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DIÁLOGO CON RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN, PREMIO BIBLIOTECA BREVE

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ENTREVISTA CON RICARDO SALMÓN

 

[Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971) ganaba ayer con ’El Sistema’ el Premio Biblioteca Breve de 2016. El veredicto se hizo público y en una rueda de prensa y en una comida ayer en el Museo Marítimo de Barcelona.]

Nada en su prosa es casual, todo tiene su razón de ser. ¿Cuál es el origen del pseudónimo Juan María Brausen, con el que ha concurrido al Premio Biblioteca Breve?

Juan María Brausen es el agente publicitario que protagoniza ‘La vida breve’, mi novela preferida de Onetti. Lo peculiar del personaje es que, durante el desarrollo de la acción, funda Santa María, el territorio de ficción en que transcurre la mayor parte de la obra del maestro uruguayo. Sin embargo, en los textos posteriores a ‘La vida breve’, Brausen ya no aparece como un personaje de carne y hueso, sino como una instancia mí- tica, una especie de demiurgo al cual incluso se rinde culto. Acerca de ese carácter demiúrgico del lenguaje se reflexiona en ‘El Sistema’ a través de personajes como los Ideólogos y los Forenses, y a través de una institución como la Boca. Hasta ahora ha situado sus novelas en lugares reales, países nombrados o intuidos, momentos concretos de la Historia.

¿Cómo decidió escribir sobre un mundo futuro y qué diferencias ha encontrado a la hora de situar la trama en ese contexto?

Este mundo futuro, que adopta la forma de archipiélago, posee muchos elementos del nuestro, que le ha servido de inspiración y hasta cierto punto de modelo. Lo interesante de escribir sobre un mundo que no existe, pero que es plausible, es que obliga al escritor a conciliar la imaginación, que es su mayor potencialidad, el ámbito más puro de su libertad, con el horizonte del tiempo en el que vive y con sus experiencias personales, con todo aquello que lo constriñe necesariamente. Siento que con ‘El Sistema’ he añadido, al placer de la creación de los personajes y de la trama, el placer de la creación de un espacio ficcional único: un mundo dentro del mundo.

‘El Sistema’ es una novela híbrida, ¿de qué fuentes literarias y artísticas bebe?

Sería imposible mencionarlas todas. En la novela se advierte el influjo de autores que reflexionan sobre la velocidad imparable del presente (Ballard, DeLillo, Houellebecq), el ascendente de los maestros de la parábola (Borges, Kafk a, Lem), la importancia de pensadores que indagan en la evidencia del lenguaje como mecanismo de control por antonomasia (Foucault, Nietzsche, Orwell). También está presente la pregunta por la imagen, con especial atención a la representación pictórica y a una pintura en concreto, ‘La lección de anatomía del doctor Tulp’, la obra de Rembrandt, que en la novela se convierte en una suerte de aleph para su protagonista, el Narrador.

 

El arte es uno de los temas fundamentales de su obra. En esta novela, el arte traspasa las «fronteras realistas» y adquiere una dimensión casi de cábala. ¿Cuál es el papel del arte en el destino del Narrador y por lo tanto de la humanidad?

En ‘Niños en el tiempo’ se menciona una idea de Robert Filliou que sigo considerando decisiva. Según Filliou, el arte es la única actividad humana que enseña que la vida es más importante que el propio arte. Y lo es porque es la parcela que con mayor claridad nos permite reconocer nuestro lugar en el gran ecosistema de las edades históricas y en el gigantesco mapa del tiempo cósmico. Quizá ése sea el verdadero carácter cabalístico del arte: mostrar que en él se encierran todas las posibilidades de interpretación de la realidad, las factibles y las incongruentes, las probables y las aberrantes. Que el propio arte es a la vez contingente e imprescindible, descorazonador y liberador.

 

‘El Sistema’ es su novela más extensa, y sin embargo mantiene la densidad filosófica y el tono mítico que vemos en sus novelas. ¿Qué lugar ocupa ‘El Sistema’ en su obra?

