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IRENE VALLEJO EXPLICA 'ALGUIEN HABLÓ DE NOSOTROS' (CONTRASEÑA)

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Este texto puede seguirse aquí:

http://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2017/03/13/mision-del-periodismo-arrojar-luz-sobre-realidad-1164043-1361024.html

 

La misión del periodismo es

arrojar luz sobre la realidad”



Irene Vallejo publica un libro con sus columnas sobre los clásicos y la actualidad: ‘Alguien habló de nosotros’ (Contraseña)



Irene Vallejo (1979) es escritora y columnista de Heraldo. Uno de sus empeños es difundir el magisterio y los libros de los clásicos: Homero, Platón, Virgilio o Marcial, del que es toda una especialista. Algo que ha hecho en libros como la novela ‘El silbido del arquero’, ‘El inventor de viajes’, con ilustraciones de José Luis Cano, o ‘La leyenda de las mareas mansas’, dibujada por Lina Vila. Acaba de publicar ‘Alguien habló de nosotros’ (Contraseña. Zaragoza, 2017. 150 páginas), un libro donde recoge las columnas que publicar en las contraportada de HERALDO.

Entender el mundo es un placer”. ¿En qué medida? ¿Qué no nos reserva el conocimiento del mundo?

Desde muy pequeños, los niños quieren saber las causas y los motivos de las cosas: ‘¿por qué?’ Durante una temporada, nos apabullan con ráfagas constantes de preguntas. Como esos niños que fuimos, todos queremos comprender los misterios que nos envuelven. Lo que no sabemos explicar nos parece amenazador, caótico, inquietante. Descubrir y entender nos calma, es un placer casi físico.

¿Qué pretende con sus columnas? ¿Cuál es su idea general?

Pienso que la misión del periodismo es siempre arrojar luz sobre la realidad. Personalmente, quiero combatir el descrédito de la historia y las humanidades. Creo que debemos reivindicar sin complejos su importancia en democracia. Cuando son apartadas del dominio público, es más fácil que la gente asuma relatos falsificados y soluciones simplistas a graves problemas. Cualquier pequeño espacio de atención que ganemos para el mundo de las ideas es un motivo de esperanza.

¿Qué encuentra en el mundo clásico, sobre todo en Grecia y en Roma?

En el torbellino imperante de modas, tendencias y productos de bajo coste, los clásicos de Grecia y Roma representan lo duradero, lo estable, nuestras raíces. Allí encuentro el punto de partida de lo que somos, el principio del futuro.

¿Cuándo vio que en su pensamiento, en sus libros y en sus actitudes había un correlato claro con lo contemporáneo, que se podían extraer lecciones?

Siendo niña, mis padres me leían mitos antiguos, y los clásicos se convirtieron ya entonces en mi paisaje imaginario favorito. Pero cuando empecé a leerlos en profundidad y a traducirlos durante la carrera de filología clásica, sentí que sus voces sonaban cercanas, íntimas, muy vivas. Podía reconocer nuestro mundo en sus palabras. Por eso he decidido titular esta antología: ‘Alguien habló de nosotros’.

¿Cómo surgen sus columnas?

Las ideas llegan como relámpagos, pero tengo que esperarlas con paciencia y pulirlas con calma. Tras el primer chispazo, las frases se van encadenando una por una. Tomo notas en cualquier papel a mano, emborrono las primeras palabras, empiezo a trenzar la actualidad con las voces antiguas. Trabajo con apasionada serenidad. Este libro ofrece reflexiones tranquilas y suaves que sosiegan la prisa. Cada columna acoge al lector y a la vez lo impulsa a mirar el mundo con nuevos ojos.

Poco a poco has ido incorporando a autores más contemporáneos: Spinoza, Voltaire… ¿Por qué?

En Grecia empezó un diálogo que llega hasta hoy. En él participan gentes de todas las épocas. Me interesan todos los que han querido unirse a esa conversación infinita. En mis columnas, me divierte que Ovidio hable con los ‘Simpsons’.

-Leo una frase que parece una denuncia. “La intimidad está muriendo, dicen”. ¿Qué piensa, más allá de Herodoto, Irene Vallejo?

Creo que la intimidad es un reducto precioso, un rincón para el misterio que es necesario proteger con cuidado. Una parte de nosotros pide permanecer en secreto o ser compartida solo con los más cercanos. Cuando escribo mis columnas, prefiero partir del “nosotros” que del “yo”.

¿Premia la sociedad en que vivimos la agresividad?

La competencia y la obsesión por el éxito han transformado el espacio público en un campo de batalla. Me temo que nos hemos vuelto más agresivos y a la vez más susceptibles. Algunos intentan convertir Internet y las redes sociales en un púlpito del odio. Percibo impaciencia e irritabilidad alrededor. En uno de mis artículos propongo que todos intentemos ser más suaves, más flexibles, escogiendo con más cuidado las batallas que merece la pena emprender.

Leer nos ayuda a hablar”. ¿Cuál es la importancia de la lectura en una época tan marcadamente visual?

La comunicación visual se caracteriza por la rapidez y puede dar la sensación –solo la sensación– de veracidad. Decimos: “lo vi con mis propios ojos” o “lo he visto en televisión”. La lectura nos rescata de esa precipitación y evita que el mundo se reduzca a eslóganes y fórmulas fáciles. Leyendo nos sumergimos en historias complejas y apasionantes.

¿Qué temas le interesan?

Marguerite Duras decía que un escritor es un país extranjero. Me interesa todo lo que tiene que ver con ese sentimiento de extrañeza: el viaje, el amor, el mestizaje, la paradoja, el asombro.

El amor nos vuelve principiantes perpetuos, torpes y trémulos”, dices y añade que “es la ciencia de la inocencia”. ¿Quieren ser sus columnas una colección de aforismos con una evidente carga de profundidad? En otro lugar dice: “Amamos las frases cortas”.

Es cierto, me interesan los aforismos. Así empezó el pensamiento: con refranes, con máximas, con dichos breves. Y hoy a través de Twitter vuelven a ser una forma de expresión rabiosamente actual. Esos fogonazos verbales pueden hacer tambalearse nuestras ideas preconcebidas.

Desde el punto de vista estilístico, ¿qué busca Irene Vallejo?

Por formación soy filóloga, es decir, una enamorada de las palabras. Intento cuidarlas y me preocupa mucho su ritmo, su fluidez, su fuerza. Escribir es una responsabilidad, hay que velar por el lenguaje. Si las palabras no se usan bien, si no están a la altura de las realidades, vamos a tientas por un laberinto.

¿De quién aprende a escribir columnas, quiénes son sus columnistas de referencias, de ayer, anteayer o de ahora?

Cuando empecé a escribir columnas, quería adaptar a la prensa, en clave contemporánea, los ‘Ensayos’ de Montaigne. Me inspiró también Mary Beard con su estilo divulgativo y su talento para encontrar los hilos que entretejen el pasado con el presente. Por otro lado, he crecido con los periodistas de HERALDO que han sido mis maestros: Juan Domínguez Lasierra, Encarna Samitier, Jesús Frago... Todas las semanas espero también con impaciencia las columnas literarias de Cristina Grande y Patricia Esteban. Siempre aprendo con los artículos de mi compañero de sección Víctor Orcástegui. Y si escribiera una carta a los Reyes Magos, pediría el fino humor de David Trueba y la hondura de Leila Guerriero. Me siento en profunda deuda con tantos maestros que, desde las aulas o desde las páginas de un periódico, me han enseñado a explorar territorios nuevos, a mantener la capacidad de asombro, a no bajar la guardia.

 

*La foto es de Santiago Basallo.

 

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