Blogia
Antón Castro

HA MUERTO JOHAN CRUYFF

HA MUERTO JOHAN CRUYFF

 

[Ha muerto Johan Cruyff (1947-2016), uno de los más grandes futbolistas de todos los tiempos. Podría ser 'el holandés volador' (en recuerdo de un gol que le marcó a Miguel Reina), el jinete eléctrico, por su forma de jugar, marcada por la versatilidad, los cambios de ritmo, el cambio constante de posiciones y su visión...Y también fue 'el hombre orquesta' allá donde estuvo: en el Ajax, en el Barcelona, en el Feyenoord o, por supuesto, en la gran selección holandesa de los 70, aquella de: Jongbloed; Suurbier, Haan, Rijsbergen, Krol; Jenssen, Neeskens, Van Hanegem; Rep, Cruyff y Rensenbrink. Cruyff encarnó como futbolista y como entreñador eso que bien podría llamarse "el fútbol de autor" o "el fútbol como una de las bellas artes". Hace algún tiempo escribí este texto sobre él.]

 

CRUYFF, EL HOMBRE ORQUESTA

El fútbol moderno nació con Johann Cruyff. Más que con Pelé o con Di Stefano, que fue su precursor. Encarnó al futbolista dinámico e imparable que no se acomodaba a ninguna posición. Todo le iba bien: entraba por el centro, por la derecha, por la izquierda, era como una flecha de vértigo en el contragolpe, el director de música y el ejecutante de la sinfonía de un partido. Al principio, aunque le habían visto limpiar las botas, recoger las pelotas y colocar los banderines, desconfiaban de su físico enclenque, pero a menudo la gente se agolpaba en los campos o en el descampado para verle controlar el cuero.

Era filoso como un abeto sin ramas. Lo hicieron debutar en el Ajax, y pronto lo convirtió en el mejor conjunto de Europa y del mundo, y desarrolló una sociedad pública de espectáculo basada en “el desorden organizado”. Con el Ajax ganó tres Copas de Europa consecutivas, en 1971, 1972 y 1973.

En 1974, el mundo quedó estupefacto ante Holanda: todos atacaban y todos defendían, y Cruyff, que golpeaba como nadie con el efecto exterior y que cambiaba de ritmo y aceleraba como si tuviese un mecano en las piernas y en el corazón, fue el artífice, el mago, el estilete. Poseía talento, sed de triunfo, carisma y una visión del fútbol incomparable: Cruyff, acaso más que Alfredo Di Stefano incluso, jugaba y hacía jugar. Y aquella Holanda que estremeció el mundo fue bautizada como “la naranja mecánica”: practicaba el fútbol total. Atacaban todos, defendían todos, había un constante intercambio de posiciones. Los holandeses perdieron la final ante Alemania, aquel día en que a Cruyff le hicieron un penalti a los 50 segundos. Los holandeses eran los chicos modernos del fútbol, fumaban tabaco y tomaban algunas drogas, bebían lo suyo y se divertían con mujeres en las piscinas del hotel. Y eso hicieron la víspera de la final. Perdieron. Salieron las fotos del escándalo en la prensa. Y Cruyff le prometió a su mujer que nunca volvería a la selección de Holanda. Cuatro años después, los holandeses jugaron la final ante Argentina y también cedieron ante el equipo de Kempes. Cruyff ya no jugó.

Estuvo en el Ajax, en el Barcelona, en el Levante, en el Feyenoord. Y creó el ‘Dream Team’ del Barcelona: cuatro Ligas consecutivas, la primera Copa de Europa, y una forma de jugar basada en la posesión, en la velocidad y en la precisión de los rondos. Solía decir: “Salid al campo y divertíos”.

 

 

0 comentarios