el objeto que forma parte de un rito, el objeto que permite a la sociedad explicarse, interpretarse. Un exorcismo que saca fuera los miedos, los temores, que hace la crítica que comentaba Pilar. El títere libera todas esas energías, pero en el mismo tono en el que se cuenta un cuento a un niño...” Y algo más adelante resume: “El teatro de títeres es el rito mismo del teatro”, donde se pretende que el público acepte que el muñeco está vivo y que crea lo que se cuenta.

Los Titiriteros confiesan otra ambición, otra poética de trabajo: “cada vez que hacemos un espectáculo tenemos la esperanza de que sea un clásico”. Y parece que lo han logrado con montajes como ‘Dragoncio’, ‘El hombre cigüeña’, ‘La fábula de la raposa’, ‘Cómicos de la legua’ o ‘El bandido Cucaracha’, quizá el espectáculo del más que se habla. Dice Paco: “[Los niños] deben saber, por ejemplo, que el bandido Cucaracha mató a un hombre, se hizo bandido y al final lo mataron a él, pero que, a pesar de eso, era buena persona... Hace poco me preguntó una niña al acabar: ‘Pero, ¿quién es el bueno de esta historia?’. Parece simple, pero es una pregunta fundamental”.

La conversación continúa y continúa, con un Melguizo que interroga y aporta teoría teatral: se habla de la técnica (algo que les apasionan y que miman mucho), de la transgresión, de una “magia especial que se consigue aunando observaciones, esfuerzos, intuiciones, trabajo y oficio”. A veces, la actualidad asoma a una función como ‘Retablo de Navidad’, donde decían los diablillos: “Eres más malo que la Merkel”. Eso sí, Pilar y Paco tienen otra premisa: quieren hacer funciones para todos, para el buen público de cualquier edad.

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