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PROCESO CREADOR DE PILAR BURGES

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LECTURAS. VERANO 2015. PILAR BURGES

 

El proceso vital y creador de María Pilar Burges

 

Historia de una pintora moderna y goyesca que contará con un museo en Fayón

 

María Pilar Burges (Zaragoza, 1928-2008) fue una mujer de lemas y de aforismos. En una de las paredes de su casa, con vistas al paseo de la Independencia, podía leerse la cita de Borges: «No hay otra virtud que ser valiente». Ella lo fue. O quiso serlo: una mujer atrevida, moderna, con ideales, deportista, espléndida nadadora. Adoraba a su padre, Juan Antonio Burges, que había sido saltador de pértiga y cofundador del Iberia, pero además había protegido a jóvenes boxeadores y financiado al cantador de jota José Oto. Y su madre era una gran lectora, que se desvivía con la aviación y con las novelas y ensayos de Simone de Beauvoir.

Un día, el padre la invitó al Teatro Principal a ver una función de ballet de ‘El lago de los cisnes’ y Pilar realizó una serie de dibujos que lo deslumbraron. La llevó a las clases de dibujo y publicidad que impartía Manuel Bayo Marín. Aprendió a rotular, a componer y el arte de la paciencia. La belleza nace de la lentitud, le dijo el gran artista recuperado por el pintor Eduardo Laborda. Luego, durante tres años, fue alumna de la profesora y pintora Joaquina Zamora: le explicó que dibujaba muy bien pero que debía perfeccionar el color. Por eso iba casi a diario al Museo de Zaragoza a copiar a los clásicos y a los artistas del siglo XVIII, y solía encontrarse con Francisco Marín Bagüés. Y de cuando en cuando marchaba a Radio Zaragoza a ver y a escuchar a la pianista Pilar Bayona.

Con una beca de la Diputación de Zaragoza estudió en la Escuela de San Jorge de Bellas Artes. Un día vio en HERALDO una convocatoria para pintar un mural en la iglesia de Fayón y se presentó. Ganó y contó con la colaboración de José Gumí, entre otros. Barcelona fue una escuela de incitaciones: se interesó por la ópera y el teatro, y se convirtió en asidua del Liceo. Y no solo eso: aprendió a hacer figurines para la escena, algo que no abandonaría nunca. De vuelta a casa, fundó en 1957, con Pascuala Lobé, especialista en corte y confección, la Escuela de Arte Aplicado Burges, que se prolongaría hasta 1971. En el curso 1960-1961 cumplió uno de sus sueños: se marchó a Roma a continuar aprendiendo y quemando etapas. «Para mí la pintura ha sido una aventura en la que te podías estozolar o desgraciar porque siempre he pintado de verdad. Pintaba toda yo, entregada y de cuerpo entero. He sido una profesional. Soy pintora por realización y he querido aprender, investigar y conocer las técnicas», recordaba. Allí convivió con artistas de 72 países del mundo y era conocida por ‘España’. Rindió homenaje a García Lorca y a textos suyos como ‘Poeta en Nueva York’ y ‘Diván del Tamarit’. De Roma se trasladó a París y se hizo asidua a las funciones del mimo Marcel Marceau y de otros actores.

Regresó a Zaragoza, a sus clases y a su estudio. Pasó por varias fases, pero quizá lo grueso de su obra sea una pintura expresionista, inspirada en las pinturas negras de Goya en parte, con pasión por el color y próxima en algunos cuadros, por esas raras afinidades del azar, a la de Luis García Ochoa. «Quizá mi mejor época sea la del hiperrealismo situacional», opinaba ella. En 1970 firmó un cuadro perturbador y terrible que tiene mucha actualidad estos días de tanta violencia de género: ‘Puro machismo’, que quizá naciese de una desdichada experiencia amorosa en Canarias. María Pilar Burges confesaba que había tenido varias pasiones, que no fraguaron en el tiempo, quizá porque su verdadero amor fueron el arte, el estudio y la soledad. En 1996 volvió a demostrar su ambición: presentó en Madrid su tesis sobre ‘El proceso creador’. Tenía 68 años y una juventud vital que burlaba cualquier cifra. «Vivo despierta» era otro lema y fue algo más que un deseo: la obsesión incesante de su existencia.

 

LA ANÉCDOTA

Pilar Burges fue una mujer de sueños. Si todo sale bien, se habría cumplido uno de ellos: que su obra, la que no vendió («y vendí mucho, mucho», decía) pueda ser exhibida en un lugar público. En tiempos de Javier Lambán, la Diputación de Zaragoza rechazó su legado y sus condiciones con más silencio que elocuencia. El Ayuntamiento de Zaragoza le hizo una Antológica en la Casa de los Morlanes en 2012. Ahora Fayón le destinará un espacio y mostrará sus cuadros, sus dibujos, sus diseños y sus materiales.

 

 

*La foto es de Oliver Duch, fotógrafo de Heraldo de Aragón.

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