El lugar de un esfuerzo acentuado y de un reto asumido. Había llegado el momento de probarme en términos de pergeñar una historia con más meandros e implicaciones, sin por ello perder la densidad presente en libros anteriores. El reto era escribir una novela tan intensa como podía ser ‘Medusa’ pero sostener esa intensidad en un esfuerzo dilatado, casi agonístico. En ese sentido, ‘El Sistema’ es la culminación de una década de aprendizaje, de afianzamiento en un estilo, la constatación, en términos de ideas pero también de páginas, de cuanto me ha venido convocando como creador desde que en 2006 publiqué ‘La noche feroz’.

 

En un momento de la novela, el Narrador dice que la escritura está reservada a los más débiles, y que es un acto de insumisión y de insubordinación. ¿Son el lenguaje y el discurso artístico la única defensa ante el abuso de los poderosos?

Una característica inmutable del poder es sospechar de la cultura. A lo largo de la Historia la literatura se revela como una actividad incómoda para el poder, cuya constante tentación es prohibirla o, al menos, domesticarla. El odio a cierta literatura es, pues, un índice paradójico pero fenomenal de su valor. Todo gran libro, desde esa óptica, es una mala noticia para el poder. Y cuando pienso en el poder como generador de discurso, pienso también en el poder de la banalidad literaria, en la dictadura del mal gusto, en la imposición de las modas y de sus corifeos. También todo gran libro propone un contradiscurso frente a esa esterilidad del mercado que a menudo nos ahoga.

 

‘El Sistema’ está narrada desde distintos puntos de vista y en todas sus formas está presente la idea de la escritura como impostura desde el momento en que el impulso creador cobra forma, es decir, la autoconciencia como límite. ¿Puede explicar esta idea tan delilliana?

Es una convicción que se encuentra en el centro de mi trabajo. La literatura esconde un doble movimiento: fracaso y éxito; renuncia y hallazgo; aporía y solución. Al inicio el escritor trabaja desde la impostura, pues en su pretensión por aprehender el mundo debe confesar que nunca alcanza su objetivo, que la literatura no es una red que pueda lanzar sobre la realidad para atraparla; pero luego llega una revelación, y es que en el proceso de ese movimiento fallido el escritor descubre que la vida nunca es tan coherente, comprensible e inteligible como en sus representaciones literarias. Dicho de otro modo: que cualquier vida sólo adquiere sentido como relato.

 

Siendo ‘El Sistema’ la historia de una alucinación colectiva, transmite una tremenda soledad, ¿es intencionado?

Existe un factor biográfico que afecta a la novela y ayuda a explicar esa sensación. Redacté la mayor parte de ‘El Sistema’ viviendo en Alemania, en unas condiciones excepcionales para la creación pero que me obligaron a una relación difícil con mi entorno. Estar apartado un año de mi propia lengua acentuó cierta vivencia del exilio. Hablo de un exilio más emocional que intelectual, pero que se trasladó con inusitada fuerza al texto. No en vano, y hasta cierto punto, ‘El Sistema’ es la narración de un hombre solo en medio de un mundo que se desmorona y que no entiende, un hombre que posee un único instrumento para interpretar esa situación: la escritura. La identidad, la independencia, el control político, los refugiados, el poder destructor de la tecnología, la crisis económica, los atentados terroristas, la inseguridad, el colapso del sistema capitalista...

 

¿Por qué ha escogido una distopía [una sociedad ficticia indeseable en sí misma] para narrar la realidad?

Por dos razones. La primera es la urgencia con la que la realidad se desplaza y cambia desde hace unas décadas. Entendía que, en este caso, la velocidad de crucero de la realidad era mucho mayor que la de mi ficción, así que necesitaba anticiparme un poco a los calendarios para no resultar obvio, ingenuo o ambas cosas; la segunda razón es que uno de los temas que aborda la novela, y que en cierto modo la corona y culmina, es el poshumanismo, la superación de nuestra especie, pero no planteada como una quimera o como alimento para elucubraciones más o menos edificantes, sino como una certeza irrebatible. 

 

*Esta entrevista con el ganador del premio Biblioteca Breve la ha realizado el gabinete de comunicación y prensa de Seix Barral.

 

**Esta foto tan bella la tomo de internet, pertenece a Antonio Heredia, la publicó ’El mundo’ y el autor de ’La ofensa’ o ’Derrumbe’ está en la librería Central.

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